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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

jueves, 27 de abril de 2017

La última conversación de una madre y su hijo a punto de morir de cáncer. 27 - Abril - 2017

"Ventana abierta"

Ruth besando a su hijo Nolan

La última conversación de una madre y su hijo a punto de morir de cáncer: 
"Me iré al cielo y jugaré hasta que llegues"

Nolan Scully murió a los cuatros años en los brazos de su madre.
La madre ha querido publicar su última conversación para concienciar

FCINCO Madrid.  27/04/2017.  09:46

El 1 de febrero  Nolan Scully  moría en brazos de su madre después de una larga batalla contra el cáncer. Nolan tenía sólo cuatro años, muy pocos para tanto sufrimiento, y fue durante su enfermedad y tras su muerte cuando su madre, la que estuvo día a día a su lado, quiso que la muerte de su hijo, que el padecimiento que sufrió no cayera en saco roto.

Todos pensaban que era un inofensivo catarro.
Pero a medida que pasaban los días la situación se hacía más alarmante.
Finalmente a los padres, Ruth y Jonathan Scully, les dieron la peor noticia que podían esperarse. Su hijo Nolan, de 3 años, padecía rabdomiosarcoma, una variante de cáncer muy agresiva e inusual.
Su madre Ruth ha compartido recientemente esta trágica noticia en las redes sociales.

Una agresiva variante de cáncer había ido lentamente apoderándose del cuerpo de su hijo. Ruth quería describir el terrible sufrimiento que estuvo pasando su pequeño, pero al mismo tiempo deseaba mostrar cómo éste luchó con todas sus fuerzas durante un largo periodo.
Su historia nos ha hecho llorar a mí y a muchos otros.

Dos meses después de que su niño muriera de cáncer, Ruth escribió una historia muy emotiva en la cual describe los últimos días que paso con su adorado hijo.

Su pequeño murió en febrero después de 15 meses de intensa lucha contra el cáncer que padecía, Rabdomiosarcoma o RMS. Es una variante muy poco usual y agresiva de cáncer que puede aparecer en cualquier parte del cuerpo donde los músculos – sobre todo los músculos del esqueleto- se están formando.
Esta variante del cáncer desgraciadamente opone una fuerte resistencia a cualquier forma de tratamiento.
Ruth quería compartir la amarga realidad de esta enfermedad que cada día paralizaba paso a paso una parte del cuerpo de su hijo. Compartió una foto de su hijo durmiendo en el suelo del baño. Estaba terriblemente asustado y no quería separarse de su madre, incluso cuando ésta tomaba una ducha.


En el mes de septiembre del año 2015, Nolan empezó a quejarse por tener la nariz tapada. Lógicamente sus padres pensaron que se trataba de un resfriado. Pero pasaba el tiempo y a Nolan se le hacía cada vez más difícil respirar y ninguna medicina parecía aliviarle.

Dos meses más tarde el médico descubrió que la causa de su obstrucción nasal era un tumor. Un tipo de cáncer que se desarrolla en los músculos, la grasa y las articulaciones. Los afectados pueden sufrir síntomas de resfriado, dolores de cabeza, mareos y dificultad para hacer pis.

Tras varios intentos con radioterapia y quimioterapia, Nolan perdió el pelo y su cuerpo se hizo cada vez más débil. El cáncer comenzaba a extenderse por todo el cuerpo.
Cuando esto ocurre las posibilidades de supervivencia entre los pacientes cae de un 40 por ciento a un 20 por ciento.
Su madre quiso documentar los últimos meses de su hijo y le describe como “un auténtico amor”.

Tanto el padre como la madre de Nolan nos cuentan lo fuerte que era su hijo y cómo luchó sin descanso contra la enfermedad. Pero el sufrimiento de Ruth era insoportable.
Cuando llevó a Nolan al hospital por última vez, un año después de la primera visita, el niño no había comido nada debido a los continuos vómitos que sufría.

En el mes de febrero el oncólogo explicó a los padres como el cáncer se había extendido por el cuerpo, limitando las vías respiratorias y bloqueando el corazón. Al mismo tiempo la enfermedad se había hecho resistente a cualquier forma de tratamiento.

Empezó con su blog, después con imágenes que mostraban la vida antes de la muerte de Nolan y la vida después y ahora, dos meses después de su muerte, Ruth, ha querido compartir también la última conversación que mantuvo con su pequeño. Una conversación que publicó en su muro de Facebook el pasado día 5 y que por su dureza y severidad se ha convertido en viral.

"Dos meses. Dos meses desde que te tuve en mis brazos, oí lo mucho que me amabas, besé esos labios 'Sweetie pie'. Dos meses desde que nos acurrucamos. Dos meses de infierno absoluto". Así comienza la carta dirigida a su hijo. Una carta en la que Ruth se describe como "desconsolada" y confiesa que aunque llevaba tiempo intentándola escribir, la "agonía" no se lo había permitido.

"El día 1 de febrero nos sentamos con su equipo de médicos. Cuando su oncóloga habló, vi el dolor puro en sus ojos. Ella siempre había sido honesta y había luchado con nosotros todo el tiempo, pero su escáner ct actualizado mostró grandes tumores que crecieron comprimiendo sus tubos, bronquios y corazón dentro de cuatro semanas de su cirugía de pecho abierto. 
El rabdomiosacroma se había extendido como un reguero de pólvora. Explicó que el cáncer ya no era tratable, porque se había hecho resistente a todas las opciones de tratamiento que habíamos probado y que el plan sería mantenerlo cómodo mientras se iba deteriorando rápidamente".

