"Ventana abierta"
Por eso empieza así la Cuaresma: tenemos que ir amando a Dios y olvidando -matando- el Yo. Es tiempo para recordar que mi cuerpo se convertirá en polvo; recordar que tengo que cuidar la vida de mi alma; pedir más perdón por mis pecados; prepararme para recibir la salvación y el amor de Jesús que conmemoramos en la Semana Santa.
Una reflexión para cada día de Cuaresma 2026
Padre Javier Olivares
Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después, leyendo con atención el "texto de cada día", charlas con Dios y con María; por último, terminar rezando la "oración final".
ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA
Señor mío, Jesucristo, creo firmemente que estás aquí; en estos pocos minutos de oración que empiezo ahora quiero pedirte y agradecerte.
PEDIRTE la gracia de darme más cuenta de que Tú vives, me escuchas y me amas; tanto, que has querido morir libremente por mí en la cruz y renovar cada día en la Misa ese sacrificio.
Y AGRADECERTE con obras lo mucho que me amas: ¡Tuyo soy, para ti nací ! ¿Qué quieres, Señor, de mí?
Día 33º. Domingo 5º. de Cuaresma
Perdonar siempre. Un
día, la Madre Teresa de Calcuta, encontró sobre un montón de basura una mujer
moribunda que le dijo que su propio hijo la había dejado abandonada allí. La
Madre la recogió y la llevó al hogar de Kalighat. Aquella mujer no se quejaba
de su estado sino de que hubiera sido su propio hijo quien la dejó allí. No
podía perdonarle... La Madre Teresa, que quería que aquella mujer muriese en
gracia de Dios, trataba de convencerla:
¡Debe perdonar a su hijo! le decía. Es carne de su carne y sangre de su
sangre... Sin duda hizo lo que hizo en un momento de locura y ya estará
arrepentido... Pórtese como una verdadera madre y perdónelo... Si ha pedido a
Dios que le perdone sus pecados debe perdonar el que su hijo cometió con usted.
Si lo hace, Dios recompensará su generosidad con un lugar en el Cielo. La mujer
se resistía, pero la gracia terminó venciendo. -Le perdono, le perdono... dijo
por fin llorando. Poco después moría.
Dios mío, dame gracia y amor para perdonar siempre: que ningún día me acueste
guardando rencor a alguien, aunque me parezca que tengo motivos. ¡Me has
perdonado Tú a mí!
Coméntale a Dios con tus palabras algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.
ORACIÓN FINAL
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en la Cruz y escarnecido.
Muéveme ver tu cuerpo tan herido
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Texto del Padre José Pedro Manglano Castellary



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