"Ventana abierta"

P. Leonardo Molina García. S.J.
Domingo 6º Tiempo Ordinario Ciclo B.
PODER Y COMPASIÓN
José Luis Sicre
Fe adulta
Tras la curación de la suegra de Pedro y a
otros muchos enfermos, Marcos cuenta el primer gran milagro de Jesús: la
curación de un leproso.
La lepra en el antiguo Israel: diagnóstico
y curación
"La lepra, en el sentido moderno, no
fue definida hasta el año 1872 por el médico noruego A. Hansen. En tiempos
antiguos se aplicaba la palabra "lepra" a otras enfermedades; por
ejemplo, a enfermedades psicógenas de la piel" (J. Jeremias, Teologia
del AT, 115, nota 36).
En Levítico 13 se tratan las diversas
enfermedades de la piel: inflamaciones, erupciones, manchas, afección cutánea,
úlcera, quemaduras, afecciones en la cabeza o la barba (sarna), leucodermia,
alopecia. Se examinan los diversos casos, y el sacerdote decidirá si la persona
es pura o impura (caso curable o incurable). De ese capítulo está tomado el
breve fragmento de la primera lectura de este domingo.
Dos casos de lepra: impotencia de Moisés,
poder sin compasión de Eliseo
El milagro de curar a un leproso sólo se
cuenta en el AT de Moisés (Números 12,10ss) y de Eliseo (2 Reyes 5). Es
interesante recordar estos relatos para compararlos con el de Marcos.
Impotencia de Moisés
María y Aarón murmuran de Moisés, no se
sabe exactamente por qué motivo. En cualquier hipótesis, Dios castiga a María
(no a Aarón, cosa que indigna a las feministas, con razón). "Al apartarse
la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida como nieve".
Aarón se da cuenta e intercede por ella ante Moisés. Pero Moisés no puede
curarla. Sólo puede pedirle a Dios: "Por favor, cúrala". El Señor
accede, con la condición de que permanezca siete días fuera del campamento
(Números 12).
El poder sin compasión de Eliseo
El caso de Eliseo es más entretenido y
dramático (2 Reyes 5). Naamán, un alto dignatario sirio, contrae la lepra, y
una esclava israelita le aconseja que vaya a visitar al profeta Eliseo. Naamán
realiza el viaje, esperando que Eliseo salga a su encuentro, toque la parte
enferma y lo cure. Pero Eliseo no se molesta en salir a saludarlo. Le envía un
criado con la orden de lavarse siete veces en el Jordán. Naamán se indigna,
pero sus criados lo convencen: obedece al profeta y se cura. A diferencia de
Moisés, Eliseo puede curar, aunque sea con una receta mágica, pero no siente la
menor compasión por el enfermo.
Jesús: poder y compasión
El relato de Marcos consta de seis
elementos: petición del leproso; reacción de Jesús; resultado; advertencia;
reacción del curado; consecuencias.
Petición del leproso. Tres detalles son importantes en la
actitud del leproso: 1) no se atiene a la ley que le prohíbe acercarse a otras
personas; 2) se arrodilla ante Jesús, en señal de profundo respeto; 3) confía
plenamente en su poder; todo depende de que quiera, no de que pueda.
Reacción de Jesús. Podía haber respondido a la petición del
leproso con las simples palabras: “Quiero, queda limpio”. Con ello, a
diferencia de Moisés y de Eliseo, habría demostrado su poder: no necesita pedir
la intervención de Dios, ni recurrir a remedios cuasi-mágicos. Sin embargo,
antes de demostrar su poder muestra su compasión. Marcos habla de lo que siente
(“lástima”) y de lo que hace (“extendió la mano y lo tocó”). Es lo que esperaba
el sirio Naamán que hiciera Eliseo: tocar su parte enferma. Por otra parte,
quien tocaba a un leproso quedaba impuro; pero a Jesús no le preocupa este tipo de impureza.
