"Ventana abierta"

RINCÓN PARA ORAR
SOR MATILDE

JESUCRISTO,
SUMO Y ETERNO SACERDOTE
36 Entonces va
Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los
discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
37 Y tomando consigo a Pedro y a los dos
hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
38 Entonces les dice: «Mi alma
está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.»
39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en
tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí
esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.»
40 Viene entonces donde los discípulos y los
encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una
hora conmigo?
41 Velad y orad, para que no caigáis en
tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez
oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba,
hágase tu voluntad.» (Mt. 26, 36-40)
¡Jesucristo es Señor, es Sacerdote Eterno
para gloria de Dios-Padre!
Es muy apropiado que la Iglesia haya
puesto el Evangelio de “la oración del huerto de Getsemaní
de Jesús”, en este día. ¿No es el sacerdote el que está puesto
por Dios para ofrecer sacrificios en favor de los hombres? Pero
Jesús, es el Sacerdote, en forma eminente. No es igual
un hombre que ofrece a Dios
que, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero que, se
ofreció a Sí mismo por la Salvación de todos. Y, ¿qué
ofreció en el altar de la Cruz?: pues, toda su Sangre
Redentora y, todo, porque su Amor, también es
eminente, ¡es “excesivo”!
Y en la oración en el Huerto, comenzó
su Sacrificio cuando derramó su Sangre en su sudor.
Aquí, llegó al paroxismo sus sufrimientos hasta decir: “¡me
muero de tristeza!”: “¡Mi tristeza, por el pecado y
la ingratitud del hombre, es tan grande que, me hace morir en
vida!”. Pero, no rehuyó esta Pasión, ¡no huyó o regañó a los
discípulos que no le acompañaban esta hora dramática!: “¿Es que el
cáliz que me ha dado mi Padre, no lo voy a beber?”. La
mansedumbre y la humildad, lo rodearon en esta hora. Su silencio y
aceptación de la voluntad divina estuvieron con ÉI durante toda
la Pasión que comenzó en el Huerto.
¿No nos ofrece, cómo ofreció a sus tres
íntimos que, lo acompañemos en su dolor? Mas, nuestra
fragilidad, es como la de sus amigos, ¡o quizás
más! pero, ¡nosotros, somos ya hijos de la Resurrección
y de la fuerza del Espíritu Santo así que, no estamos en la
misma situación que ellos! Nuestra confianza y fe, han crecido y
con ellas podemos arremeter contra todo miedo o tristeza. Y
no sólo ello, sino que, podemos sentarnos en silencio y
adoración, con Jesús en el Huerto.
Pero, si esta obra la
realiza el Espíritu Santo en nosotros, no podremos huir de
esta prueba y sabremos que “estamos completando, en nuestra
carne, los sufrimientos de Jesús por su Cuerpo que, es
la Iglesia”. ¡Qué el Señor nos conceda esta experiencia,
pues así sabremos que ÉI nunca nos deja solos, sino
que, está siempre a nuestro lado, o mejor, dentro de nosotros, y
llevando la cruz con nosotros! ¡Qué no nos cansemos de meditar este
pasaje de la vida de Jesús!
¡Somos sacerdotes con
Cristo Sacerdote!; ¡Mediadores con
Cristo Mediador!; Redentores con
Cristo Redentor! ¡Qué gracia tan grande si su Espíritu
Santo nos lo hace saber así!
¡Señor,
ayúdanos, pues Tú nos conoces por dentro y sabes
que “sin Ti, no podemos hacer nada”, pero como digo, en estas
pruebas y en tu Resurrección, hemos crecido en esperanza y en fe y sabemos
que, podemos “ofrecer sacrificios espirituales
que Dios acepta por Jesucristo; éste, es nuestro culto
razonable” y, querido por Dios!
¡Jesús, quiero ser Sacerdote contigo,
quiero “no sólo creer en Ti sino, sufrir contigo en
bien de la Iglesia Amada, tu Esposa, que Tú has hecho Santa
por el Amor! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!