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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

sábado, 8 de octubre de 2022

RINCÓN PARA ORAR. UN LEPROSO AGRADECIDO. Sábado, 8 - Octubre - 2022

  "Ventana abierta"

RINCÓN PARA ORAR

SOR MATILDE

UN LEPROSO AGRADECIDO


11 Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea,

12 y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia

13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ¡ten compasión de nosotros!»

14 Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios.

15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz;

16 y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano.

17 Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?

18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?»

19 Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.» (Lc. 17, 11-19)

En este pasaje de la Escritura protagonizado por Jesús, hay “grandes gritos” de lejos y “grandes gritos” de cerca. Los primeros, son de diez hombres leprosos que piden misericordia para ser curados. Y “el grito de cerca”, procede de uno sólo de estos diez. La lepra, enfermedad horrible, les ha hecho identificarse con ella, de forma que, su ser ya no es “un hombre libre”, sino, “un hombre lepra”, desecho de la humanidad, despreciado y alejado de todos sus hermanos y familia. Vive solo en lugares inhóspitos, porque él mismo está así, abocado a la muerte, en un largo penal. Y de este sitio sin vida, surge una lucecita de esperanza en este Jesús que, siempre se acerca a lo que está perdido y lo rejuvenece. Y un grito desgarrador se oye a lo lejos: “¡Jesús, Maestro, ¡ten compasión de nosotros!”! ¿Cómo no iba a llegar este lamento, a los oídos de Jesús y más a su Corazón? Y sin mediar palabra alguna, les manda: “id a presentaros a los sacerdotes”. Ellos, eran los que certificaban de la curación de un leproso y lo restituían a la comunidad.

Y los leprosos, dóciles, obedecieron a Jesús y se pusieron en camino. Y en este ir, notaron que estaban limpios. Cada uno expresaría su alegría desbordante ante semejante cambio de salud en su vida. Más, todos saltaban y reían, pero no dejaban de mirarse a sí mismos. Su gozo, salía de su corazón y acababa en él. Pero hubo uno sólo, que, recapacitó y se dio cuenta de que este cambio tan feliz, procedía de la Palabra de Jesús. Y, volviendo sobre sus pasos, fue en su busca: ¡era justo, darle gracias y postrarse ante Él, reconociéndole su Médico y Salvador! Y daba gritos, alabando a Dios sin tino, ni recato. ¡No era para menos, porque la gratitud se le salía del pecho y así lo mostraba a Jesús!

Este leproso agradecido, era un samaritano, un extraño al pueblo de Dios. Y, sin embargo, sólo él, necesitó dar gracias a Jesús y postrado en el suelo, le alababa y bendecía a Dios y a Jesús que había hecho maravillas en su cuerpo enfermo. Jesús, se extrañó de que sólo uno fuera agradecido y además un extranjero. Y sólo “éste, bajó a su casa justificado” y lleno de la gracia de Dios, porque su fe le había hecho llegar a la fuente del amor que, es el Corazón misericordioso del Señor.

Nosotros, que, recibimos a diario tantos dones y gracias y que hemos sido hechos predilectos por el don maravilloso de la fe, con la que podemos acercarnos a Dios con un solo Espíritu y llamarle Padre, ¡pues en verdad somos sus hijos en el Hijo Jesús!, nosotros, así dotados y enriquecidos, ¿no gritaremos al Señor que nos proteja y no nos deje caer en tentación y nos libre de todo mal, pues “creed que, lo que habéis pedido, lo habéis conseguido y lo recibiréis”?. Y ya seguros y rodeados del amor de Dios, nos postraremos ante Jesús y le daremos gracias y alabaremos “a grandes gritos”, y como el leproso, no saldremos de esta atmósfera, toda ella llena de gracia y salvación. Y esto, aunque “los otros nueve curados”, no nos sigan en esta gratitud.

¡Gracias, una vez más Jesús y esto, hasta la eternidad! ¡Amén! ¡Amén!

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