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Sean bienvenidos
Invitación y bienvenida
Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.
Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.
Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!
Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.
Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...
Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.
Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
sábado, 30 de abril de 2011
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.
Amén.
Allí hiciste felices a Isabel tu prima, y al hijo que llevaba en sus entrañas.
viernes, 29 de abril de 2011
- Confusión de letras: es muy común ver como las palabras cambian de significado al ser escrita erróneamente como tuvo y tubo, también hay faltas que sólo lastiman la vista como resivir o abia. Estas fallas son tan comunes al igual que espantosas y como pueden ser inofensivas, en ocasiones confunden al receptor del mensaje.
- Uso de mayúsculas y minúsculas: en el internet, sobre todo en redes sociales, es frecuente observar el uso de mayúsculas y minúsculas indiscriminadamente, mezclándolas sin respetar las reglas, ya sea en nombres o en frases completas. Para muchos es una forma divertida de escribir e identificarse, para otros es un dolor de cabeza.
- Reemplazo de letras: como una forma rápida de escribir se ha optado por sustituir letras como la “q” por la “k” para evitarse la “u” intermedia, aunque en ocasiones, es sólo por estilo como el reemplazo de la “s” por la “z”, incluso existen los errores sin intención como el cambio de la “h” por la “g”.
- Sin acentos: lo más común es la falta de acentos, son nulos en la utilización del Internet, ya sea para búsquedas, nombres, mensajes o cualquier otra función, se ha suprimido su uso lo que ocasiona un lectura difícil o equivocada.
- Nueva edición de Ortografía de la lengua española.
- Es obligatorio omitir la tilde en las palabras con diptongo ortográfico como “guion”.
- Eliminación de la tilde en la conjunción “o” cuando esta se coloca entre dos números.
- Supresión de la tilde en la palabra “solo”, tanto cuando funciona como adjetivo como cuando se usa como adverbio y equivale a “solamente”.
- El prefijo “ex” debe escribirse siempre unido a la palabra que antecede: “expresidente, exnovia, exjefe, exconvicto”.
- La “ch” y la “ll” se consideran dígrafos y desaparecen oficialmente como letras del alfabeto.
Nuestro carné de identidad
“Si os amáis unos a otros, como yo os he amado”.
“La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”.
Participar en la misa dominical, pero luego salir y no amar a los demás, es un engaño.
Confesarme, pero no perdonar y no amar a los demás, puede ser una mentira.
Rezar, pero no amar, es decir palabras vacías de vida.
La credibilidad de la encarnación de Jesús no depende de argumentos racionales, ni de grandes razonamientos. El verdadero argumento de la encarnación de Jesús es el testimonio del amor. La gran filosofía del cristiano es amar.
La Iglesia necesita emitir señales de Dios al mundo. Tiene que ser una Iglesia que ama, no una Iglesia que condena.
Señor: Nos has pedido que seamos testigos tuyos.
Que hagamos creíble que eres el enviado del Padre.
Y nos has dicho: “amaos como yo os he amado”.
Si quieres que amemos así danos un corazón como el tuyo.
Porque sólo un corazón como el tuyo es capaz de amar “hasta el extremo”.
lunes, 25 de abril de 2011
su oblación es haz de luz,
reina Dios desde el madero,
fulge el signo de la cruz.
En los cielos contemplamos
nuestra prenda tan locuaz
como símbolo divino
de salud, de amor, de paz.
oh estandarte del gran Rey!
¡Oh cruz, única esperanza
y resumen de su ley!
-cada cual con nuestra cruz-
y en la hora de la muerte
nos conduzcas a Jesús.
y el Espíritu de amor;
las tres personas reciban
por la cruz igual honor.
