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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

sábado, 2 de noviembre de 2019

Homilías: P. José Antonio Pagola. Sábado, 2 - Noviembre - 2019

"Ventana abierta"


HOMILIA

2 - Noviembre - 2019
P. José Antonio Pagola

Conmemoración de todos los difuntos (C)

LLORAR Y REZAR

Podemos ignorarla. No hablar de ella. Vivir intensamente cada día y olvidarnos de todo lo demás. Pero no lo podemos evitar. Tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrebatándonos a nuestros seres más queridos.

¿Cómo reaccionar ante ese accidente que se nos lleva para siempre a nuestro hijo? ¿Qué actitud adoptar ante la agonía del esposo que nos dice su último adiós? ¿Qué hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y personas queridas?

La muerte es como una puerta que traspasa cada persona a solas. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio. ¿Cómo vivir esa experiencia de impotencia, desconcierto y pena inmensa?

No es fácil. Durante estos años hemos ido cambiando mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más vulnerables. Más escépticos, pero también más necesitados. Sabemos mejor que nunca que no podemos darnos a nosotros mismos todo lo que en el fondo anhela el ser humano.

Por eso quiero recordar, precisamente en esta sociedad, unas palabras de Jesús que sólo pueden resonar en nosotros, si somos capaces de abrirnos con humildad al misterio último que nos envuelve a todos: «No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios. Creed también en mí».

Creo que casi todos, creyentes, poco creyentes, menos creyentes o malos creyentes, podemos hacer dos cosas ante la muerte: llorar y rezar. Cada uno y cada una, desde su pequeña fe. Una fe convencida o una fe vacilante y casi apagada. Nosotros tenemos muchos problemas con nuestra fe, pero Dios no tiene problema alguno para entender nuestra impotencia y conocer lo que hay en el fondo de nuestro corazón.

Cuando tomo parte en un funeral, suelo pensar que, seguramente, los que nos reunimos allí, convocados por la muerte de un ser querido, podemos decirle así:

«Estamos aquí porque te seguimos queriendo, pero ahora no sabemos qué hacer por ti. Nuestra fe es pequeña y débil. Te confiamos al misterio de la Bondad de Dios. Él es para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Sé feliz. Dios te quiere como nosotros no hemos sabido quererte. Te dejamos  en sus manos».

José Antonio Pagola

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HOMILIA

NO A LA MUERTE.
Yo soy la resurrección y la vida


Lo que nosotros llamamos muerte, no es sino terminar de morir. El último instante en que se apaga la vida biológica. En realidad, tardamos en morir veinte, cuarenta o setenta y cinco años. Desde que nacemos estamos ya muriendo. La muerte no es algo que nos llega desde fuera, al final de nuestra vida. La muerte comienza cuando nacemos.

Nos vamos muriendo segundo a segundo y minuto a minuto, gastando de manera irreversible la energía vital que poseemos. Los hombres somos mortales no porque al término de nuestra vida hay un final, sino porque constantemente nuestra vida se va vaciando, se va desgastando y va «muriendo».

Pero la muerte no es problema sólo del individuo humano. La muerte está presente dentro de toda vida, envolviendo con sus brazos poderosos a todo viviente. Se
puede afirmar que todo lo que vive está ya camino de la muerte.

Los animales que corren, vuelan y se agitan por la tierra entera, la vegetación multicolor que cubre nuestro planeta, la vida que se puede encerrar en el universo entero, camina hacia la muerte.

Pero hay que decir todavía algo más. Lo que construyen los vivientes, sus organizaciones, sus grandes sistemas, sus revoluciones, logros y conquistas están abocados también a morir un día.

Y sin embargo, desde el fondo de la vida, de toda vida, nace una protesta. Ningún viviente quiere morir. Y esta protesta se convierte en el hombre en un grito consciente de angustia y de impotencia que refleja y resume el deseo profundo de toda la creación.

Los cristianos creemos que este anhelo por la vida ha sido escuchado por Dios. Jesucristo muerto por los hombres, pero resucitado por Dios, es el signo y la garantía de que Dios ha recogido nuestro grito y quiere encaminarlo todo hacia la plenitud de la vida.

