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Sean bienvenidos
Invitación y bienvenida
Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.
Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.
Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!
Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.
Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...
Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.
Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)
sábado, 19 de noviembre de 2011
La plaza vacante.
jueves, 10 de noviembre de 2011
La Santa Biblia.

miércoles, 9 de noviembre de 2011
Añoranza.

Un año más, celebro la cena de Navidad, saboreando al mismo tiempo mis lágrimas.
Un año más pienso en mis seres queridos que ya no están entre nosotros, al mirar el belén que con tanto cariño e ilusión hemos preparado junto con nuestros pequeños nietecitos.
Porque cada lágrima me acerca un poco más a ustedes.

del Señor.
Gracias por vuestro cariño y cuidados tantos años compartidos.
Ya disfrutáis de una nueva Navidad Eterna.
Para ustedes será siempre Navidad.
Camino por el que el Señor nos guiará, para que no nos desviemos y nos lleve a unirnos de nuevo, y ya para siempre.
Conservar castañas.
martes, 8 de noviembre de 2011
La ilusión.

domingo, 6 de noviembre de 2011
La tristeza buena.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Todos los Santos y fieles difuntos. 1 y 2 de noviembre.
En la festividad de Todos los Santos mirábamos al cielo.
Ahora quiere la Iglesia que nos acordemos de los que están en la antesala: de esos fieles difuntos que aún necesitan purificarse para ser capaces de amar a Dios como se le ama en la Gloria.
Benedicto XVI, en su Encíclica sobre la Esperanza, habla también del purgatorio, y lo ilustra así:
"Algunos teólogos recientes piensan que el fuego que arde, y que a la vez salva, es Cristo mismo Juez y Salvador".
El encuentro con Él es el acto decisivo del Juicio. Ante su mirada, toda falsedad se deshace. Es el encuentro con Él lo que, quemándonos, nos transforma y nos libera para llegar a ser verdaderamente nosotros mismos. En ese momento, todo lo que se ha construido durante la vida puede manifestarse como paja seca, vacua fanfarronería, y derrumbarse. Pero en el dolor de este encuentro, en el cual lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta con toda claridad, está la salvación. Su mirada el toque de su Corazón, nos cura a través de una transformación, ciertamente dolorosa, "como a través del fuego. "Pero es un dolor bienaventurado, en el cual el poder santo de su amor nos penetra como una llama, permitiéndonos ser por fin totalmente nosotros mismos y, con ello, totalmente de Dios".
Al leer este texto me viene a la memoria lo que San Josémaría decía acerca del Purgatorio:
"Cuando el hijo pequeño llega sucio de la calle, la mamá le da un buen baño: lo lava, lo enjabona, lo frota por todas partes, lo perfuma y lo deja hecho un cielo. Luego le planta dos besos y lo viste de fiesta".
¡Si ese es el fuego purificador, me apunto ya!
En este día, miles de personas entran y salen del Camposanto llevando flores a sus seres queridos: crisantemos, lirios, gladiolos y rosas entre otras.
Otros se quedan en misa, dejando sus quehaceres familiares en bóvedas, capillas mausoleos, donde tienen enterrados a quienes un día caminaron sobre la tierra. Sin embargo la realidad de fe no elimina la sensibilidad humana ante el hecho traumático de la muerte, pero le da un sentido.
¿No lloró Jesús ante el sepulcro de Lázaro, a punto de resucitarlo? (Jn 11, 40).
Y ¿No se sintió triste hasta la muerte en Getsemaní y pidió al Padre que pasara de Él el cáliz?. (Mt 26, 39).
Nuestra resurrección seguirá el modelo de Cristo viviendo una vida nueva en la que nos encontraremos a nosotros mismos, pero de un modo diverso:
"Se siembra en corrupción y se resucita en incorrupción; se siembra en vileza y resucita en gloria; se siembra en flaqueza y resucita en fuerza; se siembra cuerpo animal y resucita cuerpo espiritual". (1 Cor 15, 42).
Nosotros conocemos la muerte, como una realidad que ha causado en nuestra carne desgarramientos dolorosos. Acuden a nuestra mente nombres de personas, rostros, palabras hermosas que llenan el recuerdo de los días vividos juntos, o de sufrimientos que nos hacían llorar viendo el dolor de los que hemos amado, que nos dolía casi más que si lo sufriéramos nosotros mismos, impotentes para apagarlo y se nos representan los lugares animados por personas queridas y amadas.
san Agustín nos cuenta su tristeza al morir su madre y su llanto copioso.
El consuelo nos lo ofrece la fe. Pensemos que están con nosotros. Ellos son invisibles, pero no están ausentes. Nos podemos comunicar con ellos por medio de la oración.
Ellos permanecen completamente transfigurados o en vías de maduración. Por eso ofrecemos nuestra oración y sobre todo la Eucaristía, para que la Sangre de Cristo la acelere.
"Si el grano no cae en la tierra y muere, queda infecundo, pero si muere produce mucho fruto". (Jn 12, 24).
De ese grano muerto en el Calvario y enterrado, han brotado tres espigas: la de la vida celeste, la de la vida que se purifica y la que peregrina por este mundo. Las tres están unidas en la caridad.
Estamos unidos con nuestros difuntos, pues la familia no se divide, sino que se transfigura en la ciudad celeste y ellos nos ven, como el jardinero ve las rosas en el jardín, aunque las rosas, que viven una vida inferior, no vean al jardinero.
Nosotros somos esas rosas visibles para ellos, pero ciegos para verlas.
¿Y en la muerte; dónde está la muerte?
"En lugar de la muerte tenía la luz" -escribió un poeta-.
Y otro de los nuestros:
"Morir sólo es morir.
Morir se acaba.
Morir es una hoguera fugitiva.
Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba".
(Martín Descalzo).
Vuestra hermana en el Señor: Angelita...

