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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

miércoles, 11 de diciembre de 2024

RINCÓN PARA ORAR". YO OS ALIVIO DE VUESTRAS PENAS". Miércoles, 11 - Diciembre - 2024

"Ventana abierta"

RINCÓN PARA ORAR

SOR MATILDE

YO OS ALIVIO DE VUESTRAS PENAS

28 « Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.» (Mt. 11, 28-30)

Muchas veces en nuestra vida estamos cansados y agobiados. Parece que este peso que es vivir, quiere quitarnos la alegría por tantas cosas buenas como Dios nos ha regalado con tanto amor y generosidad. Siendo el Señor de todo, se ha preocupado de cada una de sus criaturas. Pero esto que tendría que desbordarnos de acción de gracias y gozo, a veces “las preocupaciones de la vida” quiere como nublarlo con un deje de tristeza.
Jesús al hacerse hombre asumió también todo esto. No pensamos ahora en sus angustias en Getsemaní, sino en el vivir diario con sus apóstoles y mezclado con las gentes de su pueblo judío. Nos cuentan los Evangelios que una vez lloró al contemplar a Jerusalén y verla, en un futuro no lejano, destruida porque “no había conocido el Día de su Venida” y la acogida de la Buena Nueva que traía Jesús desde el cielo, de junto a Dios- Padre: “¡Oh, si al menos tú supieras lo que conduce a la paz!”. Y es que “Jesús era como uno de tantos”.
Y, ¿por qué Jesús se ofrece a aliviarnos y a que “carguemos con su yugo que es llevadero y con su carga que es ligera”?. Porque Él, el primero, lo experimentó en su carne. Y en su unión con el Padre, supo lo que era ser consolado por ÉI: “¡Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu!”. ¡Y, qué manos tan poderosas y amorosas recibían toda la humanidad de su Hijo Querido! ¡Dios-Padre tiene siempre sus manos abiertas para recoger y proteger a cada uno de sus hijos y más a los que claman a sus manos para ser sacados de dificultades y sufrimientos!
Con Jesús hagamos la experiencia de gritar al Padre en cada recodo del camino de nuestra vida. Si al Nombre de Padre no parece hacernos caso, clamemos a ÉI como “Papá, mi Papá”, que sabe todo de mí y lo que más necesito... Y si a este grito continuo y acompasado, vemos que Dios está, pero parece no oírme, clamemos con lágrimas, si es preciso, y llamémosle con el nombre más tierno y cercano que un niño puede decir a su padre: “¡Papaíto mío, ten piedad de mí!”. Y sin tardanza, acudirá a consolarnos y a tomarnos en su regazo por la perseverancia en nuestra oración y nuestro amor constante. ¡Oh, si supiéramos la fuerza que tiene nuestra oración hecha desde lo profundo y tan abandonada en Dios! Dice San Agustín que, “Dios quiere que trabajemos más con nuestra oración que con nuestras propias fuerzas”. Esto comporta una gran fe y confianza en Dios.
Pero, también, es muy importante, porque Jesús así nos lo enseñó: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. La humildad y la mansedumbre de Jesús ha de ir por delante ante nuestras súplicas: pensar de si bajamente porque Dios es el Único Alto y habita en los Cielos. Y mantener fuera de nosotros la ira como reacción a nuestras desgracias. Es lo de Job: “si recibimos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?”.

¡Todo glorifica al Señor de nuestra vida si tenemos ojos limpios! ¡Concédenos, Señor, lo que tú sabes que necesitamos para ser santos! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!

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