"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
SOR MATILDE
1 Y levantándose todos ellos, le
llevaron ante Pilato.
2 Comenzaron a
acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo,
prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.»
3
Pilato le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Él le
respondió: «Sí, tú lo dices.»
4
Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en
este hombre.»
5
Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea,
desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí. »
6 Al oír
esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.
7 Y,
al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por
aquellos días estaba también en Jerusalén.
8 Cuando Herodes
vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las
cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
9 Le preguntó
con mucha palabrería, pero él no respondió nada.
10 Estaban allí
los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.
11 Pero Herodes,
con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido
vestido y le remitió a Pilato.
12 Aquel día
Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.
13
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo
14
y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero
yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno
de los delitos de que le acusáis.
15 Ni tampoco
Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte.
16 Así que
le castigaré y le soltaré.»
18 Toda la
muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»
19 Este había
sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.
20
Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús,
21
pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»
22 Por tercera
vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito
que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.»
23 Pero ellos
insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada
vez más fuertes.
24
Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.
25 Soltó,
pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y
a Jesús se lo entregó a su voluntad.
26 Cuando le
llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le
cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.
27 Le seguía
una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.
28
Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí;
llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.
29 Porque llegarán
días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y
los pechos que no criaron!
30 Entonces se
pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas:
¡Cubridnos!
31 Porque si
en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»
32 Llevaban además
otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
33 Llegados al
lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la
derecha y otro a la izquierda.
34
Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen. » Se
repartieron sus vestidos, echando a suertes.
35
Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «
A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios,
el Elegido. »
36 también los
soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre
37
y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»
38 Había encima
de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.»
39 Uno de
los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues
¡sálvate a ti y a nosotros!»
40 Pero el
otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la
misma condena?
41
Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en
cambio, éste nada malo ha hecho. »
42
Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino. »
43
Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso. »
44 Era ya
cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda
la tierra hasta la hora nona.
45 El velo
del Santuario se rasgó por medio
46
y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: « Padre, en tus manos pongo mi espíritu »
y, dicho esto, expiró.
47
Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este
hombre era justo. »
48 Y todas
las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se
volvieron golpeándose el pecho.
49 Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea. (LC. 1-49)
Cada evangelista,
relata la Pasión de Cristo, con criterios personales, es decir, según su forma
de ser y aquello que más impresionó su corazón. Todo guiado por la
inspiración del Espíritu Santo que es quién ha escrito esta Palabra
de Dios, para todos los hombres, los de entonces y los que poblarán este
ancho mundo. Y es que: “a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje”.
Así, a
cada uno de nosotros que, leemos y meditamos con reverencia estos pasajes, nos
afectan unas cosas más que otras. Pero el velo de fondo en toda la Pasión
de Cristo, es el Amor del Padre por cada hombre y por la humanidad, tan
necesitada de Él. Porque “el Padre, no perdonó
a su propio Hijo, sino que lo entregó, ala muerte
por nosotros” para que, por su muerte y resurrección de entre los
muertos, tengamos vida eterna y no se frustre el plan salvador de Dios al
crearnos. Porque, Él, quiere que todos lleguemos al
conocimiento de la Verdad, que es Cristo, el Hijo Amado del
Padre.
Nosotros,
ingenuamente, esperamos que en esta tierra se practique la justicia, la equidad
en los derechos y respeto de la dignidad del hombre.
Pero sólo “Jesús, es nuestra Justicia” porque Él, conoce lo que hay en cada
corazón y además, “Él es Santo”... Éstas dos
cualidades, nos faltan a nosotros, por esto, el juicio que
se hizo sobre Jesús de Nazaret, el Santo de Dios, fue un juicio inicuo,
movido no por amor a la verdad que, esto es lo propio de los santos,
sino por hombres malvados que llevados de sus pasiones inconfesables,
condenaron y mataron a Jesús... Pero en esta lid, había un ser
seductor y malo: Satanás que, movía los corazones al mal y no al bien.
