"Ventana abierta
¿CUÁL DEBE SER NUESTRA RESPUESTA A LOS TERRIBLES ESCÁNDALOS EN LA IGLESIA?
Web católico de Javier Olivares
La nota de ocho
columnas de la semana pasada no se la llevó el patriótico desfile del Súper
Bowl ni quién sería el mariscal de campo, Drew o Tom, ni tampoco el discurso
del Presidente al Estado de la Unión y su comentario de que hay muchos
operativos terroristas en los Estados Unidos que constituyen verdaderas
"bombas de tiempo". Nada de esto fue la noticia principal. Los
encabezados fueron capturados por la muy triste noticia de que quizá hasta
setenta sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston abusaron de jóvenes a quienes
estaban consagrados a servir. Es un escándalo mayúsculo, uno que muchas
personas que durante largo tiempo han tenido aversión a la Iglesia a causa de
alguna de sus enseñanzas morales o doctrinales, lo están usando como pretexto
para atacar a la Iglesia como un todo, tratando de implicar que después de todo
ellos tenían razón. Muchas personas se han acercado a mí para hablar del
asunto. Muchas otras hubieran querido hacerlo, pero creo que por respeto y por
no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, se abstuvieron;
pero para mí era obvio que estaba en su mente. Y por eso, hoy quiero atacar el
asunto de frente. Ustedes tienen derecho a ello.
No podemos fingir como si no hubiera sucedido. Y yo quisiera discutir cuál debe
ser nuestra respuesta como fieles católicos a este terrible escándalo. Lo
primero que necesitamos hacer, es entenderlo a la luz de nuestra fe en el
Señor. Antes de elegir a sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a
orar toda la noche. En ese tiempo tenía muchos seguidores. Él habló a Su Padre
en oración acerca de a quiénes elegiría para que fueran sus doce Apóstoles, los
doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la
Buena Nueva en Su nombre. Él les dio el poder de expulsar a los demonios. Les
dio el poder para curar a los enfermos. Ellos vieron como Jesús obró
incontables milagros. Ellos mismos obraron en Su nombre numerosos milagros.
Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor. Uno que había seguido al
Señor, uno, a quien el Señor le lavó los pies, que lo vio caminar sobre las
aguas, resucitar a personas de entre los muertos y perdonar a los pecadores,
traicionó al Señor. El Evangelio nos dice que Él permitió que Satanás entrara
en él y luego vendió al Señor por treinta monedas en Getsemaní, simulando un
acto de amor para entregarlo. "!Judas, " le dijo Jesús en el huerto
de Getsemani", con un beso entregas al Hijo del hombre!" Jesús no
eligió a Judas para que lo traicionara. Él lo eligió para que fuera como todos
los demás. Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que
Satanás entrara en él y, por su traición termino haciendo que Jesús fuera
crucificado y ejecutado. Así que desde los primeros doce que Jesús mismo
eligió, uno fue un terrible traidor. A VECES LOS ELEGIDOS DE DIOS LO
TRAICIONAN. Este es un hecho que debemos asumir. Es un hecho que la primera
Iglesia asumió. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo
que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría
estado acabada antes de comenzar a crecer. En vez de ello, la Iglesia reconoció
que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes sí lo
viven. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los
otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo,
nosotros estamos aquí hoy. Es gracias a los otros once -todos los cuales,
excepto San Juan, fueron martirizados por Cristo y por el Evangelio, por el
cual estuvieron dispuestos a dar sus vidas para proclamarlo- que nosotros
llegamos a escuchar la palabra salvífica de Dios, que recibimos los sacramentos
de la vida eterna. Hoy somos confrontados por esa misma realidad. Podemos
centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor, aquellos que abusaron en vez
de amar a quienes estaban llamados a servir, o, como la primera Iglesia,
podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos
sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para
servirlos a ustedes por amor. Los medios casi nunca prestan atención a los
buenos "once", aquellos a quienes Jesús escogió y que permanecieron
fieles, que vivieron una vida de silenciosa santidad. Pero nosotros, la
Iglesia, debemos ver el terrible escándalo que estamos atestiguando bajo una perspectiva
auténtica y completa. El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la
Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora. La
historia de la Iglesia es como la definición matemática del coseno, es decir,
una curva oscilatoria con movimientos de péndulo, con bajas y altas a lo largo
de los siglos. En cada una de esas épocas, cuando la Iglesia llegó a su punto
más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaron a la Iglesia de regreso a
su verdadera misión. Es casi como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz
de Cristo brillara más intensamente. Yo quisiera centrarme un poco en un par de
santos a quienes Dios hizo surgir en esos tiempos tan difíciles, porque su
sabiduría realmente puede guiarnos durante este tiempo difícil. San Francisco
de Sales fue un santo a quien Dios hizo surgir justo después de la Reforma
Protestante. La Reforma Protestante no brotó fundamentalmente por aspectos
teológicos, por asuntos de fe –aunque las diferencias teológicas aparecieron después-
sino por aspectos morales. Había un sacerdote agustino, Martín Lutero, quien
fue a Roma durante el papado más notorio de la historia, el del Papa Alejandro
VI. Este Papa jamás enseñó nada contra la fe -el Espíritu Santo lo evitó- pero
fue simplemente un hombre malvado. Tuvo nueve hijos de seis diferentes
concubinas. Llevó a cabo acciones contra aquellos que consideraba sus enemigos.
