"Ventana abierta"
El recuerdo de la madre siempre es tranquilizador, pero cuando esta Madre es María, la paz inunda nuestra alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestra vida. Piensa, pues, con frecuencia en María, tenla presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos más difíciles y comprometidos.
SI VAS CON ELLA, NO PERDERÁS EL RUMBO
ÁNGELUS
LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA
A la Virgen María se le aplican aquellas palabras de la Biblia: "Yo duermo, pero mi corazón vigila". Es que María no interrumpió su trato amoroso con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo en ningún momento del día, y era tan fuerte e inmensa su íntima unión con Dios que nada la podía interrumpir.
Las cosas de la vida, las ocupaciones diarias, los trabajos, los problemas que debemos enfrentar, nada debe separarnos de Dios, nada debe cortar la corriente de afecto y presencia que se establece entre Dios y nosotros.
San Pablo afirmó, que nada ni nadie era capaz de separarlo del amor de Cristo ¿Podrías tu afirmar lo mismo?
MADRE, AYÚDANOS A ENSEÑAR LA VERDAD QUE TU HIJO HA ANUNCIADO Y A EXTENDER EL AMOR, QUE ES EL PRINCIPAL MANDAMIENTO Y EL PRIMER FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO.
(Juan Pablo II)
Padre Nuestro. . .
Ave María. . .
Gloria. . .
CON MARÍA. . . EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN
JESÚS RESUCITADO SE APARECE A SU
MADRE
María ahora está postrada rostro en tierra.
Parece un pobre ser abatido. Parece esa flor de que ha hablado, esa flor muerta
a causa de la sed.
La ventana cerrada se abre con un impetuoso
golpeo de las recias hojas, y, bajo el primer rayo del Sol, entra Jesús.
María, que se ha estremecido con el ruido y que
alza la cabeza para ver qué ráfaga de viento ha abierto la ventana, ve a su
radiante Hijo: hermoso, infinitamente más hermoso que cuando todavía no había
padecido; sonriente, vivo, más luminoso que el Sol, vestido con un blanco que
parece luz tejida. Y lo ve avanzar hacia Ella.
María se endereza sobre sus rodillas y, uniendo
las manos sobre el pecho, dice con un sollozo que es risa y llanto: «Señor, mi
Dios». Y se queda arrobada, contemplándolo con su rostro lavado todo en
lágrimas, pero sereno ahora, sosegado por la sonrisa y el éxtasis.
Pero El no quiere ver a su Madre de rodillas
como una sierva. Y la llama tendiéndole las Manos, cuyas heridas emanan rayos
que hacen aún más luminosa su Carne gloriosa: « ¡Mamá!». Y no es esa palabra
afligida de los coloquios y despedidas anteriores a la Pasión, ni el lamento
desgarrado del encuentro en el Calvario y de la agonía. Es un grito de triunfo,
de alegría, de liberación, de fiesta, de amor, de gratitud. Y se inclina hacia
su Madre, que no osa tocarlo, y le pone sus Manos bajo los codos doblados, la
pone en pie, la aprieta contra su Corazón y la besa.
¡Oh, entonces María comprende que no es una
visión, sino que es su Hijo realmente resucitado; que es su Jesús, el Hijo que
sigue amándola como Hijo! Y, con un grito, se le arroja al cuello y lo abraza y
lo besa, riendo y llorando. Lo besa en la Frente, donde ya no hay heridas; en
la Cabeza, que ya no está despeinada ni sangra; en los Ojos fúlgidos; en las
Mejillas ahora sanas; en la Boca que ya no está hinchada. Y luego toma sus
Manos y besa los dorsos y las palmas, en las radiosas heridas. Y, con un
impulso repentino, se agacha a sus Pies, retira el vestido resplandeciente que
los cubre, y los besa.
Luego se levanta, lo mira, no se atreve…
Pero Él comprende y sonríe. Retira levemente su
vestido en la parte del pecho y dice:
-¿Y esta llaga, Mamá, no la besas; esta que
tanto te ha hecho sufrir y que sólo tú eres digna de besar? Bésame en el
Corazón, Mamá. Tu beso me borrará el último recuerdo de todo lo que significa
dolor, y me dará ese gozo que todavía le falta a mi Gozo de Resucitado.
Y toma entre sus manos la cara de su Madre y
apoya los labios de Ella en los labios de la herida del Costado, de donde manan
chorros de luz vivísima. El rostro de María, sumergido en ese torrente de
rayos, aparece aureolado por esa luz.
Ella besa, besa, mientras Jesús la acaricia. No
se cansa de besar. Parece un sediento que ha pegado su boca a la fuente y de la
fuente esté bebiendo esa vida que se le escapaba.
Ahora Jesús habla.
-Todo ha terminado, Mamá. Ya no tienes que llorar por tu Hijo. La prueba está consumada. La Redención se ha producido."
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.





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