Dice
el apóstol: “Si hubieran sabido a quién crucificaban, nunca
hubieran crucificado al Señor de la Gloria”...Pero ahora, su razón
estaba nublada por un solo fin: “quitar de en medio a Jesús”... Pienso,
cuántas veces nos encontramos en la vida con este Enemigo de Dios, que nos
lleva y nos trae a su antojo: Ya sea en la opinión pública, que no nos
deja pensar y ser libres, ante fuerzas más poderosas que nosotros, si no nos
dejamos guiar por el Evangelio de Jesús y de sus leyes que, son santas; Ya
sea también por unirnos a compañías que, quizás no nos llevan a una vida
cristiana de entrega a mis hermanos, por amor; Quizás, buscamos
nuestro bien-estar y centramos nuestra vida en
nuestro “ego”: “Yo y nada más que yo”...
Son
muchas las seducciones que nos rodean, por ello, en estos días, qué bueno y
saludable para el espíritu, el meditar en la Pasión de Cristo, Nuestro
Dios y nuestro Rey... Mirar de frente a los ancianos del
pueblo, a los sacerdotes y escribas, todos que, por su condición,
habían de ser santos y cómo buscan, con
inteligencia, llevar a Pilato a su causa: que Jesús se opone a pagar
los tributos al César; que amotina al pueblo, en contra del poder
romano… Todo, razones políticas bien tramadas... Y Pilato
que, había de ejercer la justicia y obedece al fin, después de forcejeos por
salvar a Jesús, a este grupo obstinado y mentiroso. También
Pilato temía perder su estima ante el César, por las
acusaciones de los judíos... ¿Y qué decir de Herodes, hombre
indigno de su cargo de “Rey de los Judíos”? Sólo deseaba ver
a Jesús, para gozar de cosas maravillosas: milagros y
portentos. Mas, Jesús, al que no busca la verdad, ni se digna
hablarle... Toda esta chusma, rodeaba la condena de Jesús, para morir en la
cruz...
Pero
toda la Pasión de Cristo, no fue un hecho fatal que Dios no supo ni pudo
destruir. El Padre, lo había determinado de antemano para
que, su Cristo, con sus sufrimientos, envueltos en amor, pudiera salvar al
hombre sentenciado a una muerte eterna, a causa de sus
pecados... Así, afirmó Jesús a sus discípulos: “era
necesario que el Mesías padeciera esto, para entrar en
su Gloria”. Y llama “necios y torpes” a los que no
entienden el plan de Dios y por tanto están lejos de su voluntad,
con razones muy humanas, pero no divinas... Todo estaba ya
escrito por los profetas y paso a paso se cumplió en Jesús pues
era, el Fiel Siervo de Dios: “Como un cordero llevado al
matadero, no abría la boca”; “Desfigurado, no parecía hombre”; “Despreciable y
varón de dolores, y con todo, eran nuestras
dolencias las que soportaba” ... “Yahvé, descargó
sobre Él, la culpa de todos nosotros. Fue oprimido
y Él se humilló y no abrió la boca,
como una oveja muda” ... “Arrancado de la tierra de los vivos y
su sepultura, entre los malvados. (Isaías, 52-53) ...
¿Es
que se puede añadir algo ante estos oráculos, tan fieles en su
cumplimiento?... Una y otra vez meditamos y repasamos la Palabra de Dios y
un estremecimiento del corazón se apodera de nosotros: “¡Yo, yo
fui Señor quién te puso en este estado, por mis pecados!... ¡Perdón
Señor y misericordia!” ...
¡Y al
fin, gracias, gracias Jesús y Dios mío, por tanto amor y compasión
hacia esta oveja descarriada que, por tus dolores, has vuelto a llevar
a tu Corazón! ...
!!Gracias,
gracias Dios mío, Amén, Amén!!...





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