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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

viernes, 8 de abril de 2011

Espinas salvadoras


Existia en el tiempo en que Dios creó a los animales, uno muy feo, del cual mucho se burlaban. Era un animal bondadoso, que gustaba de auxiliar a sus compañeros, a pesar de sus burlas. Era un puerco, aunque muy distinto a como lo conocemos actualmente. En ése tiempo, no tenía la trompa como en la actualidad.

Dado que tenían tan poco tiempo de haber sido creados, existía todavía entre ellos, un gran compañerismo. Priódicamente se reunían alrededor de un lago a compartir el agua, a retozar en ella.
Acostumbraban también juguetear entre el pasto, trepar a los árboles y rodar por las laderas.

Al crear Dios el mundo, creó la tierra, el mar, el viento, la lluvia, el fuego. Y cada uno de ésos elementos tienen entre ellos una relación que también era en ése tiempo amigable.

El viento recorría el mundo, como una brisa suave, platicando con la tierra, conversando con las plantas y susurrando a los animales mientras dormían, cuidando su sueño.

La lluvia caía sobre la tierra en forma delicada, acariciando con sus gotas a las plantas y a los grandes árboles que crecían en ella; formando surcos en la tierra que formaron los ríos, los lagos y lagunas de los cuales bebían los animales.

El mar vivía pacíficamente, bañando los litorales de la tierra con suavidad, sirviendo de refugio a peces y otros animales que dentro de él habitan.

La tierra, animada por su amigo el viento y bañada por su amiga la lluvia, servía de hogar a plantas, árboles, animales. Permitía que los ríos zurcaran su cuerpo.

El fuego vivía en el centro del mundo, calentando sus entrañas, mientras los rayos del sol calentaban el exterior. Recorría el centro del mundo, fundiendo las piedras de vez en cuando para no languidecer.
Un día, el viento se quejaba de que los rayos del sol, calentaban demasiado, tanto que quemaban.
Decidió hacer algo para evitarlo. Y se le ocurrió que si soplaba más, podía evitar que calentaron tanto.

Empezó a soplar. Y sopló tan fuerte, que molestó al mar, quien contrariado, golpeó con fuerza los litorales de la tierra.
La tierra, molesta por ése golpeteo, empezó a agitarse. Y se agitó tanto, que empezó a cuartearse.
El agua de la lluvia, que antes corría suavemente formando los ríos, empezó a caer por entre las cuarteaduras.
El fuego, al sentir el agua que se deslizaba por las cuarteaduras de la tierra y sentir que disminuía su calor, se enojó tanto que primero empezó a bufar con grandes bocanadas de vapor, el cual subía por las cuarteaduras.

Posteriormente al ver que seguía cayendo agua sobre él, se enojó tanto que lanzó verdaderas bocanadas de fuego al exterior, formando los volcanes quienes vomitaron lava sobre la tierra, como una protesta ante el rompimiento de lo que él consideraba un pacto de amistad.

La tierra, al verse así agredida, empezó a replegarse, tratando de escapar de las llamas del fuego, formando de ésta manera grandes pliegues en forma de montañas y surgieron también los grandes abismos.

El mar, al replegarse la tierra empezó a alargarse para cubrir el espacio que la tierra dejaba, cosa que lo molestó demasiado, pues estaba acostumbrado a las grandes profundidades. Por lo tanto, decidió vengarse de la tierra y golpeó con más fuerza los litorales.

El viento, al ya no poder correr libremente sobre la tierra, ya que chocaba constantemente contra las montañas recién formadas, estaba muy enojado, tanto que formó grandes remolinos, que corrían sobre la tierra, arrasando con todo lo que encontraban.
Recorrió también el mar, formando grandes tifones para vengarse de la tierra.

Empezó entonces una guerra entre los elementos del mundo.
¿Qué sucedía mientras tanto con los animales y con las plantas que poblaban el mundo?

Al principio, cuando empezó a soplar más fuerte el viento, estaban gozosos, porque sentían frescura. Más tarde, cuando sintieron las sacudidas de la tierra, empezaron a preocuparse. Al sentir las grandes bocanadas de vapor lanzadas por el fuego, empezaron a aterrorizarse. Y cuando vieron el fuego lanzado por los grandes volcanes formados, practicamente enloquecieron.

