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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

martes, 15 de marzo de 2011

El Divino Pastor.

Participar en la vida común




 “Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.”
Hch. 2, 42-47
Comenzamos un nuevo curso, la cita del libro de los Hechos de los Apóstoles  nos puede ayudar para que todos procuremos intentar, con la ayuda del Espíritu,  imitar aquella primera comunidad que nació por la proclamación del Evangelio.

Los siete sacramentos:Toda causa tiene un efecto


 

Bautismo


Borra de nuestra alma el pecado original
Nos Santifica: Nos hace Hijos de Dios y herederos del Cielo
Nos incorpora al sacerdocio de Cristo
Nos incorpora a la Iglesia y nos beneficia de todas sus gracias
Nos imprime en el alma el Carácter imborrable




Confirmación

Nos aumenta la Gracia y fortalece nuestra fe
Imprime un carácter espiritual permanente
Nos anima a cumplir los deberes del cristiano maduro: Testimoniar la fe hasta el martirio
Nos impulsa al apostolado y compromiso social
Nos impulsa a una mayor participación en la Iglesia



Eucaristía

Nos aumenta la Gracia
Nos perdona los pecados por los méritos de la muerte de Cristo en la Cruz



Penitencia

Nos restablece la Gracia cuando caemos en el pecado
Y nos da la fuerza para seguir con más ánimo nuestra relación con Dios


Unción de los enfermos

Nos identifica con Cristo doliente
Nos alivia y fortifica cuando estamos enfermos aumentando nuestra confianza en la misericordia divina y nos conforta para soportar más fácilmente los dolores y tentaciones. Nos hace merecedores de ganara gracias para la Iglesia y para las personas a las que le dediquemos nuestro dolor
Nos perdona los pecados veniales y nos quita las huellas del pecado pasado
Nos da la salud corporal siempre que la pidamos y esté en los planes de Dios.



Orden sacerdotal

Nos aumenta la Gracia Santificante para que el ordenado tenga capacidad de cumplir su vocación y para llevar adelante una vida acorde a su nueva condición.
Imprime un carácter espiritual permanente. Recibe el poder de Consagrar y de perdonar los pecados en nombre de Cristo



Matrimonio

Sana y remedia contra el amor libre, el hedonismo y la atracción puramente erótica
Perfecciona el amor conyugal elevándolo a la realidad sobrenatural
Hace a Dios un miembro más de la familia

