"Ventana abierta"
¿EL RELATO DE JONÁS SUCEDIÓ EN REALIDAD?
By Mons. Vittorino Girardi S.
Pienso que mi afirmación puede sorprender a algunos que se podrían hacer esta pregunta.
El libro de Jonás, es
un muy breve escrito (ocupa dos escasas páginas en la edición de la Biblia de
Jerusalén) y difiere de todos los demás libros proféticos. De hecho, se trata
de una narración en que se cuenta la historia de un profeta desobediente al
mandato del Señor, queriendo sustraerse a su misión y que luego se queja con
Dios por el éxito inesperado de su predicación.
El
“héroe” a quien se atribuye esta aventura, por cierto, muy sorprendente,
supuestamente es un profeta de quién se habla en el segundo libro de los Reyes,
de nombre precisamente Jonás hijo de Amittay, quien había sido enviado por Dios
a Jeroboam II, Rey de Samaria-Israel en los años 783-743.
De
la lectura de este breve escrito, resulta del todo evidente, que no puede
tratarse de aquel profeta. Nos encontramos con el caso de un seudónimo, es decir, de alguien que tomó
aquel nombre, pero que no le correspondía, y que había vivido unos trescientos
años antes.
En
efecto, examinando el escrito, se nota rápidamente que el pensamiento, las
expresiones deben mucho a los escritos de los profetas Jeremías y Ezequiel, y
además su lenguaje es posterior a esos escritos. Según los actuales estudiosos
de la Sagrada Escritura, conviene situar la composición del muy breve libro de
Jonás, en el curso del siglo V, es decir, después del Destierro (538 a.C.) Y en
esa época, Nínive, “la gran ciudad”, destruida en el 612 a.C., ya no era más
que un lejano recuerdo.
Hay
otro detalle: en el capítulo 2, nos encontramos inesperadamente con un salmo,
que no guarda relación alguna con la situación concreta de Jonás que
supuestamente se encuentra en el vientre del cetáceo que lo había tragado… Muy
probablemente se trata de una añadidura posterior. Todo en él, nos invita a no
leer las “aventuras” de Jonás, como si se tratara de un relato histórico, sino
como de un “apólogo”, es decir, como una narración inventada con fines
pedagógicos. Es decir, hay que fijarse en lo que nos quiere enseñar, más que en
los supuestos hechos que nos relata. Brevemente: El autor Sagrado nos narra
para enseñar, no para informarnos.
Hay
otras razones para lo que acabo de afirmar… Se lee que el Rey de Nínive se
convirtió con toda su población al Dios de Israel. Un hecho tan importante, sin
duda hubiese sido recordado en alguna página de la Biblia y en los documentos
asirios… y, sin embargo, nada se dice, ni la más mínima referencia.
Los
muchos milagros son descritos, uno tras otro, para dejar en ridículo al pobre
Jonás, en contraste con los otros personajes del relato, quienes nos resultan,
inclusive “simpáticos”, como los mismos marinos “obligados” por el mismo Jonás
a que lo echen a la mar, y lo hacen después de rezar.
Ahora
bien, en tan breves escritos, encontramos una notable variedad de enseñanzas:
la perdición y la ruina de una sociedad sin Dios; el amor de Dios hacia todas
sus criaturas, animales incluidos; la salvación ofrecida a todos sin
distinción; la misión, llena de responsabilidad del mensajero de Dios; el valor
extraordinario del arrepentimiento… Entre tantas enseñanzas, la fundamental,
consiste en hacer comprender que la verdad y la belleza de la religión que Dios
había regalado al pueblo judío, no le aseguraba la honestidad y la coherencia.
De hecho, hay pueblos que, desconociendo la verdadera religión, podrían acoger
la invitación a la conversión, con mayor disposición y eficacia. De verdad,
podemos decir que estamos a un paso de lo que Jesús vivía en contra de lo
fariseos.
Que Jesús haya hecho referencia “a la historia” de Jonás, no debe ser utilizado como prueba de su verdadera historicidad (cfr Mt 12, 39-41). Jesús usa ese ejemplo que ofrecía el A.T. como los predicadores actuales usamos los ejemplos y las parábolas del N.T., como por ejemplo la “historia” del Rico Epulón y de Lázaro, sin pretender con eso, referirse a personajes concretos.
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