"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
LA TENTACIÓN, ESTÁ A LA PUERTA
1 Entonces Jesús fue llevado por
el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
2 Y después de hacer un ayuno de
cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3 Y acercándose el tentador, le
dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
4 Mas él respondió: «Está
escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios.»
5 Entonces el diablo le lleva
consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
6 y le dice: «Si eres Hijo de
Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus
manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
7 Jesús le dijo: «También está
escrito: No tentarás al Señor tu Dios.»
8 Todavía le lleva consigo el
diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,
9 y le dice: «Todo esto te daré
si postrándote me adoras.»
10 Dícele entonces Jesús:
«Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él
darás culto.»
11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían. (Mt. 4, 1-11)
“La tentación está a la puerta como una fiera,
pero tú puedes dominarla” (Gén. 4, 7). La tentación está personificada en el
Tentador, un ser infernal cuya obra maldita es arrastrar a su campo y acción a
todos los hombres que habiendo sido creados justos y santos, como quien nos
hizo, en su día, perdieron este privilegio. Y ahora, son sujetos débiles en sí
mismos, dispuestos con facilidad a caer en las redes del Demonio. ¡Jesús vela
por nosotros porque la lucha con el mal es bien desigual!
Pensar que Jesús, el Hijo de Dios hecho Hombre,
¡quiso someterse a esta instigación para enseñarnos en una carne humana a
vencer al Maligno! Y, tan solo lo hizo agarrado fuertemente a la Palabra de
Dios pues Ella, es viva y eficaz y lleva en sí vida eterna que ya, nos está
salvando.
El Diablo tienta a Jesús cuando se halla solo,
desprovisto de otra ayuda; en el desierto y en un estado de necesidad extrema,
cuarenta días ayunando. El demonio tienta siempre queriendo entrar en diálogo y
preguntando con equívocos. Si uno asiente en contestarle, ya hemos dejado una
rendija en el alma que, por cierto, no es para que, entre la luz, sino la
tiniebla.
Pero con Jesús, el Tentador tiene otra táctica:
Le provoca, “si eres Hijo de Dios, emplea tus poderes de Mesías para que tu
obra de redención de los hombres sea muy exitosa, con el poder y obras
maravillosas que deslumbrarán a todos”.
Pero Jesús, nos va a salvar con las armas de la
humildad, la pobreza y la obediencia al Padre. Este es el plan de Redención
que, el Padre escogió misteriosamente para su Hijo divino. “Este es mi Hijo
amado, escuchadle”.
Si así quiso el Padre, salvar a todos los
hombres del pecado y de la muerte, ¿es que nosotros vamos a quedar excluidos de
este camino que es doloroso y también bendito y santo? ¡No, por esto en esta
lucha con el poder de las nieblas, Jesús y su Palabra estarán siempre a nuestro
lado, y la victoria es de nuestro Dios! Él, abate, al fin, a nuestro
Adversario, por el Amor que Jesús nos tuvo en su Pasión, Muerte y, con la
gloria de su Resurrección.
Tentados sí, pero ¡vencidos no!; Acosados sí,
¡pero no abandonados!, Jesús, como nuestro hermano mayor, va delante de
nosotros, con nuestro cuerpo, ya restituido a su origen virginal. No tengamos
miedo porque Jesús es el Fuerte en nosotros y “no permitirá que seamos tentados
por encima de nuestras fuerzas”
¡Confío en ti Jesús, confío, me lo dice tu Amor! ¡Que se haga siempre tu voluntad! ¡Amén! ¡Amén!





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