2) La Institución de la Eucaristía
2) El Sacerdocio.
creemos que eres creador de todas las cosas y que te nos has hecho
cercano
en el rostro de tu Hijo,
concebido de María Virgen
por obra del Espíritu Santo,
para ser nuestra condición y garantía de vida eterna.
que por la fuerza de tu Espíritu,
el pan y el vino se transforman
en el cuerpo y la sangre de tu Hijo,
flor de harina que aligera el hambre del camino.
que tu Encarnación se prolonga
en la simiente de tu cuerpo Eucaristía,
para dar de comer a los hambrientos
de luz y de verdad, de amor y de perdón,
de gracia y salvación.
te prolongas en la historia,
para alimentar la debilidad del peregrino,
y el sueño del que anhela dar fruto en su trabajo.
Sabemos que en Belén, la “Casa del Pan”,
el Padre Eterno nos regaló
en el vientre de María Virgen,
el pan que ofrece a los hambrientos de infinito.
que estás real y verdaderamente presente
en el pan y el vino consagrados,
prolongando tu presencia salvadora
y ofreciendo a tus ovejas
pastos abundantes y aguas claras.
y nuestra lengua se equivoca al probar vino, porque estás Tú todo
entero,
ofrecido en sacrificio y dando vida al mundo, de paraíso siempre
hambriento.
al tomar, Señor, el pan y el vino entre tus manos, estabas
ofreciéndolos a todos,
por los años y siglos infinitos.
se elevan en cada altar,
donde te ofreces al Padre,
los frutos de la tierra y del trabajo del hombre,
la vida del creyente, la duda del que busca, la sonrisa de los
niños, los proyectos de los jóvenes,
el dolor de los que sufren
y la ofrenda del que da y se da a sus hermanos.
que tu bondad ha preparado una mesa
para el grande y el pequeño,
y que en tu mesa hermanos nos hacemos
hasta dar la vida unos por otros,
como Tú lo hiciste por todos.
que sobre el altar de tu sacrificio,
recuperamos la fuerza de una débil carne,
que no responde siempre a los anhelos del espíritu, pero que Tú
transformarás a imagen de tu cuerpo.
para el que busca, un espacio para el marginado de la vida,
superando los signos de la muerte,
inaugurando cielos nuevos y una tierra nueva.
que no has dejado a tus hermanos solos,
permaneces discreto en el sagrario de la conciencia y en el pan y el
vino de tu mesa, como luz y fuerza del débil peregrino.
que en los inicios del tercer milenio,
te haces compañero en el camino.
“Remar mar adentro” es la consigna,
en este momento de tu Iglesia,
para construir, llenos de esperanza,
una nueva etapa de la historia.
por impulsarnos a una Nueva Evangelizació n
por Ti fortalecida.
a los que aceptan vivir y anunciar tu Palabra,
y que su intercesión haga fecunda tu semilla.¡
20/04/2011
Oraciones en Semana Santa
Oraciones en Semana Santa
Señor del madero, sobre tus hombros lo dejo todo: lo pasado, lo presente y lo que esté por venir. Y prepara tu corazón para que el domingo resucite con el de Cristo.
Señor haz posible que mirando tu cruz encontremos tu presencia en nuestro mundo.
Que mirando la cruz podamos sentir y experimentar tu amor infinito a través de tu sufrimiento.
Que mirando la cruz, podamos ver como sostienes nuestros propios sufrimientos, y así como venciste la desesperación y la muerte con el poder de la esperanza y de tu gran amor, podamos vencer nuestros temores.
Amén
Oración a la Pasión del Señor
Jesús, que con vuestro Cuerpo y vuestra Sangre redimiste al mundo, Ayudadnos a que vuestra Pasión no sea en vano para los hijos del Padre.
Amén
Oración a las 7 Heridas de María.
Santa María, por las siete heridas abiertas en tu Corazón, que aún siguen sangrando; intercede ante tu Hijo por nosotros, tus humildes servidores, para que no abramos más heridas en tu Corazón Inmaculado Virgen María.
Amén
Oración de Contrición
Yo confío en Vos ¡Oh Jesús Mío!
Y al ver yo, vuestros ojos dulces,
de manso cordero, os digo arrepentido;
¡Perdón, perdón, perdonadme!
humildemente os lo digo y confío en vos
jOh Redentor Mío!