Advertencia. Aparentemente, Jesús da dos órdenes
al recién curado: 1) que no se lo diga a nadie; 2) que se presente al
sacerdote. La primera (no decirlo a nadie) resulta extraña, porque Jesús no
pretende pasar desapercibido. Es probable que las dos órdenes estén
relacionadas entre sí, formando una sola: «no te entretengas en decírselo a
nadie, sino ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que
mandó Moisés». ¿Qué había ordenado Moisés? Según el Levítico, el curado debe
ofrecer: dos aves puras (se suponen tórtolas o pichones), dos corderos sin
defecto, una cordera añal sin defecto, doce litros de flor de harina amasada
con aceite y un cuarto de litro de aceite. Con todo ello el sacerdote realiza
un complejo ritual que dura ocho días. Además, el curado deberá afeitarse
completamente el primer día y raparse de nuevo el octavo.
Las palabras finales de Jesús parecen
tener un tinte polémico: «para que les conste». Se pasa del
singular (el sacerdote) al plural (les conste), como si Jesús
pensase en todos sus adversarios que no lo aceptan.
Reacción del curado. No obedece a ninguna de las dos órdenes
de Jesús. Ni se calla ni acude al sacerdote. Según la traducción litúrgica,
«empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones». Una traducción más
literal sería: «empezó a predicar mucho y a divulgar la palabra». Como si el
leproso curado, en vez de atenerse a lo mandado por Moisés prefiriese
convertirse en un misionero cristiano.
Consecuencias. Jesús no puede entrar abiertamente en
ningún pueblo. Debe permanecer en descampado, y aun así acuden a él. ¿Por qué
esta reacción suya? Sabiendo lo que cuenta Marcos más tarde, la respuesta
sería: para no verse agobiado por la multitud de gente que acude a él.
Una lectura simbólica: el leproso es cada
uno de nosotros
Los relatos evangélicos tienen siempre una
gran carga simbólica. Quieren que nos identifiquemos con la situación que
narran. En este caso, con el leproso. Todos llevamos dentro algo, mucho o poco,
de lo que nos sentimos culpables. Podemos negarnos a admitirlo, escondiendo la
cabeza bajo tierra, como el avestruz. O podemos reconocerlo, y acudir
humildemente a Jesús, con la certeza de que “si quieres puedes limpiarme”. Él
tiene el poder y la compasión necesarios para cambiar nuestra vida.
P. Leonardo
CUANDO ME ENFRENTO A
UN TEXTO EVANGÉLICO: Me pregunto:
1. ¿Qué Buena Noticia de Jesús quiere
transmitir el evangelista Marcos a mí y a mi comunidad?
2. ¿Cuál es mi primera impresión al leer el
texto escogido por san Marcos?
3. Lectura ambiental (la describe estupendamente Sicre)
4. Lectura creyente. Tú, lo que eres, (y tu comunidad) lees con
fe, aceptas con fe, sabes que eso se te está comunicando a ti (y a tu
comunidad) No es lectura novelesca, científica, moderna, in… es palabra de Dios
que se nos quiere comunicar.
5. Eso nos lleva a una lectura orante: agradezco, pido, aprendo,
aplico a mi vida, (a mi comunidad…)
6. Lectura pues comprometida, aplicada a mi vida (y a la de mi comunidad…)
Fija tu atención en Jesús…Y, después, en el leproso. Y tú, atento.
Se ponen en relación: ¿cómo actúa Jesús?
¿Rechaza? ¿Es amor comprometido? ¿Salta las costumbres y la ley? ¿Se la “juega”?
¿Cómo se la “juega” el leproso? ¿Por
qué?... ¿Exige? ¿Es impertinente? ¿Acepta humildemente? Y después, ¿qué debe
hacer? ¿Cumplir un rito?
Y yo… ¿tengo lepras (hay muchas clases y
no exclusivamente físicas…), rechazos, malas convivencias, fracasos
personales, decepciones, dudas… ¿qué debo hacer, cómo me debo acercar a
Jesús y cómo hacerlo? ¿Y las de nuestra comunidad?
Señor, si tu quieres, puedes limpiarme. (Imposible quitar una sílaba).



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