"Ventana abierta"
RINCÓN PARA ORAR
SOR MATILDE
OFREZCAMOS A DIOS LO MEJOR QUE TENEMOS
38 Decía también en su
instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje,
ser saludados en las plazas,
39 ocupar los primeros asientos
en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;
40 y que devoran la hacienda de
las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más
rigurosa.
41 Jesús se sentó frente al arca
del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos
ricos echaban mucho.
42 Llegó también una
viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.
43 Entonces, llamando a sus
discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que
todos los que echan en el arca del Tesoro.
44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir. (Mc. 12, 38-44)
Aquí, Jesús nos alerta también
hoy, y a nosotros, sobre el gusto natural y pegadizo por buscar los
honores y privilegios en nuestra vida ordinaria. Y, lo que es más
grave, el usar la religión y sus prácticas con afán de lucro. En otro
momento nos dijo Jesús: “cuando hagas limosna, que no
sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; que tu obra
buena, la sepa solo tu Padre del cielo y Él, que
ve en lo escondido, te recompensará”.
Jesús está sentado frente
al tesoro del Templo y observa, porque ve y lee lo que
cada corazón, que echa su limosna, tiene en sus intenciones:
los ricos echan mucho, pero una pobre, tan solo unas
monedillas. Y Dios que, ve en lo secreto, desenmascara la
ostentación de la limosna de los primeros. Una pobre viuda, en
cambio, no tenía que aparentar nada que no fuera su pobreza, por ello
se acerca al tesoro y pone lo poco que
tiene, pero que sabe que Dios lee su corazón, y
le da la alegría de “dar todo lo que tiene para vivir”. Confía que Dios a
sus fieles no les deja pasar hambre y espera en quien todo lo puede y la
ama. Detrás de su ofrenda está la conciencia de la grandeza
de Dios y su humildad ante ÉI, por ello, en un
acto de adoración, le entrega toda su vida.
Nuestro mundo gira en torno a sus dioses: el
poder, la fama y el honor, la ostentación, la
vanidad y las riquezas, provocando la soberbia de la vida.
Todo esto está, muchas veces, tentando ante los ojos de los
que sólo adoran a Jesucristo, el Único Dios
verdadero. ¡Él sí que era rico y, para mostrarnos el camino
del Cielo, se despojó de su rango divino!
El contraste de
estas dos ofrendas, llama a nuestra conciencia
para inclinarnos, con un empuje de la gracia, a
presentar lo mejor que tenemos ante
Dios. Si Él, que es rico, el Único rico, se
ofreció al Padre por amor nuestro, ¿no nos
parecen irrisorias nuestras ofrendas a Dios, ya sea a la hora de
darle cosas en los pobres, como al entregarle todo nuestro ser
para que Él haga y deshaga según sea de su agrado? Dios,
por su Hijo Jesucristo, es el Único que puede pedirnos
la vida. Primero, porque es suya al habernos creado con tanto amor. Y
segundo, porque si ÉI nos pide nuestro “todo”, es
porque quiere colmarnos con “su Todo”, que es
divinizarnos, llevándonos consigo a la vida eterna.
¡Dios mío, no nos dejes en nuestra natural
pobreza: enriquécenos con tus dones para que no tengas que lamentarte al
habernos dado todo tu Amor en tu Hijo Jesús! ¡Reconocemos,
con humildad, que sin Ti, no podemos hacer nada que nos lleve al
cielo!
¡No sabemos nada de tu infinita sabiduría, porque comparada con ella, “nuestros pensamientos son insustanciales” y torpes!... ¡Pero contigo crecerá en nosotros tu prudencia, y el don de temor hará que nuestra palabra se transforme en tu Palabra, y nuestro amor flojo será la habitación del Espíritu Santo, tomando posesión en nosotros y en los demás! ¡Señor, enséñanos a orar, para vivir tu Vida! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!




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