Amén
19/04/2011
Oraciones para Semana Santa
Domingo de Ramos
Por la mañana
Aquí estoy… “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. En un borriquillo viene, cabalgando victorioso por la verdad y la justicia. Se dirige hacia su Pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres. Humilde y pobre entra en la ciudad; manso y cercano. Él no grita, los que le reciben sí. Salen a su encuentro, lo aclaman como Rey y Mesías; pero lo suyo es el silencio, la sencillez y la entrega. Podemos correr también nosotros, primero a por nuestro ramo de olivo, después para arropar a este modesto Jesús con el más firme y limpio propósito de acompañarle hasta el final, hasta donde Él va a llegar para salvarnos.
Subamos con Él a esa montaña, desnudos como Él, para que pueda lavarnos con su sangre y vestirnos con su gracia. “Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor”. Vencedor de la muerte y del mal, condúcenos a los que en ti creemos, esperamos y amamos a tu gloriosa resurrección. Convierte el madero de nuestro dolor en árbol de vida. Porque… no he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor y cantar al triunfador de la muerte.
Por la noche
“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo “. Das tu vida por las ovejas, nosotros, que cuando te veamos herido, huiremos y nos dispersaremos. Soportas nuestros sufrimientos; aguantas nuestras rebeldías. Y las autoridades al final, aunque no encontrarán en ti nada que merezca la muerte, le pedirán a Pilato que te mande ejecutar. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu cruz has redimido al mundo.
Redentor nuestro, Cordero manso, tu sangre nos ha purificado. Unidos ahora a tu Pasión, queremos animar, confortar y consolar, como Tú, a los atribulados con el mismo consuelo y con idéntica paz con los que Tú nos animas, confortas y consuelas a nosotros. Y hacer y realizar siempre esa tarea con los débiles, abatidos, condenados, sencillos y pequeños. Enséñanos a ser obedientes y a tener paciencia en todo lo que nos pase en la vida. Que tu amor inunde nuestra tierra y cubra sus heridas. Ábrenos de par en par la puerta de tu costado, para que el río de la Vida nos arrastre y nos devuelva al regazo de Dios, y en Él encontremos el descanso.
Lunes Santo
Por la mañana
Tienes entrada libre, Jesús, a este camino nuevo de tu sangre. Puedes hacerlo o retirarte. Pero ha llegado el momento de la decisión, la última etapa del camino. Hemos pasado largos ratos contigo, llenos de aventuras, sorpresas y transformaciones. Y yo sé que estoy en la víspera de ser testigo de la sorpresa más grande: tu paso decidido hacia el ocaso de tu carne, para alumbrar desde la humillación de tu muerte el día de la luz definitiva. No vas a echarte atrás; no desertarás ni rechazarás esta HORA definitiva, aunque sabes que te van a pisotear hasta matarte. Y porque mueres nos das tu vida a los que, por nuestra condición de mortales, no teníamos posibilidad de vivir. “Sabiendo Jesús que había llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo “. Como decía san Pablo, Dios nos libre de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Tu cruz adoramos, Señor, y veneramos tu pasión gloriosa. Ten piedad de nosotros, tú que has muerto por nosotros.
Por la noche
En aquellos días primeros, recién iluminados, los cristianos, los discípulos de Jesús soportaban combates y sufrimientos; se exponían públicamente a insultos y tormentos, o se hacían solidarios de los que así eran tratados. Compartían el sufrimiento de los encarcelados, aceptaban con alegría que les confiscaran los bienes, convencidos que tenían bienes mejores y permanentes. Hoy quizás, ¡seguro!, nos falta constancia para cumplir la voluntad de Dios. No vivimos tan intensamente de fe; nos acobardamos con frecuencia. Que el Señor nos conceda esa fe que nos haga gente decidida, que nunca se echa atrás (cf. Hb 10,35-39). Que realmente seamos valientes hasta la sangre, para cumplir tu voluntad, Padre Dios. Levanta nuestra débil esperanza; y con la fuerza de la pasión de tu Hijo protege nuestra fragilidad, fragilidad de humanos pequeñitos y cobardes.
