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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

domingo, 9 de junio de 2013

Homilia del Domingo X. TO. Ciclo C. 9 de junio del 2013

"Ventana abierta"


Homilia del Domingo X. TO. Ciclo C. 

Día 9 de junio del 2013
Document Transcript
P. Federico Almenara Ramírez

1. El entierro del hijo de una madre viuda.


Un entierro siempre sobrecoge un poco. La muerte «llama la atención» de los vivos en todas partes.

Jesús se topa con un entierro a las puertas de Naim. Lo que conmueve a Jesús es la situación de una madre viuda que también le toca enterrar a su hijo. «¡No llores!», le dice. «Esto lo puedo arreglar yo. Yo te puedo devolver la alegría devolviéndote al hijo.»

A diferencia de otros milagros en los que Jesús es solicitado para que intervenga, aquí Jesús toma la iniciativa. Nadie le pide actuar. Nada pide a la madre ni a los que la acompañan para levantar del silencio al joven que llevan a enterrar. Se dirige directamente a él: «¡Levántate!». Y todos vieron el milagro y la visita de Dios a su pueblo aplacando el dolor de una madre viuda. Hay milagros que son explicables sólo por «la entrañable misericordia de nuestro Dios». Nada de extrañar.

Posiblemente en la historia de nuestra vida personal contamos con episodios similares en los que la «misericordia» nos ha movido a hacer algo fuera de lo normal y a recrear la alegría de alguien ... Ciertamente no serán milagros como el de Jesús, pero sí hechos significativos. Cuando al corazón no le ponemos freno, la misericordia actúa y la sonrisa renace.
Muchas veces nos decimos: «¡Qué pena! ¡He dejado pasar la ocasión de hacer una obra buena! ¡Cómo no me decidiría a echar una mano a tal persona!».

Nos sentimos mal cuando nuestros miedos o prejuicios acallan y paralizan el dinamismo al que la misericordia nos lanza. 
El gesto de ternura de Jesús da la impresión de ser enteramente espontáneo; Jesús ve la necesidad y la situación de la viuda y actúa; no pide referencias previas, no se le mueve el corazón hacia la compasión por la importancia de la persona (pues ni se menciona el nombre de la madre viuda). Sencillamente se deja llevar por el sentimiento de misericordia.
 Quizá son estos los gestos que más revelan lo que llevamos dentro.

Proclamar en la asamblea hoy este gesto de Jesús nos puede mover a la confianza. Jesús tiene un corazón que sabe vibrar ante la necesidad del otro. Tenemos un Dios que «siente lástima» ante nuestro dolor, cuando nos ve sufrir. 

Hoy disimulamos mucho el sufrimiento. 
No nos gusta que otros sepan o nos vean sufrir. Maquillamos la pena, aparentamos que todo nos va bien, hasta muy bien... 
Sonreímos para la galería, cuando la verdad es que nos sangra el corazón. 
Porque la madre no escondió su pena, Jesús no pudo esconder su lástima. 
¡Si al menos lleváramos a Jesús nuestras penas... cómo nos aliviaría a llevarlas!

 


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