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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

domingo, 19 de febrero de 2017

Oración en Comunión Espiritual. Buscar ser perfecto como el Padre Celestial es perfecto. 19 -Febrero- 2017

"Ventana abierta"


Oración de Comunión Espiritual


Hola amig@s, llega el momento de nuestra Comunión. 
Mientras en la Iglesia se reparte el Cuerpo de Cristo, nosotros o aquellos de ustedes que por cualquier circunstancia no pueden acudir a la celebración de la Eucaristía en la Parroquia, podemos hacer ahora nuestra Comunión Espiritual desde el mismo lugar donde nos encontremos, mostrando así también nuestro deseo de recibir a este Jesús, al que comulgamos: Él es Vida, Vida que es amor para todos.


"Señor Dios, Tú no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva porque Tú amas a todos.
Ten piedad de mí, que soy estrecho de corazón, incapaz de amar y renunciar a la venganza y al rencor, enséñame y ayúdame a vencer el mal con el bien y crea que es posible que el amor y el perdón están por encima del odio y la revancha entre hermanos.
Padre bondadoso, que refleje con mi vida y palabra, tu amor a todos.
Me cuesta mucho hacer el bien al que me hace el mal, perdonar al que me ofende, olvidar los agravios pasados, Cristo me anima en este empeño con su ejemplo.


Líbrame, Padre, del amor calculador, interesado.
Hazme capaz de dar a fondo perdido, sin esperar nada a cambio.
Hazme como Tú, compasivo y misericordioso, de corazón grande, donde sólo tenga cabida el amigo, pero también tenga cabida el enemigo. 
Buscar siempre ser perfectos, como Tú, Padre Celestial eres perfecto".


Amén.



domingo, 12 de febrero de 2017

Oración de Comunión Espiritual. Acción de Gracias de Manos Unidas. 12 -Febrero- 2017.

"Ventana abierta"


Oración de Comunión Espiritual


Jornada Campaña Contra el Hambre


Ahora puede ser momento idóneo para la Comunión. 
Tod@s aquell@s amigo@s que siguen este mi humilde blog tienen la oportunidad si así lo desean, de hacer nuestra Comunión Espiritual, uniéndonos a todos los hermanos y hermanas, del mundo.
Hoy lo hacemos  con la Oración de Acción de Gracias que nos propone "Manos Unidas" para esta "Jornada de la Campaña Contra el Hambre".
"Te damos gracias, Señor, por habernos llamado en el día de hoy. Tú siempre estás con nosotros derramando tu amor y tu gracia en nuestros corazones. Aun cuando sentimos que estamos solos, Tú estás a nuestro lado, tal y como nos prometiste.
Te suplicamos no nos dejes indiferentes ante la pobreza, el hambre y las necesidades de nuestros hermanos. Haz que siguiendo tu ejemplo estemos siempre atentos a las necesidades de los más pobres y nuestra fe se manifieste en obras de caridad concretas, apoyando e intercediendo por los que sufren.
Te pedimos, Señor,  que los donativos que entregamos, fruto de nuestro compromiso lleguen a las manos de los que más lo necesiten, se transformen en alimento, enseñanza, cuidados médicos, esperanza para todos.
Danos fuerzas para ser más generosos y unir nuestras manos para juntos conseguir que se acabe el hambre y el sufrimiento.
Enséñanos a comprender que todos los que vivimos en nuestro planeta, nuestra casa común, somos una sola familia, y por ello debemos cuidar la tierra y a nuestros hermanos y hermanas, que habitan en ella.


Amén.

domingo, 5 de febrero de 2017

Oración de Comunión Espiritual. Ser Luz y Sal. 5 - febrero - 2017.

"Ventana abierta"


Oración de Comunión Espiritual


Ser Luz y Sal


Estimad@s amig@s llega el momento íntimo, personal de cada uno, que es la Comunión. 
Todos aquellos de ustedes que entran en este blog y quieran, podemos hacer nuestra Comunión Espiritual, mostrando así este deseo que tenemos de estar cerca del Señor que es Luz para todos los hombres.
Ser luz, ser sal, para ver y saborear:
- Ser luz, para como el fuego consumirme en alumbrar y calentar a los demás. Como sal, deshacerme dando sal a otros, ser salero de la vida, candela en el camino.
- Como sal, dar gusto a tantas situaciones amargas. Como luz, poner ilusión donde existe desesperanza, tristeza.
- Como luz, acompañar al que está solo. Como sal, conservar tu presencia para los demás.
Gracias, Padre, porque me destinas con Cristo a dar sabor a un mundo insípido, áspero y desabrido, a una vida devastada por el egoísmo y la mentira.
Gracias por esta confianza, pero es misión difícil la de ser sal sabrosa y necesaria, que actúa desde dentro, sin ostentación, sin hacerse notar en la medida justa.
Cambia mi tiniebla en luz, mi noche en día para irradiar gozo y paz, esperanza y optimismo, que tu Palabra y tu Presencia eucarística sean luz en mi caminar.
Ayúdame, transfórmame con tu Espíritu, para que no guarde para mí tu Sal y tu Luz, que vean mis buenas obras y te den gloria, Padre del Cielo".



sábado, 14 de enero de 2017

NÚMEROS DE EMERGENCIA.

"Ventana abierta"


Teléfonos de emergencia



1. Si te sientes triste..........Llama a Juan 14.
2. Si tu amigo te ha traicionado..........Llama al Salmo 27.
3. Si quieres ser fructífero..........Llama a Juan 15.
4. Cuando hayas pecado..........Llama al Salmo 51.
5. Si estás preocupado..........Llama a Mateo  6:19-24.
6. Cuando estés en peligro.......... llama a Salmo 51.
7. Si sientes que Dios no está contigo..........Llama al Salmo 139.
8. Cuando te sientas solo..........Llama al Salmo 23.
9. Si te sientes derrumbado..........Llama a Romanos  8:31.
10. Cuando quieras sentir paz y descanso.......... Llama a Mateo 11: 25-30.

Escucha lo que Dios quiere decirte en estos casos. 
Abre las Sagradas Escrituras y encuentra la palabra precisa a lo que necesitas. 
Ten siempre confianza en Dios....

Y recuerda, nunca la línea está OCUPADA...
ÉL está siempre disponible para TI y para MÍ
 y está esperando que le llames....


martes, 10 de enero de 2017

Todo hijo es padre de su padre.

"Ventana abierta"


Hermosa reflexión


Todo hijo es padre de su padre

"Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre.
Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla. Lento, lento, impreciso.
Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo.
Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar.
Es cuando el padre, que en otro tiempo ha mandado y ordenado, hoy sólo suspira, sólo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana -todo corredor ahora está lejos
Es cuando uno de los padres antes dispuesto y trabajador fracasa en ponerse su propia ropa y no recuerda sus medicamentos.
Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida. Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz.
Todo hijo es el padre de la muerte de su padre.
 Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo. Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas.
Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres.
La primera transformación ocurre en el cuarto de baño.
Seremos los padres de nuestros padres, los que ahora pondremos una barra en la regadera.
La barra es emblemática. la barra es simbólica. La barra es inaugurar el "destemplamiento de las aguas".
Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores. No podemos dejarlos en ningún momento.
la casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extenderán en forma de barandillas.
Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones.
Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación. Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados.
¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros?
Nos lamentamos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra.

FELIZ EL HIJO QUE ES EL PADRE DE SU PADRE ANTES DE SU MUERTE, Y POBRE DEL HIJO QUE APARECE SÓLO EN EL FUNERAL Y NO SE DESPIDE UN POCO CADA DÍA.

Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta los últimos minutos.
En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla tratando de cambiar las sábanas, cuando Joe gritó desde su asiento:
- Deja que te ayude.
Reunió fuerzas y tomó por primera vez a su padre en el regazo.
Colocó la cara de su padre contra su pecho.
Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso.
Se quedó abrazándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su infancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo interminable.
Meciendo a su padre de un lado a otro.
Acariciando a su padre.
Calmando a su padre.

Y decía en voz baja:
- ¡Estoy aquí, papá!

Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí".


(Fabrício Carpinejar "Todo filho é pai da morte de seu pai" versión al español Zorelly Pedroza)



viernes, 6 de enero de 2017

La adoración de los Reyes. 6 - Enero - 2017

"Ventana abierta"


Autor: Ramón del Valle Inclán.
Libro: Jardín umbrío.

La adoración de los Reyes



Vinde, vinde, Santos Reyes
vereil, o joya millor,
un meñino
como un brinquiño
tan bunitiño
qu´á nacer nublou o sol!
Desde la puesta del sol se alzaba el cántico de los pastores en torno de las hogueras, y desde la puesta del sol, guiados por aquella luz que apareció inmóvil sobre una colina, caminaban los tres Santos Reyes, jinetes en camellos blancos, iban los tres en la frescura apacible de la noche atravesando el desierto. Las estrellas fulguraban en el cielo, y la pedrería de las coronas reales fulguraba en sus frentes. Una brisa suave hacía flamear los recamados mantos: el de Gaspar era de púrpura de Corinto. El de Melchor era de púrpura de Tiro. El de Baltasar era de púrpura de Menfis. Esclavos negros, que caminaban a pie enterrando sus sandalias en la arena, guiaban los camellos con una mano puesta en el cabezal de cuero escarlata. Ondulaban sueltos los corvos rendajes y entre sus flecos de seda temblaban cascabeles de oro. Los tres Reyes Magos cabalgaban en fila: Baltasar, el egipcio, iba delante, y su barba luenga, que descendía sobre el pecho, era a veces esparcida sobre los hombros… Cuando estuvieron a las puertas de la ciudad arrodilláronse los camellos, y los tres Reyes se apearon y despojándose de las coronas hicieron oración sobre las arenas.

Y Baltasar dijo:
– ¡Es llegado el término de nuestra jornada!…

Y Melchor dijo:
– ¡Adoremos al que nació Rey de Israel!…

Y Gaspar dijo:
– ¡Los ojos le verán y todo será purificado en nosotros!…

Entonces volvieron a montar en sus camellos y entraron en la ciudad por la puerta Romana y guiados por la estrella llegaron al establo donde había nacido El Niño. Allí los esclavos negros, como eran idólatras y nada comprendían, llamaron con rudas voces:

-¡Abrid!... ¡Abrid la puerta a nuestros señores!

Entonces los tres Reyes se inclinaron sobre los arzones y hablaron a sus esclavos. Y sucedió que los tres Reyes le decían en voz baja:

-¡ Cuidad de no despertar al Niño!



Y aquellos esclavos, llenos de temeroso respeto, quedaron mudos, y los camellos que permanecían inmóviles ante la puerta llamaron blandamente con la pezuña, y casi al mismo tiempo aquella puerta de viejo y oloroso cedro se abrió sin ruido. Un anciano de calva sien y nevada barba asomó en el umbral. Sobre el armiño de su cabellera luenga y nazarena temblaba el arco de una aureola. Su túnica era azul y bordada de estrellas como el cielo de Arabia en las noches serenas, y el manto era rojo, como el mar de Egipto, y el báculo en que se apoyaba era de oro, florecido en lo alto con tres lirios blancos de plata. Al verse en su presencia los tres Reyes se inclinaron. El anciano sonrió con el candor de un niño y franqueándoles la entrada dijo con santa alegría:

- ¡Pasad!

Y los tres Reyes, que llegaban de Oriente en sus camellos blancos, volvieron a inclinar las frentes coronadas, y arrastrando sus mantos de púrpura y cruzadas las manos sobre el pecho, penetraron en el establo. Sus sandalias bordadas de oro producían un armonioso rumor. El Niño, que dormía en el pesebre sobre rubia paja de centeno, sonrió en sueños. A su lada hallábase la Madre, que lo contemplaba de rodillas con las manos juntas. Su ropaje parecía de nubes, sus arracadas parecían de fuego y como en el lago azul de Genezaret rielaban en el manto los luceros de la aureola. Un ángel tendía sobre la cuna sus alas de luz y las pestañas del Niño temblaban como mariposas rubias, y los tres Reyes se postraron para adorarle, y luego besaron los pies del Niño. Para que no se despertase, con las manos apartaban las luengas barbas que eran graves y solemnes como oraciones. Después se levantaron, y volviéndose a sus camellos le trajeron sus dones: Oro, Incienso y Mirra.


Y Gaspar dijo al ofrecerle el Oro:
- Para adorarte venimos de Oriente.

Y Melchor dijo al ofrecerle el Incienso:
- ¡Hemos encontrado al Salvador!

Y Baltasar dijo al ofrecerle la Mirra:
- ¡Bienaventurados podemos llamarnos entre todos los nacidos!


Y los tres Reyes Magos despojándose de sus coronas las dejaron en el pesebre a los pies del Niño. Entonces sus frentes tostadas por el sol y los vientos del desierto se cubrieron de luz, y la huella que había dejado el cerco bordado de pedrería era una corona más bella que sus coronas labradas en Oriente... Y los tres Reyes Magos repitieron como un cántico:

- ¡Éste es!... ¡Nosotros hemos visto su estrella!



Después se levantaron para irse, porque ya rayaba el alba. La campiña de Belén, verde y húmeda, sonreía en la paz de la mañana con el caserío de sus aldeas dispersas, y los molinos lejanos desapareciendo bajo el emparrado de las puertas, y las montañas azules y la nieve en las cumbres. Bajo aquel sol amable que lucía sobre los montes iba por los caminos la gente de las aldeas. Un pastor guiaba sus carneros hacia las praderas de Gamalea; mujeres cantando volvían del pozo de Efraín con las ánforas llenas; un viajero cansado picaba la yunta de sus vacas, que se detenían mordisqueando en los vallados, y el humo blanco parecía salir de entre las higueras...
Los esclavos negros hicieron arrodillar los camellos y cabalgaron los tres Reyes Magos. 

Ajenos a todo temor se tornaban a sus tierras, cuando fueron advertidos por el cántico lejano de una vieja y una niña que, sentadas a la puerta de un molino, estaban desgranando espigas de maíz. Y era éste el cantar remoto de las voces:

Camiñade Santos Reyes
por camiños desviados,
que pol´os caminos reaes
Herodes mandou soldados.





viernes, 30 de diciembre de 2016

Palabras de Jesús.

"Ventana abierta"


Palabras de Jesús.


Las pajas eran duras, dame la suavidad de tu ternura. Te regalo mis sufrimientos, para que seas feliz y des alegría a los demás. Jesús.

La estrella de Belén, brillaba para anunciarte, tú brilla sólo para mí. Te regalo mi corazón, para que ames con él. Jesús.

Mi Padre te ama, por eso me envió, no corras tanto, escúchalo en la oración. Te regalo la quietud de la noche de mi nacimiento, para que vivas la paz. Jesús.

En Belén, no hubo lugar para mí, dame el abrigo en tu corazón. Te regalo la piedad de mi Madre, para que con ella me ames. Jesús.

Los Reyes llevaron incienso, dame el perfume de tu oración. Te regalo mi compañía, para que te acerques a mí cuando te sientas solo. Jesús.

En el pesebre tuve frío, dame el calor de tu caridad. Te regalo la sencillez, para que puedas llegar al Reino de los cielos. Jesús.

No te canses de amar, para darte fuerzas me hice hombre. Te regalo mi pesebre, para que busques en mí tu descanso. Jesús.

Yo vine a traer consuelo, sé tú la alegría de tu hogar. Te regalo mis brazos llenos de amor, para abrazarte cuando te ahoguen las penas. Jesús.

Mi padre José me sirvió oculto, ocúltate cuando me sirvas para que yo aparezca. Te regalo mi amor, para que sea prenda de tu felicidad. Jesús.

La gruta era fría, dame el calor de tu entrega apostólica. Te regalo mi corazón, para que ames con él. Jesús.

En Belén todo se veía oscuro, algunos ven el mundo así, necesitan de tu optimismo. Te regalo mi mirada, para que descubras los dones que te doy cada día. Jesús.

Quiero en este año el oro de tu caridad. Te regalo mis primeras palabras, para que hables siempre bien de los demás. Jesús.

Fui ignorado por casi todos, sé mensajero de mi presencia. Te regalo mis pies, para que no te canses de anunciar mi mensaje. Jesús.

Vine a buscar almas, ayúdame a encontrarlas. Te regalo mi sonrisa, para que la encuentren en ti los demás. Jesús.

Los ángeles cantaron, dame la música de tu vida interior. Te regalo mi sensibilidad, para que cada día me escuches dentro de ti. Jesús.

Mi Padre me envió porque te ama, que quien te encuentre lo descubra. Te regalo mi encarnación, para hacerte hijo de Dios. Jesús.

Cuando ores ama, no importa si no hablas. Te regalo el arrullo de mi Madre, para que nunca te sientas solo. Jesús.

Sentí frío y pensé en ti. Dame el calor de tu entrega apostólica. Te regalo el cielo estrellado, para aumentar tu fe. Jesús.

Mi techo era el cielo, no busques seguridades humanas. Te regalo mi confianza, para que te abandones en los brazos de mi Padre. Jesús.

Mi Madre me cuidó con paciencia, vive esta virtud durante el año. Te regalo mi delicadeza, para que con ella vivas una caridad más perfecta. Jesús.

Yo vine a traer consuelo, sé tú la alegría de tu hogar. Te regalo mi paz, para que la comuniques a los demás. Jesús.

Yo no tuve con qué abrigarme, sé el abrigo de los pobres. Te regalo el oro de los reyes magos, para que siempre valores lo verdaderamente importante. Jesús.

La gruta estaba oscura, dame la luz de tu fe. Te regalo mi estrella, para que te muestre el camino que conduce a mí. Jesús.

Mi Madre me arrulló en sus brazos, toma su sitio, quiero estar en los tuyos. Te regalo las caricias de mi Madre, para que te consuelen y te alienten. Jesús.

Cuando era pequeño, no podía valerme por Mí mismo, llévame a los demás. "Me quedo contigo". Consérvame en tu corazón, háblame, ámame y compárteme. Jesús.

Dios cercano que quiso hacerse hombre para estar entre nosotros, encuentre un lugar en nuestro corazón para nacer.


¡Feliz Navidad, amig@s!



martes, 27 de diciembre de 2016

Me gustas cuando ríes (poema - plegaria)

"Ventana abierta"


Me gustas cuando ríes

Francisco Contreras CMF


Me gusta sentirme madre.
Me gusta sentirte mío.
Me gusta cuando me miras.
Me gustas cuando te miro.

Lo que más de ti me gusta,
lo que más de ti yo ansío.
Lo que le pido a la vida,
lo que a Dios yo le suplico.

Que no nos separe nada,
ni la muerte ni el destino;
que no se rompan los lazos
de tu corazón y el mío.

Me gustas cuando te ríes
y crea tu risa un río
donde naufragan mis penas
y rema tu poderío.

Me gustas cuando te caes
entre mis brazos vencido.
Me gusta ver tu silencio
en mi regazo dormido.

Me gustas cuando me dices
cosas que son sin sentido;
senderos que son cadenas
desde tu boca a mi oído.

Me gustas porque te tengo,
y te abrazo y te bendigo.
Porque eres mi Dios me gustas,
y más me gustas por hijo.

"Me gustas porque me gustas"
le dice la flor al lirio.
Repite el viento a la brisa,
y la brisa a mis suspiros.



lunes, 26 de diciembre de 2016

10 Secretos de la Navidad para una sociedad posmoderna

"Ventana abierta"


10 Secretos de la Navidad para una sociedad posmoderna

Si nos detenemos a contemplar un momento "la Navidad" no es tan difícil, por lo tanto, encontrar el secreto para ser felices.

Por: P. Alejandro Ortega Trillo, L.C. | Fuente: Catholic.net

La Navidad es inagotable. Después de dos mil años, sigue ilusionando a los niños, inspirando a los artistas, arrobando a los místicos y movilizando al mundo entero. Basta recorrer las principales avenidas y comercios del orbe a partir de noviembre para sentir la fuerza del fenómeno. Y esto en una cultura que es llamada ya por muchos "post-moderna"; es decir, que dejó atrás la modernidad y se ha vuelto "ultramoderna", sobre todo por su dominio técnico y científico, su estructuración geopolítica y social y su configuración global. 

En esta nueva edad de la humanidad, contrasta cada vez más la celebración de la Navidad con la tradición de la Navidad. Las tradiciones, en general, están muy devaluadas. Se ha difundido la idea de que son algo que se hace sólo por costumbre, inercia o imposición social o religiosa. Muy al contrario, las tradiciones son como las mejores prácticas de la humanidad, amasadas en forma de costumbre o recurrencia, precisamente para que no se pierdan. Las tradiciones tienen un núcleo interior, un sentido profundo que inspira y da significado a la celebración exterior.

La celebración de la Navidad, sin embargo, está siendo cada vez más superficial y material. Y a medida que se va imponiendo un modelo pagano y comercial de celebrarla, se va perdiendo su riqueza profunda y su encanto. Hacen falta nuevos puentes entre tradición y postmodernidad. Sin duda, hay muchos elementos que depurar en ciertas tradiciones. Pero es preciso redescubrir el valor de las sanas tradiciones, si no queremos perder irresponsablemente riquezas atesoradas por la humanidad a lo largo de siglos y milenios.

La Navidad es la tradición por excelencia. Aunque inmediatamente hay que aclarar que la Navidad es mucho más que una tradición. Es un acontecimiento. Un evento histórico o, mejor, "metahistórico", en el sentido de que rebasa, desborda y envuelve la historia misma, iluminándola y dándole su pleno significado. Por eso, la Navidad jamás será obsoleta. Y por eso también hoy tiene tanto que decirle a nuestra cultura postmoderna. Las siguientes reflexiones son sólo un botón de muestra. 

1. El secreto del burro y el buey: 
la calma


La nuestra es una sociedad apresurada. No tenemos tiempo para nada. Parecemos "malabaristas" de la existencia: sentimos la presión de mantener muchos roles y responsabilidades en el aire y la limitación de contar sólo con "dos manos". 
Y se nos nota: la prisa nos apremia; y también nos maltrata. Más allá de los estragos del stress, tan bien documentados, a veces cometemos errores muy básicos por no dedicarle a cada cosa su tiempo. No hace mucho, al bajar del coche, por la prisa, cerré la puerta sin estar "completamente fuera". ¿El resultado? Un dedo "machucado" y algunas estrellas.

El burro y el buey, siempre presentes en los nacimientos, tienen un secreto que ofrecernos: la calma. La tradición de colocar estos dos animales junto al pesebre del Niño Jesús no es ornamental. Tiene fundamento bíblico: "Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo", escribe el profeta Isaías (1, 3).

Recuerdo el gesto sereno y apacible del burro y del buey del nacimiento que poníamos en casa. Dos modelos humanos difícilmente hubieran podido expresar tanta calma. El burro y el buey simplemente "están". No se mueven. No caminan. No se marchan. No tienen ninguna prisa. 

La calma supone saber estar donde se debe estar en cada momento. Claro, supone también una buena organización personal y claridad de prioridades. Si quieres calma –parecen decirnos estos animales– dale prioridad a Dios. Ellos reconocieron en el Niño Jesús a su "dueño y amo". En otras palabras, no tenían otro lugar mejor donde estar en ese momento. Si Dios fuera siempre nuestra prioridad, y le dedicáramos tiempo a la oración, al trato con Él, seguramente tendríamos más calma. No por tener menos cosas que hacer, sino por hacer las que realmente importan. Por lo demás, el tiempo no existe ni importa cuando estamos con aquellos que amamos. 

"Ustedes tienen el reloj; nosotros tenemos el tiempo", decía un viejo beduino del desierto a un turista. Aprendamos del burro y el buey a no dejarnos presionar tanto por las manecillas. Y menos cuando estemos en oración. Nunca como entonces se puede saborear la serena alegría de estar junto a Dios en plena calma. 

2. El secreto de José: la providencia. 


Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado racional. El concepto viene del latín "reor, ratum", que significa calcular. En otras palabras, hemos aprendido a ser calculadores. Ponderamos demasiado ciertas decisiones que podrían ser más diligentes y valientes si no miráramos tanto su precio en sacrificio o generosidad. En el fondo, además de mezquindad, el ser calculadores supone poca confianza en Dios. Lo prevemos y lo programamos todo para no poner en riesgo nuestra comodidad o conveniencia. 

También José habrá hecho sus cálculos y previsiones. "Será Hijo del Altísimo", le dijo María. Y Él concluyó en su imaginación: "Nacerá en un palacio, con los mejores médicos. Viviremos con él en Jerusalén, la capital. Nos darán como casa el Templo de Salomón. Y vendrán reyes y reinas de todas partes a visitarnos. Ya no tendré que trabajar de carpintero". 

Pero, ¡qué realidad tan distinta! Un inesperado censo en Belén, el nacimiento en una cueva y la huida a Egipto dieron al traste con sus ilusiones. Y después el regreso a Nazaret y una larga estancia ahí, sin pena ni gloria, para terminar muriendo carpintero. La Navidad es una profunda lección sobre la providencia de Dios, que lleva muchas veces nuestra vida muy al margen de nuestros cálculos y previsiones.

Confiar en la providencia es la actitud más realista. Nadie tiene el control total de su destino personal, matrimonial, familiar, profesional, etc. No lo tuvo José; menos lo tendremos nosotros. Y es mejor que así sea. La apertura a la providencia divina nos ubica en nuestra realidad de creaturas de un Dios que ve y actúa más allá de las circunstancias prósperas y adversas, llevando siempre las cosas en el modo que más nos conviene. Fue el caso de José; y puede ser también el nuestro si aprendemos, como él, a confiar en la Providencia.

3. El secreto de los ángeles: 
la espiritualidad


Nuestra sociedad se ha vuelto cada vez más física. No en el sentido científico, sino corporal. Está obsesionada por el fitness, por la "buena forma". Los gimnasios están cerca de llegar a ser el negocio del siglo. Ahora bien, cultivar el cuerpo no tiene nada de malo. El cuerpo es una dimensión esencial de nuestro ser. Como dijo el filósofo Gabriel Marcel, propiamente no tenemos un cuerpo; somos nuestro cuerpo. 
Posee, por tanto, una altísima dignidad, y merece todo cuidado y atención. Cada uno es responsable del cuerpo que Dios le dio a modo de talento para dar fruto en esta vida. Baste pensar que todos nuestros actos, los ordinarios y los sublimes, entran en escena a través de nuestra corporeidad; incluso el pensar y el amar.

Pero una cosa es cultivar el cuerpo y otra muy diferente es dar culto al cuerpo. El cuerpo nunca ha de ser idolatrado. Porque nadie debe idolatrarse a sí mismo. Hoy cabría hablar de un cierto narcisismo corporal. Narcisismo condenado de raíz, como en el caso de la fábula, a una profunda frustración. El tiempo pasa y deja su indeleble huella de desgaste y debilitamiento sobre el cuerpo, por más que uno se afane en conservarlo intacto. Ninguna cirugía, ningún procedimiento, ninguna técnica –por mucho avance que haya en la materia– es capaz de evitar el envejecimiento. Y quienes van más allá de lo razonable en este campo, en lugar de envejecer con naturalidad –que es la manera "bella" de envejecer– envejecen como monstruos. 

Contra esta tendencia "idolátrica" del cuerpo, los ángeles de la Navidad nos revelan su secreto: el de la espiritualidad. Ellos, que son espíritus puros, nos enseñan a valorar y a gozar la vida espiritual. A buscar no sólo una buena "condición física"; también espiritual. Después de todo, el espíritu nunca envejece. "Cada uno tiene la edad de su corazón", solía repetir el beato Juan Pablo II. Y tal vez por eso, a pesar de los achaques de su vejez corporal, mantuvo siempre un espíritu joven. Basta ver con qué facilidad conectaba con los jóvenes en las Jornadas Mundiales que él mismo protagonizaba.

A veces podemos sentir que la vida espiritual es aburrida, monótona. El canto de los ángeles en Navidad nos recuerda que la vida espiritual es siempre bella, emocionante minuto a minuto, cualquiera que sea la condición del cuerpo. No está mal cultivar la buena forma, cuidar la salud del cuerpo. Pero también –y con mayor razón- hay que cultivar el alma. Después de todo, como dice una antigua frase latina, "los rasgos del alma siempre serán más bellos que los del cuerpo".

4. El secreto de María: el silencio


Dos necesidades básicas nos definen: hablar y ser escuchados. Con el añadido hoy de la tecnología –celulares, redes sociales, blogs, chateo, etc.– la ecuación queda así: tendencia natural a hablar + tecnología = sociedad hiperparlante. Supongo que más de alguno habrá ya querido gritar desde algún punto del planeta: "¡Basta; cállense todos!".

María tiene un secreto para nuestra ruidosa sociedad: su silencio. Ella, la gran coprotagonista de la Navidad; la que tendría tanto que decir, tanto que contar, guarda silencio, medita. Según la narración evangélica del nacimiento de Jesús, en esos momentos María no dijo una sola palabra. Su silencio fue el mejor modo de acompañar el acontecimiento más grande de la historia. Ningún sonido, ninguna melodía hubiera estado a la altura del momento. Por eso, bien se ha dicho, nada es más solemne que el silencio.

Ahora bien, el silencio de María no fue estéril ni superficial. Fue el espacio fecundo para reflexionar, profundizar y contemplar: "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc. 2, 19). Ella entendió por anticipado lo que un psiquiatra español diría siglos más tarde: en ciertas ocasiones "la palabra es plata y el silencio es oro". 

El silencio tiene capas. Hay un silencio "exterior". Importantísimo. Consiste en saber "apagar" los estímulos sensoriales. Cuánto bien nos haría a todos tener al menos 30 minutos de este silencio al día. No siempre es posible. Pero habría que saber encontrar algún remanso así a lo largo del día. Los silencios más profundos son los de la memoria, para evitar malos recuerdos y purificar el pasado; los de la imaginación, para no anticipar desgracias; los de la susceptibilidad, para no "atar demasiados cabos" y sentirnos víctimas de todo mundo, etc., etc. Adquirir la disciplina del silencio no es fácil, pero el fruto bien vale la pena. El silencio es, en cualquier caso, un guardián del alma. 

5. El secreto del pueblo judío: 
la esperanza


Nuestra sociedad tiende al pesimismo. No sin razón. Basta hojear cualquier periódico para lamentar lo mal que están las cosas. Y así, a fuerza de tragedias y decepciones, han bajado mucho nuestras reservas de optimismo. 

En el fondo, hemos perdido esperanza. Y tal vez por eso nos hemos vuelto más superficiales. La superficialidad es la enfermedad de los que no esperan nada. De los que viven en un mundo sin profundidad, sin relieve, sin montañas que conquistar ni misterios que penetrar. J.P. Sartre escribió: "La vida es una derrota, nadie sale victorioso, todo el mundo resulta vencido; todo ha ocurrido para mal siempre y la mayor locura del mundo es la esperanza". Pues precisamente, esa locura del mundo, la esperanza, fue por siglos el gran secreto del mundo antes de Cristo; el que lo puso en una sana tensión, en una espera de Dios que no fue defraudada.

Cuando esperamos algo nos polarizamos, nos cargamos de ilusión. La esperanza mete un centro de gravedad en nuestra vida, y así nos saca de la superficialidad. La espera de Cristo ha sido la más grande que el mundo ha tenido y tiene, pues ahora esperamos su segunda venida. La Navidad nos lo recuerda cada año. S. Grygiel definió la esperanza como la memoria del futuro. Conviene recordar siempre que lo mejor está por venir; que Cristo está por venir. Es el núcleo del mensaje del Adviento litúrgico.

El optimismo cristiano no es una vana ilusión; es una educación del alma. El optimista es quien ha sabido educar su mirada para descubrir lo positivo que se asoma a su alrededor. Y si la crónica del mundo no camina por donde quisiéramos, no es más que una invitación a mirar más alto. Después de todo, como diría Lacordaire, la adversidad descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.

6. El secreto de las estrellas: 
la humildad



El glamur, según el Diccionario de la Real Academia Española, es un "encanto sensual que fascina". En nuestra sociedad equivale a una preocupación excesiva por la buena apariencia, por el look más llamativo. En un sentido más amplio, el glamur está presente en casi todos los sectores. Hay un glamur de los negocios, del deporte, del espectáculo, de la vida social. En todos los casos, el objetivo es brillar, impresionar, ser el centro de atención. 

A esta sociedad glamurosa, las estrellas de la noche de Navidad tienen un secreto que ofrecerle: el de la humildad. Las estrellas sólo brillan en la oscuridad. Cada una brilla con su tamaño y su fulgor propio, sin complejos ni tontas comparaciones. Las estrellas brillan siempre, independientemente de si las miramos o no. Las mira Dios, y eso les basta. "No eres más porque te alaben, ni eres menos porque te desprecien; lo que eres a los ojos de Dios, eso eres", escribía Tomás de Kempis en el siglo XV. 

Aquella noche de Navidad, las estrellas debieron brillar maravillosas, sin envidia de la gran estrella posada sobre la cueva de Belén. Cada una brilló lo mejor que pudo, sin sentirse menos. De haberla mirado con envidia, se habrían opacado. Porque la envidia es la polilla del talento (Campoamor). Ellas, en cambio, por su humildad preservaron su talento. Y por eso hoy, sobre una sociedad ávida de reflectores, de relumbrón y de flashazos, ellas siguen siendo, sin pretenderlo, las verdaderas estrellas.

7. El secreto del pesebre: la pobreza



Una nota novedosa de nuestra sociedad postmoderna es la ambición. Sin duda, ciertas ambiciones son legítimas. El problema es la ambición que se torna insaciable. El gran secreto del pesebre fue la pobreza espiritual, el desprendimiento interior. 

Siempre he tratado de imaginar la historia del pesebre; una historia que, sin duda, fue de más a menos. Empezó siendo un tambo limpísimo, idóneo para almacenar agua, aceite o vino. Más tarde fue contenedor de combustible o de lejía. Después lo destaparon para llenarlo de grano trigo, garbanzo o maíz. Un poco más rodado y abollado, se convirtió en tambo de basura. Muchos golpes después, picado y maltratado, cuando ya no servía para otra cosa, lo pasaron por la sierra y, partido por la mitad, dejó de ser tambo y empezó a ser pesebre, en el que colocaron paja para vacas y bueyes. 

Quizá nunca imaginó, rodando por la pendiente de la humillación, que llegaría a ser el primer sagrario de la historia, después de María. El pesebre nos recuerda que muchas veces se es más feliz y afortunado siendo menos que más; que el camino de la ambición no lleva a ninguna parte; y que las predilecciones de Dios tienen muy poco que ver con nuestros méritos.

8. El secreto de los Reyes Magos: 
la docilidad


Nuestra sociedad presume, con razón, de independencia. Pero una mal entendida libertad puede llegar a ser una falsa autonomía, que raya en la ilusión, en la pérdida de referentes morales y de criterios rectos y claros. Ciertas corrientes de pensamiento han postulado un falso humanismo, que consiste en borrar a Dios del horizonte para que el hombre pueda ser plenamente hombre. Su tesis, en resumen, podría enunciarse así: "Si Dios es, el hombre no puede ser".

Esta postura, sin embargo, constituye un verdadero drama, que inspiró el título de un libro del teólogo Henri de Lubac: El drama del humanismo ateo. Años más tarde, el Concilio Vaticano II resumía admirablemente su esencia: "La criatura sin el Creador desaparece… Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida" (Gaudium et spes, 36).

En otras palabras, cuando el hombre deja de tener por referente a Dios, se extravía en un laberinto sin salida. Es aquí donde los Reyes Magos tienen un secreto maravilloso que ofrecernos: el de la docilidad a Dios. Ellos se dejaron guiar. Fueron verdaderamente sabios al no fiarse de sí mismos, de su autonomía; al buscar fuera de sí mismos, en el cielo, la verdadera razón de su vida y el camino a seguir. Cierto, el camino fue largo y muchas veces oscuro. Pero en premio a su docilidad, encontraron al mismísimo Dios, que se hizo carne para ser hallado. 

Su docilidad es una lección de sensibilidad a los auténticos valores y a las inspiraciones de lo alto. Dios nos manda señales; nos sugiere, nos invita, nos muestra estrellas que seguir. El corazón rebelde se ciega y endurece; se enferma de lo que la Biblia llama "esclerocardía" –dureza de corazón–. En cambio, el corazón sensible tiene ojos; y el dócil, pies. Así puede descubrir las "señales de arriba" y seguirlas con paciencia, sabiendo que tarde o temprano le llevarán al mejor de los hallazgos: Dios mismo.

9. El secreto de los pastores: la fe



A nuestra sociedad cada día le cuesta más creer. Es cierto, muchas certezas se han derrumbado; muchas confianzas han sido defraudadas, sobre todo en los últimos años. Por eso, más de alguno me ha dicho: "Ya no sé en qué creer". 

El secreto de los pastores fue su fe. Una fe sencilla, pero viva, operante y alegre. Ellos eran, muy probablemente, hombres sin educación, sin formación, sin grandes lecturas. Pero aquella noche de Navidad fueron los hombres más iluminados de la historia. Dice el Evangelio: "Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz" (Lc. 2, 8 – 9). Eso es la fe: una luz envolvente, que todo lo ilumina: no sólo la noche, también la vida; no sólo el entorno, también el corazón.

La suya fue una fe sin cuestionamientos. Inmediatamente, sin mayor deliberación, los pastores se levantaron y se pusieron en camino. "Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado" (Lc. 2, 15).

La fe no es sólo "creer" con la mente. Es un dinamismo interior que nos pone "en movimiento". La fe cambia la vida. Nunca es estática. Porque nuestro corazón tampoco lo es; siempre busca un horizonte ilimitado. Las solas expectativas de esta vida le quedan chicas; y sus motivaciones, también. 

La fe de los pastores, por lo demás, tampoco contradijo su razón. Sólo la iluminó. La llevó mucho más lejos. La abrió a una revelación que venía de lo alto. Porque, en definitiva, la fe es más una respuesta que una búsqueda. Los pastores no buscaron a Dios; sólo se dejaron encontrar por Él.

La fe desemboca en un gran sentido de lo esencial. Aquella noche, los pastores descubrieron que ya nada importaba, que sólo una cosa era necesaria: estar junto al Recién Nacido. Quien posee el sentido de lo esencial capta lo importante, busca lo único necesario, y así simplifica muchísimo su vida. Fue lo que años después diría Cristo a Marta: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada" (Lc. 10, 41–42).

10. El secreto de la noche de Navidad: la paz


Se diría que éste último secreto de la Navidad es la síntesis de todos los anteriores: la paz. San Agustín la definió como la "tranquilidad del orden". Según los historiadores, durante la noche de Navidad cesaron las guerras, se hermanaron los pueblos, se reunieron las familias, y parece que todo el cosmos se puso en paz. El Martirologio romano subraya este hecho cuando dice que Cristo nació "mientras reinaba la paz en toda la Tierra". 

La paz es un resultado. Algo que encontramos al final del esfuerzo. Quien renuncia a la prisa, confía en la Providencia, se ejercita en la espiritualidad, vive el silencio, madura su esperanza, forja su humildad y pobreza, su docilidad y su fe, seguramente hallará paz.

Parecen demasiados pasos. En realidad, el camino no es tan largo. Porque todos estos esfuerzos son vasos comunicantes. Quien trabaja en un aspecto, termina por crecer también en los demás. No hay hombre que ore sin ejercitar su fe, su abandono en Dios, su pobreza y humildad. Por eso, más que ver una lista de tareas, tomemos al menos un secreto de la Navidad y empecemos a vivirlo con empeño e interés. Cualquiera de ellos tiene toda la virtualidad para cambiarnos la vida y mejorarla notablemente. 

Y no olvidemos que el verdadero centro de la Navidad es Jesús mismo. Él es el Príncipe de la Paz, como lo llama la Iglesia. En Él y sólo en Él encontraremos la paz. En Él posemos nuestra mirada, confiada y segura. Quizá el "mundo feliz" que algunos han profetizado no es tan utópico como pareciera. Porque en realidad no se necesita quién sabe qué nivel de desarrollo científico y técnico para clonar a la gente y diseñar una perfecta ingeniería social. Si queremos una sociedad postmoderna "feliz" –hasta donde es posible en esta vida–, sólo hay que redescubrir algunos secretos esenciales, poner a Cristo al centro de cada familia y dejarlo reinar. 

Después de todo, Dios sigue siendo el Señor de la vida y de la historia, aunque no lo parezca. Su victoria sobre el mal –en cualquiera de sus formas– es ya una realidad. Y, si lo acogemos, su victoria será también nuestra. O para decirlo de forma más poética, con un himno de la Liturgia de las Horas, "derrotados la muerte y el pecado, es de Dios toda historia y su final; esperad con confianza su venida; no temáis, con vosotros él está. Volverán encrespadas tempestades para hundir vuestra fe y vuestra verdad, es más fuerte que el mal y que su embate el poder del Señor, que os salvará".