Por eso dentro de esta vida mortal, el creyente es un hombre que afirma la vida y rechaza la muerte. Defiende y promueve todo lo que conduce a la vida, y condena y lucha contra todo lo que nos lleva a la destrucción y la muerte.

Dios ha dicho no a la muerte. La actitud cristiana de defensa de la vida en todos los frentes (aborto eutanasia muertes violentas, opresión destructora...) nace de esa fe en un Dios «amigo de la vida» que en Jesucristo resucitado nos descubre su voluntad de liberarnos definitivamente de la muerte.

José Antonio Pagola

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HOMILIA

EN LAS MANOS DE DIOS

En la casa de mi Padre hay muchas moradas.


El hombre contemporáneo no sabe qué hacer con la muerte. Lo único que se le ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso y volver de nuevo al vértigo de la vida.

Pero, tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante la agonía de ese esposo que nos dice su último adiós? ¿Qué hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y personas queridas?

La muerte es una puerta que traspasa cada hombre o mujer en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?

La liturgia cristiana nos revela cuál es la actitud de los creyentes ante la muerte de nuestros amigos y hermanos.

La Iglesia no se limita a asistir pasivamente al hecho de la muerte ni tan sólo a consolar a los que quedamos aquí llorando a nuestros seres queridos. Su reacción espontánea es de solidaridad fraterna hacia el difunto.

La comunidad cristiana rodea al que muere, pide por él y le acompaña con su amor y su plegaria en ese misterioso encuentro con Dios.

Ni una palabra de desolación o de rebelión, de vacío o duda. En el centro de toda la liturgia por los difuntos, sólo una oración de confianza: «En tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano”.

Es como si dijéramos a ese ser querido que se nos ha muerto: «Te seguimos queriendo, pero tú te vas y tu partida nos entristece. Sin embargo, sabemos que te dejamos en mejores manos. Esas manos de Dios son un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer ahora. Dios te quiere como nosotros no hemos sabido quererte. En Él te dejamos confiados”.

Esta confianza que llena el corazón de los-creyentes de paz y esperanza ante la muerte de nuestros seres queridos no es un sentimiento arbitrario, sino que nace de nuestra fe en Jesucristo resucitado: «Recuerda a tu hijo a quien has llamado de este mundo a tu presencia. Concédele que así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta también con él la gloria de la resurrección”.

Todo esto puede parecer inaceptable a muchos que se acercarán hoy al cementerio a depositar unas flores y recordar experiencias vividas aquí con sus seres queridos. Como decía K Rahner, hay cosas que sólo podemos vivir “si tenemos un corazón sabio y humilde y nos acostumbramos a ver lo que está sustraído a la mirada del superficial y del impaciente”.

José Antonio Pagola

Evangelio: San Marcos 15, 33-39; 16, 1-6. Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta media tarde... 31ª. Semana del T.O. Sábado, 2 - Noviembre - 2019

"Ventana abierta"

Paisajes preciosos

"Ventana abierta"

viernes, 1 de noviembre de 2019

Evangelio: Solemnidad de Todos los Santos. Viernes, 1 - Noviembre - 2019

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Carta Pastoral, Arzobispo de Sevilla. ‘Noviembre, mes de los difuntos’ 2019

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Carta Pastoral Arzobispo de Sevilla


‘Noviembre, mes de los difuntos’


Queridos hermanos y hermanas:

Hoy celebramos la solemnidad de Todos los Santos y mañana la Conmemoración de los Fieles Difuntos, y no quiero que vaya adelante este mes, que en la piedad popular está dedicado a los difuntos, sin dedicar una de mis cartas semanales a quienes “nos han precedido en el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz”

El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 958) nos dice que “la Iglesia peregrina… desde los primeros tiempos del cristianismo, honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos, pues, `es una idea piadosa y santa orar por los difuntos para que sean liberados del pecado’ (2 Mac, 12,46)”.

