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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

jueves, 7 de abril de 2011


Este manifiesto lo escribí en mi colegio para el Día de la Paz, y quería compartirlo con vosotros y vosotras. Esto no ocurrió en verdad, solo me lo inventé. Espero que os guste:

Cuando llega el día en el que celebramos la Paz, en los Centros Educativos, las profesoras y profesores casi siempre nos preguntan:
-¿Sabéis qué es la Paz?
Y contestamos:
-La PAZ es amar al otro.
-La PAZ es hablar en vez de pelarse.
-La PAZ es no utilizar armas.
La profesora preocupada se dirigió hacia mi sitio y me preguntó:
-Rocío, ¿por qué no nos dices lo que crees que es la Paz?
-Para mí la PAZ son muchas cosas, pero intento buscar las palabras correctas para responderte profesora.
-Anda, esto me recuerda algo. Lo que te pasa a ti también le pasaba a un chico, lo leí en un libro de la biblioteca.
-Y, ¿qué le pasaba al chico?
-Es mejor que te cuente la historia entera. Desde el principio hasta el final...
Alejandro, un chico de 11 años, le pasaba lo mismo que a ti.Un día el profesor les preguntó que si iban a ir a la carrera que se organizaba en la plaza, frente a la churrería. Alejandro se había apuntado, pues era un buen deportista. El profesor le dijo a Alejandro que después de la carrera debía decirle lo que para él significaba la Paz. Llegó la tarde, y Ale estaba preparándose para correr. Al ver al profesor se acordó que después de la carrera debía decirle el significado de la palabra Paz para él. Había tanta gente y con los nervios se le olvidó gritar el lema de la carrera que era "No importa la raza ni las edades, todos/as somos iguales y todos/as podemos participar en esta carrera por la PAZ" Cuando se puso en la salida vio a sus contrincantes: Cristina, una chica de su clase, una niña marroquí y un chico inglés. A los pocos segundos dieron la salida. Cuando iban por la mitad de la carrera estaban la chica marroquí primera, Cristina segunda y el chico inglés y él empatados en tercera posición. Cris quería ganar y empujó a la chica marroquí al suelo. Alejandro, cuando la vio caer se paró y con el chico inglés la ayudaron para que se levantara. La pobre había caído al suelo bruscamente y se hizo daño. James (el chico inglés) y Ale se pusieron de acuerdo para llevar a Mauyori (la chica marroquí) hasta la meta, los tres juntos. Al poco tiempo alcanzaron a Cristina, pues estaba agotada. Antes de llegar a la meta gritaron muy fuerte: "La PAZ es una meta que debemos alcanzar, pero solos/as no podemos, juntos debemos". Llegaron los primeros y Alejandro nada más llegar y felicitar a James y a Mauyori se fue directamente a su profesor y le dijo:
-Profesor, la PAZ es una meta que debemos alcanzar, pero solos/as no podemos, juntos debemos.
El profesor le invitó a churros y empezaron a hablar...

-Profesora, ¿puedo coger esas palabras para definir PAZ?
-¡Pues claro!
Y así fue como pude elegir las palabras correctas. Y vosotros/as ¿ya sabéis vuestras palabras correctas?


Una aventura de estrellas


Esa misma noche era mi cumpleaños y mi tío Fernando me había regalado un telescopio de color azul marino, mi color preferido. Toda esa semana me quedaba a dormir en casa de mi abuela Mari Carmen, mi abuela preferida. Su casa era muy grande y con un olor a rosas frescas que ella plantaba y cuidaba con amor en su pequeño y hermoso patio.En lo más alto de la casa había un desván que contenía muchos misterios. Y también, esa misma noche, ocurrió una cosa extraña, muy extraña.
Entré corriendo en casa de la abuela con mi telescopio nuevo en la mano, recorrí el salón donde la abuela solía leer en su sillón rojo, cruce el patio con olor a rosas y llegué hasta el comedor donde estaba mi abuela.
-¡Abuela Mari Carmen!
-¡Marina! ¡Mi nieta preferida!
Dejé el telescopio en la mesa y le di un gran beso.
