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Sean bienvenidos

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Invitación y bienvenida

Hola amig@s, bienvenid@s a este lugar, "Seguir la Senda.Ventana abierta", un blog que da comienzo e inicia su andadura el 6 de Diciembre de 2010, y con el que sólo busco compartir con ustedes algo de mi inventiva, artículos que tengo recogidos desde hace años, y también todo aquello bonito e instructivo que encuentro en Google o que llega a mí desde la red, y sin ánimo de lucro.

Si alguno de ustedes comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia, o por el contrario quiere que sea retirado de inmediato, por favor, comuníquenmelo y lo haré en seguida y sin demora.

Doy las gracias a tod@s mis amig@s blogueros que me visitan desde todas partes del mundo y de los cuales siempre aprendo algo nuevo. ¡¡¡Gracias de todo corazón y Bienvenid@s !!!!

Si lo desean, bajo la cabecera de "Seguir la Senda", se encuentran unos títulos que pulsando o haciendo clic sobre cada uno de ellos pueden acceder directamente a la sección que les interese. De igual manera, haciendo lo mismo en cada una de las imágenes de la línea vertical al lado izquierdo del blog a partir de "Ventana abierta", pasando por todos, hasta "Galería de imágenes", les conduce también al objetivo escogido.

Espero que todos los artículos que publique en mi blog -y también el de ustedes si así lo desean- les sirva de ayuda, y si les apetece comenten qué les parece...

Mi ventana y mi puerta siempre estarán abiertas para tod@s aquell@s que quieran visitarme. Dios les bendiga continuamente y en gran manera.

Aquí les recibo a ustedes como se merecen, alrededor de la mesa y junto a esta agradable meriendita virtual.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.

No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad.
No hay mejor regalo y premio, que contar con su amistad. Les saluda atentamente: Mª Ángeles Grueso (Angelita)

miércoles, 14 de enero de 2026

RINCÓN PARA ORAR. "JESÚS SE COMPADECE, QUIERO". Miércoles, 14 - Enero - 2026

"Ventana abierta"

RINCÓN PARA ORAR


SOR MATILDE

JESÚS SE COMPADECE, QUIERO

40 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»

41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»

42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente:

44 « Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio. »

45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes. (Mc. 1, 40-45)

Jesús era buscado por todo Israel por los enfermos aquejados de cualquier dolencia. Hoy es un leproso el que se acerca a Jesús y le suplica arrodillado: “si quieres, puedes limpiarme”. Su actitud de sumisión y confianza total en Jesús le ha conmovido el Corazón que no tarda en ofrecerle toda su misericordia. Y no sólo en la escucha atenta a su necesidad, sino en la palabra de consuelo que al leproso le supo ya como la salud de su cuerpo. “Extendió la mano y lo tocó”. ¡Ese tacto de Jesús es corriente de vida para este pobre hombre!

Y este gesto sigue realizándose en todos los médicos que, para curar, muchas veces extienden las manos y tocan el tumor o el miembro dañado. De siempre, el hombre ha sabido que “el médico de receta”, es decir, aquel que no roza el miembro enfermo, sino que despacha a su paciente con un papel en la mano, no despierta fe en aquel que necesita la mano bienhechora del médico y su atención activa por el tacto.

El mandato de Jesús de no decir nada, el leproso no es obedecido y se hace lenguas de Jesús, relatando su curación por todas partes. ¡No era para menos! Así, Jesús no podía moverse libremente en Judea, porque todos lo buscaban urgentemente.

Este Evangelio es también curativo para nosotros, porque nos empuja a imitar a Jesús en los gestos y en el amor en nuestras palabras ante el hermano necesitado. Reconocemos que, muchas veces, de una o de otra manera, hemos pasado de largo ante la súplica de un hombre. Es posible que no se arrodillara ante nosotros, pero sí que se inclinó con sus gestos y una voz lastimera que quizás conmovía hasta las piedras.

¡Necesitamos, Jesús, toda tu misericordia que cubra nuestras manos de amor y piedad! ¡Qué no hagamos ascos de las pobrezas de los que acuden a mí, Señor! ¡Cúrame primero a mi Jesús, pues quiero tener un corazón de carne y hacer como Tú!

¿Es que Tú te echaste para atrás ante nuestra naturaleza caída y objetaste al Padre ante tu Encarnación? ¡Ni mucho menos! ¡Sólo hubo amor en el Seno Trinitario y Dios cubrió, sin ascos, nuestra carne de pecado! ¡En el amor a mí, llegaste hasta dar tu vida, y sólo te movió el Amor!  ¡Qué mi oración, Jesús, vaya siempre en esta dirección de unas rodillas arrepentidas y una voz queda suplicante para pedirte: “¡Amor! ¡Amor! ¡Dame todo tu Amor! ¡Qué así sea Buen Dios! ¡Amén!

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