"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
SOR MATILDE
DOS PARÁBOLAS DEL REINO DE DIOS
26 También decía: « El Reino de Dios es como
un hombre que echa el grano en la tierra;
27 duerma o se levante, de noche o de día,
el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.
28 La tierra da el fruto por sí misma;
primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.
29 Y cuando el fruto lo admite, en seguida
se le mete la hoz, porque ha llegado la siega. »
30 Decía también: « ¿Con qué compararemos el
Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?
31 Es como un grano de mostaza que, cuando
se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en
la tierra;
32 pero una vez sembrada, crece y se hace
mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo
anidan a su sombra. »
33 Y les anunciaba la Palabra con muchas
parábolas como éstas, según podían entenderle;
34 no les hablaba sin parábolas; pero a sus
propios discípulos se lo explicaba todo en privado.
(Mc. 4, 26-34)
Cuanto más nos habla Jesús de la
naturaleza del Reino de Dios, más lejos se aparta de
nuestra comprensión.Así, les dice a los que lo oyen: “sin que él
sepa cómo”... El hombre no sabe de la dinámica del Reino de Dios en
nuestra tierra. Sólo se le deja percibir sus
efectos: que de aparentemente nada, sale todo; de lo que no
se ve, aparece algo pequeño que va haciéndose grande; de un tiempo que
parece baldío, a una estación en la que todo aspira hacia el cielo,
florece y da fruto... ¡Y es que todo lo que se refiere a Dios
está envuelto en el Misterio, pero un misterio bello y fecundo
porque en el Señor todo es “algo” de su poder creador!...
Pone Jesús la parábola del hombre que encomienda su
semilla preciosa a la tierra que avaramente la entierra en sí,
abrazándola y rodeando todo de silencio y espera... ¡Y, ay
del labrador que no sepa sentarse pacientemente y aprenda a amar los
latidos de la tierra, mientras ella no dice
nada!... Esa espera no es inútil, ¡ahí está gestándose
la fuerza del Reino de Dios, que, a su tiempo, dará a luz
algo tan grande que no corresponde a la pequeña tarea de “estar
presente”, de amar la mudez de la tierra!... ¡Dios es grande porque
se ha hecho pequeño!; ¡es poderoso, porque ha asumido la
debilidad de la carne!; y es inmensamente bello, porque supo y
quiso ¡perder la apariencia humana y “ante quien los sensatos volvían el
rostro”!... ¡Éste es nuestro Dios y Su Reino, que se identifica
con Él!…
Y otra parábola les propone Jesús, que nos confirma
la primera... No es un retoño fuerte de un
ciprés altísimo; no es una alta montaña dónde se siembra este germen.
Al contrario, es la tierra humilde y una semillita tan pequeña, que
se pierde casi en la mano: es un granito de mostaza... Y, sin
embargo, este Reino de Dios sembrado en tanta humildad, por la
fuerza germinativa de la gracia, se hace un árbol y en él pueden
hasta anidar todos los pájaros... En este Reino, que es
el Nuevo Reino, inaugurado por Jesús, que caben todos los
hombres y pueden hacer de su Iglesia su propia casa, “el nido
donde colocar sus polluelos”, sus hijos y los hijos de sus hijos; los
justos y también los pecadores. Es el hogar de todos, el “nido
cálido” donde el Amor de Dios se derrama por todos los confines del
orbe...
¡Qué parábolas más consoladoras para nosotros, que nos sabemos
pequeños y débiles y además pecadores!... Es que la Palabra de Dios
siempre “lleva Vida y esta abundante”. ¡Nuestro Dios
es el Dios del consuelo y de la esperanza, que no defrauda!... ¡Por esto,
merece toda nuestra alabanza y adoración!...
¡Bendito sea Dios y Su Palabra divina llena de Amor!...





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