-Ya tengo preparada la cama y he hecho croquetas de carne, tus preferidas-dijo mi abuela sonriendo
-Gracias abuela. Voy a por el mantel para poner la mesa y cenar esas deliciosas croquetas que has preparado.
Corrí hasta la cocina y abrí el cajón donde estaba el mantel mientras mi abuela cogía los cubiertos y las croquetas. Cuando terminamos de comer me puse a recoger la mesa y me acordé del desván, entonces le pregunté:
-Abuela, ¿puedo ir al desván a mirar las estrellas con mi nuevo telescopio?
-Claro que si mi niña, pero a las diez y media tienes que estar en tu habitación acostada y la ropa puesta en la silla.
-Vale abuelita-le dije mientras cogía el telescopio y me dirigía hacía las escaleras.
Subí las escaleras con tal rapidez que cuando llegué estaba agotada. Pero cuando miré por la ventana, vi que la luna no brillaba tanto como lo hacía todos los días. Cogí el telescopio, abrí la caja y lo monté delante de la ventana vieja que chirriaba con un sonido desagradable. Encontré una tabla que estaba junto a un baúl y la puse para que no hiciera ruido. Cuando cesó el ruido me di cuenta de que alguien estaba llorando. Parecía que venía de fuera. Miré por el telescopio y me fije en la luna. ¡Ella era la que estaba llorando!
-¿Luna?-le dije mientras la miraba por el telescopio.
-¿Quién me llama?-respondió mirando a todos lados.
-Estoy aquí Luna, en la ventana.
-¿Quién eres?-dijo secándose las lágrimas.
-Soy Marina. Te he escuchado llorar y por eso te he llamado, quería preguntarte que te pasaba.
-¿De verdad quieres saber lo que me pasa?-preguntó mientras se acercaba más y más a mi.
-Si. De verdad, vamos cuéntamelo.
-Lo que me pasa...
-¡Marina! ¡Baja que son las diez y media y deberías de estar acostada!
-Se me ha pasado la hora volando. ¡Ya voy abuelita!
-Marina, ¿te vas ya?- me dijo Luna muy triste.
-Si Luna. Mañana vengo más temprano para que me cuentes ese problema que tienes. Adiós Luna. Hasta mañana.
-Adiós Marina. Buenas noches.
Cerré la ventana y bajé rápidamente las escaleras hasta llegar a mi cuarto donde me esperaba mi abuela para acostarme.
-¿Qué has estado haciendo?-me preguntó mi abuela nada más llegar.
No podía decirle que estaba hablando con Luna, pues me tomaría por una loca.
-He estado leyendo libros que me he encontrado en el baúl.
-Venga ponte el pijama y acuéstate ya.
Mi abuela me ayudó a ponerme el pijama y me apagó la luz después de cantarme la nana que desde pequeña me cantaba.
***

-Cariño, Marina despierta.
Una suave caricia de mi abuela me hizo despertar. Eran las once y mi abuela me había preparado la leche con galletas.
-Buenos días abuela- le saludé con un gran bostezo.
Mi desayuno fue rápido al enterarme de que íbamos a la plaza a comprar chorizo para las lentejas y más cosas. Ir a la plaza era una aventura para mí. Me encantaba ir, y sobre todo con la abuela Mari Carmen.
Me vestí y cogí el carro de la compra.
Cuando llegamos a la plaza nos dirigimos al puesto de Antonio, el carnicero. Antonio podría tener 30 años y era muy simpático.
-¡Hola Antonio!- le saludé con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Pero mira quien esta aquí, la pequeña Marina!
-Que sepas que ya no soy pequeña. Ayer cumplí once años.
-¡Felicidades Marina! Toma estos caramelos de menta.- me dijo sacándoselos del bolsillo.
-¡Gracias Antonio!
Me dio una gran bolsa de caramelos de menta. Podría haber veinte o treinta.
-Y qué ¿cómo te va en el puesto?-le preguntó mi abuela mientras yo intentaba contar los caramelos que había en la bolsa.
-Muy bien. Sin problemas.
Al oír la palabra “problemas” me acordé del “problema” que tenía Luna. Pero eran la una de la tarde y Luna no estaba.