La visita al cementerio y la oración por nuestros familiares, amigos y bienhechores difuntos, especialmente en el mes de noviembre, es en primer lugar una profesión de fe en la resurrección de la carne, en la vida eterna y en la pervivencia del hombre después de la muerte, uno de los artículos capitales del Credo Apostólico. Gracias a la resurrección del Señor, los cristianos sabemos que somos ciudadanos del Cielo, que la muerte no es el final, sino el comienzo de una vida más plena, feliz y dichosa, que Dios nuestro Señor tiene reservada a quienes viven con fidelidad su vocación cristiana y mueren en gracia de Dios y en amistad con Él.

Los sufragios por los difuntos, entre los que hay que contar también la mortificación y la limosna, son además una confesión explícita de nuestra fe en el dogma de la Comunión de los Santos y de nuestra convicción cierta de que los miembros de la Iglesia peregrina, junto con los Santos del Cielo y los hermanos que se purifican de sus pecados en el purgatorio, constituimos un pueblo y un cuerpo, el Cuerpo Místico de Jesucristo. Somos una familia, en la que todos nos pertenecemos, que participa de un patrimonio común, el tesoro de la Iglesia, del que forman parte los méritos infinitos de Jesucristo, todos los actos de su vida, muy especialmente su pasión, muerte y resurrección, y la oración constante de quien “vive siempre para interceder por nosotros” (Hebr 7,25). A este patrimonio precioso pertenecen también los méritos e intercesión de la Santísima Virgen y de todos los Santos, la plegaria de las almas del purgatorio y nuestras propias oraciones, sacrificios y obras buenas, que hacen crecer el caudal de caridad y de gracia del Cuerpo Místico de Jesucristo.

Los miembros de la Iglesia no somos islas. Todos, vivos y difuntos, estamos misteriosamente intercomunicados por lazos tan invisibles como reales. Todos nos necesitamos y podemos ayudarnos. “Como la Iglesia –nos dice Santo Tomás de Aquino- está gobernada por un solo y mismo Espíritu, todos los bienes que ella ha recibido forman necesariamente un fondo común”. De él todos podemos participar. Por ello, acudimos cada día al Señor y nos encomendamos a la Santísima Virgen, a los Santos y a nuestro ángel custodio. Del mismo modo, podemos y debemos encomendar la fidelidad y perseverancia en nuestros compromisos a la intercesión de las almas del purgatorio, a las que también nosotros podemos ayudar a aligerar su carga y a acortar la espera del abrazo definitivo con Dios, con nuestras oraciones, sacrificios y sufragios, singularmente con el ofrecimiento de la santa Misa. Como es natural, hemos de encomendar en primer lugar a nuestros seres queridos, familiares, amigos y conocidos, pero también a todas las almas del purgatorio, sobre todo, a aquellas que no tienen quienes recen por ellas o están más necesitadas.
En el último día de nuestra vida, en la presencia del Señor, conoceremos en qué medida las oraciones y sacrificios de otras personas por nosotros nos mantuvieron en pie y afianzaron nuestra vida cristiana. Entonces comprobaremos el valor salvífico de nuestra plegaria y de nuestras buenas obras para otros hermanos, cercanos o lejanos, conocidos o desconocidos. Entonces sabremos también cómo nuestra tibieza y nuestros pecados debilitaron el tesoro de gracia del Cuerpo Místico de Cristo, haciéndonos reos de los pecados ajenos, lo cual ya desde ahora debe estimularnos a afinar en nuestra fidelidad al Señor y en el cumplimiento de nuestros deberes.

