"Ventana abierta"
Dios no busca promesas vacías ni cumplimiento por costumbre,
sino corazones humildes capaces de arrepentirse y demostrar su fe con obras
reales de amor.
En el Evangelio de hoy (Mateo 21, 28-32), Jesús nos propone
la parábola de los dos hijos llamados a trabajar en la viña.Te invito a acompañarme en esta lectura junto con una
reflexión pastoral y una oración guiada para revisar la coherencia de nuestra
vida de fe.
OraciónPapa Francisco: Miremos al hijo que dice «sí», pero luego no va. Él no quiere hacer la voluntad del padre, pero tampoco quiere ponerse a discutir y hablar. Así se esconde detrás de un «sí», detrás de un falso asenso, que esconde su pereza y por el momento le salva la cara. Es un hipócrita. Se escabulle sin conflictos, pero engaña y desilusiona a su padre, faltándole el respeto de peor forma de lo que habría hecho un franco «no». El problema de un hombre que se comporta así es que no es solo un pecador sino también un corrupto, porque miente sin problemas para cubrir y camuflar su desobediencia, sin aceptar algún diálogo, o enfrentamiento honesto. El otro hijo, aquel que dice «no» pero luego va, es en cambio sincero. No es perfecto, pero sincero. Ciertamente, nos hubiera gustado verlo decir «sí» inmediatamente. Pero no es así, al menos, manifiesta de manera franca y en un cierto sentido valiente su reticencia. Se asume, por lo tanto, la responsabilidad de su comportamiento y actúa bajo la luz del sol. Luego, con esta honestidad de base,, termina poniéndose en discusión, llegando a entender que se ha equivocado y regresando por sus pasos. Es, podremos decir, un pecador pero no un corrupto. Escuchen esto: este es un pecador, pero no es un corrupto. Y para el pecador hay siempre esperanza de redención; para el corrupto, en cambio, es mucho más difícil. (01-10-2023).
Señor Jesús, En un mundo donde la guerra sigue presente, oro hoy por los migrantes y refugiados. Dame un corazón solidario y generoso hacia ellos que tanto sufren.
Recuerda, Señor, tu ternura. (Salmo 24, 4-9).


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