-Marina vamos que tenemos que hacer la comida. Adiós Antonio.
-Adiós Mari Carmen, adiós Marina.
-Adiós Antonio y gracias.
Poco nos alejamos de la plaza cuando nos encontramos con Luisa, nuestra vecina que también iba a su casa, y nos fuimos calle abajo. Yo todavía estaba intentando contar los caramelos.
Cuando llegamos a casa descargamos las cosas y me puse a cocinar con la abuela.
***
Era de noche y mi abuela me había mandado a la habitación para vestirme pues íbamos al bar que estaba en la esquina, porque a mi abuela le gusta charlar con las amigas los sábados por la noche.
Cuando llegamos al bar nos pusimos en la terraza de arriba que siempre la reservaba Carmen, la amiga de mi abuela.
¡Entonces fue cuando me acorde de que tenía que hablar con Luna! Pensé en cómo podía ir a casa de la abuela pero que ella se quedara con las amigas… ¡Ya esta! En la terraza estaba Marta la nieta de Rosa que tenía 5 años. Llamé a Marta y le susurré:
-Marta dile a tu abuela que tienes mucho sueño. Si lo haces te daré chocolatinas.
-Vale-me dijo Marta sonriendo.
-Abuela Rosa, tengo sueño- le dijo Marta frotándose los ojos.
-Ay cariño, déjame que termine esta conversación.
-Rosa tranquila yo me la llevo a casa para acostarla y cuando termines la venís a buscar.
-Gracias Marina.
Y nos fuimos caminando a casa de la abuela. En cuanto llegamos Marta fue al frigorífico a comer chocolate y yo me fui al desván a hablar con Luna.
Cuando llegué vi a Luna triste.
-Luna, estoy aquí
-¡Hola Marina!-dijo cambiando la expresión de la cara.-Creí que no ibas a venir.
-Es que he tenido varios problemas. Ahora cuéntame que te pasa.
-Estoy, estoy, estoy…
-¡Suéltalo ya!
-¡Estoy enamorada de Sol!
Me quedé con la boca abierta.
-No se lo digas a nadie por favor.-me susurró.
-Tranquila, no se lo diré a nadie. ¿Pero por eso estas triste?
-No. Lo que me preocupa es que no se como se lo voy a decir. Yo lo veo todos los días; al amanecer y al anochecer pero me da vergüenza. Entonces…
-Quieres que se lo diga yo, ¿no es cierto?
-Si.
-Tranquila yo mañana se lo digo.
-Gracias Marina-me dijo como si se quitara un peso de encima.
-¡Marina! ¿Dónde estas?
-Ya voy abuelita. Buenas noches Luna. Y tranquila que yo se lo digo.
-Buenas noches Marina.
He hice lo mismo que todas las noches: cerrar la ventana y apartar un poco el telescopio.
Cuando bajé estaban allí Carmen, mi abuela, Rosa y al lado Marta. Antes de irse me fijé que la boca de Marta estaba llena de chocolate, Rosa se daría cuenta de que había comido. Y para disimular dije:
-Marta dame un beso antes de irte.
Al acercarse a mí le susurré en el oído:
-Límpiate la boca que la tienes manchada de chocolate.
Y rápidamente se la limpio. Yo le sonreí y me despedí de las demás.
***

Por la mañana cuando estaba desayunando le pregunté a mi abuela que si íbamos a ir a algún sitio y me respondió que no.
Me alegré mucho porque así podría ir a ver a Sol y contarle lo que le pasaba a Luna.
Después de desayunar me puse unas mallas y una camiseta de mangas cortas, pues tenía muchísima calor. Subí al desván y abrí la ventana. Allí estaba Sol, muy elegante.
-Hola Sol.
-Hola- me dijo con una espléndida voz- ¿Quién eres?
-Soy Marina, la amiga de Luna.
-¿Tu eres amiga de Luna?- me dijo poniéndose rojo.
-Si y quisiera contarte una pequeña cosa que me ha dicho Luna.
-Cuéntame, cuéntame.
