"Ventana abierta"

Los cinco minutos del Espíritu Santo
Mons. Víctor Manuel Fernández
"Espíritu Santo, tú eres
Dios, abismo infinito de belleza donde se saciará toda mi sed de amor.
Mira mi interior, donde a veces
habitan egoísmos, impaciencias, rechazos.
Regálame el don de la paciencia.
Quiero vivir el mandamiento del amor que me dejó Jesús, pero a veces me brotan
malos sentimientos que se apoderan de mí.
A veces hago daño con mis palabras, con mis acciones, o con mi falta de
amabilidad.
Ayúdame, Espíritu Santo, para que pueda mirar a los demás con tus ojos
pacientes.
Quiero reconocer tu amor para todos los seres humanos, también para esas
personas que yo no puedo amar con paciencia y compasión.
Todos son importantes para el corazón amante de Jesús, todos son sagrados y
valiosos.
Nadie ha nacido por casualidad sino que es un proyecto eterno de tu amor.
Libérame de condenar y de prejuzgar a los demás.
Quisiera imaginar sus sufrimientos, sus angustias, esas debilidades que les
cuesta superar.
Ayúdame a encontrar siempre alguna excusa para disculparlos y para no mirarlos
más con malos ojos.
Derrama en mí toda la paciencia que necesito.
Ven Espíritu Santo.
Amén".
Oración inspirada en la reflexión de Los Cinco Minutos del Espíritu Santo del 31 de enero
“Ven Espíritu Santo, fuente inagotable de amor y paciencia. Hoy me acerco a ti con humildad, reconociendo mis debilidades, mis impaciencias y mis juicios apresurados. Llena mi corazón con tu ternura, para que pueda mirar a los demás con compasión y comprender sus luchas y sufrimientos.
Dame la gracia de controlar mis palabras y mis pensamientos, para que nunca hiera con mis actitudes. Enséñame a amar sin medida, a perdonar sin condiciones, a aceptar a cada persona como un reflejo de tu amor infinito. Que en mi trato diario florezcan la paciencia, la dulzura y la paz, y que mis ojos aprendan a ver en cada hermano una obra preciosa de tus manos.
Libérame de la dureza del juicio y del rechazo. Enséñame a encontrar siempre una razón para comprender, una excusa para disculpar, una oportunidad para construir puentes en lugar de muros. Que mi vida sea testimonio de tu misericordia, y que mi amor refleje la paciencia infinita con la que tú me sostienes cada día.
Ven Espíritu Santo, y transforma mi corazón.
Amén”.
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