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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

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Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

lunes, 21 de marzo de 2011

"A mis tres hijas en el día de su Boda".

"Ventana abierta"


A mis tres hijas.


Se fue de mi casa un tesoro
que me llenó de emoción.
Después se me fue el segundo
que es toda mi ilusión.
Le siguió un tercero, que es
mis pies y mis manos
y todo mi corazón.

Y así  les decía yo:

Yo daría mi vida
con tal de verte feliz,
y todo lo bueno del mundo
no es bastante para ti.

Hoy día de vuestra boda
nunca lo voy a olvidar,
se casan, quienes todos queremos,
su padre las lleva al altar,
sus manos aún tiemblan nerviosas
sus caras radiantes están.
las tres vestidas de blanco:
¡¡Miradlas qué guapas van!!
Hoy  día de vuestra boda
a Dios le voy a rogar,
que os dé salud y suerte
y también felicidad.

A vosotros, yernos queridos,
a ustedes os voy a pedir,
¡que a mis hijas queráis tanto
como ellas os quieren: a ti, a ti y a ti!
Queridos familiares y amigos:
¡Gracias por vuestra presencia en esta celebración!

Esta mañana temprano cuando desperté, y aún porfiaba el sol con la luna por ver quién adornaba este maravilloso día, sentí la necesidad de hablar con Dios: para pedirle, ofrecerle, dar gracias..., ¡tantas cosas quería decirle, y le dije..., que al salir de casa, me pareció oír su Voz que me decía:

"¡Tu vida puede ser diferente! 
¡Tienes derecho a ser feliz y hacer feliz a los demás!".

Al sentir sus palabras he cobrado nuevos ánimos, porque creía que no iba a poder estar presente en las bodas de mis tres hijas.

Él sabe que la enfermedad me va marchitando, que me va cambiando el humor, la manera de ser; y es ahí donde mi familia, y especialmente mi marido, se dejan la vida cada día, para regalarme un pedazo de alegría escondida bajo una rebanada de pan, unas pastillas para calmar el dolor, una sonrisa...

Sinceramente no puedo esconder la pasión que siento por esta familia que Dios me ha regalado, porque tienen un corazón lleno de amor que me entregan a manos llenas.

Y es ahí donde veo sus ojos, ojos capaces de iluminar mi camino más oscuro, ojos cargados de cariño, ojos de fe que hablan de Ternura, de Solidaridad, de Amor escrita en las más bellas de las mayúsculas.

Y aunque el dolor sólo piense en hacer agonizar mis días, ellos me dan el aliento con que respirar, desde que despierta el sol hasta que deja paso a la luna.
¡¡Y esto es lo que me llena de vida y me esponja el corazón!!

La oferta que me ha brindado el Señor no puede ser más atractiva.
Me dice con esto, que con su Fuerza, del dolor y la enfermedad se puede salir.
En este día memorable, Él me ha dado la Fuerza de su Santo Espíritu y me ha dicho:
"¡Levántate!"
Y es que, aunque cueste creerlo, o incluso a veces vislumbrarlo,
¡Dios existe, y nunca nos abandona!

Por eso, en este día que celebran sus esponsales, el Espíritu Santo ha dibujado el Cielo con letras que adornan el nombre de nuestros hijos; y ahí, en la inmensidad del firmamento, podemos ver también dibujadas sus sonrisas e ilusiones, sus sueños y esperanzas.

Por tal motivo:
 "Se embriaga mi alma
de brisas primaverales,
y fragancia de hojas verdes
con agua de rosales.

Esta mañana, cuando aún
no daba el sol sobre el papel,
describía
con mano firme y pura,
la ilusión con que nuestros hijos
se unirían
 para su vida futura".

¡Gracias, Señor, por el día tan especial que nos vas a conceder!

Quiero Señor, hacerte partícipe y contarte un poquito los sentimientos que me embargan.

Cuando comenzaron a salir, no pensaban en el día de su boda, ya era suficiente la emoción y la ilusión por haber encontrado a una persona muy especial.
Poco a poco se fueron acoplando uno a otro como un reloj, y ya todas las piezas han coincidido  para que este proyecto de vida comience a andar solo.
Día a día sus maletas se fueron llenando cada vez más de ilusiones.

Se casan profundamente enamorados e ilusionados; y todo te lo deben a Ti, Señor, que has puesto ese rayito de amor entre ellos.
Por eso, a Ti, es al Primero que hemos invitado a estas bodas, igual que has estado invitado a compartir y a bendecir sus años de novios, y estás hoy también presente en el día de sus esponsales.
Así, de este modo, comienzan sus vidas en común:  enamorados, ilusionados y muy felices...