Y se lo conté. Cada vez que nombraba a Luna se ponía más y más rojo. ¡Se llegó a poner como un tomate!
-Dile a Luna que yo también la quiero. Y dile que mañana, al amanecer hablaré con ella.
-Vale Sol-le dije contenta.- Ahora me tengo que ir. Esta noche se lo diré.
-Gracias Marina eres la mejor.
Esta vez bajé antes de que mi abuela me llamara y fui al salón del sillón rojo para charlar con mi abuela.
-Hola abuela.
-Hola nieta. Hoy vamos a comer carne en salsa y una ensalada ¿vale?
-Vale abuela. Voy a poner la mesa y después veré la tele.
Cuando terminé de poner la mesa me senté en el sofá a ver los dibujos animados. Poco después llegó mi abuela y puso la comida en la mesa.
-Vamos Marina que hay que comer.
-Ya voy abuela.
Mi abuela puso las noticias pero como a mí no me gustan agaché la cabeza y me puse a comer.
-Vaya- exclamó mi abuela sorprendida, pero yo seguía con la cabeza agachada.-Se acercan nubes muy, muy negras. Y duraran hasta el día siguiente.
-¿¡Qué?! ¿¡Nubes negras?! ¿¡Ahora?!-grité subiendo la cabeza rápidamente.
-Si cariño, relájate.
Oh no, debía de avisar a Sol. Pues no se podrían ver él y Luna. Comí lo más rápido posible y le dije a mi abuela:
-Abuela voy al desván que se me ha olvidado el reloj.
-Vale cariño.
Subí y abrí la ventana. ¡Oh no! Había una gran nube y no veía a Sol.
-¡Sol! ¡Sol! ¡Sol!
-¡Marina! ¡Marina!
-¿Qué pasa Sol?
-¡Luna esta en peligro, Nube la ha atado y no puede salir!
-¿Qué hago?
-Salta por la ventana cuando diga tres.
-Vale
Después de respirar muy profundamente le dije a Sol que estaba preparada y me aleje un poco de la ventana.
-Una, dos y… ¡tres!
Salté confiándome en Sol. Cerré los ojos y no sentí nada.
En ese momento pensé que había caído al suelo. Cuando por fin tuve suficiente valor para abrir los ojos vi que estaba en una línea amarilla y resplandeciente. La seguí con la mirada. Cada vez era mas ancha. Y llegué a una gran esfera muy, muy grande. Y por fin lo reconocí.
-¡Sol! ¡Pensé que me había caído!-y le di un gran abrazo.
-Te ha costado trabajo abrir los ojos, ¿verdad?
-Si. Me daba un poco de miedo.
Agarré a Sol muy fuerte y fuimos volando a buscar a Luna. Después de un buen rato pudimos ver que a lo lejos se encontraba Luna llorando, y junto a ella Nube con muy mala cara.
-¿Por qué Nube la ha secuestrado?-le pregunté triste a Sol después de detenernos para mirarles desde lo lejos.
-No lo sé. Creo que tiene celos. Nube nunca ha querido que yo este junto a Luna. Según él ella es su novia. Pero Luna no quiere serlo y por eso la ha secuestrado, para tenerla como esclava y eso a mí no me gusta.
-¡Ni a mí tampoco! ¡Y por eso se lo vamos a impedir! ¿Verdad?
-¡Claro que sí!-dijo Sol cogiendo fuerzas para luchar contra él.
Y emprendimos el vuelo hacia aquella plataforma donde se encontraban Nube y Luna. Sol me dejo en ella. Respiró profundamente y le exclamó a Nube:
-Suéltala.
-Así de fácil no la voy a soltar. Luchemos.
-Esta bien. Empecemos.
Yo no quise mirar. De repente un rayo sonó muy fuerte. Luna me dijo:
-Sácame de aquí, Marina.
Rápidamente fui hasta la jaula donde estaba atrapada Luna. Vi que tenía una cerradura dorada increíblemente fuerte. Intenté abrirla pero no podía. Sol estaba sufriendo por los ataques de Nube. Debía actuar rápido.
-No puedo romperla, está muy dura.