Al mismo tiempo que os invito a encomendar, especialmente en este mes, a las benditas ánimas del purgatorio a la piedad y misericordia de Dios, entre las que seguramente tenemos familiares y amigos, os recuerdo con el papa Pío XII, en su encíclica Mystici Corporis, el misterio, que él llama “verdaderamente tremendo y que nunca meditaremos bastante”, que la salvación de un alma dependa de las voluntarias oraciones y mortificaciones de otros miembros del Cuerpo Místico de Jesucristo. Este misterio sorprendente debe ser para todos una interpelación constante y una llamada apremiante a la santidad y a vivir con responsabilidad nuestra vida cristiana, pues muchos bienes en la vida de la Iglesia están condicionados a nuestra fidelidad.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

Oración de Comunión Espiritual. Solemnidad de Todos los Santos. Viernes, 1 - Noviembre - 2019

"Ventana abierta"


Oración de Comunión Espiritual


Solemnidad de Todos los Santos


"Nos sentimos dichosos- nos lo dice el sacerdote al mostrarnos el Cuerpo de Cristo- bienaventurados de poder alimentarnos de Él".
Nos acercamos también a comulgar todos los que siguen este blog, "Seguir la Senda", hacemos juntos la Comunión Espiritual, sintamos ahora la dicha del Señor.


"Gracias, Señor Jesús, porque proclamándonos dichosos devolviste la dignidad, el reino y la esperanza a los que el mundo tiene por últimos e infelices, los pobres y los humildes, los que lloran y sufren, los que tienen hambre, los que tienen hambre y sed de fidelidad a Dios, los misericordiosos que saben perdonar a los demás, los que proceden con un corazón limpio y sincero, los que fomentan la paz y desechan la violencia, los perseguidos por servirte a Ti y al Evangelio.



Tengo hambre de la justicia, que la busque en Ti.
Tengo deseo de paz, que no sólo sea una intención.
Que la pobreza sea condición de libertad y no de angustia.
Que mi llanto no me lleve a la desesperación.
Que mi humildad no sea cobardía, que sea misericordioso pero no superficial e indiferente.
Dame los ojos de la fe para ver, y el corazón puro para amar.
Tú, Señor Jesús, eres el ejemplo que nos anima a seguir hasta el final.
Tú, nuestra fuerza, y, gracias porque en este camino, el de la santidad, donde no nos dejas solos, estamos acompañados y alentados por la multitud de nuestros hermanos, los Santos".

Comentarios a la Palabra de Dios. TODOS LOS SANTOS. Viernes, 1 - Noviembre - 2019

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Dominicas Lerma


Comentarios a la Palabra de Dios


1 DE NOVIEMBRE

TODOS LOS SANTOS


Apoc 7,2-4. 9-14
2 Luego vi a otro Ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro Ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar:
3 « No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios. »
4 Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel. 9 Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos.
10 Y gritan con fuerte voz: « La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero. »
11 Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios
12 diciendo: « Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. »
13 Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo: « Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido? »
14 Yo le respondí: « Señor mío, tú lo sabrás. » Me respondió: « Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero.

-    Tras la apertura del sexto sello, el transcurso del acontecer escatológico, parecía tocar muy de cerca el fin. Y en este momento de la mayor tensión, tiene lugar una interrupción con intermedio, que en una visión doble da para los fieles una respuesta a la pregunta que hicieron los impíos al final de la sexta visión de los sellos: “¿y quién puede tenerse en pie?” (6,17). Al desamparo y desesperación de los “que moran sobre la tierra” (6,10) se contrapone la protección y gozosa perspectiva de esperanza de los fieles, en medio de esa atmósfera de ruina (Lc 21,28).

-    A la pregunta: ¿Cuál será la suerte de los elegidos en esos tiempos catastróficos?, sigue la respuesta: con la especial protección de Dios no perecerán en la tierra, y a través de la caducidad de este mundo, llegarán a la meta, junto al trono de Dios. Estas promesas aparecen en dos cuadros relacionados entre sí: la Iglesia en este mundo caótico y la misma Iglesia en la luz y en la paz junto a Dios en la eternidad.

(v. 2-3)     -     El ángel viene del Oriente y promete bienes por el hecho de venir por donde sale el sol, donde la expectativa judía creía hallarse el paraíso del tiempo final. En sus manos lleva el sello de Dios con el que ha de marcar a los elegidos antes de comenzar las nuevas tribulaciones. Con fuego se marcaba en la antigüedad a los animales y esclavos como propiedad de su amo (los adeptos del culto de Dionisos, se grababan una hoja de yedra, Ez 9,2-7): un ángel marca a los temerosos de Dios con una TAU en la frente. Significa pues promesa de protección y pertenencia. Aquí, con esta acción simbólica, Dios promete a los suyos ser preservados, no de las tempestades, sino de perecer en ellas (Jn 17,15).