Martes Santo
Por la mañana
Que pueda quitarme de encima lo que me estorba y el pecado que me ata, para correr en la carrera que me toca, sin rendirme, sin abandonar, fijos los ojos en ti, Jesús que ya has corrido, y que inicias y completas nuestra fe. Tú mismo, renunciando al gozo inmediato que siempre el mundo ofrece, soportaste con entereza la cruz, sin importante la ignominia y el desprecio de los importantes. Que no me canse yo ni pierda el ánimo; todavía no he llegado a la sangre en mi pelea contra el pecado. Acepto con gusto la corrección que me viene de ti, Padre Dios, aunque me duela, porque lo único que pretendes regalarme, como fruto de mi conversión, es una vida resucitada, semejante a la de tu Hijo. Fortalece, Señor, mis manos débiles y haz fuertes mis rodillas vacilantes, para que camine seguro por tu senda.
Quiero imitarte, Jesucristo, para poder llegar y vivir en la familiaridad con Dios, tu Padre y nuestro Padre. Corta con mi vida anterior, radicalmente, para que sea posible en mi el comienzo de una vida nueva. Ayúdame a poner entre lo anterior y lo que viene una muerte necesaria. Que las aguas del bautismo, en las que Tú mismo quieres bautizarte: las aguas de tu sangre, sepulten mi cuerpo de pecado y despojen mi vida de los bajos instintos y de todas las obras de la carne; para emerger después -como Tú-de esas mismas aguas como si me levantara de la muerte, lavado y purificado, resucitado, convertido en espiga de mil granos.
Por la noche
Nos has comprado, Señor, con tu sangre, de toda raza, lengua, pueblo y nación: Conduce a tu Iglesia, que es tu pueblo nuevo, conduce a la humanidad entera a esa Pascua tuya de la vida. Atravesado por la lanza de un anónimo soldado, sabes ahora, supiste siempre sanar nuestras heridas. Y si para hacernos saber que Tú sí perdonabas, te dejaste clavar en una cruz, perdona otra vez a aquella adúltera, rota, sola, despreciada pero arrepentida; perdona de nuevo a aquel publicano del templo de ojos casi en la tierra, suplicando; perdona otra vez a aquel Zaqueo, tan bajito él pero que tanto había robado; perdona otra vez al ladrón que muere a tu costado; perdona a los que durante tu agonía se burlaron de ti y blasfemaron… Perdónalos, porque de todos ellos hay mucho en cada uno de nosotros. Y si les perdonaste a ellos, fue para decirnos que también a nosotros quieres perdonarnos.
Por la mañana
¿Por qué puerta puedo entrar para abrazarte, Dios? Por la que está elevada sobre la tierra y tiene forma de cruz; por la puerta de un costado abierto, rasgado por la lanza. El que así está convertido en puerta absoluta, con su cuerpo desgarrado, nos atrae hacia ti. Buscó la paz para nosotros. Quitó la raíz amarga que nos hacía tanto daño: la muerte. Nos puso en el plato de cada día otra comida: la de los hijos ya reconciliados y reunidos en su fiesta, para escuchar la voz de quien nos convocaba. Dios nos tuvo desde siempre inscritos en el registro de su mismo fuego y quiso siempre hacernos partícipes de la plenitud de su amor. Porque nunca habrá amor más grande que el de dar la vida por aquellos a quienes se ama.
Estoy invitado a hacer lo mismo: invitado a amar como he sido amado; invitado a dar mi vida por los hermanos. Cristo mío, tú no te resistes ni te echas atrás a la hora de cumplir esta misión de amarnos hasta el extremo. Ofreciste tu cuerpo todo a quienes quisieron destrozarlo. No te tapaste el rostro para evitar los ultrajes que te hicieron. El Señor era tu ayuda; sabías con certeza que, con Él a tu favor, no quedarías defraudado. Tu sangre, que corrió abundante acusando, pero a la vez fecundando la tierra, purifica nuestra conciencia de las obras de la muerte y nos prepara para presentarnos al Dios vivo.
