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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

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No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

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No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

domingo, 8 de noviembre de 2015

El extraño caso de la murciana incorrupta, Sor Úrsula Religiosa Capuchina. Domingo, 8 - Noviembre - 2015

"Ventana abierta"


El extraño caso de la murciana incorrupta 

El cuerpo incorrupto de Sor Úrsula, tal y como se conserva en Alicante

ANTONIO BOTÍAS
Domingo, 8 - Noviembre - 2015

La mística Úrsula Micaela Morata profetizaba muertes, tenía el don de la bilocación y su cuerpo se conserva intacto desde hace tres siglos

A Úrsula Micaela Morata, aunque nadie dudaba de que estaba más que muerta, nunca llegaron a enterrarla. Primero, porque su fama de santidad era tal que tuvieron que extender el velatorio durante seis días. Y segundo, porque concluido aquel plazo, las hermanas capuchinas que cuidaban el cuerpo descubrieron que aún estaba caliente y flexible. Así que esperaron y esperaron mientras un olor a nardos, de tanto en vez, inundaba la estancia. De eso hace más de tres siglos.
Aunque la religiosa goza de gran predicamento en Alicante, donde sucedió esta historia, apenas a unos cuantos kilómetros, en esta Murcia de la desmemoria, pocos saben que una de sus paisanas atesora tan grande biografía.
Grande y curiosa. 

A sor Úrsula se le atribuyen toda suerte de prodigios, entre los que figuran los milagros, levitaciones, visiones, ataques físicos del demonio y hasta experimentó la bilocación que supuestamente le permitía estar en dos lugares al mismo tiempo. Sin olvidar el don de profetizar, por ejemplo, un desbordamiento del Segura a su paso por Murcia. Incluso el rey Carlos II, Mariana y Juan José de Austria mantuvieron correspondencia con la murciana. 

Sor Úrsula, como es fácil imaginar, no nació monja. Pero sí lo hizo en Cartagena el 21 de octubre de 1628. Era la menor de trece hermanos, de padre italiano y madre madrileña, una familia acomodada que se sumió en la tragedia cuando la pequeña Úrsula, con apenas tres años de edad, perdió a sus progenitores.

Cuentan las crónicas que, desde muy niña, experimentó episodios místicos. El primero de ellos, cuando contaba cuatro o cinco años y la viruela casi acaba con su vida. Mucho tiempo después, al relatar su autobiografía, habría de escribir que sintió «una inmensa claridad y luz divina» que le llevó incluso a pensar que «estaba ya en la gloria».

De sueño en sueño, llegó a profetizar la muerte de un sacerdote vinculado a la familia y que, como aseguró la joven, le había anunciado que acababa de morir. Desde ese instante, asombrada por su acierto, abandonó a su novio e ingresó en el convento de las Capuchinas de Murcia, el que fundara la beata María Ángela Astorch, otra murciana que atesora una historia digna de contar. Y, por cierto, su cuerpo también se conserva incorrupto en el convento del Malecón.

Sor Úrsula hizo sus votos en 1647 y se convirtió en religiosa. Pero poco habría de durarle el tiempo de la contemplación. Solo un año después, una terrible epidemia de peste la convirtió en improvisada enfermera. Y apenas se había restablecido la comunidad del terrible percance, la célebre riada de San Calixto, en 1651, obligó a las monjas a abandonar su convento, lo que a Úrsula casi le cuesta, además, abandonar la fe.

Acertado anduvo su confesor en aquel tiempo, pues le ordenó que luchara contra la «noche oscura del alma» escribiendo su autobiografía. De hecho, desarrolló una mística paralela a Santa Teresa de Jesús. Tan entregada estuvo a esta tarea que pronto protestaron el resto de religiosas. Algunas, aterradas por las levitaciones y profecías, llegaron a denunciarla ante la Santa Inquisición. No es de extrañar. En cierta ocasión avisó a una familia de que su hijo, soldado en las guerras de Sicilia, acababa de llegar al puerto de Cartagena y debían ir a recogerlo. Allí estaba el joven.

En 1672 se trasladó a la ciudad de Alicante para fundar un convento, del que sería primero vicaria y luego abadesa hasta su muerte, el 9 de enero de 1703. Ya entonces tenía, aparte de 75 años, fama de santidad. 
Murió mientras sujetaba un crucifijo, que las hermanas intentaron quitarle para amortajarla. Pero parecía imposible. Hasta que le pidieron que abriera la mano. Y lo hizo. 
Además, los médicos registraron que el corazón, ya muerta varias horas, permanecía caliente y que un olor a rosas inundaba la celda.

Cumplidos los seis días de velatorio, la comunidad decidió no sepultar el cuerpo hasta que presentara signos de corrupción. Pero los años no parecían pasar por sus carnes. De hecho, en 1742, casi cuatro décadas después de la muerte, el obispo de Orihuela ordenó que el cadáver se conservara en un arca.

El proceso para la beatificación de la religiosa comenzó en 1984, promovido por el entonces obispo, Pablo Barrachina, y concluyó en el año 2009. Corresponde ahora al Vaticano conceder o no la santidad a la murciana. 
Ese mismo año se sometió el cuerpo a un exhaustivo análisis forense que demostró cómo el proceso de momificación natural de la religiosa «es verídico y realmente ocurrió». 