Luna empezó a llorar. Cerré los ojos muy fuerte y deseé “Abuela Mari Carmen, ayúdame por favor”. Y con todas mis fuerzas logré romper la cerradura. Luna me abrazó y cantó una canción preciosa mirando al cielo. Al poco tiempo un montón de estrellas venían del cielo y ayudaron a Sol a vencer a Nube. Esto me lo contó Luna porque yo tenía tanto miedo que no podía mirar. El cielo se volvió azul y Nube quedó derrotada. Sol y Luna me llevaron hasta casa de la abuela. Cuando llegué eran las siete de la tarde pero como mi abuela se había quedado dormida no se dio cuenta de que yo había estado en un lugar que ella no podría imaginar. Sol y Luna vivieron juntos y muy felices. Y yo le he contado a mi abuela que este cumpleaños ha sido el mejor de todos, el más divertido y el más mágico. Gracias Luna. Gracias Sol.


La Tortuga Azul en busca de la Piedra Dorada

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-¡Que aburrimiento!-exclamaba Carlos mientras bostezaba en clase de Anatomía-¿Cuánto queda Verónica?
-¡Shhhh! La señorita Mathilde nos puede coger hablando y no quiero volver a limpiar y ordenar las clases por tu culpa. Pregúntaselo a Marcos –susurraba Verónica mientras disimulaba mirando a la pizarra.
-Marcos, ¿cuánto queda?-volvió a decir Carlos.
-Hasta las cinco no saldrás-contestó la profesora sorprendiéndolo -Ayudarás a José, el jardinero, a limpiar los patios, para que aprendas a no hablar en clase.
Al instante sonó la sirena y Marcos y Verónica fueron corriendo a hablar con Carlos.
-Te lo has merecido, la próxima vez tráete tu reloj y ya no tienes más problemas con la señorita Mathilde.
-Toma-dijo Marcos-coge mi reloj, yo tengo siete más.
-Gracias Marcos. ¡Adiós! me voy a limpiar antes de que me aumenten el castigo.
Carlos fue a buscar al jardinero, que como siempre estaba en el patio de los niños y niñas pequeños. Se extrañó mucho porque José siempre estaba feliz y cantando pero hoy, estaba confuso y muy pensativo.
-¿José? ¿Te pasa algo?-preguntó Carlos
-Hola Carlos, ¿otra vez aquí? Pues estaba pensando en quién podría haber robado la Piedra Dorada.
-¿La Piedra Dorada? ¿Qué es eso?
-Es una piedra que desde que se encontró y la guardó Luis Martín (un ciudadano de nuestro pueblo) ha dado mucha suerte. Puede que desde hoy volvamos a ser una aldea pobre y con mala suerte.
-Vaya nunca había oído nada de la Piedra Dorada. José empecemos a limpiar que si seguimos con nuestras historias no vamos a terminar.
Al terminar el castigo se despidió de José y fue corriendo a buscar a Marcos y Verónica. Los encontró en la plaza de Luis Martín.
-¡Verónica, Marcos tenemos una nueva misión!
-¿Qué tiene que buscar esta vez la Tortuga Azul?-preguntó Verónica.- ¿Una joya, una estatua…?
-¡Una piedra!
-¿Una piedra?-exclamaron los dos a coro
-Sí, es la Piedra Dorada, una piedra que dio mucha suerte en nuestro pueblo y alguien la ha robado. José me ha explicado que han encontrado restos en el Museo Municipal en la exposición de Anatomía.
-¡Vayamos a buscarla!-gritó Marcos
Cuando llegaron al Museo apenas pudieron ver ni el interior, el Museo entero estaba rodeado de medios de comunicación y de miles de policías. Verónica dijo:
-Chicos debemos de volver por la noche, conozco a un guardia amigo mío que nos puede abrir la puerta y podremos investigar tranquilamente. Esperadme, voy a hablar con él y decirle a la hora a la que llegaremos aquí.
Después de que Verónica fuese a hablar con el guardia se fueron a casa a dormir para estar listos a las 12:00, que era a la hora a la que habían quedado.