Dos meses. Dos meses desde que te he celebrado en mis brazos, escuché lo mucho que me amabas, besé esos labios de "pastel" de cariño. Dos meses desde que nos hemos acurrucado. Dos meses de puro infierno absoluto. He querido desde hace mucho tiempo escribir un poco sobre los últimos días de Nolan. Sus últimos días brillaron con lo increíble que es mi hijo. Qué hermoso es él. Cómo se hizo de nada más que puro amor. 


Cuando traje a Nolan al hospital por última vez, sabía que había algo más malo que sólo un caso persistente de c-Diff. Acabo de saber, y lo suficientemente extraño, creo que lo hizo también. No había comido ni bebido nada en días y estaba continuamente vomitando. 

Tras escuchar que su hijo se moría y que no había nada que hacer, Ruth se fue a la habitación con él. Nolan estaba sentado en "la silla roja de mamá" viendo vídeos de Youtube en su tablet. "Me senté con él y puse mi cabeza contra la suya y tuve la siguiente conversación":

"Yo¿Te duele al respirar, no es cierto?

NolanBuuuuueno... sí

Yo¿Tienes mucho dolor?

Nolan: (Mirando hacia abajo) Sí.

YoEste asunto del cáncer apesta. No tienes que luchar más.

Nolan¿No tengo que luchar más? (Con felicidad) ¡Pero lo haré por ti, mamá!

Yo: ¡No! ¿Es eso lo que estás haciendo? ¿Luchas por mamá?

NolanBueno... sí

Yo: Nolan Ray, ¿cuál es el trabajo de mamá?

Nolan¡Mantenerme a salvo! (Con una gran sonrisa)

YoCariño... Ya no puedo hacer eso aquí. La única manera en que puedo mantenerte a salvo es en el cielo. (Mi corazón hecho añicos).

Nolan: ¡Entonces, me iré al cielo y jugaré hasta que llegues! ¿Vendrás, no?

Yo¡Absolutamente! ¡No puedes deshacerte de mamá tan fácilmente!

¡Gracias mamá! ¡Iré a jugar con Hunter, Brylee y Henry!"

Fue la última conversación de Ruth y Nolan. Las horas siguientes hasta su muerte Ruth no se separó de él. Quiso llevarlo a casa, pero Nolan se negó para "asegurarse de que todo era fácil para mí".

Jugaron, vieron vídeos de Youtube, dispararon con su pistola Nerf, sonrieron todas las veces que pudieron. Incluso una hora antes de morir se tumbaron juntos en la cama y le contó a su madre cómo quería que fuera su funeral, quienes quería que fueran los portadores de su féretro, incluso, escribió cómo quería que le recordaran... "por supuesto como un policía".

Últimos días

La madre explica en el Facebook  los últimos días en el hospital.

En los días posteriores Nolan dormía constantemente.

La familia decidió regresar lo antes posible a casa para pasar las últimas noches en su hogar, pero mientras hacían las maletas Nolan tomó la mano de su madre y le dijo que estaba bien, que también podían quedarse en el hospital.

”Mi pequeño héroe quería que todas las cosas fueran más fáciles para mí…” escribe Ruth Scully en Facebook 

La madre continúa:
 "Alrededor de la 9 de la noche estábamos viendo la televisión cuando le pregunté a Nolan si podía ir a ducharme. No podía dejarle solo porque quería que estuviera en todo momento cerca de él acariciándole".

Nolan respondió: ” Hmmmm, si está bien mamá. Dile al tío Chris que venga y se siente a mi lado y que me mueva de tal manera que yo te pueda ver.

Estaba en la puerta del baño, me di la vuelta y le dije: 
“Sigue mirándome amor. Vuelvo en dos segundos”.

En un momento, Ruth se fue al baño.

Me di mucha prisa en volver.

 Cuando volvió el sistema de Nolan se había colapsado, había entrado en un sueño profundo.

 Pero aún así, me senté de nuevo en su cama, y puse mi mano en la parte derecha de su rostro.



 Y entonces ocurrió un milagro que nunca olvidaré…

    Nolan recuperó el aliento por un instante para dedicarle las últimas palabras a su madre:

Mi ángel tomó aire, abrió los ojos, sonrió y me dijo: 
“Te quiero, mamá”.



Entonces volvió la cara hacia mí y, a las 23.54, Rollin Nolan Scully cerró los ojos, se quedó dormido y falleció mientras yo le cantaba al oído 'You are my sunshine' “Tú eres mi rayo de luz”.


Ahora Ruth ha decidido compartir todas las experiencias que vivió durante la enfermedad de su hijo para reclamar más investigación, mejores tratamientos, más financiación...

Por ello, no sólo ha compartido las últimas palabras con su hijo sino también los duros y estremecedores momentos por los que pasaron. "Muestro una imagen para captar la atención de todo el mundo porque mi hijo estaba aterrorizado sin mí, incluso me acompañaba mientras me duchaba".

