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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

jueves, 13 de enero de 2011

"Oración de invierno".


¡Hola, amigos/as, de nuevo aquí en nuestra "Ventana abierta", esta vez con una oración del sacerdote dominico Fco José Rodríguez Fassio.

Y dice así:
"Señor, estamos en invierno, los campos están desnudos, la tierra dura, es tiempo desapacible, desagradable, nos ataca el frío hasta los huesos, la niebla nos envuelve en una capa de irrealidad, la humedad nos penetra, la nieve es bonita en las postales, pero en la carretera que he de recorrer cada día se convierte en un enemigo terrible, y por añadidura, ¿quién no sufre en este tiempo algún enfriamiento o gripe que te dejan baldado, calenturiento y si fuerzas?

Señor, el invierno es inhóspito, por eso nos guarecemos de él: mantas, calefactores, abrigos...
Cuando dura mucho, sentimos como una hambre de sol y de luz, nuestro cuerpo necesita desencogerse y nuestra alma expandirse.

¿Cuándo vendrá la primavera?

Pero junto al invierno climático, hay Señor, otros inviernos mucho más duros.
Pienso en esos espacios de la vida en que nos invade la tristeza, la depresión, la enfermedad crónica, nos sentimos sufriendo, secos, se nos agria el carácter de puro miedo, de incomodidad ante nosotros mismos; la vida pasa delante de nuestras ventanas, y nosotros sin embargo, estamos aparcados de esa misma vida, aparcados de vivir.

Inviernos son también, Señor, las situaciones de sequedad espiritual cuando Tú no te dejas ver, ni sentir por ningún lado:
Cuando creer parece absurdo, infantiloide, anticientífico, pura superstición.
Cuando nuestra oración se asemeja mucho a un engañarse a sí mismo.
Y cuando la fe se convierte en una tortura especial.
Porque si ya es difícil para un ateo encontrar el sentido del dolor y de la muerte, más cuesta arriba se hace para un creyente que llama a Dios, Padre Bueno.
¿Cómo resistir en esos momentos la distancia entre lo que se cree y lo que se siente?

Es gélida como un invierno, Señor, la falta de frutos de nuestros esfuerzos humanizadores.
¿Por qué parece más eficaz la guerra que la paz, el odio que el amor, la deshonestidad que la honradez?
¿Por qué llamamos "un tío listo", a quien se lo monta a costa de los demás,
 y sin embargo, y con cierta lástima burlona, "un buen hombre, a quien es un hombre bueno"?

Invernal es también constatar cómo se juega con las palabras, hasta servir para engañar, timar, manipular, confundir.
¿Se busca alcanzar la verdad, el consenso, el diálogo, o se prefiere la bronca, el quedar por encima..?

Sí, inviernos síquicos más duros que los primáticos son: la ausencia de paz,  de serenidad, de sentido, de salud, de amor, de comunicación.

Señor, desde nuestros inviernos te pedimos una respuesta.
¿Sirve esto para algo?

Un santo y sabio medieval, Alberto Magno, intentó contestar esta pregunta, cuando dijo:
 "En primavera los árboles crecen por las ramas, pero en invierno crecen los árboles por la raiz".

Tiempo de crecer por la raiz; un árbol sin ella no se agarra sólidamente al suelo, no resiste los vendavales, no puede absorber los jugos alimenticios para fabricar la sabia. Sin raíces no hay ni flor ni cosecha.

Nosotros también, Señor, necesitamos crecer en nuestras raíces, la constancia, la serenidad, la fortaleza, todo lo que nos permite mantenernos en tiempos de intemperie, avanzar en situaciones de oposición, esperar la luz en tiempos de oscuridad.
Sí, nos son precisos los tiempos de las esperas, de las preparaciones, de darle tiempo al tiempo, de respetar los plazos y ritmos, aunque somos impulsivos y queremos la solución aquí y ahora.

Nosotros, Señor, como personas de nuestro tiempo, tenemos una cierta mentalidad de tarjeta de crédito: comprar ahora, disfrutar del producto inmediatamente, y pagar después.
Sin embargo, el tiempo humano funciona al contrario: primero hay que invertir en vida y amor, prepararse, dejar crecer y madurar... Y después, sólo después, y como consecuencia de lo anterior, gozar del fruto.

Los inviernos de nuestra vida, Señor, nos enseñan además, que no somos tan frágiles como pensamos y tememos, que hay en nosotros una enorme capacidad de resistencia al sufrimiento, al sinsentido, a la amargura; que la vida es increíblemente fuerte.
Pero esta capacidad sólo la descubrimos cuando se rompen en añicos todas nuestras falsas protecciones y muletas, y nos enfrentamos con la dificultad a cuerpo descubierto y con fe entera.

Por tanto, Señor, queremos pedirte desde nuestros inviernos, que sepamos utilizarlos positivamente:
 Danos sentido de la realidad para no convertir en montañas, lo que tal vez no sean sino colinas.
Danos humor, mucho humor, para que las penas no nos ahoguen.
Danos confianza en Ti, en los demás y en lo mejor de nosotros mismos.
Danos un realismo humilde, que no sueñe con lo bonita que sería la vida si siempre fuera verano, y más bien pueda reconocer la belleza y las posibilidades de nuestro invierno presente.
Y sobre todo, Señor, no nos permitas instalarnos en el invierno, en la queja permanente, en el victimismo egocéntrico ni en el resquemor.
Concédenos la capacidad de crecer hacia abajo, sabiendo que con ello, ya estamos creciendo hacia arriba".

Adios, amigos, hasta el próximo artículo de "Ventana abierta", si Dios quiere.
Besos.

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