(v. 4)        -   El número simbólico de los sellados es 144.000= 12x12x1000. El número 12 símbolo de perfección y 1000, símbolo de cantidad grande. Los sellados se reparten homogéneamente entre todas las tribus de Israel, pues en Dios no hay acepción de personas. La tribu de Judá, la mesiánica, va en cabeza y todos por igual, símbolo de que en el nuevo pueblo de Dios no hay diferencia entre judíos y gentiles.

(v. 9-12)   -   Juan ve, después de los elegidos en la tierra, una muchedumbre que ha llegado ya a la meta. Este goce de los elegidos lo consigna Juan para animarnos a la confesión de la fe, si es preciso hasta el sacrificio de la vida. Aquí ya no hay número, es una muchedumbre de elegidos, de todas las naciones, de pie, glorificados (“túnicas blancas”) ante el trono de Dios y con la palma, símbolo de victoria. Con la ayuda de Dios y su protección han conseguido la victoria a través de todas las tribulaciones de la tierra. Su triunfo se lo deben a Dios y al Cordero, fieles en sus promesas.

-    Todos los ángeles del cielo y los dos grupos que rodean el trono confirman esto con una liturgia parecida a la fe (5,12) y casi con las mismas palabras. Aquí se dirige a Dios, allí, al Cordero. Los elegidos no se han doblegado sino ante Dios, con profunda gratitud.

(v. 13-14)     -   Uno de los ancianos pregunta al vidente, y Juan no osa responder, sobrecogido como está de emoción y reverencia (“Señor mío”); así el anciano, que lo sabe mejor que hombre alguno en la tierra, puede explicar lo que está viendo Juan.- “Los que vienen de la gran tribulación”, los que superaron las pruebas del tiempo final y se les entregó la túnica blanca del vencedor (3,5). Su obra, no fue primero mérito propio, su gloria se la deben a la muerte expiatoria del Cordero que causó el perdón y readmisión a la intimidad divina; pero ellos respondieron a la gracia y a la oferta de salvación de Dios. Esto se expresa en una imagen algo contradictoria: blanquear las vestiduras en la sangre del Cordero.

l Jn. 3,1-3
1 Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!. El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
2 Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es.
3 Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

(v. 1)           “Somos hijos de Dios, es decir, hemos nacido de Dios. Esta frase tan manida en el lenguaje cristiano se ha visto equivocada o minimizada por la piedad y es necesario poner al descubierto sus reales dimensiones.
Ser hijo de Dios” en S. Juan no es algo que el hombre posee como criatura de Dios, sino que es un don absolutamente gratuito, que ni se puede esperar, ni se puede imaginar por parte del hombre. Está expresado con gran claridad en el Prólogo del Evo. de Juan (1, 12). Para llegar a ser “Hijo de Dios se necesita una fuerza
(TEKNON) para referirse a los cristianos. Con énfasis se nos hace ver que la filiación singularísima y que sólo posee el Logos, el Hijo Unigénito que está en el seno del Padre.

-    San Juan cuando dice “hijo, referido a los cristianos con respecto a Dios, no emplea la palabra griega que significa -por excelencia- hijo (UIOS). Esta palabra queda reservada para Cristo, emplea única de Cristo es el presupuesto necesario para que nosotros podamos ser “hijos de Dios. Puesto que “permanecemos en El, no sólo nos llamamos, sino que además lo somos:¡Y lo somos!.
Pero se dirige no sólo a lo que somos por gracia, sino al que da la gracia, a este regalo y hacia su amor. Ved que gran amor... es un intenso ruego que brota del fervor, nos quiere llevar S. Juan a reflexionar sobre el amor que nos sustenta y eleva y ello nos hace desembocar en la gratitud. En el (v. 16) se siente más aún la grandeza del don al verlo sobre el trasfondo del “mundo que no comprende. Por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a El. Si se acepta el don del amor se acepta igualmente la extrañeza del mundo (entendido en S. Juan como el campo de las fuerzas del maligno) (2, 15-17) (Jn. 14, 17) (Ef. 1, 5) (Jn. 1, 12; 16, 3).