Todo esto ya lo sé. Y cada día, a través de esta oración reiterativa, lo recuerdo y lo hago presente y deseo asimilarlo. Pero no tengo que inventar cosas nuevas para hablar contigo o para comunicar a mis hermanos, intentando quizás más que orar de verdad lucirme ante los demás con este ejercicio diario, pero vanidoso, de las entregas que les hago. Lo has dicho todo ya con tu propia vida; sólo tenemos que mirar y querer repetir con la nuestra aquello que Tú fuiste para todos. Debe ser una opción mía, de cada uno, en libertad completa elegir ser imitador de Dios y vivir como El en el amor. Quiero vestirme con tus sentimientos, para que a fuerza de repetir y repetir, de recordar y recordar, lo que Tú eres vaya insensiblemente acabando con lo que yo soy antes de llegar a la fe y conocerte. Y a fuerza de querer que me vivas, llegue el momento de que ya no sea yo quien vive, sino Tú en mí, mi Cristo. Que como Pablo, pueda yo repetir que para mí la vida es Cristo, y una ganancia morir.
Por la noche
Mis manos están extendidas hacia ti, Dios de todos y más si cabe de los humildes, como ofrenda agradecida. Porque cuando repaso la historia de mi vida, descubro que sigues siendo el que acoge a cualquier hora, al no saber nunca rechazar a quien a ti llega. Eres misericordia que no se agota, el Dios que nunca olvida su bondad y mantiene su promesa para siempre. La cólera no te pertenece; es algo exclusivamente nuestro. Entrañas de misericordia es lo que eres. Hoy sigues realizando proezas, portentos, hazañas de amor incalculables. Me atas a ti con lazos de bondad; me eliges como amigo y confidente. Por la sangre de tu Hijo, me haces entrar a una dulce intimidad contigo. Comunicas a mis ojos la luz y la alegría que Tú mismo eres. Mis manos extendidas expresan todo eso: ¿qué dios es grande como nuestro Dios?
Tu poder es el perdón; por eso te sobran todos los ejércitos, policías o tribunales constitucionales. Tu brazo nos rescata con la vida, jamás con la fuerza de la violencia, algo también exclusivamente nuestro. Sólo en ti descanso y tengo paz; sólo de ti viene mi salvación; sólo Tú eres la roca de mi esperanza. Déjame, Señor, estremecerme ante lo que eres. Permíteme, a pesar de los nubarrones que ensombrecen mi vida, permíteme arrodillarme y desahogar en ti mi corazón. Pueda adorarte y acogerte para que me des la vida, y sepa agradecerte con toda el alma el que hayas hecho a Cristo para mí, para nosotros, para todos sabiduría, justicia, santificación y redención. Y que por Él, por su sangre, hayamos recibido el perdón de los pecados. Por Él nos has reconciliado, y has hecho la paz por la sangre de su cruz.
Jueves Santo
Por la mañana
Te has sentado a la mesa, y has invitado como comensal a todo el mundo. Se acabó la negativa a compartir; la división entre los hermanos no tiene sentido ya; el desprecio por los pobres se convierte en acogida y servicio al lavarles los pies con gestos reales de entrega radical. Sí, te has sentado a la mesa y nos dices de corazón que has deseado enormemente comer esta comida pascual con nosotros, antes de padecer. Consciente de que había llegado tu hora, Jesús, habiéndonos amado, nos amaste hasta el extremo. Y ya tienes un pan en la mano, que bendices y nos repartes, animándonos a que lo comamos porque es tu cuerpo. Y sin haber podido salir aún de nuestro asombro, has llenado la copa de vino y nos la pasas también para que bebamos, porque es tu sangre. Y que te vas, pero que cada vez que nos reunamos y repitamos este gesto del pan y del vino, Tú estarás á nuestro lado para que podamos anunciar al mundo tu muerte y resurrección.
