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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

lunes, 8 de agosto de 2011

La vendedora de fósforos (2)




La Vendedora de cerillas de Hans Christian Andersen

La noche se venía encima, y en medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña caminaba por la calle sin abrigo, prácticamente desnuda. Sólo llevaba un delantal con algunas docenas de cajas de fósforos  mientras  pregonaba incansable su modesta mercancía.
No era un buen día. Ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo.




- ¿Quiere usted fósforos, señor? - preguntó a un caballero que pasó a su lado. - No, gracias. Además, con este frío sacar las manos de los bolsillos no debe ser muy agradable - respondió el hombre, marchándose muy deprisa.
Ella se sentó en la vereda, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de su cuerpo entumecido.  No se atrevía a volver a su casa con todos los fósforos y sin una sola moneda. Como el frío era muy intenso, encendió uno de los fósforos para calentarse las manos. ¡Qué luz tan hermosa!

   

 La niña creyó que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas navideñas. Pero, como todo lo bueno acaba rápido en este mundo, la llama de la cerilla se apagó y la niña se encontró sola en aquella calle nuevamente. Entonces decidió frotar otra, que ardió y brilló como la primera.



 En esta oportunidad, la pequeña creyó ver una habitación con una mesa cubierta por un blanco mantel resplandeciente con un manjar sobre ella.

  

¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! Comería comida caliente aquella noche… Pero la segunda cerilla también se apagó, y lo único que quedó ante ella fue una pared impenetrable y fría.


Encendió un tercer fósforo. Imaginó un árbol de navidad con miles de luces que ardían brillantes en el oscuro cielo.


Embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó, comprendiendo que no eran luces, sino las estrellas del cielo las que brillaban. Justo en ese momento, una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.
-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita le había dicho muchas veces que cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el cielo.
Sólo le quedaba una última cerilla en su mano. La frotó una vez más contra la pared, y delante suyo se hizo presente una gran luz, en medio de la cual, estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.



-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como todo lo que he visto producto de la luz de las cerillas!
La anciana, tomó a la niña de la mano, y las dos se elevaron en medio de una gran luz resplandeciente…

Cuando llegó el nuevo día, seguía sentada la niña entre las dos casas, muerta.
-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dirá alguien.
Pero nadie conocerá jamás las hermosas cosas que vio esa dulce niña, ni en medio de qué luminiscencia  entró con su abuela en el reino de los cielos.
FIN.

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