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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Dios sale de paseo

El Dios que anida en las entrañas de María es un Dios de los caminos. (Foto: Juanjo Romero)
El Dios que anida en las entrañas de María
 es un Dios de los caminos.
 (Foto: Juanjo Romero)

En este cuarto y último Domingo del Adviento, ya a las puertas de la Navidad, la figura central es María, la mujer del Adviento y la mujer de la Navidad. La presencia de Dios creciendo en el seno de María la pone en camino, como luego Jesús también se pondrá en camino. Es la primera vez que Dios sale de casa a darse una vuelta por su tierra y llega hasta la Montaña de Judá. La segunda vez, sería un viaje más penoso camino de Belén.
Dios no nos encierra sobre nosotros mismos.
Y no es un motivo para tomarnos un descanso. El Dios que anida en las entrañas de María es un Dios de los caminos. Porque es el Dios en actitud de servicio a los hombres. El embarazo necesita de cuidados. Pero las necesidades de los demás necesitan con urgencia de servicios.
En su cántico, María alabará las maravillas que Dios ha hecho en ella. Por el contrario, Isabel destaca la fe de María. Es posible que su experiencia de un marido mudo por dudar y no creer, le haga sentir más la grandeza de la fe de María. “Dichosa tú que has creído”.
La presencia de Dios es siempre motivo de gozo y de alegría. “Desde que tu saludo llegó a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi vientre”. Las visitas de Dios y las visitas de quienes van llenos de Dios nunca son un aguafiestas. Son un momento de alegría, de baile, aunque sea dentro del vientre materno.
Encuentros que no llevan nada ni dicen nada.
Encuentros que nos dejan como estamos.
Encuentros que no dejan huella y nuestras vidas.
Y encuentros que despiertan lo que llevamos dormido en el alma.
Encuentros que despiertan ideales dormidos y que solo necesitaban una presencia.
Encuentros que la alegría de la vida, tantas veces marchita por los problemas.
Encuentros que pueden cambiar nuestras vidas.
María, en su visita a Isabel, es el mejor símbolo de la futura Iglesia y de la futura evangelización.
La Iglesia tienen que vivir cada día “embarazada y gestando” a Dios en su seno.
Pero la Iglesia gestante de Dios no puede guardarlo para ella misma.
La Iglesia no puede vivir del miedo de perder a Dios por arriesgarse saliendo al encuentro de los hombres.
La Iglesia sólo puede acercarse a los hombres cuando ella misma está llena de Dios por dentro.
Sólo podemos anunciar debidamente el Evangelio cuando el Evangelio nos va quemando por dentro.
Por otra parte, la Iglesia cuando se acerca a los hombres:
No es para dejarlos como están instalados en su mundo y sus quehaceres.
La Iglesia está llamada a ser buena noticia para los hombres.
La Iglesia está llamada a despertar lo que los hombres llevan dormido dentro.
La Iglesia está llamada a despertar la alegría en el corazón de los hombres.
La Iglesia está llamada a despertar y abrir nuevos horizontes.
La Iglesia no puede guardarse a Dios en los templos sino que tiene que sacarlo a pasear por los caminos de los hombres.
El Dios de la Iglesia no es el Dios de los templos, sino el Dios de los caminos, porque es el Dios del servicio a los hombres.
Necesitamos de un Iglesia “embarazada” de Jesús.
Necesitamos de cristianos “embarazados” de Jesús.
Porque sólo así seremos la alegría de los hombres.
Porque solo así haremos saltar la alegría y el gozo dormido en el corazón humano.
Para que Jesús nazca en Belén es preciso que María lo lleve en su seno.
Para que Jesús nazca en nuestros hermanos es preciso llevarlo en nuestro corazón.
En Belén nace lo que María llevó durante nueve meses en sus entrañas.
En los hombres nace lo que los hombres llevamos hasta ellos.
¡Feliz Navidad a todos!
¡Que cada uno viva la Navidad de lo que el Espíritu engendró en nosotros!

Oración

Señor: No te gusta vivir enclaustrado.
Recién concebido sales camino de Ain-Karen.
Te gusta salir al encuentro de los hombres, de los que te necesitan.
Y encontrarse contigo es sentir que dentro de nosotros se despierta la vida, se despierta la alegría, se despierta lo nuevo.
Estamos próximo a la Navidad y tú estás de camino hacia todos nosotros.
Despierta todo lo bueno que llevamos dentro.
Despierta la vida que ya se nos duerme en el corazón.
Porque en estas Navidades también nosotros queremos saltar de alegría,
como lo hizo Juan en el vientre de Isabel.
Clemente Sobrado C. P.

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