Cristo maravilloso, gracias por enseñamos a descubrir al hermano, a tender la mano, a presentar la otra mejilla, a compartir pan y hogar. Gracias por ese poco de pan en tus manos y ese vaso de vino, con los que nos dices cómo se vence el pecado, el hambre, la muerte. Que ahora nosotros continuemos tu lucha para que todo hombre y mujer sean queridos y respetados, para que a nadie le sea negado el pan y el trabajo, para que los niños puedan reír ilusionados. Sí, continuaremos tu lucha para que nadie se enriquezca con el trabajo de los demás y para que nadie tenga miedo de nadie.
Hoy, día del amor fraterno, procura partir tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que veas desnudo y no te cierres a tu propia carne. En la última cena, Jesús, nos dijiste con tu propia vida entregada a la muerte, que lo único que vale es el amor a los hermanos, hasta ser capaces de dar la vida por ellos. “Quien pierde su vida, la gana para siempre”. Hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de toda la humanidad, tomas el pan y dices: TOMEN Y COMAN, ESTO ES MI CUERPO. Coges después la copa, y añades: TOMEN Y BEBAN, PORQUE ESA ES MI SANGRE. Por favor, nos suplica Jesús, hagan siempre y donde estén lo que acabo de hacer.
Gracias, Padre Dios, por tanto amor. Gracias, Jesús, porque en la última cena inventaste la misa; porque el Jueves Santo nos enseñaste a servir. Gracias, Jesús, porque incluso llamaste amigo al traidor Judas; porque nos diste un Mandamiento Nuevo; porque nos has dado un corazón parecido al tuyo.
Por la mañana
La inocencia de la Verdad contrasta con el escarnio recibido. Es el día de la osadía, del arranque y del vértigo. El día de la verdad: el momento de la entrega se está produciendo en totalidad. Cristo sale de sí mismo por completo. Ahí está la Verdad desnuda, crucificada. Regando amor, pero en forma de sangre que se le escapa de sí mismo. Es el sacrificio de su vida, misterio del mayor amor. Jesús se atardece…, Jesús inclina la cabeza y muere. Compasión, Tú, para nuestras vidas rotas. Siervo, Tú, que entiendes el oficio, Toda la belleza que hay en la vida, Tú la ofreces al Padre desde la desnudez y la fealdad de tu cuerpo destrozado Y lo haces así porque estás convencido de que tu mensaje de amor y justicia es posible y que el proyecto de Dios sobre el mundo llegará.
Sucede como siempre: mucha gente que habla, que grita, que murmura; mucha gente que se esconde, que nunca da la cara. Voces en contra, pero ¿qué hablamos?, ¿qué gritamos?, ¿por qué nos escondemos? Si recogiéramos todas las palabras que hemos pronunciado en la vida, ¿se salvaría alguna? Y de los gritos ¿qué queda? En cuánta inutilidad nos empleamos, cuánto tiempo vivido sólo al nivel de los instintos. Mientras tanto, los que sufren se han quedado sin voz, sin justicia, sin pan, sin defensor. Dios, como el menor de los humanos, muere en cruz fuera de la ciudad para no contaminarla.
A las tres de la tarde
Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Diste tu vida por los hermanos: enséñanos a amamos mutuamente con un amor semejante al tuyo. Soy como un inválido, tengo mi cama entre los muertos, como arrancado de tu mano. Mirad y ved si hay dolor como el mío. Así estás, mi Cristo, como una oveja que ha perdido el camino, como alguien que carga con crímenes que no son suyos, como un inválido golpeado. Perseguido a muerte, empujan su vida al sepulcro. ¿Quiénes? ¿Entre ellos estoy yo? Dios parece que se esconde y que le abandona. Es la hora del desamparo. Pero Cristo confía en su Padre y a sus manos se encomienda como un desposeído de los muchos que pueblan la tierra. Como el mayor de los esclavos, reclina su cabeza en la miseria de una muerte ignominiosa. Dios sostiene la fortaleza de su Hijo. Dios prepara la victoria: el odio ha clavado a Cristo en la cruz; el amor debe aliviar su dolor.
