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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

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Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

sábado, 19 de julio de 2014

HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE

"Ventana abierta"


HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE
RUBÉN ROQUE STRINA



En el Antiguo Testamento, encontramos un relato encantador, recoge en forma novelada la antigua tradición, referente a una extranjera en tiempo de los jueces, que llegó a ser la abuela del Rey David.  


 Ruth, la mujer protagonista de los hechos, pertenecía al pueblo de Moab, viuda de un hombre judío, por seguir incondicionalmente a su suegra (Rt.1,6) se trasladó a Israel y abrazó la fe de su esposo difunto.

En el diálogo de las mujeres se aprecia la sensibilidad de ambas. La suegra desea la felicidad de la joven viuda, y la nuera pretende quedarse a cuidarla, a costa de su futuro.


 "Mientras regresaban al país de Judá, Noemí, dijo a sus nueras: 
- Váyanse, vuelvan cada una a la casa de sus madres...que el Señor les dé lugar para vivir tranquilas en compañía de un nuevo esposo. 
Y las besó" (Rt. 1,7b.10).


 Pero Ruth, respondió: 
- "No insistas en que te abandone y vuelva, porque yo iré donde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras y allí seré enterrada.
 Que el Señor me castigue más de lo debido si logra algo separarme de ti que no sea la muerte" (Rt.1,16s).



 De la abundancia de sus corazones salen estas palabras de generosa entrega.

La suegra era consciente de que la soledad, sería fatal para su vejez, sin embargo en ningún momento, pretende retener a su nuera. 
La joven viuda, muy atractiva, según indica el mismo relato, sabe que podría rehacer perfectamente su vida, pero opta por quedarse a cuidar a la anciana en peligro.
 La historia de estas dos mujeres, lejana en el tiempo y la cultura, pero cercanas en la fe y el amor, pueden iluminar cientos de situaciones similares, protagonizada por mujeres, que ante la disyuntiva, optan por el servicio en el amor... 




 No es difícil encontrar jóvenes que se encuentran en la encrucijada de elegir entre quedarse en casa, cuidando a los padres ancianos y enfermos o desentenderse de la situación, para buscar nuevos horizontes, más prometedores para la realización personal.


 Mujeres a quienes se les escurren los mejores años de sus vidas, junto al lecho de dolor, asumiendo la carga, que otros desprecian.
 Testigos de la prosperidad de familiares y amigas, eligen entregar su vida en el servicio a sus padres, que las necesitan.

 En este sentido, se pueden comprobar verdaderos ejemplos heroicos, vidas cuya trama se va entretejiendo con los hilos dorados del amor y la paciencia. Muchas veces, sin mayor reconocimiento ni valoración para su misión, convierten la existencia, en una anónima oblación de amor.
 Aguantando los reproches, los caprichos y las quejas sistemáticas, atendiendo en las enfermedades, tropiezos y desgastes, pasan sus vidas buscando nuevas motivaciones para mejor servir.
 Por los achaques y las dolencias, muchos ancianos siente la impresión de arrastrar a la deriva, un cuerpo sin valor, exigiendo a quienes los cuidan, buscar permanentemente nuevas motivaciones para incentivarlos, alegrarlos, e infundirles esperanzas, para mantener la calidad de vida hasta el final de sus días.
 También son dignas de destacar aquellas mujeres, esposas y madres, que asumen con valentía la tarea de cuidar a los padres o suegros ancianos e incapacitados.



 Aquí también, gracias a Dios, no faltan testimonios de fortaleza y magnanimidad.
 Situaciones harto complejas para la mujer que debe ocuparse de la educación de hijos jóvenes y adolescentes y a su vez cuidar de ancianos enfermos.



 Los ancianos impedidos, son confiados al cuidado de toda la familia, pero es una realidad que es la mujer quien termina asumiendo lo más pesado del compromiso.
 No es fácil, devolver a los padres en la vejez lo que se ha recibido en la niñez.


 
 Pero parece que Dios, en su infinita justicia, desea que nadie se marche de este mundo sin saldar sus deudas de amor, por eso da la oportunidad a los hijos de pagar a los padres todo lo que recibieron de cuidados y amor cuando lo necesitaron.





 El cuidado y atención de los ancianos por parte de la familia es un deber ineludible, lo contrario, sería una gran injusticia.
 La atención de los ancianos debe ser un valor vivido y enseñado en el seno de cada hogar. La familia que no cuida a los ancianos, desprecia su pasado.



 Quien sienta la tentación de abandonar a sus padres ancianos, por sus exigencias y caprichos, recuerde que la vejez, es el destino de todos. Medite en su corazón los consejos del viejo Tobit a su hijo Tobías:
- "No hagas a nadie, lo que no quieras que te hagan" 
(Tb. 4,15).


 La familia tendrá en los ancianos, a pesar de las dificultades, motivos de alegría y consuelo.
 Es signo de humanidad honrar la vida, en todas sus etapas, pero muy especialmente en las más débiles-niños y ancianos- donde la solidaridad y el amor se hacen imprescindibles para vivir.

Extraído del libro: "Tu fe, te ha salvado" de Rubén Roque Strina



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