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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

domingo, 16 de abril de 2017

Mensaje completo de Papa Francisco Urbi et Orbi. 16 - Abril - 2017

"Ventana abierta"


Mensaje completo de Papa Francisco Urbi et Orbi


(ZENIT)– “Queridos hermanos y hermanas, este año como cristianos de todas las confesiones, celebramos juntos la Pascua. Así con una sola voz en cada parte de la tierra resuena el anuncio más bello: “El Señor en verdad ha resucitado, como lo había prometido!”. Ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, y dé la paz a nuestro tiempo”, declara el papa Francisco.

El papa Francisco ha presidido la misa de Pascua, plaza San Pedro, en este 16 de abril de 2017, día donde los cristianos de las diferentes confesiones festejan la resurrección de Cristo el mismo día: los calendarios juliano y gregoriano coinciden este año.

Después ha dado, en presencia de unas 60.000 personas, su mensaje de Pascua y la bendición “Urbi et Orbi” que confiere la indulgencia plenaria con las condiciones previstas por la Iglesia, especialmente por la confesión y la comunión.

El papa ha anunciado la presencia de Cristo resucitado en medio de las angustias humanas, ha nombrado especialmente a los países en guerra o en sufrimiento, primeramente al pueblo de Siria “víctima de una guerra que no cesa en sembrar el horror y la muerte”. Ha denunciado el ataque que golpeó a los refugiados, el sábado 15 de abril de 2017: “El último ataque innoble a los refugiados que huían ayer: ha habido numerosos muertos y heridos”.

Que él de la paz a todo el Oriente Medio, comenzando por Tierra santa, lo mismo que en Irak y en Yemen” añadió el papa que después nombró a los pueblos del sur de Sudán, de Sudán, de Somalia y de la República Democrática del Congo, y de “la hambruna que golpea a algunas regiones de África”.
El papa también ha nombrado su continente de origen y a los países de América latina y Ucrania, y también ha orado para que Cristo resucitado, “el Buen Pastor” “dé esperanza a todos aquellos que atraviesan momentos de crisis y de dificultades, especialmente a los que tienen falta de trabajo sobre todo a los jóvenes”.

Mensaje Urbi et Orbi

Queridos hermanos y hermanas, Feliz Pascua.
Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado — Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).

La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.

Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: «Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya» (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).

En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión —las heridas de su amor misericordioso— nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.

El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.

Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.

El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.

Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.

Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.

Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor.

Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho.

Que el Buen Pastor ayude a ucraniana, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.

Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes.

Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor».

Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días.

Feliz Pascua.

sábado, 15 de abril de 2017

Mensaje del Papa Francisco. 1 5 - Abril - 2017.

"Ventana abierta"


Mensaje del Papa Francisco

"Esta vida se va a ir rápido, no pelee con la gente. 
No critique tanto su cuerpo.
No se queje tanto.
No pierda el sueño por las cuentas.
No deje de besar a sus hijos y a su pareja.
No se preocupe tanto en dejar la casa impecable.
Los bienes y patrimonios deben ser ganados por cada uno.
No se dedique a acumular herencia.
Permita tener a los perros más cerca.
No se ponga a guardar las copas.
Utilice la nueva vajilla.
No economice su perfume favorito, úselo para pasear contigo mismo.
Gaste sus tenis favoritos, ¿y qué? Si no está mal, ¿por qué no ahora? 
¿Por qué no darse una huida o un viajecito?



¿Por qué no orar en vez de esperar a orar antes de dormir?
¿Por qué no llamar ahora?
¿Por qué no perdonar ahora?
Se espera mucho para la Navidad.
El viernes.
Un año más.
Cuando se tenga dinero.
Cuando el amor llegue. 
Cuando todo sea perfecto...
Mire,... no existe el todo perfecto.
Los seres humanos no pueden lograr esto, porque simplemente no se hizo para completarlo aquí. 
Aquí es una oportunidad de aprendizaje.
Así que tome esta prueba de vida y hacerlo ahora... 
Ame más.
 Perdone más.
Abrace más.
Viva más intensamente y deje el resto en las manos de Dios".


Papa Francisco

Oración final del Papa Fco. al concluir el Vía Crucis. Viernes santo. 15 - Abril - 2017

"Ventana abierta"


(ZENIT – Roma, 15 Abr. 2017).

Texto de la oración final del papa Francisco, al concluir el Via Crucis 2017.