Cristo paciente, que cargado con nuestros pecados subiste al lefio, nos dejaste un ejemplo para que sigamos tus huellas. A pesar de cómo te trataron, nunca proferías amenaza alguna. Capacítanos para imitarte; que vivamos para la justicia y que, como Tú, nos pongamos en manos del que juzga justamente: en las manos de Dios, padre y madre sin medida. Que podamos ofrecerte una vida sin mentira, sin fraude. Manten, Señor, la unidad de la Iglesia, protege a tu pueblo santo. Congrega a los cristianos en la unidad. Carga sobre tus hombros de Pastor a quienes no creen en ti ni en tu Hijo Jesús; ábreles los ojos y el corazón. Guía los pensamientos y decisiones de los gobernantes para que en el mundo haya paz. Concede tu consuelo a los atribulados.
Por la noche
Este árbol de la cruz cuyo fruto humano eres Tú, Cristo Jesús, reparó el daño que el pecado causó en nosotros. Cuando te vas, a esta hora de tu amarga muerte, es el momento de decirte: gracias por las Bienaventuranzas; gracias por tu sangre derramada; gracias por tu vida dada; gracias por tu justicia, tu paz, tu amor inagotable hacia nosotros. Es la hora de tu generosidad: la de mostrarnos tu amor hasta el extremo; la hora de dar tu vida. Es la hora del amor y de la generosidad, porque sólo el amor salva. Y con el amor la fraternidad, la justicia, la verdad y el servicio se hacen efectivos. El odio, nos lo dices desde la cruz aunque no hables, el odio, la violencia, la injusticia llevan a la muerte. Nos dices que si alguien quiere amar, que lo haga como Tú nos amaste: sin límites. Que si alguien comprende lo que estás haciendo, que no se encierre ya en sí mismo sino que abra los brazos para estrechar al hermano.
El camino de la cruz ha llegado a su fin. Todo queda terminado, consumado. Por eso, “reclinando la cabeza, entregó el Espíritu”. Ante este Cristo muerto quiero descubrir, vivir, celebrar y experimentar que Dios es amor, y que Él nos amó primero. Ahora tengo razones para amar, porque he sido testigo de que el amor existe, de que el amor es verdad, de que el amor es Dios que nos ha amado sin excluir a nadie. Me toca ahora amar a mí dándome, haciéndome pequeño, perdonando, poniendo la otra mejilla, que es lo contrario de pisar, humillar, herir, rechazar. Porque ya está bien de despilfarrar vida, de echar por tierra tanta capacidad de ilusión y de bien.
Déjame que a tu lado ponga mi cruz, oh Cristo. Deja que mi sangre se mezcle con la tuya. Que nunca desde mi cruz blasfeme, pensando que son estériles el dolor y la muerte que me cosen a ella. Que no malgaste mi dolor y mis horas. Que descubra que tu muerte es mi vida.
Sábado Santo
Por la mañana
“Sepultado el Señor, sellaron la piedra y pusieron la guardia para custodiarlo”. Se alejó nuestro Pastor, fuente de agua viva. Un gran silencio envuelve la tierra, una gran soledad. Duerme y descansa en paz, Jesús Nazareno. Dios, tu defensor, va a restituirte el honor que los hombres te arrebataron; mañana su falsedad y engaño quedarán al descubierto. Estás ahora acostado en el lecho de la tierra; duerme y descansa en paz, que mañana Dios te despertará para que amanezca la alegría de tu corazón vivo, rompiendo la piedra del sepulcro, y te muestres vencedor ante los hermanos. Tu Señor y nuestro Dios te hará vivir tranquilo. Descansa en paz y duerme ahora. Pon tu suerte en esas manos, no vacilarás. Que tu carne descanse serena hasta la alborada. Y mañana… enséñanos a todos el sendero de la vida; llénanos con tu presencia de alegría para siempre. Pero ahora, duerme y descansa en paz. Permitamos que tu Padre prepare la gran fiesta de mañana, porque Tú, Salvador nuestro, ya has destruido el poder del enemigo. Nosotros procuraremos lavar un poco más el corazón, preparándolo para recibirte y escuchar tu voz. Mañana… tómanos de la mano a todos, levántanos, dinos: “Despiértense, los que duermen, levántense de entre los muertos, que yo seré vuestra luz”. Que tu sueño, Señor, nos saque del sueño del abismo.