A las 11:45 ya estaban de camino al Museo. Cuando el reloj de Verónica sonó a las 12 en punto fueron escondiéndose de arbusto en arbusto para llegar hasta la puerta de atrás, donde les esperaba el guardia. Él les abrió rápidamente y les dejó la llave para que después cerraran el Museo.
Encontraron restos de la piedra que les condujo a una estatua gigantesca del cuerpo humano. Marcos estaba cansado y se apoyó en el pie de la estatua, entonces se abrió un túnel y cayó por el. Rápidamente Verónica corrió detrás de Marcos para ayudarlo pero ella también se deslizó por otro túnel que estaba al lado.
-¿Chicos?-preguntó Carlos aterrorizado-¿Dónde estáis?
Carlos se quiso también tirar por el mismo agujero que Verónica pero no se dio cuenta de que delante de él había otro abierto y cayó por él.
Al poco tiempo cada uno llegó a una especie de tubería que si mirabas hacia arriba conseguías divisar un espacio muy grande y que brillaba mucho. Marcos al instante se dio cuenta de que aquel objeto brillante era la Piedra Dorada. Nada más comunicárselos a sus amigos por el walkie-talkie una voz sonó y dijo:
-¡Bienvenidos chicos!, parece que queréis la Piedra Dorada, ¿no es cierto?
-Pues claro-contestó Verónica enfadada-debemos de devolverla a su sitio, en nuestro pueblo, que todo el mundo la mire y escuche su historia. Para el pueblo es muy importante.
-Pero no va a servir de nada que me contéis rollos para que yo caiga en la trampa y os la devuelva, sin que tengáis que enfrentaros a mí. Así que si la queréis os explicaré como podéis conseguirla:
En el tubo número 1 Verónica tendrá que ir escalando y ser muy hábil para llegar hasta la cima. En el tubo número 2 Marcos tendrá que averiguar los acertijos que hay en cada piso y por último en el tubo número 3 Carlos tendrá que responder a preguntas sobre el cuerpo humano. Pues bueno, ya explicadas las normas empecemos de una vez. ¿Listos? ¡Ya!
Mientras Verónica avanzaba ligeramente de piso en piso y Marcos igualmente Carlos todavía estaba por la primera pregunta. Ésta era:
-¿Con qué percibimos el olor de los alimentos?
-¡Con la nariz!-Gritó Carlos, que por fin había encontrado la solución.
Mientras que Carlos avanzaba 3 pisos los demás avanzaban 6, a él le había tocado la Anatomía y ese tema no se le daba bien. Debería de darse prisa si querían conseguir la Piedra Dorada antes del amanecer y que no les pillaran la policía cuando volvieran al museo. Después de un rato, Verónica y Marcos habían llegado pero se dieron cuenta de que a Carlos todavía le quedaban 6 pisos y tardaba mucho en avanzar.
-¡Vamos Carlos, rápido, tu puedes!-le animaban los dos a la vez para que el sonido fuera más fuerte.
-Tranquilos chicos, este es la última pregunta. Vamos pregúntamelo máquina, rápido, rápido.
-Esta ya no es de Anatomía pero es más difícil. Escucha bien. Tú conduces un tren y vas de Huelva a Sevilla. Pero en La Palma del Condado hay una avería en las vías y llevas de retraso una hora y media. ¿Cómo se llama el conductor?
Carlos no sabía que responder y solo tenía 20 segundos. Estaba muy nervioso pero poco a poco se fue calmando y dijo:
-Vamos a ver, repitamos el problema, yo conduzco un tren... ¡Ya está, ya lo tengo!
Solo le quedaban 5 segundos, 4, 3, 2...
-¡¡¡Carlos, Carlos el conductor se llama Carlos!!!
-Muy bien, tubería superada-exclamó la voz
Marcos y Verónica se extrañaron mucho porque a Carlos no le gustaba nada la Anatomía y había superado una tubería entera. Lo abrazaron muy fuerte y se fueron a por la Piedra Dorada.
-Tú, devuélvenos la Piedra Dorada, ya hemos superado todas las tuberías.
-Recorcholis, nunca nadie lo había superado y menos todavía la última pregunta del tubo 3.