Cursillos de Cristiandad: ven y verás



Imagina por un momento que fueras capaz de desterrar de tu vida, en cualquier situación, la angustia, el miedo, la ansiedad, el vacío interior, la incomprensión, la soledad, la falta de sentido de tus días y de tus noches.
Imagina que te sintieras fuertemente valorado/a, amado/a, apreciado/a, que supieras que te aman intensamente, con tus defectos, con tus inseguridades, con tus vacilaciones. Imagina que ya no tienes por qué esforzarte por dar la talla, porque hay alguien que te ama así, tal como eres. Imagina que fueras capaz de sentirte bien en cualquier circunstancia, de sentirte en armonía contigo mismo/a, de no estar sometido/a a las pasiones, de ser capaz de dominarte a ti mismo/a, de ser señor/a de ti mismo/a.
Imagina que todo lo que te pasara adquiriese sentido para ti; que tu realidad de cada día se iluminase con un sentido nuevo, con una especie de magia, transformándose en un conjunto de señales que te indican con seguridad hacia dónde debes ir.
Imagina que incluso hasta el dolor, el sufrimiento, tuviera significado para ti, que vieras que trae algo bueno a tu vida, que se convirtiera para ti en algo dulce y luminoso.
Imagina que dejases de temer, absolutamente, a la vida o a la muerte.
Imagina que tuvieras la necesidad imperiosa de estar agradecido/a por cada uno de los momentos de tu vida.
Imagina que fueras capaz de sentir en tu interior una paz y una alegría duraderas, inamovibles, sólidas, perennes; que ni los éxitos ni los fracasos te desbordasen de emociones positivas o negativas, sino que todo, absolutamente todo, lo vivieras con una intensa paz en tu interior.
Imagina que no tuvieras más remedio que vivir desde un optimismo inquebrantable, que pulverizases los momentos amargos de tu vida transformándolos inmediatamente en luz, en conocimiento profundo, en paz interior.
Imagina que tus facultades se potenciasen muy por encima de lo acostumbrado; que cada uno de tus días tuviera muchas más horas para ti; que sintieras que estás muy ocupado/a (adiós al aburrimiento) y que, al mismo tiempo, siempre tuvieras tiempo libre.
Imagina que los demás se dieran cuenta de que eres una persona nueva, que quisieran estar a tu lado, que quisieran compartir su vida contigo, porque tienes algo que les ilumina, que les conforta, que les ayuda a vivir, que les guía; porque saben que eres especial, diferente, mejor.
Pensarás que conseguir transformarte en alguien que sienta así, que viva así, es imposible para ti, ¿verdad?
Pues bien: no te equivocas lo más mínimo. Conseguir esto es imposible para ti solo/a. Pero imagina ahora que existiera un ser humano que pudiera estar contigo cada uno de los segundos de tu vida, que pudiera guiarte, atenderte, iluminarte, aconsejarte; una especie de consultor personal a tiempo completo, de día y de noche, 24 horas al día y 7 días a la semana. Imagina que este consultor fuera un experto en las cosas de la vida, como un chamán de tribu india, como un psiquiatra, como un confesor; alguien que conoce perfectamente tus miserias, que te conoce a ti mejor incluso de los que tú mismo crees conocerte; alguien que estuviera dispuesto a contestar inmediatamente todas tus preguntas, alguien con el poder de ayudarte a realizar en ti esa transformación que daría a tu vida su verdadero sentido; alguien que trabajaría contigo gratis, para ti, por ti, simplemente por amor a ti ¿Será posible que exista ese consultor personal experto y que se pueda poner a tu entera disposición?…
Sí, existe; ya sé que parece increíble, pero existe. Se llama Jesucristo y yo le conozco personalmente; es que resulta que él es también mi consultor personal a tiempo completo. No, no te preocupes: él puede serlo también para ti, y también a tiempo completo; él puede hacer eso y mucho más, porque resulta que él, además de ser un ser humano vivo, tan vivo como tú y como yo, es nada menos que Dios.
Y, si quieres, puedes conocerle personalmente en un Cursillo de Cristiandad.
Te preguntarás por qué los cristianos no podemos dejar de ser apóstoles (“apóstol” = enviado). Bien, te contestaré con mucho gusto: porque lo que llevamos en nuestro interior vale tanto que no podemos dejar de proclamarlo a los cuatro vientos; es como cuando ves una buena película, de esas que te impactan de por vida y no paras de decirle a tus amigos que vayan a verla. Es como eso, parecido a eso, pero mucho mejor; es mucho más que una película, es algo que afecta a la película entera de tu vida: es poseer el secreto de la vida y, por ello, querer contárselo a todo el mundo, para que todo el mundo también lo posea ¿Que por qué contarlo y no quedárselo para uno solo? Pues por puro amor a los demás, ¿por qué iba a ser si no?
En fin, si te animas a ir a un cursillo apúntate en tu parroquia, para que se lo diga al coordinador del mismo y así pueda contar con tu asistencia. Los cursillos empiezan un jueves y terminan en domingo. Así que son tres días, pero ¡qué tres días! Son tres días que valen por toda una vida, porque te traen, de hecho, una vida nueva.
Mi esposa y yo asistimos a un cursillo así en mayo de 2006; por eso se lo que digo, porque yo ya conozco personalmente a Jesucristo. Y tú qué, ¿te animas a conocerlo también? ¿Sí? Entonces.: ven y… Verás.
“Volvióse Jesús a ellos, viendo que le seguían, y les dijo: ¿Qué buscáis? Dijéronle ellos: Rabbí, que quiere decir Maestro, ¿dónde moras? Les dijo: venid y ved. Fueron, pues, y vieron dónde moraba, y permanecieron con Él aquel día. Era como la hora décima.”  (Juan 1, 38 – 39)
Jorge Megías, Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Villanueva de la Cañada



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