Junto a tu cruz y tu sepulcro tuviste a tu Madre dolorosa, participando en tu aflicción: haz que tu pueblo, nosotros, sepamos acompañarla. Y como Tú, grano que caíste en la tierra para morir y dar fruto, como Tú, también nosotros sepamos morir al pecado y vivir para Dios. Que siguiéndote a ti, caminemos siempre en una vida nueva. Cambia nuestro luto en danza; muda nuestro traje de presidarios y vístenos de fiesta. Volvamos al Señor; que Él nos sane, que Él nos vende, que Él nos resucite. A precio de la sangre de Cristo hemos sido rescatados. “Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre “.
Por la noche
¡Aleluya! En esta noche comienza nuestra nueva vida. El Señor resurge de la tierra, convertida en sepulcro. Dios preserva a su Inocente, Dios protege a su Humillado, Dios libera a su Hijo asesinado. Triunfa la inocencia que eres, Jesús; triunfa tu vida. Sí, triunfas, surges, eres luz, vives. Esta Resurrección tuya es un acontecimiento concedido a la comunidad para la alegría y el gozo. Los cristianos estamos despiertos ESPERANDO en medio de la noche consagrada al sueño. Tenemos un deseo enorme de encontrarnos cuanto antes contigo, Jesús resucitado. Esta es una noche iluminada por el DIA: Cristo vive. Nuestro hombre viejo ha muerto en nosotros; hemos llegado a la orilla de la libertad. Cristo, vives; nosotros también vivimos contigo. La tumba que era tu prisión, se abre y sales resucitado.
Pero este hecho de la resurrección es gracia para nosotros, sola y exclusivamente gracia. Tienes Tú que salir al encuentro de tus desolados y desconsolados discípulos, para que podamos reconocerte y adorarte. Vas delante en el camino; vas para encontrarte con los tuyos. Sólo a partir de este encuentro contigo podemos construir caminos que sean signos de vida y esperanza. Dios te ha acompañado a ti, Jesús, durante toda tu carrera. Ahora Tú nos acompañarás con tu resurrección, que se convertirá para nosotros en el primer día de una nueva creación, de una historia diferente. “¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”. ¡Ahí, pero ésta va a ser una experiencia de fe: te verán y experimentarán resucitado sólo los que crean.
Vives, Señor, no estás muerto. Vives en Dios, tu Padre. Vives en cada uno de los que te aman y siguen tu camino. Vives, Señor. Vives en la justicia y en la bondad de todos los justos de la tierra. ¡Vives, no estás muerto! La vida no se puede matar; la vida es más fuerte que la muerte. Tu muerte, Jesús, es el triunfo sobre todos los que matan. Enséñanos a proteger y cultivar contigo la vida, ofreciendo a todos en nuestras manos bondad, pan y ternura. ¡Vives, Señor, no estás muerto! Queremos ser testigos de Alguien que vive.
Domingo de Resurrección
Por la mañana, por la tarde, por la noche… ¡siempre!
Y cuando huía desesperanzado, me hiciste volver sobre mis pasos. “¡Es verdad: ha resucitado el Señor!”. Me hiciste volver jubiloso al grupo de mis hermanos, para unirme de nuevo a ellos y celebrar todos juntos la alegría de la PASCUA: celebrar tu presencia, Señor, entre nosotros. Porque sigues bendiciendo el pan, partiéndolo, dándote a ti mismo y siendo el centro de nuestra comunidad, que contigo resucita. Son la vida, la fraternidad y la esperanza lo que celebramos. Otra vez la vida, la inocencia, la verdad, la luz. Tu PASCUA es una manera nueva de ver, abrazar y construir el mundo; una manera nueva de hacer la historia desde la luz siempre nueva y recién hecha del día supremo de tu Resurrección. Sí, que el Amor y la Vida sean la última palabra en el libro de la historia de todos los pueblos de la tierra, porque no hemos nacido para el odio.