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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

domingo, 5 de agosto de 2012

Domingo XVIII del tiempo ordinario. 5 -Agosto - 2012.

"Ventana abierta"


Domingo XVIII del tiempo ordinario.

5 -Agosto - 2012.

 El Pan de Vida.


Monición de entrada, Hna Clarisa:

"Hermanos, paz y bien:
Celebramos hoy la Eucaristía del Décimo octavo domingo del tiempo ordinario desde el Monasterio de las Hnas Clarisas de la Inmaculada y San Pascual, situado en el Paseo de Recoletos de Madrid, y desde aquí, nos ponemos en comunión con todos los enfermos e impedidos.


Nosotros reconocemos que eres el alimento de la Vida eterna.
Tenemos fe en Él, y por eso pedimos su Espíritu de Vida en esta Eucaristía memorial de la oblación del Señor".

Homilía

 D. Manuel González López. Capellán del Monasterio de las Hnas Clarisas.

"Durante el verano, solemos ir los compañeros a suplirnos unos a otros, ayudarnos en las parroquias, dado que el horario siempre cambia. Y uno tiene ocasión, pues, de multiplicar las celebraciones y ver diferentes estilos en los diferentes lugares; y contemplo la tremenda confusión que hay en las parroquiias y en los conventos, y en los movimientos, y en los grupos y asociaciones:
Unos están de pie en un sitio, otros se ponen de pie en otros, unos se ponen de rodillas antes, otros nunca se ponen de rodillas, otros están de rodillas media misa, otros se levantan a destiempo, unos entran antes, otros salen después, otros..., y probablemente, porque nos falta una buena catequesis sobre qué es la Eucaristía y qué es el Pan de Vida. Nos falta también el conocimiento de quiénes somos; porque no puede ser que, vayamos como marionetas: sentaos, de pie, de rodillas, ahora hay que ponerse... Siempre estamos, o interpretamos las normas según queremos, ¿no? 
Hay una objetividad. Por ejemplo, cuando decimos : "Orad hermanos", estamos diciendo, ¡pongámonos de pie!
Simplemente el hecho de decir, "orad, hermanos", porque los hombres oramos en pie, porque somos libres.
Orar en pie es la postura sacerdotal, somos un pueblo de sacerdotes, un pueblo de reyes, no somos un pueblo de esclavos, no estamos sometidos bajo el pecado, oramos en pie.
Y prácticamente toda la misa, excepto el tiempo de reflexión, por ejemplo la homilía o las lecturas estamos sentados, o después de la comunión, o excepto cuando estamos de rodillas para la consagración, la postura sacerdotal es en pie.
Pero es importante el detalle, para que comprendamos la importancia de la misa de hoy que estamos oyendo a Juan en "El Pan de Vida".
¿Por qué decimos, "orad hermanos", que es una monición más larga que simplemente "oremos"?
¿Y por qué nos ponemos de pie simplemente al oir, "Orad hermanos"?
Porque esa oración que el sacerdote va a decir en nombre nuestro, es muy importante.


La oración que se pronuncia sobre el pan y el vino que el pueblo ha traído al altar; esa oración que el sacerdote pronuncia en nombre de la comunidad - porque el presbítero da voz a la comunidad- esa oración tiene siempre que ver con nuestra entrega a Dios, a diferencia de la oración primera o de la oración última que oiremos.
¿Cómo nos encontramos cara a cara con Dios?
¿Cuál es nuestra actitud hacia Dios?
¿Cómo nos ofrecemos hacia Dios?

No podemos estar repanchingados en el asiento, y diciendo: "el Señor reciba de tus manos este sacrificio...".
O repanchingados en el asiento escuchar que el sacerdote levanta las manos y pronuncia una oración que es sublime, porque hoy diremos, "transfórmanos en oración perenne". ¡Ahí es nada, eh!
El pan y el vino que van a ser transformados.
Sobre el pan y el vino decimos, que nosotros seamos transformados en oblación perenne.
Y después, por si fuera poco, redundamos al ofrecer el sacrificio, cuando decimos no solamente recordamos, sino "te ofrecemos", al ofrecernos a Dios juntamente con el sacrificio de Cristo, diremos, "transfórmanos en ofrenda permanente".
Hoy diremos en la oración sobre las ofrendas, "transfórmanos en oblación perenne", y diremos después, en el corazón de la misa, "ofrenda permanente". Y he aquí la comprensión más preciosa de lo que es la gratuidad.  
Porque por una parte se nos dice: "El Pan os lo da gratuitamente el Padre del cielo".
"El Pan que yo daré -diremos el domingo que viene- es mi carne para la vida del mundo. Mi Padre os lo dio como un trigo celeste en el desierto".
El Salmo poéticamente ha dicho que los hombres comieron "Pan de ángeles", o sea, gratuitamente se nos ofrece un Pan; pero la gracia de recibir ese Pan no perecedero, supone por nuestra parte el reconocimiento de fe, es decir, la fe en ese Pan que se nos da gratuitamente, supone la transformación de nuestra vida; una vida que se transforma, no por nuestras propias fuerzas, sino por la gracia del Espíritu Santo, como el pan y el vino se han transformado por la gracia del Espíritu Santo.

