"Ventana abierta"
La Buena Semilla
En cuanto él mismo (Jesús) padeció siendo
tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Hebreos 2: 18
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de
la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos 4: 16
Refugiados
“Una pareja con su bebé se refugian en el
extranjero porque el gobierno de su país ordenó la masacre de los niños
pequeños en su pueblo”. ¿Qué diríamos si leyésemos hoy en un periódico esta
dramática noticia? Sin embargo, se trata del triste resumen de la huida de José
con María y su bebé, llamado Jesús, cuando el rey Herodes mandó matar a todos
los niños menores de dos años en el pueblo de Belén. Los padres de Jesús
huyeron a Egipto y se quedaron allí hasta la muerte de Herodes (Mateo 2:
14-15).
¡Cuántas situaciones similares se producen
todavía hoy en varios países! ¡Cuántas familias tienen que dejarlo todo y huir
de los conflictos! Es sorprendente saber que Jesús y sus padres pasaron por
semejante prueba. El evangelista Mateo cita al profeta Oseas: “De Egipto llamé
a mi Hijo” (Mateo 2: 15). Este antiguo texto se refería inicialmente al
pueblo hebreo que huyó de Egipto donde era esclavo, y fue perseguido por el
ejército de Faraón.
Aplicando este versículo al regreso de Jesús de
Egipto, Mateo subraya que a menudo el Señor Jesús tomó el lugar de su pueblo,
que pasó por circunstancias y sufrimientos semejantes a los suyos. ¡Esto
debería hablarnos! Jesús conoce nuestras tristezas; él mismo vivió muchas
situaciones que nosotros también atravesamos.
¡Él puede comprendernos mejor que nadie, puede
responder nuestras oraciones y consolarnos!



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