La imagen en realidad son dos. En una de ellas se ve a Nolan tumbado en la alfombra del baño mientras su madre se ducha, y en la otra la misma alfombra, pero sin Nolan. "Ahora soy yo la que tengo miedo a la ducha. Con nada más que una alfombra vacía donde antes hubo una vez un hermoso y perfecto niño pequeño esperando a su mamá". 



miércoles, 26 de abril de 2017

Jesús tocando tu puerta

"Ventana abierta"


Jesús tocando tu puerta



Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista.
Llegado el momento, se retiró el paño que velaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso. era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si desde dentro de la casa alguien le respondía.
Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un observador muy curioso encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía cerradura. Y fue a preguntar al artista:
- "Su puerta no tiene cerradura! Cómo hace para abrirla?"
El pintor tomó su Biblia, buscó un versículo, y le pidió al observador que lo leyera:
Apocalipsis 3, 20:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo".
- "Así es," respondió el pintor. "Esta es la puerta del corazón del hombre" "Sólo se abre por dentro".

ERES LA ÚNICA CRIATURA DEL UNIVERSO CON LA CUAL QUIERO TENER UNA AMISTAD.
YO NO SOY UN DIOS MUDO.
YO SOY EL VERBO.
YO SOY LA PALABRA.


Creer y orar en la ciudad. Miércoles, 26 - Abril - 2017

 "Ventana abierta"

Creer y orar en la ciudad

Misioneros Paules

Textos para meditar

Dios y la ciudad

En la conciencia de muchos contemporáneos existe la convicción muy arraigada de que la ciudad no es el medio más adecuado para la vida religiosa. En ello han influido, sin duda, muchos factores: el hecho de que la mayor parte de las manifestaciones de Dios que describe la Biblia han tenido lugar en el desierto, en el monte, en medio de la tormenta, en el susurro de una brisa suave; la conexión de la primera ciudad con Caín, el asesino de Abel, su hermano (Gn 4, 17-24); el episodio de Babel, la ciudad con una torre cuya cima llegase hasta el cielo, y el lugar donde Yahvé desciende para sembrar la confusión de lenguas entre los hombres; y, más generalmente, el que la ciudad haya pasado a ser el símbolo del progreso, la industria, el poder y la gloria del hombre, que el hombre ha conseguido en muchas ocasiones a costa del reconocimiento del poder y de la gloria de Dios.

En el mismo sentido ha actuado entre los cristianos el hecho de que en el lenguaje del Evangelio resuenen constantemente los ecos de la vida de Jesús en el campo y junto al Lago, y que en Jerusalén tuviese lugar el enfrentamiento de Jesús con sus enemigos y allí se consumase su pasión y su muerte en la cruz. Probablemente, en la actualidad, vengan a añadirse a todos estos factores, el malestar que provoca entre nuestros contemporáneos la deshumanización de las grandes ciudades y la inadaptación a la vida de la ciudad de las estructuras de la Iglesia, nacidas muchas de ellas en el seno de una cultura rural. Es un hecho que las migraciones del campo a la ciudad han llevado en muchos casos al abandono de las prácticas religiosas de los emigrantes.

Por eso, el ideal de la vida cristiana ha sido encarnado durante mucho tiempo por los anacoretas y los monjes, y la búsqueda de la perfección se ha orientado a la huida del mundo, a la salida de la ciudad hacia el desierto y a la búsqueda de la soledad.

A pesar de todo ello, la verdad es que la historia no justifica esta visión religiosamente negativa de la ciudad. Antes de significar confusión, Babel significa puerta de Dios, y la historia del pueblo de Dios tiene su origen y su símbolo central en la liberación de la esclavitud y la conducción por Dios, a través del desierto, a la tierra habitada, a la ciudad. A pesar de Jer 2, 2, donde el Señor reprocha a su pueblo: “Recuerdo tu amor de juventud, tu cariño de joven esposa, cuando me seguías por el desierto…”, y de Os 2, 14-20: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón”, no puede decirse que el Antiguo Testamento contenga el rechazo sistemático de la ciudad.

En realidad, la ciudad aparece como la suma de la habitabilidad, la posibilidad de la relación entre los dispersos y la mejor defensa del hombre contra los peligros del “descampado”, donde viven las alimañas. Por eso, la ciudad es también percibida como el monumento de lo que el hombre es capaz de hacer, y de su perfección. Por eso, la ciudad aparece también, religiosamente hablando, como adelanto y símbolo, como se dice en la Biblia de la ciudad de Jerusalén, de la Jerusalén celeste, la definitiva ciudad de Dios.

Por otra parte, si en el Evangelio resuenan los ecos de la vida en el campo, es en Jerusalén donde tiene lugar Pentecostés, porque allí tenía que iniciarse la reunión del nuevo pueblo de Dios. Y si atendemos a la primera extensión del Evangelio, ésta se produjo, sobre todo, a partir de las ciudades del Imperio, como un movimiento ciudadano. De hecho, la actividad del Apóstol de los gentiles se desarrolló casi exclusivamente por las ciudades del Mediterráneo, hasta el punto de que ha podido ser llamado “San Pablo de las ciudades”, y que, una vez que el cristianismo se impuso en el Imperio, los cristianos van a llamar a los fieles de las religiones antiguas “paganos” -de “pago”, aldea, pueblo pequeño- es decir, “gente del campo”.