 

Y es precisamente -ni antes ni después- cuando el sacerdote impone las manos  sobre el pan y el vino invocando el Espíritu Santo, cuando nos ponemos de rodillas, no cuando decimos: "Santo eres en verdad Señor", o cuando se nos antoja; porque nos ponemos de rodillas para invocar con nuestro cuerpo, el Espíritu Santo, para que nuestro cuerpo caiga; para que igual que el pan y el vino sean transformados. Veremos sólo pan y vino, pero no son pan y vino, son Pan de Vida y Cáliz de Salvación; igual que el pan y el vino serán cambiados, nosotros también podemos ser cambiados; si queremos, si nos anonadamos, si somos cambiados, nos verán igual, la cara no habrá cambiado, la cara será la foto, el carnet de identidad, pero algo habrá cambiado radicalmente al haber venido a misa el domingo, si con fe admitimos que podemos cambiar según Cristo al comulgar con Él.
Los hombres siempre buscamos satisfacciones, el pan, el pan...¡ojo!, que Cristo dice hoy: "No me buscáis porque creeis en mí, sino porque os he dado de comer hasta hartaros". Y Él quiere suscitar la fe, no en un pan, no en cosas materiales, sino en creer en Aquel a quien el Padre selló, Aquel a quien el Padre marcó, por eso Jesús es el marcado, es el sellado, es el Cristo.
Y qué hemos de decir nosotros en este domingo, sino únicamente pidiendo la gracia:
"Señor, danos siempre de ese Pan".
Qué magnífica oración para hoy, ¡eh!, repetir muchas veces a lo largo de esta semana -que acabará con la fiesta de Santa Clara- repetir muchas veces: 
"Señor, danos siempre de ese Pan".
Que no nos alimentemos de lo que yo pienso, de lo que yo creo, de lo que me parece... Siempre andamos con nuestras ideas. ¡No, de Ti! Dejarme transformar por Ti. Transfórmanos en oblación perenne, que me ofrezca Contigo.

 

La samaritana había dicho:
"Dame siempre de ese agua para que no tenga sed".
Hoy decimos después de ser bautizados, de haber recibido ese agua, decimos:
"Danos siempre de ese Pan. Danos siempre de ese Pan que nos transforme, que nos haga dejar el hombre viejo -como dice San Pablo a la comunidad de Éfeso- que los que venimos a misa, aunque tengamos la misma cara de los que no vienen, seamos distintos, que seamos diferentes.

 

Pablo ha dicho en la 2ª Lectura:
"No seáis como los gentiles".
 No podemos mirar el mundo igual que los hombres. 
Un cristiano no puede cobrar el paro y tener otro trabajo.
Un cristiano no puede cobrar un sueldo desmesurado.
Un cristiano por muy político que sea no puede tener las ideas de este mundo de corrupción, de mentira, de avasallamiento, no podemos ser iguales que el resto de los hombres, porque somos hombres y mujeres que nos hemos entregado a Cristo y queremos ser distintos; y si somos iguales que el resto de los hombres, no diremos nada al mundo.
Hoy vivimos un momento terrible, cada vez se ve las cosas peores, no se ve solución a la crisis que tenemos, no hemos vivido, no hemos conocido -al menos yo- una crisis económica como esta, y están pagando el pato los más desfavorecidos.
¿Quién levanta la voz por ellos?
Cuando decimos danos siempre de este Pan, que es la Eucaristía, no podemos olvidar tampoco, ni obviar el pan de los que no tienen pan para comer, de los que hace un año iban de vacaciones, y este año se han quedado los dos en paro y con la hipoteca..., ¿dónde va esa gente, esos problemas reales que la gente vive, ¡eh!, y los causantes es realmente el despilfarro, el tirar por tirar, el cambiar por cambiar; hemos obviado las palabras: austeridad, sobriedad, compartir.

El otro día decía, en una conferencia en televisión, y dije:
"No, los cristianos nunca han olvidado las palabras sobriedad, ni austeridad, ni compartir, las predicamos continuamente, tenemos un tiempo en Cuaresma a propósito para ellos. Pero es bueno que oigamos, como hemos oído hoy en la Palabra, oblación permanente, es decir, nos entregamos a Cristo en favor de los otros.
El Pan que vamos a comulgar es signo de la entrega de Cristo, por eso ya no es pan común, sino Pan para la Vida eterna; porque no todo se acaba con lo que hacemos aquí abajo. Tenemos una perspectiva de eternidad, un cielo nuevo y una tierra nueva.
Pidamos que Él nos sacie al comulgar, de eternidad.
Pidamos realmente que cambiemos entregándonos.
Esto es lo que hoy pedimos y lo que hoy contemplamos, porque el alimento no es otro que Él mismo, porque nuestras ideas, alimentos, trabajos siempre estarán bien y hay que hacerlos con denuedo, pero sin olvidar que es el Espíritu el que nos transforma. 


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