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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Calor de hogar

"Ventana abierta"


Calor de hogar


¡Hola, amigos/as:
Me he encontrado con esta especie de parábola que me gustaría compartir con ustedes.

"Había una joven pareja de cigüeñas que buscaban con ilusión un lugar para hacer su nido, porque se acercaba el tiempo de ser padres por primera vez.
Por fin, eligieron el campanario de la ermita, lamentando que las torres de la Iglesia y del Ayuntamiento estuvieran ya ocupadas.
Se apresuraron a comenzar su hogar.
Iban y venían en todas direcciones, buscando ramas, trapos y todo aquello que pudiera serles útil.
Las dos ponían todo su empeño en acabar pronto el trabajo, pero les resultaba dura tanta responsabilidad.
Sin embargo, disfrutaban volando sin parar, como venían haciendo desde que eran pequeñas; por eso, sin darse cuenta, sus alas se habían hecho mucho más grandes y fuertes que las de las otras cigüeñas.



Poco tiempo después, nacieron dos pequeñas cigüeñitas.
 Para alimentarlas mejor, volaban hasta un pantano lejano, muy lejano, donde las ranas eran más gordas y las culebras más sabrosas.
De paso se entretenían viendo qué cambios se habían producido en el pueblo o charlaban animadamente con la pareja de cigüeñas que vivía en la torre del Ayuntamiento, o se posaban en lo alto de un poste de la vía del tren y contemplaban este paisaje que empezaban a resultarle familiar.



Cuando el padre o la madre volvían al nido, oían una y otra vez la misma queja de sus crías:
- Habéis estado mucho tiempo fuera.
Tenemos frío en el nido. Necesitamos más calor.


Para solucionarlo trajeron al nido más ramas y más trapos; pero se dieron cuenta de que sólo cuando el padre y la madre, juntos, acurrucaban a sus crías bajo las alas, una corriente de calor recorría a los cuatro, y el nido tenía "calor de hogar".


Un atardecer, mientras la pareja contemplaba la puesta de sol desde lo alto de su poste favorito, charlaron y charlaron sobre lo que ocurría en su hogar:
- Somos jóvenes, tenemos alas fuertes, podemos volar más y más lejos..., me cuesta mucho estar tantas horas en el nido.
- A mí me sucede lo mismo, pero ya ves que los trapos y las ramas no pueden sustituirnos. Es verdad que en el nido hace frío, mucho frío, ¿qué podemos hacer?

Y se les ocurrió algo que podía ayudarles a ser padres este primer año, el más difícil.
Uno al otro se fueron quitando con el pico varias plumas de las alas; se las quitaron con mimo, una a una.


Ahora, con menos plumas en las alas, sólo podrían volar despacito, muy despacito y a baja altura; ahora ya no se irían lejos, a vivir aventuras, como cuando no eran padres.
Cuando llegaron al nido ocuparon su lugar, junto a sus cigüeñitas y, mientras la corriente de calor recorría a los cuatro, les dijeron:
- Ya no faltará calor en el nido.
Os queremos".



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