Ser cristiano en la ciudad

¿Se puede, pues, ser cristiano en el medio inhóspito que constituye la gran urbe de nuestros días, en el clima religiosamente enrarecido que constituye la ciudad secular? Es posible que las circunstancias de las macro-ciudades actuales con sus enormes dificultades para una vida humanizada y que las condiciones de la secularización avanzada que caracterizan a las sociedades urbanas actuales estén haciendo percibir más vivamente las dificultades que comporta la ciudad para el desarrollo de la vida cristiana. Pero no debemos olvidar que de ciudades como Antioquía, aun siendo incomparablemente más pequeñas que las grandes ciudades de la actualidad, se ha podido decir que tenían una gran densidad de población y que en las ciudades antiguas no había mucho lugar para la vida privada y la soledad. Y fue en esas ciudades donde nació el cristianismo, y fue a través de las redes de comunicación creadas por las comunidades nacidas en ellas, como el cristianismo se extendió por todo el Imperio.

En realidad, se puede afirmar que la pregunta que nos hacemos nosotros: ¿Se puede ser cristiano en la ciudad?, se la han hecho desde siempre los cristianos, refiriéndose al mundo en el que vivían, del que la gran ciudad sería la condensación y el prototipo. Y es probable que la respuesta que los cristianos de otros tiempos han dado a esta pregunta, nos ayude a responder en nuestras circunstancias.

¿Puede el cristiano vivir como cristiano en la ciudad? La respuesta de los cristianos a lo largo de los siglos se mueve entre los extremos de una paradoja que siempre ha resultado difícil mantener unidos. La paradoja está perfectamente explicada en la “Carta a Diogneto”, uno de los escritos de los Padres Apostólicos: “Aunque son residentes en sus propios lugares -dice de los cristianos-, su conducta es más bien la de los extranjeros; toman parte por completo como ciudadanos, pero se someten a todo y a todos como si fueran extranjeros. Para ellos, cualquier país extranjero es su patria y cualquier patria es un país extranjero” (5, 4).

La dificultad para mantener esta tensión llevará a veces a los cristianos a romper con el mundo, a huir de la ciudad como única forma de salvar su vida cristiana, de preservar su identidad; otras, en cambio, los conducirá a una adaptación perfecta al mundo que les hace confundir la ciudad o el imperio con la realización del Reino de Dios. Pero constantemente son llamados por el Espíritu a caminar hacia la ciudad de Dios, encaminando de la mejor manera la ciudad humana hacia el ideal de la ciudad de Dios. Es decir, somos llamados a ser cristianos viviendo en la ciudad y transformándola desde la inspiración del Espíritu en la dirección del Reino de Dios.

La vocación cristiana nos urge, pues, a vivir como cristianos en la ciudad, sabiendo que ésta nunca será la encarnación perfecta de la ciudad de Dios, que sólo llegará al final de los tiempos. Por eso siempre tendremos algo de peregrinos y extranjeros. Pero nos urge igualmente vivir el cristianismo en medio de ella y colaborar con todos en su progreso verdadero, con la esperanza de que ese progreso acelerará el momento de la aparición de la ciudad de Dios.

Para quienes sienten la tentación de escapar de la ciudad como única forma de ser cristianos, escribió San Juan Crisóstomo que “quien vive en la ciudad debe imitar el desprendimiento de los monjes” y que “quien tiene mujer y está ocupado con una casa puede orar y ayunar y aprender la compunción”... y “que la negación de sí que es practicada en los desiertos debemos llevarla a nuestras ciudades” (Hom. 55). Porque, “aunque uno pueda dirigir la nave de su vida al puerto tranquilo del monasterio, la verdadera prueba tiene lugar cuando la nave penetra en el mar proceloso de la ciudad terrena” (Hom. 31).

Para quienes sienten la tentación de adaptarse al mundo y disolver su identidad cristiana en la vida mundana de la ciudad había escrito antes San Pablo: “Nuestra ciudad está en los cielos de donde esperamos a nuestro Salvador...” (Fil 3, 20); y la primera Carta de Pedro: “Os exhorto como a extranjeros y peregrinos...” (2, 11). Y como resumen de la paradoja nos había exhortado antes el Señor “a estar en el mundo sin ser del mundo” y, consciente de las dificultades de la empresa, había pedido al Padre para sus discípulos: “No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal” (Jn 17, 15).

En este marco general de la vida cristiana de un hombre que por su condición está llamado a realizarse como ciudadano, nos preguntamos por la posibilidad de creer y orar en la ciudad y las condiciones indispensables para que esa posibilidad se convierta en realidad…

Es cierto que la ciudad, y sobre todo la gran ciudad, tiene fama de ser un lugar particularmente poco propicio para el desarrollo de la vida interior y, más concretamente, de la oración. Es verdad que en ella se dan reunidas las condiciones contrarias a las que parece exigir el cultivo de la oración: el ruido permanente, el asedio continuo de todo tipo de mensajes que reclaman la atención, las grandes distancias y las dificultades de traslado, con su secuela inevitable de prisas y tensiones, la masificación y el anonimato -se ha llamado con razón a la gran ciudad la muchedumbre solitaria- que dificultan al mismo tiempo la soledad y las relaciones interpersonales, y favorecen en cambio las tensiones que fácilmente degeneran en violencia. ¡Qué lejos parecen quedar en la gran ciudad, qué difíciles resultan en ella, el silencio, el sosiego, el recogimiento, la paz indispensables para el nacimiento y el desarrollo de esa actitud contemplativa que nos parece requiere el ejercicio de la oración!

