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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

miércoles, 30 de abril de 2014

Lavatorio de pies. 30 - Abril - 2014.

"Ventana abierta"


Lavatorio de los pies


30 de abril de 2014
P. Eduardo Sanz de Miguel

Cuando yo era niño se decía: "Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol:


 Jueves Santo, 


Corpus Christi


 y el día de la Ascensión". 

Ya solo la fiesta de hoy se celebra en jueves. Por cuestiones laborales, las otras se han trasladado al domingo en casi todo el mundo.
Ya he explicado la historia y las celebraciones del Jueves santo, y he reflexionado sobre la oración sacerdotal de Jesús, que tuvo lugar después de la Última Cena.
También he dedicado varias entradas a hablar de la institución de la Eucaristía.
Hoy voy a hablar del lavatorio de los pies.

El evangelista San Juan introduce la narración del lavatorio de los pies, con un lenguaje especialmente solemne: «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». (Jn 13, 1).

La palabra usada  para hablar del extremo es tèlos (que significa la totalidad, la plenitud). Esta palabra la volvemos a encontrar en el momento de su muerte, cuando Jesús exclama: «Todo está cumplido» (Jn 19,30. Aquí se usa el término tetèlestai). Pues bien, el cumplimiento de la vida de Jesús, su «hora», a la que se encamina todo el evangelio, coincide con su Pascua, de la que el lavatorio de los pies es, al mismo tiempo, anticipo y clave de comprensión.

Para entender el gesto no hemos de pensar en nuestras calles asfaltadas y con alcantarillado. En la época de Jesús, en las calles de tierra se tiraban los restos orgánicos y las comidas de los animales. Además, pocas personas usaban calzado, y las que lo llevaban se limitaban a unas simples sandalias. Lavarse los pies al entrar en casa era un ritual obligado y necesario.


En las familias pudientes lo hacían los esclavos. En las familias pobres, la esposa o las hijas. Para los judíos, era algo tan humillante que un rabino podía pedir cualquier servicio a sus discípulos, excepto que le lavaran los pies.

Al entrar en una casa prestada para la cena, ningún miembro del grupo se sintió llamado a hacer este servicio.

Jesús se quitó el manto y lavó los pies de los discípulos. Voluntariamente ocupó el lugar de los esclavos y de las mujeres, se puso en el lugar más bajo, indicando dos cosas: que Él viene a servir y que no admite que unas personas sean consideradas inferiores a otras.

En otra ocasión, el Señor había dicho: «Cuando el siervo llega a casa después de haber trabajado todo el día en el campo, sirve primero a su amo y después se sienta él a la mesa» (cf. Lc 17,7-8). Sin embargo, Jesús es el Señor que atiende a los criados y les lava los pies; que no vino a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate por muchos (Mt 20,28; Mc 10,45).



Aquí se manifiesta su verdadera identidad. Y en su imitación, la identidad de sus discípulos. Por eso les pide que sigan su ejemplo.


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