"Ventana abierta"

Los cinco minutos del Espíritu Santo
Mons. Víctor Manuel Fernández
Algunos se confunden con la palabra espiritual, y creen que uno es más espiritual si vive alejado de las cosas de este mundo, si come poco, si no disfruta de la vida, si tiene poco trato con los demás.
Pero en la Palabra de Dios, espiritual es otra cosa. Una persona espiritual es alguien que se deja transformar por el Espíritu Santo, y entonces se convierte en un amigo de Dios y hace las cosas con amor. Espiritual es también el que sabe disfrutar de lo que Dios le regala y descubre a Dios en medio de las cosas lindas, tratando de vivirlas como a Dios le agrada. Dice la Biblia que "Dios creó todo para que lo disfrutemos" (1 Timoteo 6,17).
Por ejemplo, cuando celebramos el cumpleaños de un hijo o de un amigo, y nos alegramos de que esté vivo; y con lo poco que tenemos hacemos una linda fiesta para que se sienta feliz por lo menos un rato, eso es lo más espiritual que puede haber.
La persona espiritual sabe compartir y busca la felicidad de los demás. No se aleja de los otros, sino que sabe descubrir a Jesús en ellos. Hay personas que se creen espirituales, pero en realidad están llenas de rencores y de orgullo, o no son capaces de hacer feliz a nadie. Entonces, en realidad, están lejos de Dios, porque nuestro amor al Dios invisible se manifiesta en el trato con los hermanos visibles: "El que no ama al hermano al que ve, no puede amar a Dios, a quien no ve" (1 Juan 4,20). Por eso San Pablo llamaba "carnales" a los que vivían en la envidia y la discordia (1 Corintios 3,3).
Oración inspirada en la reflexión de Los Cinco Minutos del Espíritu Santo del 16 de enero
“Espíritu Santo, enséñame a vivir una espiritualidad verdadera, la que nace de dejarme transformar por tu amor y se expresa en gestos concretos de bondad.
Ayúdame a descubrirte en las cosas simples de la vida, en los momentos compartidos, en la alegría de celebrar la vida de quienes amo. Que sepa disfrutar con gratitud de todo lo bueno que Dios me regala.
No permitas que me encierre en una espiritualidad vacía, fría o egoísta. Límpiame de todo rencor, de todo orgullo y de toda indiferencia que me aleja de los demás.
Hazme una persona capaz de amar, de compartir y de buscar la felicidad de quienes me rodean. Que sepa reconocer a Jesús en cada hermano y servirlo con alegría.
Espíritu Santo, transforma mi
corazón para que mi fe se haga vida y mi amor se haga visible.
Amén”.
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