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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

jueves, 24 de marzo de 2011

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COMO HABLAR HOY DE LA VIRGEN MARIA

 

Cuando hay que hablar de María se encuentra uno como en apuros. No sabe por donde empezar, ya que la Virgen es un mundo terreno y divino al mismo tiempo. El nombre de María, parece uno de los más difíciles de pronunciarse para los cristianos de hoy. Se calla fácilmente de ella en la investigación, en los libros, en la oración cotidiana: 
  • Unos, porque dicen que no sienten interés por María, la madre de un Señor en el que poco o nada creen y sobre todo, en el que no viven.
  • Otros porque, a pesar de haber transcurrido varios años desde que termino el Concilio Vaticano II (C.V. II), no han alcanzado a entender aun las líneas señaladas para situar a María en el lugar que le corresponde en el pensamiento y en la vida del cristiano, que es el mismo que le corresponde en la historia de nuestra salvación y han preferido no hablar de ella ni pensar en ella, como si el único camino para no deformar la figura de la Madre fuera ignorarla.
  • Otros, en fin, porque en resumidas cuentas, no saben quien es María y no lo saben porque no se han molestado en abrir las paginas de la Biblia donde aparecen los misterios de la vida de Cristo, que es hijo de María. Por esto nos sobra razones para quienes amamos a María. Porque María camino y estuvo en  la historia, hoy la vemos alejada de muchos que, por otra parte, no quisieran perderla, prueba de lo cual es que la buscan por caminos equivocados y hechos extraordinarios: No la buscan en la Palabra de Dios, pero si en el santuario o en la peregrinación o en la aparición mas o menos autentica.La Iglesia nos invita a tener presente ciertos criterios en la visión de María, criterios que estaban muy en desuso en la piedad y en la vida mariana antes del C.V. II y de manera peculiar en cierta abundancia de la devoción mariana propia de países tan imaginativos y frescos en su pensar como alejados de la realidad en su reflexión. Ante todo nos invita a encontrar a María tal como aparece en el Evangelio y no precisamente en las creaciones de la imaginación, sino en su puesto como Madre del Señor Jesús, con la totalidad de su función, que es demasiado grande como para que necesite aditamentos. Reencontrarla así, cercana a nosotros como estuvo cercana a Jesús y a sus discípulos, a la Iglesia primitiva. Que no tengamos que buscar una Virgen milagrosa en el Evangelio, porque no la vamos encontrar, ya que no hizo ninguno, aunque dio a luz al Verbo de Dios y provoco el primer signo en Cana de Galilea. Dentro de este criterio de atenerse a la Palabra de Dios, también nos invita a ver a María en su propia historia, que es parte de la historia de la salvación. Y por lo mismo ver: “La historia de su alma, del desarrollo de su fe y la historia de su misión”   Ante todo, el desarrollo de su fe. Es que, a fuerza de votos, muchos teólogos marianos nos tenían acostumbrados a una Virgen-Vidente desde el principio de su ser y no a una Virgen que tuvo que ignorar, dudar y creer y por lo mismo fue declarada dichosa por haber creído, es decir, porque, como nosotros, tuvo que vivir toda la aventura de la fe con sus consecuencias de oscuridad, noche y sufrimientos. Nos recuerdan lo que con igual encarecimiento nos puso de presente el C.V. II sobre la Virgen que: “Lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la Virgen María mediante su fe”, una fe que no es distinta de la de los demás, puesto que también ella, como nosotros, fue peregrina y tenia para su fe los mismos instrumentos que nosotros tenemos a nuestra disposición, si no es que el principal, Jesús con su Espíritu, estaba mas cercano de ella. Nos invita también a encontrar en María la función esencialmente eclesial que le corresponde en nuestra vida espiritual, para lo cual, a su vez, tenemos que darnos cuenta de que la Iglesia no es un simple recipiente de nuestra existencia como cristianos y caminantes, sino que la Iglesia es la esencia misma de nuestro peregrinar y en ella querámoslo o no, María tiene una función dispuesta por la elección Divina.  