"Ventana abierta"
El recuerdo de la madre siempre es tranquilizador, pero cuando esta Madre es María, la paz inunda nuestra alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestra vida. Piensa, pues, con frecuencia en María, tenla presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos más difíciles y comprometidos.
SI VAS CON ELLA, NO PERDERÁS EL RUMBO
ÁNGELUS
LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA
La luz del Espíritu Santo desciende sobre Isabel quien, inspirada e iluminada por aquella luz, proclama su bienaventuranza sobre la Virgen María: "Feliz de ti por haber creído".
María tuvo una fe profunda, vio a su Hijo a un niño tierno e indefenso y, al mismo tiempo, creyó que era el Hijo de Dios.
Más adelante lo vio crucificado y muerto, vencido y sepultado: y sin embargo, confió en su triunfo y resurrección.
Con frecuencia en nuestra vida las cosas parecen ocultarnos a Dios, pero nosotros debemos saber descubrir la luz aunque nos parezca que en todos los rincones habitan las tinieblas.
MADRE, DESPIERTA EN NOSOTROS UNA FE PROFUNDA, QUE POR ENCIMA DE LAS APARIENCIAS NOS AYUDE A DESCUBRIR LA PRESENCIA DE DIOS EN LOS ACONTECIMIENTOS DE NUESTRA VIDA Y NUESTRA HISTORIA.
Padre Nuestro. . .
Ave María. . .
Gloria. . .
SÁBADO SANTO...CON MARÍA
María, madre de Jesús: acabamos de acompañarte
en el entierro de tu hijo; hemos contemplado tu dolor ante la pasión y la cruz;
hemos imaginado el desgarro de la separación del hijo; vemos tu camino hacia la
Cruz…
Ya sabemos que aquello terminó en alegría
desbordante, y que tú participas ahora ya la vida resucitada.
Pero nosotros seguimos en la oscuridad: nuestra
fe es pobre; nuestros dolores siguen pertinaces; nuestros entierros, nuestras
soledades… nos hieren lo más profundo.
¿Querrás tú, Señora nuestra de las Cruces,
acompañarnos?
Necesitamos, Madre, tu fortaleza:
para cuidar a nuestros enfermos;
para querer y acompañar a los ancianos;
para dar aliento a los que luchan por un mundo
mejor.
para acoger a los refugiados que huyen de sus
países en guerra.
Tenemos muchas soledades, muchos silencios:
– mucho amor sin ser correspondido;
– muchos esfuerzos en el vacío;
– niños y niñas sin ser acompañados;
– padres que creen inútil el haber tenido hijos;
– educadores que sospechan estar perdiendo el
tiempo;
– jóvenes que no pueden responder al impulso de
la vida:
sin trabajo, sin horizonte cultural, enviciados
sin salida…;
– sacerdotes en activo acompañados por la
incomprensión: sin comunidad viva que comparta su tarea misionera;
– sacerdotes cansados esperando resucitar el
ministerio, recibido del Espíritu, pero sepultado e impedido por la ley
eclesiástica;
– enfermos sin esperanzas, sólo acompañados por
el silencio del sinsentido;
– ancianos almacenados en asilos sin alma;
– comunidades cristianas sin pastor, sin
eucaristía, sin vida…: no pueden decidir nada, ni organizar sus carismas, en
silencio clerical…
Danos, Señora llena de luz esta noche,
tu presencia
tu consuelo,
tu amor reconfortante.
Que, al menos, no nos falte nunca tu esperanza:
la secreta esperanza que aquella tarde de viernes santo ardía en tu corazón
traspasado:
“la vida de mi hijo está en las manos de Dios,
del Padre al que él tanto quería”; esperanza en el Espíritu que tiene capacidad
de resucitar a los muertos: de levantar el corazón adormecido por la rutina y
el cansancio; de suscitar profetas en medio del desierto legal y opresivo; de
abrir caminos cerrados por la tiranía y la sumisión…
Que esta esperanza, Señora de las Cruces, nos acompañe
siempre, hasta el final de nuestra vida, cuando tú, Señora nuestra, cierres
nuestros ojos para esta vida y los abras para la vida resucitada.
Así sea.
SÁBADO SANTO
Jesús ha muerto. Todo el día de hoy, su Cuerpo
reposa en el sepulcro, frío y sin vida. Ahora nos damos cuenta de lo que pesan
nuestros pecados. Jesús ha muerto para redimirnos.
Estamos tristes. La Virgen María también está
triste, pero contenta porque sabe que resucitará. Los Apóstoles van llegando a
su lado, y Ella les consuela.
Pasa el día unido a la Virgen, y con Ella acompáñale a Jesús en el sepulcro. Haz el propósito de correr al regazo de la Virgen cuando te hayas separado de Él.
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.






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