¿Huir de la ciudad para orar?

Por eso, no es extraño que cada fin de semana, cada resquicio que dejan los días de trabajo, los monasterios próximos y menos próximos a una ciudad, las casas de retiro, las casas de oración, que felizmente se han multiplicado en sus alrededores en los últimos años, acojan a grupos de personas y a personas aisladas, prófugos de la ciudad, que buscan en ellas asilo espiritual y mejores condiciones para la oración.

La verdad es que este pequeño éxodo, que se repite con ocasión de cada fiesta, se comprende sin dificultad. A él empujan, a quienes lo emprenden razones de salud: búsqueda de aire puro que tanto necesitan los que padecen toda la semana un medio contaminado; la necesidad de silencio, sosiego y descanso que permita relajar las tensiones creadas por la preocupación y la prisa; la búsqueda de la soledad y, en muchos casos, una necesidad genuinamente religiosa que no encuentra modo de satisfacerse en la forma de vida que impone la gran ciudad.

Tal éxodo, además, se justifica. Lo justifican los resultados que experimentan las personas que lo emprenden. Apenas han deshecho el ligero equipaje y se han instalado en la pequeña celda o han dado su primer paseo por el campo, se sienten otros: rostro distendido, respiración profunda, mirada contemplativa, disposición para la escucha y el diálogo y una actitud de la que fluye casi naturalmente esa oración que todo parece dificultar en la vida de la ciudad. Lo justifica también el ejemplo del Señor que, después de jornadas agobiantes de predicación y de servicio, aparece en el Evangelio retirándose a un lugar apartado para orar (Mc 1, 35).

Pero, explicándose la salida más o menos frecuente de la ciudad de no pocos cristianos para orar, la solución al problema de la oración para los cristianos que vivimos en una ciudad, no puede estar exclusivamente en la salida periódica de la ciudad. En primer lugar, porque no todos los cristianos que viven en ella tienen esta posibilidad en su mano y a todos en cambio se nos ha dado ese precepto -que no es otra cosa que el recuerdo y la expresión de una necesidad vital- de orar y de orar siempre (Lc 18, 1; 1 Tes 5, 17). ¿Cómo podrían orar los padres de familia que no pueden dejar a sus hijos de corta edad ni llevarlos consigo a esos lugares de retiro? ¿Cómo podría orar esa inmensa mayoría de cristianos sin los recursos económicos necesarios para el pequeño lujo de una salida periódica a esos oasis espirituales que las congregaciones religiosas y las diócesis han ido estableciendo junto a los desiertos de las ciudades?

La solución no puede estar ahí, además, porque esto supondría que la mayor parte de la vida, la vida diaria que es la que más lo necesita, se vería privada del recurso indispensable de la oración. La respuesta a la dificultad que las ciudades suponen para la vida cristiana y la oración de quienes vivimos en ellas está más bien en aprender a orar en la ciudad.

Porque es posible que la ciudad sea una forma moderna de desierto, es decir, de suma de las condiciones en las que no se puede vivir; pero también en el desierto se da al profeta el pan y el agua que necesita para hacer su travesía (1 Rey 19, 6); también el desierto es para el pueblo de Dios el lugar de la visita de Dios (Gn 18, 116), de su teofanía (Ex 19, 16), del encuentro con El y de la visita de sus ángeles (Mt 4, 11).

Creer y orar en la ciudad

El papa Francisco, sin dejar de referirse a los lados oscuros de nuestras ciudades, nos invita en Laudato si, (nn. 71-75), a reconocer la ciudad “desde una mirada contemplativa, esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en su plazas”. La Presencia de Dios, a la que responde la actitud creyente, “acompaña las búsquedas sinceras que personas y grupos realizan para encontrar apoyo y sentido a sus vidas. Él vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad de justicia”. Recordemos la expresión de un autor francés que pasaba por no creyente: “No busques a Dios en ningún lugar que no sea todas partes”, ni -podríamos añadir- en ningún momento que no sea todos los tiempos. “¡Señor, Dios mío!, exclamaba san Juan de la Cruz, no eres tu extraño a quien no se extraña contigo; ¿cómo dicen que te extrañas tú?”. De ahí que la presencia de Dios sea universal y permanente y que la relación con él pueda ser vivida en todas las circunstancias.

Puede, eso sí, suceder que determinadas circunstancias o situaciones de las personas faciliten o dificulten la toma de conciencia de esa Presencia. Madeleine Delbrêl, según el cardenal Martini una de las más grandes místicas de nuestro tiempo, se quejaba ante Dios: “Dios mío, si tú estás en todas partes, ¿cómo es que yo estoy siempre en otro lugar?”. Pero justamente su vida es el testimonio más convincente de que se puede encontrar a Dios y responder a su Presencia en un barrio obrero de París como Ivry, prototipo de lo que tendríamos por una ciudad secularizada de nuestro tiempo. “Nosotros, hombres de la calle, escribe esta modelo de cristiana en la gran ciudad, creemos con todas nuestras fuerzas que esta calle, ese mundo en el que Dios nos ha puesto es para nosotras el lugar de nuestra santidad”… “Creemos que nada necesario nos falta, porque si eso necesario nos faltase, Dios ya nos lo habría dado”.

