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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

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Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La dignidad al final de la vida.



ABC


"El ser humano que se encuentra en situaciones

 de debilidad o vulnerabilidad habrá de ser

defendido frente a terceros o incluso frente a sí

mismo. Se le defenderá de decisiones

perjudiciales para él que pueda adoptar en un

 momento de desánimo, por considerar que la

 defensa de su dignidad está por encima de su

 propia autonomía"
     

 La Sociedad Española de Cuidados Paliativos

 (SECPAL) define la sedación como «la administración

 deliberada de fármacos en las dosis y combinaciones

 requeridas para reducir la consciencia de un paciente

 con enfermedad avanzada o terminal, tanto como sea

 preciso para aliviar adecuadamente uno o más

 síntomas refractarios (es decir, síntomas que no es

 posible aliviar de otra manera) y con su

 consentimiento explícito, implícito o delegado». Hay

 que tener en cuenta que rebajar el grado de

 conciencia de una persona no es un acto éticamente

 indiferente: se necesita un motivo lo suficientemente

 serio, pues de lo contrario atentaríamos contra la

 dignidad del paciente al interferir innecesariamente en

 la intimidad más sacra de la persona.
      

No hay que confundir la sedación éticamente

 aplicada con la eutanasia. Como explica la SECPAL,

 ambas difieren en el objetivo, la indicación, el

 procedimiento, el resultado y el respeto a las

 garantías éticas. En la sedación, la intención es aliviar

 el sufrimiento del paciente, el procedimiento es la

 administración de un fármaco sedante (utilizando uno

 adecuado —de vida media corta— y en la dosis

 mínima eficaz), y el resultado es el alivio del síntoma

 refractario. En cambio, en la eutanasia la intención es

 provocar la muerte del paciente, el procedimiento es

 la administración de un fármaco letal y el resultado la

 muerte.
     

 Podríamos decir que la sedación tiene un efecto

 positivo —alivia el sufrimiento— y uno negativo —

reduce el nivel de conciencia—. En cambio, no está

 científicamente demostrado que una sedación

 correctamente practicada (con los fármacos

 adecuados, dosis mínima eficaz y monitorización del

 proceso) acelere la muerte.
    

  Como se ha señalado anteriormente, el estado de

 consciencia de una persona es un bien y debe haber

 una razón de peso para privarla de él. Por lo que no

 es ético sedar por sistema, al final de la vida, a todos

 los pacientes. Por tanto, no es aceptable decir que

 hay —así, en general— un derecho a la sedación: lo

 habrá cuando la sedación esté realmente indicada por

 existencia de un síntoma refractario. Tampoco sería

 éticamente aceptable sedar sin consentimiento del

 enfermo, con el fin de ahorrar molestias al médico o a

 la familia. En cambio, no supone ningún problema,

 sino que es un deber del médico proceder a la

 sedación del paciente con su consentimiento previo

 cuando, agotadas otras posibilidades, se llega a la

 conclusión de que es el único recurso para controlar

 algún síntoma verdaderamente refractario a otros

 tratamientos. En esta situación la sedación paliativa

 es un tratamiento excelente.
     

 En España hay un desigual desarrollo de equipos

 de paliativos, por lo que es necesario aplicar más

 medios económicos y de todo orden para lograr un

a atención de calidad en cualquier punto del territorio

 español para todos aquellos pacientes que precisen

 cuidados paliativos.
     

 La Organización Médica Colegial insistió en esa

 necesidad en un reciente documento y sería deseable

 que los actuales legisladores lo tuvieran en cuenta

 junto con la vigente Ley de Autonomía del Paciente,

 Desde luego, para la atención al final de la vida no

 parece necesaria una nueva ley con límites tan poco

 precisos como los que presenta el anteproyecto

 recientemente aprobado en el Consejo de Ministros.
      

El ser humano, como dicen estos documentos, no

 puede renunciar a su propia dignidad. Ni los

 pacientes ni los médicos.
     