(v. 2)      -    He aquí el momento culminante de la insospechada y está expresado muy bien en (Jn. 17, 24) contemplaremos la “gloria” de Jesús: el esplendor de su unión de amor con el Padre que le hace una sola cosa con Él. Esta visión de Cristo y de Dios es más que un proceso intelectual, nos expectación de la salvación. El ser hijos de Dios nos trae algo que todavía no puede verse, pero es real; que nos transformaremos de forma transformaremos por la visión (II Cor 5, 17).

- “Aún no se ha manifestado lo que seremos, es decir, lo mejor no ha llegado todavía, esto ha de empaparnos todo el ser. Lo futuro será algo tan fascinador que eclipsará toda la creación actual, pues el “verlo como es Él no se agotará nunca, algo incesantemente nuevo. Y todo esto por el Hijo, por Jesús el Unigénito que murió y resucitó.

(v. 3)        -        Otra vez el pensamiento se convierte en llamamiento para nuestra vida concreta. El motivo más intenso para “santificarse a sí mismo”, (permanecer en Cristo) es esta esperanza en la grandeza de Dios que es luz y amor. La esperanza nos arrebata la filiación divina y nos eleva a lo que “todavía no se ha manifestado”. Porque nuestra consumación, lo que esperamos, no se proyecta desde nosotros, sino desde Dios; y esto debe consolidar y animar el “caminar” del cristiano. Con esta esperanza nos preparamos a nosotros mismos, haciéndonos iguales al “Santo”, al Justo”, a Cristo, haciendo de la conducta de Cristo, la norma de nuestra propia conducta.
Y concluimos: una fe atrofiada, que no está abierta a esta esperanza ¿inspirará el caminar en la luz, en la vida cristiana como Dios quiere?

HOY EL RETO DEL AMOR ES DAR GRACIAS AL SEÑOR POR TANTAS PERSONAS BUENAS QUE HA PUESTO EN TU CAMINO Y QUE YA ESTÁN CON ÉL. Viernes, 1 - Noviembre - 2019

"Ventana abierta"