El Viernes Santo en el Coliseo de Roma, junto a unas 20 mil personas.
- El santo padre Francisco al concluir el Vía Crucis de este Viernes santo, recitó la oración que publicamos a continuación:


Oh Cristo dejado solo y traicionado hasta por los tuyos y vendido a bajo precio.
Oh Cristo juzgado por los pecadores y entregado por los jefes.
Oh Cristo lacerado en la carne, coronado de espinas y vestido de púrpura.
Oh Cristo abofeteado y atrozmente clavado.
Oh Cristo atravesado por la lanza que ha lacerado tu corazón.
Oh Cristo muerto y sepultado, tú que eres el Dios de la vida y de la existencia.
Oh Cristo nuestro único salvador, volvemos a ti también este año con los ojos bajos por la vergüenza y con el corazón lleno de esperanza:
De vergüenza por todas las imágenes de devastación, de destrucción y de naufragio que se volvieron comunes en nuestra vida.
Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente es derramado por mujeres, niños, inmigrantes y personas perseguidas por el color de su piel o por su apariencia étnica y social y por su fe en ti.
Vergüenza por todas las veces que, como Judas y Pedro, te hemos vendido y traicionado, y dejado morir solo por nuestros pecados, escapando como cobardes de nuestra responsabilidad.
Vergüenza por nuestro silencio delante de las injusticias; por nuestras manos perezosas para dar y ávidas para quitar y conquistar; por nuestra voz estridente para defender nuestros intereses y tímida al hablar de aquellos de los otros; por nuestros pies veloces en el camino del mal y paralizados en los del bien.
Vergüenza por todas las veces que nosotros los obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas hemos escandalizado y herido tu cuerpo, la Iglesia; y nos hemos olvidado de nuestro primer amor, nuestro primer entusiasmo y nuestra total disponibilidad, dejando oxidar nuestro corazón y nuestra consagración.
Tanta vergüenza Señor, pero nuestro corazón tiene nostalgia también de la esperanza confiada de que tu no nos trates según nuestros méritos sino únicamente de acuerdo con la abundancia de tu misericordia.


Que nuestras traiciones no vuelvan menor la inmensidad de tu amor.
Que tu corazón, materno y paterno, no se olvida a pesar de la dureza de nuestras entrañas.
La esperanza segura de que nuestros nombres están grabados en tu corazón y que estamos colocados en la pupila de tus ojos.
La esperanza que tu Cruz transforme nuestros corazones endurecidos en corazones capaces de soñar, de perdonar y de amar; transforma esta noche tenebrosa de tu cruz en el alba fulgurante de tu Resurrección.
La esperanza es que tu fidelidad no se apoya en la nuestra.
La esperanza de que las hileras de hombres y mujeres fieles a tu cruz sigue y seguirá viviendo fiel como la levadura que da sabor y como la luz que abre nuevos horizontes en el cuerpo de nuestra humanidad herida.
La esperanza de que tu Iglesia buscará de ser la voz que grita en el desierto de la humanidad para preparar el camino de tu retorno triunfal, cuando vendrás a juzgar a los vivos y a los muertos.
¡La esperanza que el bien vencerá a pesar de su aparente derrota!


Oh Señor Jesús, Hijo de Dios, víctima inocente de nuestro rescate, delante a tu estandarte real, a tu misterio de muerte y de gloria, delante a tu patíbulo, nos arrodillamos, avergonzados y llenos de esperanza, y te pedimos de lavarnos con tu sangre y agua que salieron de tu corazón lacerado; de perdonar nuestros pecados y nuestras culpas.
Te pedimos de acordarte de nuestros hermanos arrasados por la violencia, la indiferencia y la guerra.
Te pedimos de quebrar las cadenas que nos tienen presos en nuestro egoísmo, en nuestra ceguera voluntaria y en la vanidad de nuestros cálculos mundanos.
Oh Cristo, te pedimos de enseñarnos a no avergonzarnos nunca de tu cruz, a no instrumentalizarla, pero honrarla y adorarla, porque con esa tú nos has manifestado la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de tu amor, la injusticia de nuestros juicios y la potencia de tu misericordia. 
Amén.
(Traducción de ZENIT)

domingo, 9 de abril de 2017

Música: Costalero. Semana Santa de Lebrija (Sevilla) del 9 al 16 - Abril - 2017.