Porque, volviendo al texto del papa Francisco: “Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero”. Y “su presencia no debe ser fabricada, sino descubierta, desvelada” por la mirada de una persona atenta a los incontables indicios que deja en la persona y la vida de los humanos. Por más secularizada que aparezca, “una cultura inédita late y se desvela en la ciudad”. Y el problema para los creyentes que viven en ella será ahondar suficientemente la propia mirada para llegar a ese fondo último en el que habita el Dios que, sin dejar de ser Misterio, “más elevado que lo más elevado de nosotros mismos”, es a la vez “más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad” (San Agustín).

En cuanto a “orar”, si por orar entendemos, no la simple recitación de oraciones o tomar parte en actos de culto, sino ejercer el centro de la vida cristiana, la relación teologal, poner en práctica la fe, la esperanza y el amor, encarnándolas en pensamientos, palabras, gestos y silencios que desgranen, al ritmo de las horas en las difíciles circunstancias de la vida en la ciudad, la toma de conciencia, la aceptación agradecida, el reconocimiento maravillado de esa Presencia amorosa que origina nuestra existencia y desde la cual discurre la corriente de nuestra vida; si por orar entendemos, pues, no un acto más de la vida cristiana, sino la puesta en ejercicio, la actualización de la actitud creyente de la que surge, en seguida percibiremos que esa actitud transforma de tal manera la mente, el corazón y la persona toda del creyente que le hace capaz de “perforar” la capa de cemento que parece constituir la vida en la ciudad y hacer aflorar en ella el manantial del agua de la vida de Dios que nada en el mundo puede cegar.

Así, pues, el problema parece consistir, sobre todo, en aprender a orar, realizar el ser creyente, vivir la vida cristiana, en la ciudad.

Algunos rasgos de una oración cristiana desde la ciudad

Atento a las señales de Dios, el hombre urbano está llamado a descubrir formas nuevas o renovadas de oración. Y, en primer lugar, la oración de intercesión. Los lloros del niño pequeño del vecino, los gritos de la disputa familiar, los ruidos de la moto del joven, el “escándalo” de la sala de fiestas cercana pueden distraer los rezos del cristiano o de la comunidad que está intentando orar. Pero también pueden dar a esa oración un contenido precioso. Pueden convertirse en objeto de súplica de intercesión que mueva a transformar las circunstancias en las que viven. Y en la tradición judía se ha dicho muy bien que “las oraciones que el cielo antes escucha son las que dirigimos por los demás”.

Nuestras propias dificultades, los problemas, a veces agobiantes, que nos supone la vida en la ciudad, pueden ciertamente perturbar la paz que tanto anhelamos como condición para orar. Pero en ningún sitio está dicho que el hombre agobiado, el interiormente tenso, el que está lleno de miedo o de preocupaciones tenga que esperar a haber superado todas esas dificultades para ponerse en la presencia de Dios. Al contrario, el Evangelio nos asegura que Jesús llama a sí, precisamente a los agobiados por toda clase de cargas, para aliviarlos de ellas (Mt 11, 28). Y en una vida que comporta todos esos inconvenientes no sería bueno necesitar escapar de ellos para poder orar. Lo ha dicho también la tradición judía: “La oración que no refleja la condición humana, sus angustias y sus penas, el cielo la rechaza: es una oración muerta”. Jesús, por su parte, oró en la pasión que le fuera evitado el cáliz y en la cruz se quejó delante de Dios de su abandono.

Sobre todo, la vida de la ciudad, esa gran nave en la que todos sus habitantes se encuentran embarcados, ese gran proyecto común, esa gran tarea solidaria, invita al creyente a acentuar, en el ejercicio de su fe que es la oración, el compromiso por la justicia, y la práctica del amor, sin los que esa fe y esa oración serían palabras vanas. La atención a las desgracias de los hombres, con los que se convive, convierte la invocación al Padre común en una terrible exigencia. “La oración que no intenta mejorar -en todos los aspectos- la comunidad de la que surge, no merece ese nombre” (E. Wiesel). Y esa mejora supondrá de ordinario la movilización de no pocos recursos y de todos los esfuerzos del cristiano que ora.

Algunas condiciones externas que faciliten el ejercicio de la oración en la ciudad

Es probable que al monje todo le esté ayudando constantemente a orar. Al cristiano que vive en la ciudad, ciertamente no. Por eso necesita levantar en su vida urbana diaria el pequeño “monasterio virtual” que le ayude a orar. Las muchas actividades que suele comportar la vida en la ciudad, puede conducir a muchas personas a la falta material de tiempo para la oración. No caigamos entonces en la trampa de consolarnos diciéndonos a nosotros mismos que todo puede ser oración. Porque lo normal es que si no reservamos unos momentos sólo para orar, terminaremos por no orar en absoluto. Y recordemos: “No orar no es un pecado; es un castigo” (E. Wiesel). O una desgracia. Sobre todo para quien, en la masa de la ciudad, vive solitario y en la oración tiene la posibilidad de vivir en la mejor compañía.

La gran ciudad necesita tanto como parques y jardines, espacios verdes para la escucha, el diálogo, la convivencia... y la oración. Y ya va siendo hora de que los responsables de la pastoral, las congregaciones religiosas, la Iglesia en su conjunto caigamos en la cuenta de esta necesidad y habilitemos espacios, momentos y ocasiones para la práctica de la oración personal y comunitaria. Pero cada creyente está también llamado a la habilitación de esos espacios verdes en la propia vida. La imagen preferida, el icono, el pequeño cirio pueden convertir el rincón más insignificante en un espacio que ayuda a la oración.