HOY EL RETO DEL AMOR ES DAR GRACIAS AL SEÑOR POR TANTAS PERSONAS BUENAS QUE HA PUESTO EN TU CAMINO Y QUE YA ESTÁN CON ÉL

Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

INESPERADO

-¡Voy a subir corriendo a mi celda, a ver si me da tiempo!
Sor Matilde estaba entusiasmada, pero verdaderamente tenía que correr... ¡a penas quedaban unos minutos para la misa!
-Voy a por mi tiesto de violetas, que está muy bonito, ¡y creo que es del tamaño ideal para ponerlo con los relicarios!
Y es que ayer tuvimos la misa por la tarde; es decir, ya eran las vísperas de Todos los Santos, por lo que las sacristanas se habían esmerado en adornar la iglesia. Al pie del altar, varios relicarios señalaban el día, entremezclados con flores a modo de guirnalda. ¡Y sor Matilde pensó que su plantita quedaría ahí muy bien!
Los minutos iban pasando. La organista ya estaba preparada para empezar a tocar... ¡y sor Matilde llegó con su florecilla!
Efectivamente, es una planta muy bonita. A toda prisa, la sacristana la cogió y fue a ponerla entre las demás... pero, como no esperaban esta nueva participante, no parecía haber sitio. Finalmente, tras un momento de duda, la puso en el suelo, ¡justo en el centro!, y fue corriendo a su sitio, ¡porque empezaba la misa!
Durante la celebración, yo sólo podía sonreír al mirar la plantita. Había llegado por los pelos... ¡¡pero había conseguido el sitio de honor!!
¿Y acaso no es eso lo que celebramos hoy?
En la Iglesia tenemos cientos de santos bien conocidos, pero, cuando lleguemos al Cielo, ¡encontraremos miles de santos “inesperados”! Como dice el Papa, son “los santos de la puerta de al lado”.
Quizá ni ellos mismos se vieron en vida con aureola. Tal vez son ellos los primeros sorprendidos. Ellos sólo se dedicaron a vivir de Cristo, y Él hizo el resto, poniéndoles en un sitio de honor en su Reino.
Pero, ¡espera!, ¡¡a eso estamos llamados también nosotros!! Como decía un sacerdote al Señor: “Hacerme santo es un imposible para mi debilidad... pero es un simple juego para tu misericordia”. Al fin y al cabo, todos los moradores del Cielo son precisamente eso: ¡pecadores hechos santos!
Hoy es un día de gran fiesta, pues, tú y yo, y todas las florecitas que el Señor tiene plantadas, ¡somos una promesa! Él desea llevarnos a su Reino, y darnos un lugar de honor. ¡Miremos con alegría y esperanza a los que nos han precedido!
Hoy el reto del amor es dar gracias al Señor por tantas personas buenas que ha puesto en tu camino y que ya están con Él. Abuelos, padres, consagrados, amigos... Hoy da gracias por todos esos “ángeles sin alas”, esos santos con zapatillas de andar por casa que tanto te cuidaron entonces, ¡y siguen cuidándote ahora! ¡¡Y muchas felicidades en nuestro día!!
VIVE DE CRISTO
Pd: El calendario “VIVE DE CRISTO 2020” ya está disponible, ¡con su correspondiente boli de dos colores de regalo! Puedes adquirirlo a través de este enlace:
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¡Feliz día!
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©Producciones es El- Vive de Cristo (Dominicas Lerma)
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Sólo se permite un uso para actividades de evangelización
siempre que se publiquen sin ningún tipo de modificación.

UN CORAZÓN NUEVO. Viernes, 1 - Noviembre - 2019

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Nº 37
UN CORAZÓN NUEVO
Contigocaminar.blogspot.com
 H.S.



   A veces necesitamos cambiar nuestra forma de pensar y actuar, es decir, que no sólo necesitamos tener una mentalidad nueva, sino también un corazón. Un nuevo corazón capaz de conseguir una sociedad llena de humanidad, de diálogo, de solidaridad y de perdón. Donde haya más respeto, sinceridad y comprensión.

Donde todo se mire con ojos nuevos, manos extendidas y brazos siempre abiertos. Donde predomine la solidaridad y el amor. Necesitamos tener un gran corazón, mejor, un corazón nuevo. La solidaridad y la disponibilidad crean esperanza, igualdad y fraternidad. Crean un clima de entendimiento, un lenguaje de servicio y, en definitiva, el lenguaje de la vida, el lenguaje del amor.

Convivir es compartir. Descubrirse y descubrir a los demás. Valorar todo eso bueno que tengo y tienen los demás. Aquí estoy porque creo en la amistad, en la convivencia y en la solidaridad.

Más allá de las cosas. Yo quiero romper toda valla que limite mi horizonte. No me resisto a quedar atrapado en tantas cosas. Quiero llegar más lejos de donde llegan mis ojos. No soporto las tinieblas, busco la luz.

Cierto es que cuando consigo lo que buscaba con ilusión…, hay algo que no toco, que no alcanzo, que no consigo; hay algo que intuyo en lo profundo y no lo veo.

Hay algo más allá de las montañas y el mar. Hay algo más allá del azul cielo y las estrellas. Hay algo más allá de mi frágil e inquieto corazón… Yo sigo buscando y ¿sabes? No pierdo nunca la esperanza.

Canción del Evangelio: "Bienaventurados"... 30ª. Semana del T.O. Viernes, 1 - Noviembre - 2019.

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Red Mundial de Oración del Papa. Intención de oración del Papa Francisco para el mes de Noviembre 2019

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