Seguir la senda
Las manos.
Ella estaba acostada sobre su cama, descansando un rato, y no se percató de mi entrada furtiva en la alcoba.
La miré de pies a cabeza, pero sus manos me llamaron mucho la atención, las manos de mi madre estaban arrugadas.
Sus venas se ven abultadas, y gruesas líneas de piel, como cordoncillos dispersos, se cruzan entre sí.
De primera intención sus manos me parecieron feas, pero me puse a pensar lo que esas manos significaban para mí, y al mirarlas de nuevo, las vi hermosas, dignas, fuertes, como envueltas en luz diamantina.
Esas manos fueron débiles y tiernas un día; luego fueron creciendo y cobraron fuerzas, y se hicieron bonitas. Pero el peso de los años y el sello del trabajo las envejecieron y arrugaron.
Ahora son manos de una mujer anciana, encina noble que se ha ido doblegando ante los ímpetus de la vida.
Yo amo esas manos, ellas se abrieron para cargarme cuando yo era apenas un bultito de carne y huesos.
Siempre estuvieron solícitas para guiar mis pasos trémulos en mi niñez, inciertos en mi juventud y aún no siempre firmes ahora que soy un adulto.

Fueron manos constructoras, que tenían el encanto de transmitir amistad e inyectar estímulo.
Por los dedos de esas manos se derramó la luz de un corazón amante, o fueron como hilos dorados que se entretejieron a mi alrededor para darme protección.
En el hogar esas manos se mantuvieron ocupadas haciendo mil cosas, siempre para hacer el bien.

Ahora son manos temblorosas, arrugadas y sin mucha fuerza pero no han dejado de ser una inspiración para mí,
porque ellas todavía se estiran para abrirle la puerta al hijo/a, que vuelve a casa, para sostener la taza de café que me obsequia durante mis visitas,
o para saludar a cuantos se acercan a ella.
En la tela de la historia, las manos de las madres han hecho mucha labor.

Antes de salir del cuarto, yo me incliné y besé las manos, las bellas manos de mi dulce madre.
Y tú, ¿te has detenido a contemplar las manos de tu madre?
Espero ustedes valoren a su madre.
¡Aprovechen cada segundo que Dios les regala con ella...!











