Martín Lutero visitó Roma durante su papado y se preguntaba cómo Dios podía
permitir que un hombre tan malvado fuera la cabeza visible de Su Iglesia.
Regresó a Alemania y observó toda clase de problemas morales.
Los sacerdotes vivían abiertamente relaciones con mujeres. Algunos trataban de
obtener ganancias vendiendo bienes espirituales. Privaba una inmoralidad
terrible entre los laicos católicos. Él se escandalizó, como le hubiera
ocurrido a cualquiera que amara a Dios, por esos abusos desenfrenados. Así que
fundó su propia iglesia. Eventualmente Dios hizo surgir a muchos santos que
combatieran esta solución equivocada y trajeran de regreso a las personas a la
Iglesia fundada por Cristo. San Francisco de Sales fue uno de ellos. Poniendo
en riesgo su vida, recorrió Suiza, donde los calvinistas eran muy populares,
predicando el Evangelio con verdad y amor. Muchas veces fue golpeado en su
camino y dejado por muerto. Un día le preguntaron cuál era su postura en
relación al escándalo que causaban tantos de sus hermanos sacerdotes. Lo que él
dijo es tan importante para nosotros hoy como lo fue en aquel entonces para
quienes lo escucharon. Él no se anduvo con rodeos. Dijo: "Aquellos que
cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un
asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo
ejemplo". Pero al mismo tiempo advirtió a sus oyentes: "Pero yo estoy
aquí entre ustedes hoy para evitarles un mal aún peor. Mientras que aquellos
que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen
el escándalo -los que permiten que los escándalos destruyan su fe-, son culpables
de suicidio espiritual."
Son culpables, dijo él, "de cortar de tajo su vida con Cristo, abandonando
la fuente de vida en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía". San
Francisco de Sales anduvo entre la gente de Suiza tratando de prevenir que
cometieran un suicidio espiritual a causa de los escándalos. Y yo estoy aquí
hoy para predicarles lo mismo a ustedes. ¿Cuál debe ser entonces nuestra
reacción? Otro gran santo que vivió en tiempos particularmente difíciles
también puede ayudarnos. El gran San Francisco de Asís vivió alrededor del año
1200, que fue una época de inmoralidad terrible en Italia central. Los
sacerdotes daban ejemplos espantosos. La inmoralidad de los laicos era aún
peor. San Francisco mismo, siendo joven, había escandalizado a otros con su manera
despreocupada de vivir. Pero eventualmente, se convirtió al Señor, fundó a los
Franciscanos, ayudó a Dios a reconstruir Su Iglesia y llegó a ser uno de los
más grandes santos de todos los tiempos. Una vez, uno de los hermanos de la
Orden de Frailes Menores le hizo una pregunta. Este hermano era muy susceptible
a los escándalos. "Hermano Francisco," le dijo, "¿qué harías tu
si supieras que el sacerdote que está celebrando la Misa tiene tres concubinas
a su lado?" Francisco, sin dudar un sólo instante, le dijo muy despacio:
"Cuando llegara la hora de la Sagrada Comunión, iría a recibir el Sagrado
Cuerpo de mi Señor de las manos ungidas del sacerdote." ¿A dónde quiso
llegar Francisco? El quiso dejar en claro una verdad formidable de la fe y un
don extraordinario del Señor. Sin importar cuán pecador pueda ser un sacerdote,
siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia -en Misa,
por ejemplo, cambiar el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo, o en
la confesión, sin importar cuán pecador sea él en lo personal, perdonar los
pecados del penitente-, Cristo mismo actúa en los sacramentos a través de ese
ministro. Ya sea que el Papa celebre la Misa o que un sacerdote condenado a
muerte por un crimen celebre la Misa, en ambos casos es Cristo mismo quien
actúa y nos da Su cuerpo y Su sangre. Así que lo que Francisco estaba diciendo
en respuesta a la pregunta de su hermano religioso al manifestarle que él
recibiría el Sagrado Cuerpo de Su Señor que sus manos ungidas del sacerdote, es
que no iba a permitir que la maldad o inmoralidad del sacerdote lo llevaran a
cometer suicidio espiritual. Cristo puede seguir actuando y de hecho actúa
incluso a través del más pecador de los sacerdotes. ¡Y gracias a Dios que lo
hace!
Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del
sacerdote, estaríamos en graves problemas. Los sacerdotes son elegidos por Dios
de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado
como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los
primeros doce Apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero
regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó.
Dios ha hecho los sacramentos esencialmente "a prueba de los sacerdotes",
esto es, en términos de su santidad personal. No importa cuán santos estos sean
o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que hace la
Iglesia, entonces actúa Cristo mismo, tal como actuó a través de Judas cuando
Judas expulsó a los demonios y curó a los enfermos. Así que, de nuevo, les
pregunto: ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia a estos actos? Se ha
hablado mucho al respecto en los medios. ¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor,
asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado?
Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar
mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su
manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue
en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada.
Pero aún esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas
de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor!
Pero ni siquiera esto es lo adecuado. El Cardenal Law ha hecho que la mayoría
de los rectores de las escuelas de medicina en Boston trabajen en el
establecimiento de un centro para la prevención del abuso en niños, que es algo
que todos nosotros debemos apoyar. Pero ni siquiera esto es una respuesta
suficiente ¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, -, como San
Francisco de Sales reconoció en 1600 e incontables otros santos han reconocido
en cada siglo-, es la SANTIDAD!
¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una
crisis de santidad! La santidad es crucial, porque es el rostro autentico de la
Iglesia. Siempre hay personas -un sacerdote se encuentra con ellas
regularmente, ustedes probablemente conocen a varias de ellas también-, que
usan excusas para justificar por qué no practican su fe, por qué lentamente
están cometiendo suicidio espiritual. Puede ser porque una monja se portó mal
con ellos cuando tenían 9 años. O porque no entienden las enseñanzas de la
Iglesia sobre algún asunto particular. Indudablemente habrá muchas personas
estos días -y ustedes probablemente se encontraran con ellas- que dirán:
"¿Para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia, si la Iglesia no
puede ser verdadera, cuando los así llamados elegidos son capaces de hacer el
tipo de cosas que hemos estado leyendo?" Este escándalo es como un
perchero enorme donde algunos trataran de colgar su justificación para no
practicar la fe. Por eso es que la santidad es tan importante. Estas personas
necesitan encontrar en todos nosotros una razón para tener fe, una razón para
tener esperanza, una razón para responder con amor
al amor del Señor. Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de hoy son
una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser
más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los
religiosos y religiosas y dar un testimonio aún mayor de Dios y del Cielo?
Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, incluyendo
a los laicos ! Todos tenemos la vocación de ser santos y esta crisis es una
llamada para que despertemos. Estos son tiempos duros para ser sacerdote hoy.
Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos
para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús
dice en las bienaventuranzas que escuchamos hoy: "Bienaventurados serán
cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal
contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será
grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas
anteriores a ustedes." Yo he experimentado de primera mano esta
bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco. A principios de
esta semana, cuando terminé de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo
del vestidor con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, inmediata
y apresuradamente apartó a sus hijos del camino y los protegió de mi mientras
yo pasaba. Me miró cuando pasé y cuando me había alejado lo suficiente, respiró
aliviada y soltó a sus hijos como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde
en un club deportivo.
Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y
falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo
fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios
realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos
pasados en Estados Unidos, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran
respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es
así.
Uno de los más grandes predicadores en la historia estadounidense, el Obispo
Fulton J. Sheen, solía decir que él prefería vivir en tiempos en los que la
Iglesia sufre en vez de cuando florece, cuando la Iglesia tiene que luchar,
cuando la Iglesia tiene que ir contra la cultura. Esas épocas para que los
verdaderos hombres y las verdaderas mujeres dieran un paso al frente y
contaran. "Hasta los cadáveres pueden flotar corriente abajo," solía decir,
señalando que muchas personas salen adelante fácilmente cuando la Iglesia es
respetada, "pero se necesita de verdaderos hombres, de verdaderas mujeres,
para nadar contra la corriente".
¡Qué cierto es esto! Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para
mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la
Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer
que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que
cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia.
Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser
cristianos.
Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos
difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se
asegurará de que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia
sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía
con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar
totalmente el mundo. En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:
"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no
podrá".
Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su
Iglesia!"
El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá. ¡Ni siquiera nosotros hemos
podido hacerlo!"
Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia
no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo
implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?
El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su
Iglesia fracase. El prometió que las puertas del infierno no prevalecerían
sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo
hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que
van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque
Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo
sigue en la barca y Él nunca la abandonará.
La magnitud de este escándalo podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes
encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo
hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo. ¡Pero nunca
pierdan la confianza en el Señor! !Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus
elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los
servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió
después de la muerte de Judas, cuando los once Apóstoles se pusieron de acuerdo
y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y
escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el
Evangelio hasta ser martirizado por él.
¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más
en la santidad!
¡Estamos llamados a ser santos y cuánto necesita nuestra sociedad ver ese
rostro hermoso y radiante de la Iglesia! Ustedes son parte de la solución, una
parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de
las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él
que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su
autentico rostro.
Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es
porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes
que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer
el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco
valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y
Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser
sacerdote: "¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda
tratarte como Tú mereces!" Eso me dio un ardiente deseo de servir al
Señor.
Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede
ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los
inspire a decir, finalmente, "Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia
podamos glorificar Tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan
encontrarte en el amor y la salvación que yo he encontrado."
Jesús está con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él
sigue en la barca.
Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzo la más grande victoria en
la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y
Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer
un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los
Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI-
jugando un papel estelar. Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y
mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo
vas a responder tú?
Autor: P. Roger J. Landry.
"What our response should be to terrible scandals in the Church"
Texto enviado por Raymundo Trujillo



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