Pablo en su carta a los Galatas solamente habla una vez de María cuando nos dice que el hijo de Dios nació de una mujer. (Ga 4, 4) Lucas en los Hechos de los Apóstoles presenta a María en oración en medio de la primera comunidad cristiana, en espera de la efusión del Espíritu Santo (He 1, 14). Marco también menciona a María y nos comenta en su Evangelio. Como era mucha gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: “Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas se encuentran fuera y preguntan por ti”. (Mc 3, 31-35). Evidentemente, seria demasiado largo detenernos en los detalles de todo lo que dicen en los evangelios sobre la madre de Jesús, aunque es poco. El papel de María es muy escondido para ellos, podría decirse que solo por casualidad y que solamente cuando tienen que referirse a la madre de Jesús, la mencionan en episodios que no se refieren directamente a ella. Juan introduce a María en la vida publica de su hijo cuando, en las bodas de Cana (Jn 2, 1-12), ella solicita a Jesús que realice su primer milagro. Es la iniciación del misterio de intercesión de la madre ante su hijo que no le niega nada. Es también en esta ocasión cuando los apóstoles tienen el primer conocimiento de María, la madre de su Maestro. La verdad hermanos es que los Doce todavía no comprenden mucho el misterio insondable de Jesús; menos aun el misterio de su madre en su maternidad excepcional. Pero por su intercesión discreta María hace crecer la fe de ellos. Porque, aquel primer milagro conseguido por la intercesión de María, revela la gloria de Jesús: Y creyeron en él sus discípulos, nos puntualiza Juan.  La maternidad espiritual de María, Madre de la Iglesia, se anuncia ya desde aquí. Alcanzará su culminación al pie de la cruz, al final del misterio público de Jesús. Es que a esta presencia de María al principio de la vida publica corresponde. También es Juan, el que resalta la presencia de María al pie de la cruz al final del ministerio publico de Jesús (Jn 19, 25-27). Por una intención manifiesta, varios pormenores de las dos escenas se corresponden y se hacen eco. Caná es el comienzo de la glorificación de Jesús: La hora de este comienzo se anticipa por intercesión de María: “Mujer ¿Cómo  se te ocurre? Aún no ha llegado mi hora”. Es como si Jesús le dijera a su madre: ¿Qué quieres mujer? ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Es un sentimiento para rehusar una intervención que se juzga inoportuna. Pero Jesús no puede rehusar lo que su madre le pide. Es, sobre todo, el apelativo mujer, lo que resulta insólito y que solamente se clarifica acudiendo a la presencia de María junto a la cruz, cuando la hora de la glorificación ha llegado y se consuma gracias y por medio del retorno del Hijo a la derecha del Padre: Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Jesús proclama la maternidad espiritual de María que se convierte, no solamente en la madre espiritual de Juan, sino en él, la madre de todos los que creen en Jesús, representados allí por el discípulo a quien Jesús amaba. Por esto dice al discípulo y a todos nosotros: “Ahí tienes a tu madre” La expresión mujer, se clarifica como una evocación a la mujer Eva, la madre de todos aquellos a quienes la muerte del nuevo Adán, trae a la vida. Estas implicaciones de la expresión mujer se justifican en el conjunto del Evangelio Espiritual de Juan, él mas teólogo de los evangelistas. En él aparece María de pie junto a la cruz como la nueva Eva, con el alma traspasada por una espada (Lc 2, 35.) Y más claramente corredentora, asociada a la obra redentora de su Hijo que solo El podía realizar. Corredentora y nuestra madre espiritual, ella colabora a nuestra generación de hijos de Dios a través de su dolor. Desde Cana ella nos conduce hacia Cristo. A lo largo de los siglos, el Señor ha querido multiplicar las señales de su asistencia misericordiosa y nos ha dejado a María como faro poderosísimo para que sepamos orientarnos cuando estemos perdidos.Yo soy la Madre del amor hermoso, en mi esta toda la esperanza de vida y de virtud (Ecl 24, 24.)  
ORACION

