"Ventana abierta"

El recuerdo de la madre siempre es tranquilizador, pero cuando esta Madre es María, la paz inunda nuestra alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestra vida. Piensa, pues, con frecuencia en María, tenla presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos más difíciles y comprometidos.
SI VAS CON ELLA, NO PERDERÁS EL RUMBO

ÁNGELUS
LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA
El Niño Jesús seguramente tropezaría y caería
en tierra como cualquier chico del mundo al aprender dar sus primeros pasos.
María seguramente acudiría presurosa a
levantarlo y luego lo llevaría de su mano para sostenerlo y guiarlo.
Del mismo modo, cuando María ve que sus hijos
caen en pecado, más por debilidad que por mala voluntad, también acude pronto a
socorrernos.
Si queremos andar por el camino del Señor,
vayamos tomados de la mano de María, apoyados en ella, guiados por su espíritu,
alentados por su amor, animados por su mirada, sostenidos por su compañía,
pacificados por su ternura.
MADRE, IMPLORA EL PERDÓN PARA LAS MADRES QUE
RECHAZARON A SUS NIÑOS ANTES DE MIRARLOS A LOS OJOS.
♡SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN♡
La Anunciación es el primer capítulo del
cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo. Con el “Salve, llena de
Gracia” del Arcángel Gabriel y con el “Hágase en mí según tu Palabra” de la
Virgen María comienza la acción redentora de Jesús en el mundo.
Nada se sabía de la Madre de Jesús. Vivía en
Nazaret. Oculta a los ojos de los hombres, pero no a los ojos de Dios. Más
adelante contará Ella misma los hechos que la llevan a la maternidad, y a
descubrir su vocación y su misión en la vida y en los planes de Dios.
Hasta la anunciación del arcángel Gabriel,
María de Nazaret era una mujer israelita perfectamente desconocida. Su vida
trasciende la historia por el libre y amoroso cumplimiento de la misión que le
fue asignada desde la eternidad y que Ella conoció a través del arcángel.
Nace en una familia de la tribu de Judá; sus
padres se llaman Joaquín y Ana. Diversas tradiciones nos la sitúan muy pequeña
en el Templo donde aprende la Sagrada Escritura a un nivel no usual a las
mujeres de Israel. Pero lo importante era su trato con Dios desde el principio.
En su infancia, o primera adolescencia, es cuando percibe con claridad que Dios
le pide vivir virgen por amor a Dios. Su vida de oración es intensa para poder
descubrir algo infrecuente: la entrega total prescindiendo de algo tan bueno, y
tan bendecido por Dios en todos los libros santos y en la conciencia de los
humanos, como el matrimonio y la maternidad. Pero Dios quería de Ella ese modo
de vivir que es amar con el corazón indiviso, sin anticipos de cosas buenas, en
oblación total. Más adelante, Jesús dirá que no todos entienden estas cosas.
Pero Ella entiende porque, aunque no lo sepa, desde su concepción tiene un
privilegio especialísimo: no estar afectada por el pecado original y estar, por
tanto, llena de la gracia de Dios. Ella es amada de Dios de un modo nuevo, en
previsión de los méritos del que será su Hijo. Ella no lo sabe, pero sí sabe
que tiene una gran intimidad con Dios, que le ama de un modo pleno, que bebe
sus palabras y sintoniza plenamente con el querer divino.
Cuando cumple trece años, sus familiares,
siguiendo las costumbres del momento, deciden poner los medios para que se case
del mejor modo posible. Para eso miran entre los varones de la tribu, y
descubren uno que tiene todas las condiciones: José, vecino también de Nazaret.
Era justo, es decir, cumplidor de la ley, honrado, trabajador, piadoso. Un buen
hombre a ojos de todos, que puede encajar muy bien con el carácter de María.
Los planes de Dios siguen su curso. Ahora podrá ser Madre virginal protegida a
los ojos de todos por el Matrimonio con José.