"Ventana abierta"

Carta Pastoral. Domingo de Ramos. 9 - Abril - 2017

"Ventana abierta"


Carta Pastoral del Arzobispo de Sevilla D. Juan José Asenjo Pelegrina


Domingo de Ramos. 
Pórtico de la Semana Santa


Estimados amigos, repasamos la Carta que ha escrito el Arzobispo de Sevilla para el día de hoy con una dedicación:

"Domingo de Ramos, pórtico de la Semana Santa".

En efecto, es el título de la Carta que ha escrito D. Juan José Asenjo. Al comienzo subraya que Dios habría podido salvarnos prescindiendo de la Encarnación, sin embargo quiso enviarnos a su Hijo.

- "Quiso, sin embargo, enviarnos a su Hijo, que bajó hasta lo más profundo de nuestras miserias, hasta la raíz de nuestro pecado, poniéndose a nuestro nivel para realizar nuestra salvación, que culmina en la cruz y en el Misterio Pascual".

A continuación alude a la liturgia de estas fechas.

- "La liturgia de estos días nos presentará a Cristo como el nuevo Adán, que ofrece al Padre un sacrificio que repara y compensa sobradamente el pecado del primer Adán. La obra redentora de Cristo llega así a la raíz, no es una solución pasajera ni un paliativo mortáleo".

Finaliza su Carta con algunos consejos para encarar la Semana Santa.

- "En estos días busquemos espacios amplios para la oración, para agradecer al Señor su inmolación voluntaria por nosotros y la Institución del Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.
Acompañémosle también con recogimiento en las hermosísimas estaciones de penitencia de nuestras hermandades.
El Señor estás llamando ya a nuestra puerta, abrámosle de par en par".



Gota de humor: Introducción a la Semana Santa

"Ventana abierta"

Domingo de Ramos. Canción. 9 - Abril - 2017

"Ventana abierta"


Domingo de Ramos 


(Estribillo)

Sube el Nazareno,
sube el Buen Jesús,
sube hacia el Calvario,
sube con la cruz.

Carga en Sí el pecado
de la humanidad;
sobre sus espaldas
pesa todo el mal.

(Estribillo)

Dime pueblo mío
¿qué te hice Yo?
¿En qué te he ofendido?
¡Matas a tu Dios!

(Estribillo)

Como res callada
que a la muerte va,
muere porque quiere
al hombre salvar.

(Estribillo)



Oración de Comunión Espiritual. Domingo de Ramos. 9 - Abril - 2017.

"Ventana abierta"


Oración de Comunión Espiritual


Domingo de Ramos


Todos aquellos amigos /as. que siguen este blog y si así lo desean podemos hacer juntos nuestra Comunión Espiritual en este Domingo de Ramos, mostrando así de esta manera nuestra voluntad de recibir también este Cuerpo y Sangre de Cristo, que se entrega, que se derrama por cada uno de nosotros.

"Señor Jesús, Tú sabes que con la misma facilidad con que te acojo, también te entrego. Paso fácilmente del Hosanna, al crucifícalo. Conoces mi masa, sabes que soy de barro, estoy lleno de debilidad, por eso te necesito:
Necesito tu Palabra, tu Presencia, tu Cuerpo y tu Sangre que me das en Comunión.
Necesito ver tu Rostro, Misericordia del Padre, lleno de dolor, tu Cuerpo ensangrentado, coronado de espinas, clavado en la cruz para que en mis noches oscuras, noches de dolor y soledad, encontrar en Ti la fuerza necesaria para resistir y no ceder a la desesperanza, para confiar.
El contemplar tu cruz me lleve a la gloria, el ver tu Cuerpo dolorido me ayude a comprender y ofrecer mi dolor como Tú lo hiciste.
Yo también hoy te grito: 
"¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el Cielo!".

Homilía del Papa Francisco para el Domingo de Ramos. 9 - Abril - 2017

"Ventana abierta"


Homilía del Papa Francisco para el Domingo de Ramos. 9 - Abril - 2017

"Hombres y mujeres engañados, pisoteados en su dignidad, descartados... Jesús está en ellos"
Francisco, en Domingo de Ramos: "Jesús está presente en los hermanos que hoy sufren como Él"
"Jesús no nos pide que lo contemplemos sólo en fotografías, o incluso en los vídeos que circulan por la red"

No tenemos otro Señor fuera de Él: Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz
(Cameron Doody).- Arranca la Semana Santa en el Vaticano con la celebración del Papa del Domingo de Ramos. En su homilía de la Misa que ha celebrado en la Plaza de San Pedro, Francisco ha querido recordar los "muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy sufren como Cristo". Jesús está hoy con las víctimas de guerras, terrorismo, tráfico de armas, dramas familiares y enfermedades, ha dicho el Papa: no en las fotografías o vídeos que circulan en Internet.
La celebración empieza con una procesión de palmas que se torna alrededor del monolito de la Plaza de San Pedro ante un numeroso público en un día soleado en Roma. Numerosos jóvenes de varios países desfilan entre los ministros sagrados de la liturgia.


