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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

domingo, 26 de enero de 2014

El círculo de la generosidad…

"Ventana abierta"


El círculo de la generosidad…

10-10-2013

 

"Cierto día un campesino tocó a la puerta de un convento. Cuando el portero abrió, aquel le extendió un magnífico racimo de uvas.


- "Querido hermano portero, estas son las más bonitas producidas por mi viñedo. Y vengo aquí para regalarlas".

- "¡Gracias! Las llevaré inmediatamente al abad, que se alegrará con este ofrecimiento".

- "¡No! Yo las he traído para ti".

- "¿Para mí?".
El hermano se sonrojó porque consideraba que no merecía tan bello presente de la naturaleza.

- "Sí! insistió el campesino, porque siempre que golpeé esta puerta tú me abriste. Cuando necesité ayuda por haber perdido mi cosecha, tú me dabas todos los días un pedazo de pan y un vaso de vino".

El hermano portero colocó el racimo frente a él y pasó la mañana entera admirándolo: era realmente precioso y por eso resolvió entregar el regalo al abad, que siempre lo había estimulado con palabras de sabiduría. 

El abad se puso muy contento con las uvas, pero se acordó de que había en el convento un hermano enfermo y pensó:
-  "Le daré el racimo. Quizá aporte alguna alegría a su vida".

Y así lo hizo. Pero las uvas no permanecieron mucho tiempo en la habitación del hermano enfermo, porque éste reflexionó:
-  "El hermano cocinero ha cuidado de mí durante tanto tiempo, alimentándome con lo mejor que tenía. Estoy seguro de que se alegrará con esto".

Cuando el hermano cocinero trajo la comida a la hora del almuerzo, le entregó las uvas.

- "Son para ti dijo el hermano enfermo. Como siempre estás en contacto con los productos que la naturaleza nos ofrece, sabrás qué hacer con esta obra de Dios".

El hermano cocinero quedó deslumbrado con la belleza del racimo. Tan perfectas pensó él que nadie mejor que el hermano sacristán para apreciarlas; como él era el responsable de la custodia del Santísimo Sacramento, y lo consideraban un hombre santo.

El sacristán, a su vez, obsequió las uvas al novicio, para que pudiera entender que la obra de Dios está en los menores detalles de la creación. 

Cuando el novicio las recibió, su corazón se inundó de la gloria del Señor, porque nunca había visto un racimo tan lindo. En ese momento se acordó de la persona que le había abierto la puerta: había sido ese gesto el que le había permitido estar hoy en aquella comunidad de personas que sabían valorar los milagros.

Así, poco antes de caer la noche, llevó el racimo de uvas al hermano portero.
- "Come y aprovecha -le dijo- porque pasas la mayor parte del tiempo aquí solo y estas uvas te harán muy feliz".


Y así el racimo fue pasando de hermano en hermano por todo el convento, hasta que llegó de nuevo a la portería donde Pedro, el hermano portero, comprendió finalmente que aquel presente le había sido realmente destinado, y aunque extrañado, decidió que el racimo no diera más vueltas, lo comió con tal gusto saboreando cada una de las uvas de aquel racimo, que le parecieron las uvas más sabrosas del mundo, y durmió feliz". 

De esta manera, quedó cerrado el círculo: el círculo de felicidad y alegría que siempre se extiende en torno a las personas generosas.

"Cuando te interesas por el bien de los demás y compartes de lo tuyo para ayudar a otros, el Señor te lo devuelve, con la misma alegría que tú lo compartiste"




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