A Ti te ofrecerán todo, porque se sienten instrumentos de tu Amor.
Te ofrecerán sus desconocimientos de las tareas domésticas, la ilusión por volver a casa cada día, los desvelos, las preocupaciones, las grandes y pequeñas alegrías.
Cada una de sus pequeñas vivencias diarias te las entregarán a Ti.

Se sentirán también afortunados, porque han descubierto que Tú, Señor, pensando en ellos desde la eternidad como futuros matrimonios, les has ido allanando el camino y les has dado libertad para elegir esta vocación. 
Ellos la han aceptado, y por eso están tan gozosos porque se celebre este Sacramento.

Su unión será sin duda el día más importante de sus vidas.
Para este día se han preparado todos los años de su noviazgo, participando de los cursillos prematrimoniales.
Allí han tenido ocasión de aprender, dialogar, rezar..., elementos que son -a mi parecer- completamente imprescindibles para poder vivir este gran acontecimiento en sus vidas.

Sus proyectos de futuro está en tus manos, Señor, allí lo dejan confiados porque se fían de Ti y de Juan Pablo II, que les dijo especialmente a los jóvenes:
 "¡No tengáis miedo!"
Y no lo tienen, porque se han encomendado a Ti, Señor, y a las distintas advocaciones respectivas en donde cada pareja contraen matrimonio: 

Ntra. Sra. de la Hiniesta, Patrona de San Julián. 

Ntra. Sra. del Águila, Patrona de la Ermita de Álcalá de Guadaira. 

Ntra. Sra. de la Asunción, Patrona de Mairena del Alcor. 

En los últimos días que les separaban de este Sacramento, estuvieron cuidando hasta el último detalle de la celebración; hasta llegar el  momento en el que te piden que transformes en buen vino, en dulce amor auténtico, vivo y fecundo el amor que se tienen.
Se casan además, convencidos de la indisolubilidad del matrimonio y con una creencia firme en la fidelidad entre ellos y la fidelidad a Ti, Señor.

Ellos se miran con la indisciplina de unos niños, se toman de la mano como si temieran con las uñas herir el aire que están aspirando.
 En uno de esos resplandores que tiene el conocimiento, percibo la verdad de lo mucho que se quieren.

Me alegro, Señor, al ver con qué fuerza has hecho la vida, cómo se puede alcanzar el abismo en un instante. En el abismo del corazón del hombre, sólo el amor vive, porque sólo Tú, Señor, lo habitas.

Tengo enfrente a unos enamorados, que me enseñan a pensar cómo el amor nos quita las máscaras de encima, y nos mostramos tal como somos, y cómo nos permite buscar un nuevo compás para los pasos, ya en unión de dos.

Con ellos me doy cuenta Señor, y vuelvo a rememorar, que estar enamorados es conocer al fin el orden armonioso de las horas y bailar al son de la hermosura que te lleva.
Que nadie, Señor, viva sin haber mordido esta otra manzana de tan sabrosos embelesos.

Dicen los poetas, Señor, que tenerte dentro es saberlo todo y no morir, morder la Fruta de la Verdad y quedarse en los labios escarchada hasta que lleguen tus besos.

Adéntrate más, Señor, en el corazón de estos recientes esposos y en el nuestro, que por Ti, Señor, y por tus méritos, también los hombres somos infinitos.


¡Qué alegría, qué bullicio!
¡Qué hermoso día ha amanecido!

Temblor se hace la brisa,
el viento se hace canción,
por ver sus semblantes este día
turbados por la emoción.

En este día radiante,
el novio esperando está
de pie en el altar impaciente
que llegue la novia hasta allá,
y desde el cielo el sol con sus rayos
 sus vidas de luz llenará.

Se va acercando la novia,
la música comienza a sonar,
se unen los dos sonriendo
oyendo la marcha nupcial.

Se ha puesto el vestido más blanco,
de seda y de fino organdí,
luego él le dirá muy dichoso
con dulzura y ternura que ¡sí!

Hechos de luz y reflejos
bellos los novios están,
sembrando sueños y anhelos
ansiando su felicidad.

Los padres enbelezados
no caben en su alegría,
y cómo gozan los novios
unidos "pa toa la vía".

Nos nublan los ojos
dulces lágrimas al rodar,
es la alegría que desborda,
es el deseo de felicidad,
un sentimiento profundo
muy difícil de explicar,
por estos hijos nuestros
que juntitos se nos van.

A conseguir ese cielo,
repleto de luna llena,
de estrellas y de luceros.

¡Qué guapa va la novia
y qué caballero él!
Saliendo van de la Iglesia
ya son marido y mujer.

¡Que seáis muy felices
es nuestro mayor anhelo,
que Dios os bendiga siempre
y nos deis pronto nietos!

Muchas felicidades os desean en este día tan especial
vuestra familia y amigos.


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