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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

viernes, 24 de diciembre de 2010

::: Mañana Serè :::

Posiblemente en ninguna otra época del año abunden tanto los buenos propósitos como en Navidad y en vísperas del nuevo año. El recuerdo del nacimiento de Jesús espolea a los más duros corazones e interpela a los restantes a esa necesidad de cambio como respuesta a tan gran don de Dios: el regalo de sí mismo a la humanidad.

Así, en lo más íntimo de cada cual, van naciendo esos deseos de cambiar esa actitud negativa, ese vicio que a nada lleva, aquel modo de ser que tanto repugna, esos pensamientos que perjudican, aquellos actos que hacen menos noble al alma… Sí, se es consciente de la condición sin la cual Dios no puede entrar en nuestra existencia: el prepararle una digna morada dentro de nosotros, limpia de pecados y de toda mancha.

Pero, las más de las veces, todos esos buenos propósitos, ese vivo deseo de disponer la morada del alma para Dios, se van desvaneciendo según pasan los días y nos alejamos del periodo en que nacieron. ¿Qué sucedió? ¿Por qué han quedado en el tintero de lo que debimos escribir en el libro de la propia vida y no fue escrito?

Solemos pensar en todos esos cambios que resultan positivos, favorables y benéficos pero no como para comenzar a vivirlos en el momento en que ha venido esa luz que motivaba a hacerlo. Se deja para “más adelante”, “para mañana”, esa transformación que debe cobrar vida en el mismo momento en que cada cual se ha dado cuenta que debía cambiar “eso”.

Hay un soneto (composición poética que consta de catorce versos de once sílabas distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos) más o menos conocido que firma Lope de Vega (1562-1635). El poema ilustra muy bien la manera como Dios toca a la puerta -no sólo en este periodo, ciertamente- y cómo muchas veces se le prefiere decir que se le abrirá en otro momento para luego, en ese otro tiempo, volver a postergar la recepción indefinidamente. Dice:

“¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, Hermosura Soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!”

Dios toca a la puerta de nuestra vida con la muestra de amor más grande que podemos recibir: su encarnación. Dios hecho hombre nos pide posada pero no para hallar cobijo sino para cobijarnos. Es paradójico, pero el Dios que pide albergue es en realidad quien nos lo da cuando vive en nosotros.

Dios nos dice “mañana seré” porque en realidad ya es, ya está con nosotros. Y es precisamente la conciencia de su cercanía, de su solicitud, la que nos mueve a transformar, aquí y ahora, “eso” que nos lleve a operar por amor esos cambios necesarios que ayuden a vivir el “sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto”.

No, no hay que esperar a ese mañana que no tenemos la garantía de vivir, para cambiar. Los cambios de bien, que son cambios de amor, que son una respuesta de gratitud a Dios, se efectúan en el único tiempo del que disponemos: el momento presente. Y Navidad no deja de ser esa oportunidad siempre abierta. Ya lo decía san Agustín: “teme la gracia de Dios que pasa y no vuelve”.


Bendiciones¡¡¡¡

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