Los científicos no lograron aclarar los motivos, si bien demostraron que en los restos no había vida microbiana. 
El análisis fue dirigido por Fernando Rodes Lloret, jefe de Servicio de Clínica Médico Forense del Instituto de Medicina Legal de Alicante, junto a otros diez especialistas en los campos Antropología Forense, Odontología Forense, Entomología Forense, Radiología y Microbiología.

El estudio añadió que el cuerpo se encontraba, dentro de un orden, en buen estado. A pesar de que durante la Guerra de Sucesión, allá por el año 1706, le ataron una soga al cuello y lo arrastraron por las calles de Alicante. Y otra profanación sufrió el 11 de mayo de 1931, cuando una turba enloquecida saqueó el convento. Por suerte, fue posible rescatar los cuadernos biográficos de la religiosas y algunos documentos que narran la increíble historia de esta mística murciana, tan similar -aunque menos profunda- a la de sor Juana de la Encarnación, otra religiosa murciana cuya obra alcanza cotas literarias tan asombrosas como el olvido al que ha sido sometida.


Los secretos de Sor Úrsula

Sandra Llinares Alicante 12.04.2014



Un equipo de expertos lleva a cabo el primer estudio forense de la fundadora del convento de las Capuchinas en Alicante, conocida como "la monja incorrupta" por su estado de momificación 311 años después de su muerte.

Eran las tres y media de la tarde del 24 de febrero de 2009 cuando el cuerpo de Sor Úrsula Micaela salió por primera vez del Convento de las Capuchinas desde 1703, año en el que murió en el interior de este recinto a la edad de 74 años. Ese día y a esa hora, una ambulancia camuflada trasladaba a "la Monja Incorrupta" al Hospital General de Alicante para empezar el primer y único examen forense que se ha hecho de su cadáver, en buen estado de conservación más de 300 años después, fruto de un proceso de momificación natural que ha mantenido su cuerpo incorrupto pese al paso de los años.

Dos hermanas del convento acompañaron al equipo médico en todo momento, tanto en la ambulancia como en los trabajos de escáner. 


Una de ellas sujetó en el trayecto la mano izquierda de sor Úrsula envuelta en un pañuelo. Un devoto se la cortó cuando ya había muerto al ver su cadáver por la calle durante una profanación.

El buen estado de conservación del cuerpo rodea de misterio a esta monjita de algo más de un metro y cuarenta centímetros que marchó de Murcia a Alicante para fundar el convento de las Monjas Clarisas Capuchinas, que escribió en sus diarios que tenía visiones místicas y que conserva su cuerpo momificado como Santa Teresa de Ávila o los Papas «incorruptos» y cuyas «dotes proféticas» fueron destacadas en sus propios manuscritos.

El primer estudio forense despeja el misterio de esa momificación tan repetida en los llamados Santos y explica que la religiosa falleció bajo un clima que puede desarrollar estos procesos, como la sequedad y el calor. Revela este estudio que la monja estuvo desnutrida y deshidratada durante los últimos años de su vida fruto de una enfermedad periodontal y de problemas bucales que le hacían vomitar lo que comía y bebía, algo que favorece también la momificación de los cadáveres debido a la falta de agua.

Estas son algunas de las conclusiones a las que llega el primer estudio antropológico forense de Sor Úrsula Micaela, recogido en un libro publicado por la Universidad de Alicante y cuyo autor, Fernando Rodes, califica como un trabajo «interesante» que ha sido capaz de corroborar episodios escritos sobre la vida de Sor Úrsula a través de un método científico, además de revelar otros secretos. El trabajo, desde que se realizó el TAC al cadáver hasta que se aunaron las conclusiones y datos biográficos, ha necesitado cuatro años.
La primera parte de la publicación se adentra en la vida de la monja, donde se reproducen sus escritos –que aún pueden contemplarse en el convento de Alicante– así como otros episodios descritos en crónicas contemporáneas. En esta parte, el libro revela una mujer débil con una vida marcadamente mística que sufría por los demás hasta dolerle el corazón.

La vida de Sor Úrsula refleja «profecías» como el desbordamiento del Segura en Murcia o cambios políticos en Alicante. Expone al lector ante la vocación de una monja cuando escucha la llamada de Dios y muestra un Alicante de principios del siglo XVIII cargado de ignorancias ante la enfermedad y las desgracias. La monja se aquejó durante años de la quemazón de sus llagas y del dolor de la enfermedad. El estudio forense ha permitido conocer que sor Úrsula padecía una profunda caries y una fístula en la mandíbula.

Aunque el informe no puede certificar la causa de su muerte, sí ha podido discernir que padecía una enfermedad periodontal crónica de carácter moderado.

El estudio cita grandes monumentos locales como la Concatedral de San Nicolás que era epicentro de los actos religiosos más importantes. Allí llegó, precisamente, la expedición con la que iba sor Úrsula en el carruaje que la trasladó desde Murcia hasta Alicante. Los datos biográficos descubren que las honras le llegaron en Alicante como fundadora del convento de las Capuchinas. 
Tras morir en 1703, relatan las crónicas contemporáneas que su cuerpo sufrió dos profanaciones. La primera en 1706 durante la Guerra de Sucesión. Las tropas inglesas ocuparon la ciudad de Alicante y cometieron todo tipo de actos vandálicos y sacrilegios, entre ellos la profanación del cuerpo de la monja, a la que arrastraron con una soga atada al cuello por la Iglesia y las calles.

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