Al poco tiempo acontece uno de los momentos
culmen de la historia de los hombres. María está en su casa, probablemente,
recogida en oración. Cuando, de repente entró un ángel. Quizá es una aparición
con el resplandor de los que están en la vida eterna cerca de Dios, quizá es
más sencillo. Poco importa el modo; pues lo sorprendente son sus
palabras:”Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo Ella se turbó al oír
estas palabras, y consideraba qué significaría esta salutación”(Lc).
Aquel fue un momento solemne para la historia
de la humanidad: se iba a cerrar el tiempo del pecado para entrar en el tiempo
de la gracia; se pasa del tiempo de la paciencia de Dios al de mayor
misericordia. La creación entera está pendiente del sí de una joven israelita.
Es un momento de gran alegría en los cielos y en la tierra, llega al mundo un
gran amor divino. Dios habita en su alma de un modo pleno, gozoso, amoroso.
Ella es la hija de Dios Padre que siempre ha correspondido al querer de Dios.
María se sorprende, pero sin perder la serenidad, pues reflexiona sobre el
significado de estas palabras. Respeto y sorpresa. “¿Es de Dios lo que oigo?”.
El ángel, llamado Gabriel, nombre que significa
“fuerte ante Dios”, espera; y tras un breve silencio, pronuncia las palabras de
su embajada: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios:
concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de
David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no
tendrá fin”(Lc).
El “no temas” es la introducción que usa la
Escritura para las vocaciones de divinas, es como decir: escucha con atención,
lo que vas a oír es Palabra de Dios. Y luego la gran sorpresa: por especial
gracia de Dios concebirá, dará a luz, pondrá por nombre al futuro rey de
Israel, al Hijo de David que tendrá un reino eterno. El momento tan esperado en
Israel de la venida de un salvador ha llegado. La virgen profetizada por Isaías
es Ella. Comienzan, si María quiere, los tiempos tan esperados de la gran
misericordia de Dios.
María escucha, piensa, y pone una objeción no
de resistencia, sino de no entender como Dios le puede pedir dos cosas que son
incompatibles para el ser humanos: la virginidad y la maternidad. ¡Era tan
clara la llamada a ser virgen!
“María dijo al ángel: ¿De qué modo se hará
esto, pues no conozco varón?”. “Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo
descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso,
el que nacerá Santo, será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu
pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que era
llamada estéril, hoy cuenta ya el sexto mes, porque para Dios no hay nada
imposible”(Lc). El ángel ha respondido a la duda, María ve, ahora, la llamada
anterior compatible con la maternidad que se le pide. Dios quiere que su Hijo
no sea un hijo de la carne con un padre humano, sino sólo de Mujer. La única
Mujer totalmente dócil a su querer.
El tiempo se detiene. María reconoce el querer
de Dios para Ella: su colaboración libre en una empresa divina. Percibe que su
maternidad va ser de una calidad especial; ser la madre del Rey de Reyes, del
Salvador, pero sobre todo ser madre del Hijo del Altísimo, ser madre de Dios;
porque la maternidad hace referencia a la persona, y Ella introducirá al Hijo
sempiterno en la vida de los hombres. María tuvo que ser plenamente consciente
de lo que estaba pasando y de lo que se le pedía: no será un elemento pasivo en
la gran tarea de la redención. Y, desde una inteligencia preclara, sin la
tiniebla del pecado, ve con claridad meridiana la grandeza de lo que se le
pide. Aunque tendrá conocimiento más claro en la profecía de Simeón. Pero ve,
sobre todo, el gran derroche de Amor en el mundo. El mundo espera su respuesta.
La espera Adán y Eva desde el seol, la esperan los patriarcas, los ángeles, el
cielo está en suspenso ante la respuesta de María. Los segundos se hacen
eternos. Cuando de pronto surge de su boca el sí con acentos de entrega y fe
consciente y amorosa:
“Dijo entonces María: He aquí la esclava del
Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su
presencia”(Lc).
Y el Verbo se hizo carne en sus entrañas
virginales. El Espíritu forma la humanidad de Jesús y la une al Verbo. La
Humanidad llega a su punto más alto: Dios se ha unido al hombre en Jesús. No
hay cumbre mayor a partir de entonces. Y el gozo embarga el corazón de María
llena de Dios, que además de hija de Dios Padre, es, desde entonces, Madre de
Dios Hijo.
HIMNO POR LA ANUNCIACIÓN
Un arcángel excelso fue enviado
del cielo a decir "Dios te salve" a María. Contemplándote, oh Dios,
hecho hombre por virtud de su angélico anuncio, extasiado quedó ante la Virgen,
y así le cantaba:
Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.
Salve, oh cima encumbrada a la mente del
hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel
Salve, tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.
Salve, lucero que el Sol nos anuncia,
Salve, regazo del Dios que se encarna
Salve, por ti la creación se renueva,
Salve, por ti el Creador nace niño.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Padre Nuestro...
Ave María...
Gloria...
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.
