"Ventana abierta"
NO TE PUDE ESPERAR
Web católico de Javier Olivares
Una vez un hombre muy
afortunado había conseguido la mejor entrevista de su vida: Iba a entrevistar
ni más ni menos que a Dios.
Esa tarde el hombre llegó a su casa dos horas antes, se arregló con sus mejores
ropas, lavó su automóvil e inmediatamente salió de su hogar.
Maniobró por la avenida principal rumbo a su cita, pero en el
trayecto cayó un chubasco que produjo un embotellamiento de tránsito y quedó
parado. El tiempo transcurría, eran las 7:30 y la cita era a las 8:00
p.m.
Repentinamente le tocaron el cristal de la ventanilla y al girarse vio a un
chiquillo de unos nueve años ofreciéndole su cajita llena de chicles (goma de
mascar). El hombre sacó algún dinero de su bolsillo y cuando lo iba a
entregar al niño ya no lo encontró. Miró hacia el suelo y ahí estaba, en
medio de un ataque de epilepsia.
El hombre abrió la portezuela e introdujo al niño como pudo
al automóvil. Inmediatamente buscó como salir del embotellamiento y lo logró,
dirigiéndose al hospital de la Cruz Roja más cercano. Ahí entregó al
niño, y después de pedir que lo atendiesen de la mejor forma posible, se disculpó
con el doctor y salió corriendo para tratar de llegar a su cita con Dios.
Sin embargo, el hombre llegó 10 minutos tarde y Dios ya no
estaba. El hombre se ofendió y le reclamó al cielo: "Dios mío, pero
tú te diste cuenta, no llegué a tiempo por el niño, no me pudiste
esperar. ¿Qué significan 10 minutos para un ser eterno como tú?".
Desconsolado se quedó sentado en su automóvil; de pronto lo
deslumbró una luz y vio en ella la carita del niño a quien auxilió.
Vestía el mismo suetercito deshilachado, pero ahora tenía el rostro iluminado
de bondad.



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