"Ventana abierta"

El recuerdo de la madre siempre es tranquilizador, pero cuando esta Madre es María, la paz inunda nuestra alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestra vida. Piensa, pues, con frecuencia en María, tenla presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos más difíciles y comprometidos.
SI VAS CON ELLA, NO PERDERÁS EL RUMBO

ÁNGELUS
LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA
La Virgen escuchó de
labios de su Hijo aquellas palabras: "No saben lo que hacen" con la
que Jesús (y María con Él) disculpaba y perdona a los que lo condenaron y
crucificaron.
El perdón siempre
supone la comprensión; desconfía del perdón que no te sube del alma a los
labios, María es toda ella corazón, y por tanto, toda ella perdón y bondad.
Tú también estás
llamado a perdonar así: como lo enseña el Evangelio, como lo enseña la Virgen.
VIRGEN GLORIOSA, QUE
YO DÉ GLORIA A DIOS PERDONANDO A LOS QUE ME OFENDEN.
Padre Nuestro. . .
Ave María. . .
Gloria. . .
JULIO, MES DE LA PRECIOSÍSIMA
SANGRE
DÍA 27
Derramamiento de la Sangre Preciosísima de
Jesucristo en su crucifixión.
I. Llegado a la cima del Calvario, después de
un penoso camino en que tuvo que soportar todo el peso de la Cruz sobre sus
espaldas aun bañadas en Sangre, Jesucristo fue entregado a todo el furor de los
judíos, y despojado de sus vestiduras hasta de la más próxima a su carne y que
el número y violencia de golpes había llegado a pegar a su piel; lo que hace
decir a San Lorenzo Justiniano, en una piadosa reflexión, que sus llagas se
renovaron entonces y corrió de nuevo su Sangre. Considera, pues, aquí, oh alma
mía, el cruel dolor de Jesús, su confusión, sus oprobios, los insultos, los
tormentos que este Cordero inocente tuvo que sufrir en medio de aquellos lobos
llenos de rabia, ávidos de su Sangre y ansiosos por crucificarle. Sabed por lo
menos de qué instrucción es para vosotros este despojo, esta desnudez. El
Doctor de la Iglesia San Agustín os explica su misterio. El Señor quiere con
sus llagas y su Sangre despojarnos de los vicios a que el alma esta tan
apegada. ¡Oh! ¡Y cuántos son estos apegos viciosos que predominan en nosotros,
apegos tanto más perniciosos cuanto menos los conocemos! Jesús mío, por vuestra
Sangre adorable haced que mi corazón se desprenda de lo que no es conforme a
vuestra santa voluntad.
II. Despojado de sus vestidos, Jesús mismo va a
colocarse sobre la Cruz, y extiende sobre ella sus manos y pies que los
verdugos crueles tienen la barbarie de traspasar con clavos. Hacen crujir los
huesos de este cuerpo sagrado y salir de sus heridas torrentes de sangre. ¡Oh!
entonces, ¿quién puede expresar con palabras los dolores de Jesús en aquella
efusión de Sangre? La Cruz se levanta, y se coloca en el hoyo que la está
preparado, y Nuestro Señor crucificado queda expuesto a la vista de un pueblo
inmenso. El sol se oscurece, las tinieblas cubren la faz de la tierra, las
piedras se parten, los sepulcros se abren, los muertos resucitan, el velo del
templo se rasga… Y sin embargo, Jesús ofrece su Sangre al Eterno Padre y le
suplica por Ella que perdone a los que le crucifican. Borra con esta Sangre la
sentencia de condenación eterna, aplaca la justicia irritada, consuma su
sacrificio, y sella con esta Sangre y su muerte el Nuevo y Eterno Testamento;
de sus llagas como de vivas fuentes corre esa Sangre que riega la tierra y la
purifica de sus manchas: Sanguis Christi totum abluit orbem terrarum, como dice
San Juan Crisóstomo. Y ¿quién no querrá participar de esta Sangre? ¿Qué alma no
deseará ver las llagas sagradas del Redentor imprimirse en su corazón con los
caracteres de su Preciosísima Sangre? ¿Quién no se sentirá todo inflamado de
amor hacia Jesús crucificado que nos excita a beber en esta fuente de
misericordia?
COLOQUIO
Redentor mío crucificado, si alguna vez por mis
pecados me he unido a los que os crucificaron, y si he abierto esas llagas
crucificándoos en mi corazón, hoy, lleno de afecto y arrepentimiento, siento el
más vivo dolor, y por esa Sangre sagrada que se derrama por sí misma, os pido
me perdonéis. Os adoro crucificado, y uno mis adoraciones a las que vuestra
Santísima Madre María, el discípulo amado San Juan, la Magdalena, las Santas
mujeres, y el buen ladrón convertido; os ofrecieron en el Calvario. Vos habéis
dicho que cuando fueseis levantado de la tierra atraeríais a Vos todas las
cosas por la efusión de vuestra preciosísima Sangre; pues he aquí que estáis
levantado de la tierra sobre la Cruz: ¿permaneceré yo siempre apegado a la
tierra? ¡Oh Señor! ¡Que sea hoy glorificado vuestro nombre! La Cruz es vuestra
gloria; en virtud de la Cruz nos atraéis a Vos por los lazos de la Sangre, y
pues que me habéis criado por pura misericordia vuestra, pues que el
Crucificado ha estado pendiente sobre la tierra por mi redención, haced, oh
Dios mío, que yo no me vuelva a separar de Vos; mirad que os lo pido por los
méritos de esa Sangre tan tierna que habéis derramado por mi salvación.
EJEMPLO
Al salir de su infancia Santa Catalina de
Génova, tenía en su aposento una imagen de Cristo muerto. A fuerza de mirarle
así traspasado y ensangrentado se sentía toda inflamada de amor por Él, y quiso
en seguida hacerse religiosa. Más llegada a la edad de dieciséis años debió
desposarse con un caballero de la ciudad, y desde entonces, por instigación de
los suyos, se entregó a las máximas y diversiones peligrosas del siglo. No
encontrando en ellas ningún placer, sino más bien remordimientos, quiso hacer e
hizo una confesión general, en la que, por un favor especial de la gracia, fue
de tal manera penetrada de sentimientos de contrición, que quedó como anonadada
y cambiada completamente. Se entregó a toda suerte de ejercicios de
mortificación y de penitencia, repitiendo frecuentemente estas palabras: « ¡Oh
amor mío! ¡No más pecar!» La contrición se aumentó y vivificó por una visión en
la que el Señor crucificado se la apareció todo ensangrentado, y la decía que
había sido reducido a aquel estado por los pecados de los hombres y por su amor
a ellos. Tal espectáculo quedó tan grabado en su corazón, que no podía pensar
en otra cosa y no hacía sino sollozar.
JACULATORIA
Padre Eterno os ofrezco la Sangre de Jesucristo
en rescate de mis pecados y por las necesidades de vuestra Iglesia.
INDULGENCIA
El Soberano Pontífice Pío VII concedió cien
días de Indulgencia por cada vez que se diga la anterior jaculatoria. Así
consta del rescripto que se conserva en los archivos de los Padres Pasionistas
de Roma.
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.