Después de haber dicho estas palabras el hombre se quitó un gorro que llevaba para que nadie lo reconociese y Marcos gritó:
-¡¡¡Es el hermano de Luis Martín, Alonso Martín!!!
-Si es cierto chico ese soy yo.
-¿Y por qué robaste la Piedra Dorada?-preguntó Carlos sorprendido.
-Es que Luis no fue el sólo quien la encontró, en realidad yo la vi y me la guarde pero como yo era el más pequeño, mi hermano fue al ayuntamiento a entregar la Piedra Dorada y él se llevó la fama. Si mi hermano no hubiese muerto podría habérselo explicado al ayuntamiento y que reconociesen que Alonso Martín fue el que encontró la Piedra Dorada.
-Pero podrías habérselo dicho al alcalde y no robar la Piedra Dorada, porque nos hemos llevado un gran susto-exclamó Verónica.
-Tenéis razón, no debería haberlo hecho, estoy arrepentido.
-Bueno vayámonos para casa que ha sido una noche muy larga y está a punto de amanecer.
Cuando iban a abrir la puerta para salir del Museo se dieron cuenta de que allí estaba todo el pueblo y el alcalde. Habían dejado el altavoz del museo encendido y todo el pueblo había ido a escucharlo. El alcalde le dijo a Alonso:
-Alonso Martín te prometo que serás reconocido como el hombre que encontró la Piedra Dorada. Pero la próxima vez por favor díganoslo antes.
-Lo haré, señor alcalde-respondió Alonso con una sonrisa de oreja a oreja.-Pero si Carlos, Marcos y Verónica no me hubiesen avisado de que lo que estaba haciendo estaba mal, la Piedra Dorada hubiese sido destruida por mis propias manos.
Y todo el pueblo le aplaudió y gritaron, “Viva la Tortuga Azul y viva Alonso Martín”.
Fue una noche muy loca.
A los dos días la señorita Mathilde repartió los controles de Anatomía que hicieron el día anterior. Y dijo orgullosa:
-Carlos Mortés ha sacado un 10 en este control. Ha sido un cambio total en Carlos.-Y dirigiéndose a él le dijo-¿Por qué motivo ha surgido este cambio, Carlos?
-Es una historia muy larga señorita Mathilde
Y los tres se rieron a carcajadas mientras todos/as se preguntaban por qué.

Aprende a limpiar



Marta y Francisco son dos hermanos que se parecen en una cosa muy peculiar: son los dos igual de sucios. Un día dijo Carla, su madre:
-Chicos me tengo que ir con vuestro padre a la boda de mi compañera. ¿Queréis venir?
-Déjalos Carla-dijo Marcos, el padre-allí no hay ningún niño ni niña con quien jugar.
-Vale, adiós chicos. Tened cuidado
-¡Adiós!
En cuanto se despidieron se fueron al cuarto de baño .Hoy tenían ganas de lavarse los dientes. Era una cosa muy rara. De repente oyeron algo que decía:
-¡¡¡VERÉIS LO QUE ME HABÉIS HECHO!!!
Al momento se apagó la luz. Se habían hecho diminutos. A lo lejos se podía distinguir una luz azul. Marta y Francisco se quedaron con la boca abierta al ver a un ser que nunca habían visto.
-Hola soy Brilla la única gotita limpia que ha quedado en tu casa. ¿Cómo sois tan sucios? Por vuestra culpa mis amigos se han convertido en gotas malas y sucias y me quieren convertir en una de ellas.
-Perdona Brilla. Soy Marta y este es mi hermano Francisco.
-Hola-dijo Francisco
-¿Queréis ver lo que habéis hecho en vuestra casa? Vamos, empecemos ya que si no nunca acabaremos.
Fueron a la habitación de Marta y Francisco.
-¡Cuidado, escondeos!
Brilla los escondió en una libreta caída en el suelo. Las gotitas sucias de las que les habló Brilla estaban allí diciendo todas a la vez:
-“Brilla destruir, Brilla destruir”…
Cuando por fin se fueron, salieron de la libreta y con la grúa amarilla de Francisco subieron hasta la cama de Marta para ver que más estaba sucio.