Ciertamente, ya no es el tiempo de los devocionarios con fórmulas para ser repetidas rutinariamente. Pero la Biblia, sobre todo muchos de sus salmos, o el Nuevo Testamento, el Libro de las Horas, esas fórmulas de oración con las que han rezado generaciones enteras de cristianos: “¡Dios mío, mi todo!”; “Solo Dios basta”; “Tomad, Señor y recibid toda mi libertad…”; “…Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y no permitas que jamás me separe de Ti”; “Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué queréis hacer de mí…?”, pueden prestar a quien reconoce humildemente que necesita ayuda, un alimento, un aliento, una luz que despierte y provoque nuestra oración personal.

Nada nos ayudará tanto, sin embargo, como la ayuda fraterna. Creando, por ejemplo, pequeños grupos de oración. Se hace difícil de entender que unos cristianos vivan en común por razones familiares, de trabajo, de formación, o de servicios comunes en una comunidad cristiana y no se reúnan, de vez en cuando al menos, para orar. Nada ayuda tanto a orar y a creer como compartir la fe y la oración con las personas con las que se comparte el trabajo, la formación o la vida. En la gran ciudad, donde abunda y predomina culturalmente la increencia, se padece muchas veces el ocultamiento, el eclipse de Dios. La necesidad de Dios que llevan dentro sin tal vez saberlo, les hace preguntarse a los agnósticos, indiferentes, ateos, dirigiéndose a los creyentes: ¿dónde está vuestro Dios? Personas y grupos orantes, si oran con autenticidad, pueden constituir pequeñas lucecitas que brillen en la noche y orienten incluso a los no creyentes hacia el camino de una respuesta personal.

Orar en la ciudad puede así convertirse en una forma excelente de anunciar calladamente el Evangelio, de evangelizar de la forma más auténtica en la ciudad.

domingo, 23 de abril de 2017

Oración de Comunión Espiritual. II Domingo de Pascua. Domingo de la Misericordia. 23 - abril- 2017

"Ventana abierta"


Oración de Comunión Espiritual.



Domingo II de Pascua. Domingo de la Misericordia.


La Eucaristía es vínculo de unión fraterna, en ella participamos realmente del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
Por eso, cuantos amigos/as. siguen este blog y desean unirse, oramos en comunión con el Señor y con los hermanos.

"Señor Jesús, Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que manifiesta su Omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia. Haz que en el mundo la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor glorioso.
Danos la Vida nueva de tu Pascua, enséñanos a ser testigos de tu resurrección gloriosa, a vivir en cada momento la Vida nueva que nace de tu victoria sobre la muerte y sobre el pecado, en el cansancio y en la fatiga, en el dolor y las enfermedad, en todas las circunstancias de nuestra vida.
Tú que eres la luz esplendorosa que brilla en las tinieblas, Rey de la Vida y Salvador de los que han muerto. Concédenos vivir siempre en tu alabanza. Concédenos que unidos a Ti en el dolor y en la muerte, resucitemos Contigo.
Que tu Divina Misericordia nos acompañe cada día de nuestra vida para que también nosotros podamos ser en cada momento, testigos de tu amor misericordioso".

Concluimos la oración de este Domingo II de Pascua. Domingo de la Misericordia.
Resucitados con Cristo nos sabemos llamados a ser testigos de la Vida nueva que Él nos da.
Demos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.


lunes, 17 de abril de 2017

Benedicto XVI celebra su 90 cumpleaños con cerveza en una fiesta bávara. 17 - Abril - 2017

"Ventana abierta"


Vaticano
Benedicto XVI celebra su 90 cumpleaños con cerveza en una fiesta bávara

La fiesta fue animada por un grupo de personas ataviadas con trajes bávaros

El papa emérito Benedicto XVI, celebrando su 90 cumpleaños en el Vaticano.
EFE
E. PRESS. ROMA

Benedicto XVI celebró este lunes 17 de abril de 2017, su 90 cumpleaños con una fiesta bávara en la que no faltaron las jarras de cerveza local en el jardín del monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano, donde reside desde que renunciara al pontificado, hace cuatro años.

Según se ve en las imágenes tomadas por la fundación vaticana que lleva su nombre y difundidas por la oficina de prensa del Vaticano, el Papa emérito está sentado junto al primer ministro bávaro, Horst Seehofer y sostiene una gran jarra de cerveza de tierra natal.

Durante la celebración también estuvieron presentes su hermano, Georg Ratzinger, de 93 años, y el secretario personal del pontífice alemán y prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gänswein, entre otros.

Benedicto XVI fue obsequiado con una canasta con productos típicos alemanes, como los "bretzel", y la fiesta fue animada por un grupo de personas ataviados con trajes bávaros.

El Papa emérito se convirtió en nonagenario este domingo 16 de abril. En una reciente entrevista concedida a la web especializada en noticias católicas 'Crux', el secretario personal del Papa emérito, el arzobispo Georg Gänswein, aseguró que Benedicto XVI a pesar de su avanzada edad goza de buena salud, lucidez mental y desarrolla sus actividades normales porque no padece ninguna enfermedad que represente un riesgo y sólo requiere asistencia para caminar.



