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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

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Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita.

domingo, 26 de febrero de 2012

Dar la cara.

"Ventana abierta"


Dar la cara
26 -Febrero- 2012.
Del sacerdote dominico Fco J. Rodríguez Fassio.

 
Hoy es el primer Domingo de Cuaresma.
La Cuaresma es ese tiempo que nos sirve de preparación para celebrar la fiesta de la Semana Santa y de la Pascua, y que está unido ya tradicionalmente a un tiempo para hacer una serie de prácticas, de penitencia, para que nuestro interior esté como más sensibilizado para poder captar lo que significa la Palabra de Dios y los hechos del Señor en su última semana.
Sin embargo, yo creo -nos instruye el sacerdote dominico Fco. J. Rodríguez Fassio- que sería desvirtuar, en cierto modo, lo que significa la Cuaresma y la importancia que tiene para nuestra vida si nos limitásemos a reducirla a una serie de prácticas inconexas, más o menos dolorosas, o difíciles y que tampoco se les ve mucho sentido.
Creo que la mejor manera de entenderla -nos explica Rodríguez Fassio- es ver por qué Jesús decide subir a Jerusalén, aún sabiendo que allí va a encontrar una oposición tan tremenda, una oposición tan dura, que además sabe que van a acabar con Él, y que en Jerusalén realmente reside todo el poder, tanto el poder religioso, poder político, poder social, que ya se ha conjurado para eliminarle.
Él es consciente de que subir a Jerusalén significa arriesgar totalmente su vida y sus discípulos también; dicen que deciden con miedo.
Pero ¿por qué sube a Jerusalén?
Hay un momento en la vida de todo hombre donde, después de haberse definido y expresado, y hablado, llega el momento de dar la cara, es decir, hay situaciones donde no puedes mirar a otro lado ni echarte para atrás, o huyes o simplemente te presentas como eres y haciendo lo que tienes que hacer.


Cuando Jesús sube a Jerusalén, es como dirían los taurinos, la hora de la verdad. Allí, en medio de la oposición, en el centro religioso, social y político, vuelve a decir, ¿será capaz de decir y hacer lo que Él siente y vive que es su mensaje de parte del Padre Dios?
¿Cómo vivirá allí, en esa circunstancia trágica y última, que le va a costar la vida, esos tres grandes valores que consideramos que son los más importantes de toda nuestra vida, pero que son los que nos dan más miedo por las consecuencias que nos traen?
La autenticidad, el vivir los propios valores, el saber cuáles son, establecerse un modo de ser y un proyecto de vida digno, bueno, valioso.
El valor de la sinceridad, de que la palabra no vaya siempre motivada por la mentira, o la estrategia o el doble sentido.
Y por otra parte también la coherencia de la vida, hacer lo que verdaderamente creemos que se debe hacer sin que nada ni nadie estorbe a nuestro compromiso, es decir, se trata de dar la cara de la verdad ante la mentira, de los valores frente a los intereses, de la coherencia frente a la comodidad o a la pereza o a la cobardía.
Y Jesús va a Jerusalén a dar la cara, la hora de la verdad.
No es que haga otra cosa que lo que ha hecho siempre, pero en aquel momento, aquel sitio, en aquellas circunstancias, tiene una especial relevancia, y también unas más tristes consecuencias. Es un poco meterse en la boca del lobo. Su idea de Dios, su predicación sobre Dios, va a producir el choque contra la religión oficial. Su idea de cómo deben ser las relaciones sociales va a chocar contra el sistema político y económico.
Su manera de exigir la responsabilidad del hombre más que el fanatismo de las masas, va a hacer que estas mismas masas que un día lo aclamen, al otro día pidan que lo crucifiquen.
¿Esto por qué lo hace Jesús, por chulería?
No, porque realmente va a sufrir.
Él no es un insensible y va a sufrir físicamente la tortura, la muerte; pero también psicológicamente, el miedo, el rechazo, la traición...
Jesús no es insensible, es valiente.
¿Y por qué?
¿Cuál eran los valores?
¿Cuál era el mensaje de Jesús?
Definir a Dios como Padre y a los hombres como hijos de ese Padre, es decir, un mensaje sobre Dios y sobre los hombres, unido.
Si Dios es Padre, no puede seguirlo sin tener en cuenta a sus hijos.
Si el hombre es hijo de Dios, no puedo quererlo, cuidarlo, tratarlo como se merece si no tengo en cuenta a ese Padre.
La causa de Dios, la causa del hombre, unidas.
¡Es tan fácil separarla!
¡Es tan fácil creer en Dios sin comprometerse con los demás!
¡Es tan fácil comprometerse con los demás sin tener en cuenta a Dios!
Las dos cosas juntas es lo problemático, lo difícil, pero lo completo.
Por eso Jesús da la cara.
Y ahora nosotros, en nuestra Cuaresma, ¿nos vamos a limitar a pasarla de largo?
¿Nos vamos a limitar simplemente a una serie de prácticas penitenciales, pero sin ninguna referencia al resto de la vida ni a la subida de Jesús a Jerusalén, de su opción?
¿O se trata de plantearnos por qué estamos dando la cara?
Cuando llega la hora de la verdad, que son las 24 horas del día, ¿verdaderamente vivimos la solidaridad, la fraternidad, la afiliación?
¿Verdaderamente somos auténticos con nuestro ser cristiano?¿coherentes con nuestro ser cristiano? ¿sinceros con nuestro ser cristiano?
Los dos símbolos grandes de la Cuaresma es la ceniza y la luz, lo inerte y lo vivificante.
Es una opción, a la hora de vivir dando la cara.
 ¿Qué escoges para ti y para los tuyos?


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