-¿Qué es ese ruido?-dijo Marta
Se podía distinguir, más o menos, que el sonido era de un perro ladrando.
-¡Pero si es “Kuki” mi perrito!-dijo Francisco
-No recuerdo que “Kuki” fuera tan grande.
-“Kuki” no es grande, vosotros sois diminutos, ¿no os acordáis?-exclamó Brilla.
-Es verdad. Gracias por recordármelo Brilla.
-Menos mal que se lo has recordado porque si no mi hermana se hacía un lío…
-¡Cállate enano!
Marta no dejaba de perseguir a Francisco hasta que llegaron al salón. Allí había todo tipo de porquerías y Francisco exclamó:
-¡Que asco de salón, hay de todo!
-Es verdad: hay un paquete, una pegatina de las que vienen en el paquete, un paraguas de la muñeca de la abuela… ¡mira ahí está! ¡Que bien!-dijo Marta
-¿Qué pasa?
-Mira Brilla, mi juego preferido del ordenador, que lo perdí hace unos meses, en verano, cuando jugaba con mi amiga Lucía al “Monopoli”.
-Mira Marta, he encontrado mi “Superman” que desapareció el invierno pasado.
-Veis, si limpiáis más encontraréis vuestros juguetes perdidos. Vamos ya solo nos quedan la cocina y el cuarto de baño.
-¿Y el cuarto de papá y mamá?-dijo Marta
-Ese ya lo he revisado yo misma. Vamos rápido a la cocina.
Al llegar vieron que la cocina estaba llena de las gotitas malas y si los veían, los cogerían y se los llevarían.
-Tengo una idea, venid, vamos al cuarto de baño Vemos lo que hay allí y nos hacemos de nuevo grandes, limpiamos la casa y empapamos a esos bichos-exclamó Francisco.
-¡Vaya pero si sabes pensar!
-Vamos chicos dejadlo ya. Rápido vámonos que perdemos mucho tiempo.
Fueron camino del cuarto de baño que estaba en la planta alta, justo enfrente de la escalera. Encontraron a “Marcela”, la ardilla de Francisco, que salta mucho y se montaron encima para llegar hasta el cuarto de baño y entraron en la bañera. Como Brilla se cayó una vez por la bañera les advirtió a Marta y Francisco que tuvieran cuidado, pero fue demasiado tarde. El pobre Francisco se había chocado contra la pared resbalándose en la bañera.
-Lo siento, os lo debía haber dicho antes-dijo Brilla
-No pasa nada, pero ¿me puedes ayudar a salir de aquí?
-Yo, si jajajaja -dijo una gotita mala y sucia-¡Toma un buen chorro de agua!
Salieron disparados hacia la ventana. Brilla se agarró a uno de los barrotes y con la otra mano agarró a Marta. Esta cogió a Francisco antes de que le atropellara un coche.
-Gracias Marta, por los pelos que no me pilla ese coche.
-Francisco, creo que es mejor que nos vayamos ya y limpiemos la casa antes de que vengan mamá y papá.
-Vale, adiós Brilla me lo he pasado muy bien.
-¡Adiós chicos os echaré de menos!
Brilla los hizo otra vez grandes y cogieron el teléfono de la ducha y empaparon a esos bichejos. Después se fueron por la fregona, unos cuantos trapos y el cepillo. Limpiaron toda la casa y también pintaron la fachada. Al terminar de limpiar se fueron a sus camas, pero cuando estaban subiendo las escaleras oyeron a Carla y Marcos entrando en casa. No les dio tiempo a esconderse y se hicieron los dormidos en la puerta del cuarto de baño. Marcos y Carla los cogieron y los llevaron a sus camas. Estaban muy contentos al ayudar a Brilla.
A partir de entonces todos los días se cepillaban los dientes, recogían sus cosas y limpiaban, porque no querían que les pasase lo mismo. Brilla era para ellos más que un amiga, una hermana. Marta y Francisco la visitaban todos los días en el cuarto de baño.
Un día Carla se dio cuenta de que Marta y Francisco no eran los mismos, pues una hermana les había ayudado a comprender que hay que limpiar.

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