Tres días después de su cumpleaños, el 19 de abril, será el duodécimo aniversario de su elección como Papa número 265 de la Iglesia católica. Durante sus ochos años de pontificado encaró los problemas de la Iglesia católica, como los casos de abusos sexuales a menores o la reforma del Banco Vaticano.

Durante su pontificado el Vaticano reconoció 4.000 casos de abusos sexuales a menores por parte de clérigos. El Papa emérito pidió entonces una profunda renovación de la Iglesia, recordando que "la ayuda de curación a las víctimas debe ser la preocupación principal de la comunidad cristiana, y debe ir de la mano de una profunda renovación de la Iglesia a todos los niveles". Asimismo, coordinó el lanzamiento de una página web para aprender a prevenir los abusos sexuales a menores.

Su renuncia al pontificado se produjo después de un año marcado por el denominado caso Vatileaks, el escándalo de la filtración de documentos reservados, que concluyó con la concesión de la gracia por parte de Benedicto XVI a su exmayordomo, Paolo Gabriele.

Además, abordó la reforma del Banco Vaticano y en 2010 promulgó el documento para luchar contra el blanqueo de dinero en las instituciones financieras vaticanas, el primero decretado por un Papa. Y en 2009 revocó la excomunión a los obispos ordenados por Lefebvre y abrió las puertas de la Iglesia de Roma a los tradicionalistas anglicanos.

domingo, 16 de abril de 2017

Mensaje "Urbi et Orbi" del papa Francisco en Domingo de Resurrección. 16 - Abril - 2017

"Ventana abierta"


Mensaje "Urbi et Orbi" del papa Francisco en Domingo de Resurrección
Infovaticana. 16 - Abril - 2017

“Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: ¡Jesús ha resucitado! Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho”.
Comienza con estas palabras, tomadas de los Evangelios de San Lucas y de San Mateo, el Mensaje Pascual que el Papa Francisco dirigió este domingo 16 de abril 2017 desde el balcón central de la Basílica de San Pedro.

Después de celebrar la Santa Misa de Pascua y de recorrer en automóvil la plaza de San Pedro repleta de fieles y transformada en jardín florido, símbolo de la alegría por la Resurrección de Cristo, el Pontífice explicó que la antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo judío, alcanza aquí su cumplimiento, porque Jesucristo “el Buen Pastor nos ha liberado del pecado”.

Asegurando que en toda época de la historia el Pastor Resucitado “no se cansa de buscarnos” el Obispo de Roma subrayó que “también hoy, Él toma sobre sus hombros a nuestros hermanos oprimidos por tantas clases de mal”: a quien sufre la soledad y la marginación, a cuantos son víctimas de trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación o graves dependencias. El Pastor Resucitado lleva también sobre sus hombros a los niños y a los adolescentes explotados y a “quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa” –  afirmó el Papa – y se transforma en “compañero de camino” de emigrantes forzados, que han dejado sus tierras a causa de conflictos armados, terrorismo o carestías”.

Francisco dirigió un pensamiento especial a las poblaciones de Siria, Sudán del Sur, Somalia, República Democrática del Congo, Ucrania que sufren conflictossin fin y deseó paz para todo el Oriente Medio, en especial para Tierra Santa, Irak y Yemen. Sin olvidar a América Latina, marcada por tensiones políticas y sociales, para que Jesús Resucitado “sostenga los esfuerzos de quienes se comprometen por el bien común”. Que Jesús Resucitado, pidió también el Santo Padre, “done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y se acabe con el tráfico de armas”. Finalmente, el corazón del Papa fue al continente europeo deseando que el Señor Resucitado dé esperanza a quien sufre la falta de trabajo, en particular a los jóvenes.

Concluyendo su Mensaje y antes de impartir su bendición Urbi et Orbi, es decir a la Ciudad de Roma y al mundo, el Pontífice recordó que hoy, los cristianos de todas las confesiones celebran juntos la Pascua y así – dijo – resuena a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: ¡Era verdad, ha resucitado el Señor!

Texto completo del Mensaje Pascual del Papa Francisco y bendición Urbi et Orbi

Queridos hermanos y hermanas,¡Feliz Pascua!
Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado — Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).

La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.

Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: «Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya» (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).

En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión —las heridas de su amor misericordioso— nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.

El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.

Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.

El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.

Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.

Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.

Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor.

Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho.

Que el Buen Pastor ayude a ucraniana, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.

Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes.

Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días. Feliz Pascua.

Después de la bendición Urbi et Orbi el Santo Padre dirigió el saludo pascual:

Queridos hermanos y hermanas,
Dirijo mi deseo de Buena Pascua a todos ustedes, quienes están reunidos aquí, procedentes de Italia y de otros países, así como a cuantos están unidos a través de los diferentes medios de comunicación. Que el anuncio pascual de Cristo Resucitado pueda reavivar las esperanzas de sus familias y de sus comunidades, en especial de las nuevas generaciones, futuro de la Iglesia y de la humanidad.

Un agradecimiento especial a quienes han donado y a quienes han colocado las decoraciones florales, que también este año provienen de diferentes países.

Que puedan sentir cada día la presencia del Señor Resucitado, y compartir con los otros la alegría y la esperanza que Él nos dona. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buena fiesta y ¡hasta la vista!