Aparece el Papa entre los sacerdotes, obispos y cardenales que se hacen presente en el acto, vestidos todos en el rojo de la sangre de Cristo. El Papa llega no en el Papamóvil sino caminando con un báculo de madera regalado por presos de una cárcel italiana.
"Esta asamblea litúrgica es preludio a la Pascua del Señor para la que nos estamos preparando que se centra en Jerusalén", empieza diciendo el Papa bajo el obelisco, "para dar fe de su muerte y resurrección". "Acompañamos con fe a nuestro Salvador para ser participes de su resurrección, y para alcanzar la Jerusalén del cielo".
Lectura del Evangelio, Mateo 21,1-11. "La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: '¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!'".
Bendecidos los ramos, la procesión avanza hacia el altar de la Plaza, entre las emotivas estrofas del canto llano. El ambiente se hace solemne en el quinto Domingo de Ramos del Papa "del fin del mundo". Silencio en la Plaza salvo por los sonidos del órgano y de las trompetas. "A Cristo Rey, gloria y honor a ti", canta el coro.
El Papa, ya llegado al altar, inciensa la estatua de la Madonna y el niño. Lectura del libro de Isaías, 50,4-7, en español. "El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado".
El Salmo 21, cantado al acompañamiento de un piano y oboe lastimeros. La antífona, la pregunta de Jesús en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" "Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme".
Lectura de la carta de San Pablo a los Filipenses (2,6-11), leída en inglés. "Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz".
El Papa bendice a los diáconos que representarán el Evangelio del día, la Pasión del Señor entera en la versión de Mateo (26,14-27,66). "Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar", dice Jesús. Los discípulos, consternados, se ponen a preguntarle uno tras otro: "¿Soy yo acaso, Señor?"
"¿Soy yo acaso, Maestro?", pregunta Judas. Jesús responde: "Tú lo has dicho".
El relato de la Última Cena y la retirada al Monte de los Olivos. "Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: 'Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño'. Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea".
La lectura de la Pasión de Cristo: "Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres".
"Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega". Vienen Judas y los soldados para arrestar a Jesús. "¿Habéis salido a detenerme con espadas y palos, como a un ladrón? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis".
Llegan hasta el palacio de Caifás, con Pedro, a escondidas, detrás de ellos. "Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios", dice el sumo sacerdote. Y Jesús: "Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo". Respuesta por la que lo sentencian a muerte.
Pedro se da cuenta de su traición, y Judas también: el Iscariote devuelve las monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, y dice "He pecado, he entregado a la muerte a un inocente". Se marcha y se ahorca.
Jesús es llevado ante Pilato. "¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?" La multitud exige el indulto del primero, y la crucifixión del segundo. Pilato se lava las manos ante su voto: "Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!".
Los soldados torturan a su preso y lo llevan a crucificar. Llegan al Gólgota y lo levantan en la cruz, con el letrero: "Éste es Jesús, el rey de los judíos". A media tarde, el grito desesperado: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Otro grito fuerte y exhale el espíritu, y al escucharlo la asamblea se arrodilla y hace una pausa en la lectura.
El velo del templo se rasga en dos; la tierra tiembla; las rocas se rajan. Las tumbas se abren, y muchos muertos resucitan. "Realmente éste era Hijo de Dios", dice el centurion.
José de Arimatea toma cargo del cadáver y lo deposita en un sepulcro nuevo excavado en la roca. Las Marías se quedan mirándolo. Pilato manda una guardia que lo vigila, y colocan la piedra ante su entrada.