Y la gran amistad que hasta entonces había reinado entre ellos, se acabó, tal y como se acababa el mundo que conocían.
Empezaron a cuidar de su vida, sin importarles la de sus compañeros. Al empezar la guerra de los elementos, empezó también la guerra por la supervivencia entre ellos. Cada uno trataba de encontrar un mejor lugar en donde refugiarse; cada uno de ellos empezó a guardar los alimentos que encontraba, pues por el exceso de lluvia, los constantes vapores y sacudidas de la tierra, las plantas de las cuales se alimentaban empezaron a escasear, ya que al no tener modo de moverse, sucumbían ante el fuego y la demasiada humedad.

Era el caos total. El puerco al contrario de los demás animales, trataba de rescatar a cuantos veía en peligro. Corría de un lado a otro, tratando de llevar calma entre los animales, tratando de conciliar y llamar a la concordia y a la tranquilidad.

En ésas estaba, cuando un día encontró a unos pequeños pájaros en un nido caido de un árbol cercano. Su madre yacía a un lado, arrollada por una gran piedra. De pronto, escuchó un gran ruido. Otra piedra descendía por la ladera, amenazando con arrollar también a los polluelos.
Sin pensarlo, empezó a empujar con su trompa el nido hacia un lugar seguro. Empujó y empujó hasta lograr su objetivo. Pero su hocico estaba sangrante. De tanto empujar, se había reducido hasta quedar casi pegado a la cara.

Una vez puesto a salvo el nido, vió a un antílope derrumbado entre el pasto; una gran quemazón se acercaba y el antílope no podía escapar. El puerco empezó a rodar entre las espinas y éstas se clavaron en su cuerpo, hiriéndolo, pero el puerco no lo sentía; sólo deseaba salvar a su amigo.

El antílope al ver el camino libre, pudo finalmente escapar. Corrió espantado y aliviado de poder hacerlo. Se volteó a agradecer al puerco lo que había hecho por él y entonces lo vió tirado en el pasto, lleno de espinas y sangre, agonizando.

Pudo más el amor hacia su amigo que su propio miedo ante el peligro. Regresó a su lado, tratando de quitarle las espinas que lo lastimaban. Sus lágrimas bañaban su cuerpo, limpiando su sangre y el amor que se deslizaba por ellas, sanó las heridas formadas por las espinas soldándolas al cuerpo del puerco.

Era éso lo que esperaba Dios para actuar. Se oyó entonces su voz potente sobre el mundo:

-"Bastó un poco de calor de más, para que acabara la amistad entre ustedes!!!
Deberían avergonzarse de su actitud y arrepentirse de ella. Cada uno de ustedes es digno de recibir un gran castigo.... Debería dejar que acaben entre ustedes con ustedes mismos por su falta de amor.... sin embargo, gracias a éste pequeño puerco, que no dudó en ofrendar su misma vida para salvar la de otros y gracias a éste antílope que venciendo su miedo, dejó que el agradecimiento floreciera dentro de él, he decidido permitir que sigan viviendo; siempre y cuando sigan el ejemplo de éstos dos animales".

La tierra, el mar, la lluvia, el fuego detuvieron su guerra. Y al fijarse en la gran devastación que habían causado, se arrepintieron. Los animales, avergonzados por su temor y su cobardía, escuchaban con la vista baja.

-"A partir de ahora- continuó Dios- éste animal será para ustedes un recordatorio. Llevará las espinas clavadas en su cuerpo y conservará la nariz aplastada que ahora tiene, para recordarles a todos ustedes que no es la belleza lo que importa, sino el gran corazón que cada uno sepa conservar".

Es por éso que el puerco espín, tiene espinas y su trompa arrugada.
A partir de ése día, los animales empezaron a admirarlo. Sin embargo, al puerco espín, la admiración lo sonrojaba. Es por éso que se enrosca.

Ahora sabes, amiguito la historia del puerco espín. Un animalito que a pesar de su pequeñez y gracias a su gran corazón y valentía evitó que siguiera el caos en el mundo.

Así de importante puede ser una persona si permite que sus sentimientos positivos venzan a los negativos.


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