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación,mira a la estrella, llama a María.

Si la ira, la avaricia o la impureza impelan violentamente la nave de tu alma, mira a María. 

Si turbado con la memoria de tus pecados,confuso ante la fealdad de tu conciencia,temeroso ante la idea del juicio, 

acude a María. 

Si comienzas a hundirte en la sima sin fondo,en la tristeza o en el abismo de la desesperación

piensa en María. 

En los peligros, en las angustias, en las dudas,

piensa en María, invoca a María, acude a María. 

Que no se aparte María de tu boca, ni de tu corazón.

Y para conseguir su ayuda intercesora,no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. 

Si la sigues no te descaminarás, no te desesperarás.

Si le ruegas no te perderás si en María piensas.

Si ella te tiene de su mano no caerás.

Si te protege nada tendrás que temer.

Si es tu guía no te fatigarás.  


Llegarás felizmente al puerto si María te

ampara.                                                                                    

El Mejor Puesto

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Los primeros puestos


Todos los días son buenos para hacer un rato de oración junto a la Virgen, pero en este, el sábado, son muchos los cristianos de todas las regiones de la tierra que procuramos que la jornada transcurra muy cerca de Maria. Nos acercamos hoy a Ella para que nos enseñe a progresar en esa virtud fundamento de todas las demás, que es la humildad, pues ella es la puerta por la que pasan las gracias que Dios nos otorga; es la que sazona todos nuestros actos, comunicándoles tanto valor, y haciendo que resulten y sean agradables a Dios.
Finalmente, Ella nos constituye dueños del corazón de Dios, hasta hacer de El, por decirlo así, nuestro servidor; pues nunca ha podido Dios resistir un corazón humilde. Es tan necesaria para la salvación que Jesús aprovecha cualquier circunstancia para ensalzarla. Lc 14, 1. 7-11, nos refiere que Jesús fue invitado a un banquete. En la mesa, como también ocurre frecuentemente en nuestros días, había lugares de mayor honor. Los invitados, quizá un tanto atropelladamente, se dirigían a estos puestos más considerados. Jesús lo observaba.Quizá cuando ya estaba terminando la comida, en los momentos en los que la conversación se hace mas reposada, el Señor dice: Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto... Al contrario... ve a sentarte en él ultimo lugar, para que cuando llegue el que te invito te diga: amigo, sube mas arriba. Entonces quedaras muy honrado ante todos los comensales. Porque todo el que se ensalza será humillado; y el que se humille será ensalzado. Jesús se situaría probablemente en un lugar discreto o donde le indico el que le había invitado. El sabe estar, y a la vez se da cuenta de aquella actitud poco elegante, también desde el punto de vista humano, que adoptan los comensales. Estos, por otra parte, se equivocaron radicalmente porque no supieron darse cuenta de que el mejor puesto se encuentra siempre al lado de Jesús. Por llegar hasta allí junto al señor, es por lo que debieron porfiar. En la vida  de los hombres se observa no pocas veces una actitud parecida a la de aquellos comensales: ¡cuánto esfuerzo para ser considerados y admirados, y que poco para estar cerca de Dios! Nosotros pedimos hoy a Santa Maria, en este rato de oración y a lo largo del día, que nos enseñe a ser humildes, que es el único modo de crecer en amor a su Hijo, de estar cerca de El. La humildad conquista el Corazón de Dios., porque vio la bajeza de su esclava... ¡Cada día me persuado mas de que la humildad autentica es la base sobrenatural de todas las virtudes!Habla con Nuestra Señora, para que Ella nos adiestre a caminar por esa senda.

Humildad de Maria


La Virgen nos enseña el camino de la humildad. Esta virtud no consiste esencialmente en reprimir los impulsos de la soberbia, de la ambición, del egoísmo, de la vanidad.... pues Nuestra Señora no tuvo jamás ninguno de estos movimientos y fue adornada por Dios en grado eminente con esta virtud. El nombre de humildad viene del latín humus, tierra y significa, según su etimología, inclinarse hacia la tierra. La virtud de la humildad consiste esencialmente en inclinarse ante Dios y ante todo lo que hay de Dios en las criaturas, reconocer nuestra pequeñez e indigencia ante la grandeza del Señor. Las almas santas sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios, y reconocer prácticamente que El solo es grande, y que en comparación de la suya, todas las grandezas humanas están vacías de verdad, y no son sino mentira. Este anonadamiento no empequeñece, no acorta las verdaderas aspiraciones de la criatura, sino que las ennoblece y les da nuevas alas, les abre horizontes más amplios. Cuando Nuestra Señora es elegida para ser Madre de Dios, se proclama enseguida su esclava. Lc 1, 38. Y en el momento escucha la alabanza de que es bendita entre todas las mujeres, Lc 1, 42, se dispone a servir a su prima Isabel. Es la llena de gracia Lc 1, 28, pero guarda en su intimidad la grandeza que le ha sido revelada.



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