 En este contexto, se explica que se limite la

 autonomía por amor de la dignidad: como, por

 ejemplo, cuando una sociedad civilizada impide que

 alguien se pueda vender voluntariamente como

 esclavo, o la libre venta de órganos, etcétera.
      

En resumen, la dignidad parece fundamentarse

 más que en la autonomía, en la vulnerabilidad. El ser

 humano que se encuentra en situaciones de debilidad

 o vulnerabilidad habrá de ser defendido frente a

 terceros o incluso frente a sí mismo. Se le defenderá

 de decisiones perjudiciales para él que pueda adoptar

 en un momento de desánimo, por considerar que la

 defensa de su dignidad está por encima de su propia

 autonomía. Una dignidad que se caracteriza por sus

 elementos constitutivos, como son la verdad, la

 justicia, la libertad y el amor.
      

Hay que ser muy precisos en lo referente a la

 verdad, tan relacionada con la información al paciente

 y a sus familiares, y con el consentimiento informado.

 Información veraz y sustancial. Todo un proceso, un

 arte, para decir "la verdad soportable". Cargado de

 coherencia entre lo que se piensa, se dice y lo que se

 hace. No la verdad judicial ni parlamentaria ni la del

 consenso, sino la científica. Es esa verdad cuya

 búsqueda la preside la honradez, el juego limpio y la

 objetividad. Es la verdad que soporta y fundamenta a

 la justicia y a la libertad. Hoy, socialmente no es un

 valor en alza, y sin embargo es imprescindible en

 todos los órdenes de la sociedad. Un pueblo que

 admite la mentira es una sociedad profundamente

 enferma.
     

 La justicia a la que me refiero es la del hombre

 honrado, bueno, ajustado, y respetuoso con la

 dignidad del otro. Que reflexiona frecuentemente,

 cuida sus palabras y vela por sus acciones. Una

 justicia que diera la espalda al más elemental sentido

 común, dando lugar al atropello de lo más esencial

 del raciocinio y la evidencia, es un simulacro de

 justicia. Prostituida y aceptada por una sociedad

 confusa por los mensajes de lo políticamente

 correcto, está abocada a la autodestrucción. Un

 atentado a la justicia a la que me refiero es, por

 ejemplo, negar los cuidados básicos del paciente.


La libertad es un valor "sublime". La libertad es la

 garantía de la verdad. Pero como expuse

 anteriormente, tiene unos límites que son la dignidad

 y el respeto a la libertad de los otros.




      La libertad adquiere su auténtico sentido cuando

 se ejercita en servicio de la verdad y resguarda la

 propia dignidad. Una autonomía que prescinda de la

 dignidad es una libertad envilecida.
      

Un atentado contra la libertad que soporta e

 ilumina la dignidad es, por ejemplo, la negación de la

 objeción de conciencia de los profesionales. Una

 injusticia.
   

   Y por último, el Amor. La dignidad se fundamenta

 esencialmente en el Amor. La persona no puede vivir

 sin amor. Es el principal recurso para afrontar el

 sufrimiento (como concluye un estudio nuestro en el

 hospital La Paz: "Contra el dolor, opioides; contra el

 sufrimiento, amor").
     

 Sin amor el hombre no se comprende a sí mismo.

 Sin él se reconoce sin sentido. En ese Amor

 experimentado es donde el paciente, y los sanitarios,

 encuentran su razón de ser. ¿Qué es, si no, la

 vocación, el voluntariado, la entrega, el esfuerzo por

 la tarea bien hecha, la solidaridad, etcétera? «Hay

 que volver al amor y a la amistad con el

 enfermo» (Marañón, 1954).
    

  El amor es servicio. El amor no entiende de

 derechos, se da.
      

Es en el amor sentido y en el amor entregado

 donde el hombre encuentra su grandeza y su valía.

 En una palabra, donde se reconoce a sí mismo como

 digno: tanto el paciente, como el profesional que lo

 cuida.


Manuel González Barón es

director de la cátedra de Oncología médica y

 Medicina paliativa de la Universidad Autónoma

 de Madrid



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