"Ventana abierta"
De la mano de María
Héctor L. Márquez
(Conferencista católico)
REFLEXIÓN PARA EL
VIERNES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO
“Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado”…
“¿A quién se parece esta generación? Se parece
a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: ‘Hemos tocado la flauta,
y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado’. Porque
vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Tiene un demonio’. Vino el Hijo del
hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de
publicanos y pecadores’. Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios” (Mt
11,16-19).
Esta corta lectura evangélica es la que nos
propone la liturgia para hoy viernes de la segunda semana de Adviento. Con esta
parábola Jesús pone de manifiesto la actitud del pueblo que prefería mantenerse
como estaba, y no tenía intención alguna de cambiar, de escuchar la palabra de
Dios y ponerla en práctica. No querían “comprometerse”. Jesús los compara con
unos niños jugando en la plaza. Mientras unos quieren estar alegres, otros
prefieren estar tristes; no se ponen de acuerdo. El problema es que cuando se
refiere a los adultos del tiempo de Jesús, “esta generación” (y los de la
nuestra), no se trata de un juego, se trata de la vida eterna. Lo que ocurre es
que cuando se trata de las cosas de Dios, del mensaje de Jesús, de su
Evangelio, siempre hay una excusa. Es más fácil decir “no creo”, que aceptarlo
y enfrentar las consecuencias que esa fe implica.
Por eso cuando vino Juan el Bautista, que
predicaba su mensaje de penitencia y austeridad, no le aceptaron. “Tiene un
demonio” decían; “es demasiado exigente”, decían otros. Esas mismas personas,
cuando vino Jesús a predicar su mensaje de amor y fraternidad, y se juntaba con
pecadores, y compartía con ellos la mesa y el vino, también lo rechazaron. “Es
un comilón y borracho”. Hoy día no es diferente. Preferimos estar dentro de
nuestra “zona de confort”. Que no venga nadie a decirme cómo tengo que actuar; no quiero
comprometerme, no me interesa cambiar.
Estamos prácticamente a mitad del tiempo de
Adviento; ese tiempo que nos llama a la conversión y penitencia, y a la
preparación para la espera gozosa de Jesús. ¿Cuál es nuestra excusa para
negarnos a entrar en el Adviento y vivir el gozo de la Navidad? ¿Asumimos la
actitud de que si “nos tocan la flauta” nos negamos a bailar y si nos “cantan
lamentaciones” nos negamos a llorar?
No hay duda. Resulta más cómodo vivir desde
ahora una “Navidad por adelantado” con la fiesta, la comida, la bebida, la
música “típicas” de la época, sin compromiso espiritual alguno, sin necesidad
de cambio (me siento bien como estoy), porque si tomo en serio a Cristo y a su
mensaje, me voy a “poner en evidencia” y me voy a ver obligado a decidir entre
lo que me ofrece Cristo y lo que me ofrece el mundo.
Durante esta época de Adviento la Iglesia nos
invita a dejar que Jesús entre en nuestras vidas, en nuestros corazones, con
todas las consecuencias que ello implica; lo que yo llamo la “letra chica” que
está implícita en el seguimiento del Evangelio. Pidamos al Señor que nos ayude
a comprender que el momento de cambiar y comprometernos es “ahora”. Solo así
seremos acreedores del Reino.
¡Piénsalo!



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