"Ventana abierta"
La Buena Semilla
Daniel, no temas; porque desde el primer día
que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios,
fueron oídas tus palabras.
Daniel 10: 12
¡Dios escucha nuestra oración!
Desde su juventud, el profeta Daniel oraba a
Dios con una gran fe. Oraba fervientemente por su pueblo exiliado junto con él
en Babilonia. Oró durante 21 días (Daniel 10: 13), y aunque la respuesta
solo llegó al final de las tres semanas, Dios lo escuchó desde el primer día.
Estaba atento a las preocupaciones de su muy amado siervo, quien temía por el
futuro de su pueblo.
El libro de los Hechos dice que Cornelio,
comandante de una compañía del ejército romano, quien todavía no conocía el
Evangelio, oraba continuamente. ¿Lo escucharía Dios? Por supuesto: le envió un
ángel para que le dijese: “Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria
delante de Dios” (Hechos 10: 4).
Cuando Agar y su hijo estaban en el desierto
sin recursos, Dios escuchó la voz del niño (Génesis 21: 17).
Dios escucha nuestras oraciones, se acuerda de
ellas y no olvida ninguna. Muy a menudo, solo después de haber recibido lo que
pedimos (curación, éxito en un examen, etc.), creemos haber tenido una
respuesta de parte de Dios. Pero Dios responde de varias maneras: a veces dice
“sí”, otras veces dice “no”, o incluso dice “espera un poco”. ¿Sabemos
discernir su respuesta?
Dios siempre escucha nuestras oraciones,
incluso nuestros suspiros. Permanezcamos serenos y confiemos en el amor de
Dios: la buena respuesta llegará en el momento oportuno.
Jesús oraba continuamente. Decía a su Padre:
“Yo sabía que siempre me oyes” (Juan 11: 42). Dios siempre está atento
para escuchar la voz de sus hijos, y responde en el momento oportuno (Hebreos
4: 16).




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