La homilía del Papa
"Esta celebración tiene un doble sabor", empieza diciendo el Papa en su homilía: "dulce y amargo, alegre y doloroso". Hoy el Señor entra en Jerusalén como un rey, explica, mientras a la vez leemos el relato entero de su Pasión. Jesús se regocija con sus amigos, mientras le pesa el corazón por lo que sabe acontecerá.
Entusiasmo de la multitud en la procesión de Cristo sobre el burrito, así pues, "y podemos imaginarnos con razón cómo los jóvenes de la ciudad se dejaron contagiar por este ambiente", dice Francisco. El Papa observa que a los fariseos escandalizados por el cortejo el Señor les responde: "Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras".
"Jesús no es un iluso que siembra falsas ilusiones, un profeta "new age", un vendedor de humo", explica el Papa. "Todo lo contrario: es un Mesías bien definido... el gran paciente del dolor humano".
Pensemos, así pues, anima el pontífice, no solo en los festejos sino también en el sufrimiento que va a venir. "Pensamos en las calumnias, ultrajes, engaños, traiciones, abandono, el juicio inicuo, golpes, azotes, la corona de espinas... hasta la crucifixión".
"Cristo nunca prometió honores y triunfos", recuerda el obispo de Roma. "Siempre advirtió a sus amigos... que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz". "Lo mismo vale para nosotros", advierte Francisco: "Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia".
"Jesús no nos pide que lo contemplemos sólo en los cuadros o en las fotografías, o incluso en los vídeos que circulan por la red", continúa. Cristo está más bien por encontrarse en los hermanos y hermanas que sufren en el mundo: esclavos, víctimas de dramas familiares, enfermos. "Hombres y mujeres engañados", evoca el Papa, "pisoteados en su dignidad, descartados...". "Jesús está en ellos, en cada uno de ellos", afirma -las víctimas de guerra, terrorismo y el tráfico de armas, "y con ese rostro desfigurado, con esa voz rota pide que se le mire, que se le reconozca, que se le ame".
"No tenemos otro Señor fuera de Él", concluye Francisco. "Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz.



Texto completo de la homilía del Papa Francisco
Esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del Evangelio sobre su pasión. Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén.
Desde hace 32 años la dimensión gozosa de este domingo se ha enriquecido con la fiesta de los jóvenes: La Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra en ámbito diocesano, pero que en esta plaza vivirá dentro de poco un momento intenso, de horizontes abiertos, cuando los jóvenes de Cracovia entreguen la Cruz a los jóvenes de Panamá.
El Evangelio que se ha proclamado antes de la procesión (cf. Mt 21,1-11) describe a Jesús bajando del monte de los Olivos montado en una borrica, que nadie había montado nunca; se hace hincapié en el entusiasmo de los discípulos, que acompañan al Maestro con aclamaciones festivas; y podemos imaginarnos con razón cómo los muchachos y jóvenes de la ciudad se dejaron contagiar de este ambiente, uniéndose al cortejo con sus gritos. Jesús mismo ve en esta alegre bienvenida una fuerza irresistible querida por Dios, y a los fariseos escandalizados les responde: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40).
Pero este Jesús, que justamente según las Escrituras entra de esa manera en la Ciudad Santa, no es un iluso que siembra falsas ilusiones, un profeta «new age», un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la pasión; es el gran Paciente del dolor humano.
Así, al mismo tiempo que también nosotros festejamos a nuestro Rey, pensamos en el sufrimiento que Él tendrá que sufrir en esta Semana. Pensamos en las calumnias, los ultrajes, los engaños, las traiciones, el abandono, el juicio inicuo, los golpes, los azotes, la corona de espinas... y en definitiva al vía crucis, hasta la crucifixión.
Él lo dijo claramente a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mt 16,24). Él nunca prometió honores y triunfos. Los Evangelios son muy claros. Siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz. Y lo mismo vale para nosotros. Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni deshacerse de ella, sino que, mirándolo a Él, aceptémosla y llevémosla día a día.
Y este Jesús, que acepta que lo aclamen aun sabiendo que le espera el «crucifige», no nos pide que lo contemplemos sólo en los cuadros o en las fotografías, o incluso en los vídeos que circulan por la red. No. Él está presente en muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy, hoy sufren como Él, sufren a causa de un trabajo esclavo, sufren por los dramas familiares, por las enfermedades... Sufren a causa de la guerra y el terrorismo, por culpa de los intereses que mueven las armas y dañan con ellas. Hombres y mujeres engañados, pisoteados en su dignidad, descartados.... Jesús está en ellos, en cada uno de ellos, y con ese rostro desfigurado, con esa voz rota pide que se le mire, que se le reconozca, que se le ame.
No es otro Jesús: es el mismo que entró en Jerusalén en medio de un ondear de ramos de palmas y de olivos. Es el mismo que fue clavado en la cruz y murió entre dos malhechores. No tenemos otro Señor fuera de Él: Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz.