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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

lunes, 28 de marzo de 2011



Lydia Gimenez, escritora de cuentos infantiles de Barcelona, España

a5419715030838e11a944ee90d7a43e2 Cuento del Tió de Nadal popular catalán

Como cada año, a primeros de diciembre y con la llegada del frío, una familia fue al monte a buscar ramas secas del bosque y algún que otro tronco de árbol seco caído.
 Gracias a eso podrían pasar una feliz Navidad junto al calor de la lumbre y aguantar el frío de ese duro invierno.

¡Qué afortunados se sintieron cuando regresaron del monte con el carro cargado!.
 Estaba tan, tan cargado de leña que incluso alguna cayó al suelo de camino a casa.
Recogieron, como pudieron, la que les fue cayendo, pero un viejo tronco muy pesado quedó estacado en el suelo.
Ante la dificultad de llevarlo a casa con sus propias manos decidieron dejarlo en el camino con la esperanza que otro que pasara y lo pudiera necesitar, tendría la suerte de podérselo llevar.

Pasaron los días y una noche, la de la víspera de la Inmaculada, se oyó llamar a la puerta.
_ ¿Quién llamará a la puerta a estas horas con el frío que hace?- se preguntaron todos.
El padre abrió apresurado la puerta para dejarle entrar pero no vio a nadie.
 Al cabo de poco, volvieron a oírse golpes en la puerta, pero al abrir tampoco había persona alguna esperando.
Así que, acabada ya la cena, se fueron todos a dormir.
Todos menos la pequeña de la familia que, con la excusa de encargarse ella sola de recoger la mesa,  decidió volver a mirar.
Abrió la puerta de la casa para comprobar que no había nadie esperando en la calle, pues la noche era muy, muy fría.
Como en las dos veces anteriores, no había ninguna persona aguardando, pero antes de cerrar, al mirar al suelo, vio un grueso tronco viejo.
_ ¡Oh, Dios mío, eres tú! –exclamó la niña- Te habíamos dejado en el camino porque pesabas tanto…pero tu has venido siguiendo el rastro hasta encontrarnos.
La niña dejó entrar al viejo tronco, le puso una gorra barratina y lo abrigó con una manta para que entrara en calor.
 Luego, le dio comer con un poco de pan, pelas de naranja y las otras sobras de lo que quedaba de la cena y acabó de recoger la mesa.
Antes de acostarse, la niña le escondió cerca de la  chimenea, al lado de los otros troncos y lo cubrió con una manta para que pasara desapercibido.
-No te preocupes, Tío, yo te cuidaré y no dejaré que te pongan en la lumbre. Confía en mi- le dijo la niña al viejo tronco, abrigándolo bien con la manta y dándole un beso de buenas noches.
El Tío sonrió a la niña y quedó plácidamente dormido bajo la manta.

Pasaron los días y la niña se encargaba siempre de recoger la mesa, para así poder alimentar y dar de beber a su querido Tío sin que nadie lo supiera.

A medida que pasaban los días, el pilón de leña iba menguando.
Llegó la  Noche Buena y pusieron los últimos troncos dentro de la chimenea.
Pero al volver de la Misa del Gallo, hacía tanto, tanto frío que se acercaron todos al fuego para calentarse.
Cual fue la sorpresa al ver que sólo quedaban brasas ardiendo y en el pilón de leña sólo quedaban unas pocas ramas y una vieja manta roja.
El abuelo, con su garrote, escarbó entre las ramas, para ver si había algún pequeño tronco más escondido entre ellas, pero no fue así.
Luego, golpeó la manta varias veces para comprobar qué había debajo de ella sin saber que el viejo tronco estaba allí escondido.
- Abuelo, abuelo…-gritó la niña desesperadamente para impedir que le siguiera golpeando.
El abuelo que ya estaba un poco sordo, no oyó nada, y continuó golpeando porque notaba que pegaba en algo duro, muy duro, como si se tratara de un tronco.
Y extrañado se acercó para ver qué se escondía debajo de la manta.
La niña corrió a su lado… Juntos descubrieron al viejo tronco, el Tío, con su eterna sonrisa en la cara, su gorra barratina y chocolates, dulces y golosinas que el Tío había ido elaborando, cual pastelero, con los ingredientes que la misma niña le había dado -sin saberlo- con los restos de comida.
Entonces, la niña explicó lo sucedido y todos entendieron que el Tío era ya parte de la familia y le salvaron de la hoguera.

Han pasado los años, muchos años, pero en Catalunya, Aragón y Occitania la tradición continua.
Desde la fiesta de la Inmaculada Concepción, un tronco llama a la puerta de la casa ya ataviado con la barratina (gorra tradicional catalana), una manta roja y la mejor de las sonrisas dibujada en su cara.
Los niños pequeños se encargan de alimentar al viejo tronco a quien llaman El Tío de Nadal (Tío de Navidad, en Catalunya), Cachafuòc o Soc de Nadal (Tronco de Navidad, en Occitania) y Tronca o Toza (Tronco, en Aragón).
Y cuando llega la Noche Buena, después de la Misa del Gallo, toda la familia se reúne otra vez para celebrar la ceremonia familiar del Tío de Nadal cantando una canción.
Algunos prefieren celebrarlo en la mañana del día de Navidad para respetar el descanso de los más pequeños.
Pero en uno y otro caso, es una celebración familiar tradicional muy querida que nos recuerda y simboliza la bondad, saber acoger y compartir, el amor y el calor de la dulce Navidad.

Como el símbolo del árbol de Navidad que nos trae regalos, el regalo Tío es un viejo tronco de árbol que nos endulza la Navidad.
Este cuento está basado en su historia.
¡Feliz Navidad! Bon Nadal!
Fin

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