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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

lunes, 8 de agosto de 2011

El lobo y los siete cabritos


Había una vez, una cabra que tenía 7 cabritos. Un día debía ir al bosque a buscar comida. Llamó a sus hijos y les dijo: -Hijitos voy a ir al bosque; tengan cuidado con el lobo, porque si entrara se los comería a todos. A veces se disfraza, pero es conocido por su voz ronca y por sus negras pezuñas. -Mamá -dijo el mayor- ve tranquila, porque nos cuidaremos. Y la madre emprendió el camino hacia el bosque. No había pasado mucho tiempo, cuando alguien llamó a la puerta diciendo: -¡Abrid, hijitos, que ha llegado mamá y les ha traído comida! - Tú no eres mamita, ella tiene la voz dulce. Tú eres el lobo. Entonces, el lobo fue en busca de un buhonero y le compró tiza. Se la comió y así logró suavizar la voz. Volvió, tocó y dijo: -¡Abran, hijitos, que mamá ha traído comida para todos! Pero apoyó una de sus negras pezuñas en la ventana. -Mamita no tiene la pezuña negra como tú. Tú eres el lobo.
El lobo corrió donde el molinero y le dijo: “Échame harina en la pezuña”. Como este se negó, lo amenazó con devorarlo. Ya enharinado, corrió a casa de los cabritos y les dijo: -¡Abran, que mamita ha vuelto y ha traído comida para todos!
-Enséñanos la pezuña, para ver si eres nuestra madre El lobo mostró su pezuña por la ventana y los cabritos, confiados, abrieron la puerta. ¡Fue atroz! Corrieron a esconderse; pero los halló y fue devorándolos uno a uno. Sólo el más pequeño, que se escondió en la caja del reloj, consiguió salvarse.
Al rato volvió la cabra. ¡Qué escena tan dolorosa! Llamó a todos y nadie contestó. Gracias a Dios, pudo oír al más pequeño: “Mamá, estoy aquí”. Le contó todo y ella lloró inconsolablemente. Salieron de la casa y al llegar al bosque, hallaron al lobo dormido junto a un árbol. Lo miró y vio que su vientre se movía y pateaba: “¡Dios! -pensó-, ¿mís hijitos vivirán todavía?”.
Entonces, ella abrió la barriga al monstruo y los cabritos fueron saliendo dando brincos, sin haber sufrido daño alguno.
-Ahora id a buscar unas grandes piedras -dijo la madre. Metieron las piedras en la barriga del lobo, y ella la cosió pacientemente. Al despertar, el lobo se dijo: “¿Qué me pasa? ¿Sólo 6 cabritos he comido, y en piedras se han convertido?”.
Se inclinó en el río para beber, pero el peso de las piedras lo arrastró al fondo, ahogándose por ser tan malvado. -¡El lobo ha muerto!, -gritaron los cabritos- ¡el lobo ha muerto!
Y, dichosos, bailaron con mamá por haberles salvado la vida.
Los Hermanos Grimm




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