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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Dios", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Angelita Grueso.

jueves, 7 de agosto de 2014

Te he estado buscando

"Ventana abierta"

Te he estado buscando



Una señora, de unos cuarenta y cinco años, madre de tres hijos, soñó una noche que moría y llegaba a la puerta del Cielo. Oyó que Dios le preguntaba:

- ¿Qué has hecho en la tierra?

Ella pensó en sus trabajos, sus preocupaciones, sus apuros. Pero no encontró nada de valor como para presentar a Dios. Sólo pudo decirle:

- Señor, toda mi vida te he estado buscando.

Y Dios, sonriendo, le respondió:

- Pues ya me has encontrado. Entra.

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No quisiera tener otra cosa que presentar a Dios. 
“¡Si pudiese decirle: Señor, toda mi vida he estado buscándote!”. 
¿Puedo decir hoy, sinceramente, que le estoy buscando? 
Para poder decirlo al final, hay que poder decirlo cada día. Cuando de la vida se hace una búsqueda de Dios, la muerte se convierte en la hora del encuentro.

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