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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

martes, 10 de mayo de 2022

REFLEXIÓN PARA EL MARTES DE LA CUARTA SEMANA DE PASCUA. 10 - Mayo - 2022

"ventana abierta"

 De la mano de María
Héctor L. Márquez (Conferencista católico)

REFLEXIÓN PARA EL MARTES DE LA CUARTA SEMANA DE PASCUA

“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano”.

Hemos dicho en innumerables ocasiones que no basta con creer en Jesús, hay que creerle a Jesús; creer lo que Él nos dice, y actuar conforme a su Palabra. Ese era el problema de los judíos que cuestionaban a Jesús en el pasaje evangélico de hoy (Jn 10,22-30), instándolo a decirles si Él era o no el Mesías: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente”.

Jesús les contesta siguiendo la alegoría del pastor y las ovejas: “Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano”.

“Os lo he dicho y no creéis… porque no sois ovejas mías”. Las ovejas del rebaño escuchan la voz de su pastor y le siguen. Los judíos pertenecían al “pueblo elegido” vinculado por la Alianza de Abraham, una alianza que se transmitía por la carne, por herencia biológica. Por eso estaba representada por un signo canal: la circuncisión. La Nueva Alianza en la persona de Jesús no se transmitiría por la carne, sino por la infusión del Espíritu.

Los judíos no comprendieron esto, por eso no le creyeron. “Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron [la Palabra]. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios” (Jn 1,11-13).

Las ovejas del Buen Pastor son las que le escuchan y le siguen, sin sujeción a la carne o la herencia; y a esas Él les dará vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de Su mano.

No fue por casualidad que el lugar donde por primera vez se llamó “cristianos” a los seguidores de Jesús fue en Antioquía, territorio pagano. Hasta ese momento se les conocía como “seguidores del Camino” (Hc 9,2), un grupo de judíos que eran discípulos de un rabino llamado Jesús de Nazaret.

La primera lectura de hoy nos narra cómo la Palabra de Jesús-Buen Pastor es escuchada y abrazada por los paganos de Antioquía ante la predicación de Bernabé, a quien más tarde se le une Pablo, y entre ambos fundan allí una comunidad de fe. Ya no se trataba de un grupo de judíos siguiendo a su rabino; era un grupo de judíos y gentiles, creyentes en el Cristo resucitado y su anuncio de Reino. Era pues propicio que se les llamara “cristianos”. El nuevo “rebaño” de Jesús.

Nosotros somos herederos de la fe de esos cristianos gentiles. Hemos sido incorporados a Jesús y a la Nueva y Eterna Alianza instituida por Él, no “por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre”, sino porque hemos sido “engendrados por Dios” a través de la infusión del Espíritu que recibimos el día de nuestro Bautismo. El mismo Espíritu que recibieron los Apóstoles el día de Pentecostés, fiesta que ya se divisa en el horizonte.

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