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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Los noes de Dios

"Ventana abierta"


Muchas veces los creyentes nos hacemos la pregunta de que en definitiva:
 ¿Qué podemos pedirle a Dios?
¿Qué está Dios dispuesto a concedernos?

Porque nos da la sensación de que algo falla.

¿Qué podemos hacer nosotros por nuestras propias fuerzas si Dios nos va precisamente a pedir?
¿Y qué tenemos que pedirle a Él porque Él está dispuesto a concedernos esa tarea?

Para algunas personas -y aquí nos instruye el sacerdote dominico Fco. J. Rodríguez Fassio- la vida espiritual, la vida cristiana, la vida profunda, sería una pura gracia, es decir, la cosa sería cruzarse de brazos, esperar sentado, ¡y para eso está Dios, para que haga lo suyo!
Para otras personas, la vida espiritual, la vida cristiana, la vida humana, se trataría de un esfuerzo titánico de cada uno por salvarse a sí mismo; Dios estaría sentado, pasivo, esperando el último día de nuestra vida, con la libreta de notas abierta, para darnos según hayamos hecho de bueno o de malo.

Yo creo que por el contrario -continúa explicando Rodríguez Fassio- basándome en la Biblia, de que la vida de camino espiritual, la vida de santidad, la vida cristiana, en el fondo se trata de algo así como tener un hijo, donde un padre y una madre tienen cada uno su labor, no solamente biológica, sino sicológica, o con dos padres y con dos madres no se tiene ni biológica ni sicológicamente a un hijo.
Pero, ¿cuál es la parte de cada uno?

He encontrado un texto que nos puede servir un poco comentándolo, para aclararnos en esta función y en esta labor.


Este texto dice así:
"Le pedí a Dios que me quitara mis malos hábitos y costumbres.
Y dijo Dios:
¡No! -me dijo- esto no es responsabilidad mía, sino tuya".

Porque es cierto que, ¡ah!, las cosas que no nos gustan no sería bueno  que Dios nos lo quitara como se quita una vestidura vieja o un traje viejo, un abrigo viejo o una camisa rota y se tira a la basura.
Pero nuestras costumbres somos nosotros, nuestros hábitos somos nosotros funcionando, somos nosotros los que tenemos que cambiarlos desde dentro. Tengo yo que enfrentarme con mis lados buenos para aprovecharlo, pero también con mis lados malos para combatirlo, aquí es imposible la pasividad.

"Le pedí a Dios que me concediera paciencia.
Y dijo Dios:
!No!, la paciencia es un producto de la tribulación, no se concede, se alcanza aprendiéndola".

Porque la paciencia no es simplemente el aguantar, sino precisamente el saber vivir con paz, y aprovechando todas las circunstancias de la vida; y la vida tiene que ser como un gimnasio donde nosotros desarrollamos nuestros músculos.

"Le pedí a Dios que me diera felicidad.
Y me dijo:
¡No!, yo te doy bendiciones, la felicidad depende de ti".

Tenemos tantos dones: la vida, la fe, la gente que nos quiere, nuestros talentos..., la felicidad depende de cómo los utilicemos.
La felicidad no es algo que se tiene cuando falla todo lo demás, sino aquello que se tiene cuando se aprovecha todo lo que se es en favor de todos.

"Le pedí a Dios que me quitara el dolor.
Y dijo Dios:
¡No!, el sufrimiento hace comprender el dolor del otro y combatirlo juntos, él, tú y yo.
Porque ¿qué sabe quien no ha sufrido?
Y cómo no hacerme insensible ante los demás.
Y cómo mi propio dolor tiene que servir para sensibilizarme, para salir al encuentro del otro, para curar.

"Le pedí a Dios muchas cosas para gozar de la vida.
Y dijo Dios:
¡No!, yo te daré vida para que disfrutes de todas las cosas".

Es curioso que los países que tenemos más, no somos los más felices; los que tenemos más oportunidades en la vida, no siempre las sabemos aprovechar; y a veces, para lo que nos sirve el tener tantas cosas, es para perder la sensibilidad de gozar de lo simple, de lo pequeño.
Dicen los psicólogos, que estamos embotando nuestro límite, nuestro umbral de sensibilidad para poder disfrutar, y por eso, cada vez necesitamos unos estímulos, más fuertes, más complicados, más caros.
Por eso, la alegría está más bien en la manera que tenemos de vivir las cosas , antes que las cosas que tenemos para vivir.

"Fui triste, y pregunté a Dios si me amaba.
Y me dijo:
¡Sí! -me dijo- por ti mi Hijo se hizo Hombre, y por tu salvación te amó hasta dar la vida".

¿Tomamos en serio los cristianos esto, o basta cualquier dificultad para dudar del amor de Dios?

¿No somos a veces como esos adolescentes malcriados que están exigiendo a sus padres que cumplan sus caprichos, sus necesidades, sin darse cuenta de lo que es la totalidad de la vida ofrecida de sus padres en su favor?

¿Es esto para nosotros argumento suficiente para saber lo que Dios nos ama, no nos conmueve eso?

Y por último:
"Entonces le pedí a Dios que me ayudara a amar a los demás , tanto como Él me ama a mí.
Y dijo Dios:
¿Sabes una cosa? ¡Por fin estás aprendiendo a entender!


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